El Comercio
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EL OVIEDO DE VERANO
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Iván de Santiago González | 25-08-2017 | 11:00

                                                                    EL OVIEDO DE VERANO

 

Si usted coincide con un vecino todos los días de la que sale al trabajo es probable que coincida con él tomando una botella de sidra en el bar del puerto de Luanco en período estival. Si cada tarde, al regresar a casa, se cruza con una chica morena, muy guapa, que le sonríe y le da las buenas tardes en la calle Fruela, es muy plausible que esa misma sonrisa la vea en la Avenida del Gayo. Si se encuentra con algún amigo al acudir a una sesión de Ópera de Oviedo, es casi seguro que se encontrarán ustedes en los conciertos de la torre del reloj que, cada vez menos, lamentablemente, se programan en la capital del concejo de Gozón.

Y es que es sobradamente conocido que Luanco es el Oviedo de verano. El éxodo masivo de carbayones que se dividen en muchas localidades costeras de Asturias, en Luanco es legión. En las mismas calles, en las mismas plazas, los ovetenses nos acercamos al mar a apenas 35 km de casa.

Y hoy les traigo a estas páginas no la estampa bucólica y veraniega que todos vemos en sus calles y sus plazas. No a la gente morena con su bolsa de pipas y su cerveza en la mano. No las tablas de paddle surf ni las bicicletas de los niños, sino las reclamaciones de muchos de los que allí habitan cuando los veraneantes desaparecemos, que ven que existe palmaria diferencia entre el Luanco que muestran las fotos y el que algunos padecen todo el año.

Frente a la zona que habitualmente pasean veraneantes permanentes y ocasionales, circunscrita al espacio que se ubica entre la playa de la Ribera y la playa actual, donde, es cierto, todos los días que el sol nos premia son muchos, todos, los que disfrutan de ella, hay un Luanco muy cercano, acaso olvidado.

Me cuentan sus vecinos que solo es necesario salir 900 metros del centro urbano para encontrarse con la desazón. Con barrios como Aramar donde no se produce el mínimo mantenimiento. Donde los servicios de limpieza municipal o de desbroce de caminos se olvidan de pasar. Donde se colocaron unos bolardos sintéticos en la antigua carretera general que, lejos de desalentar a los que van como locos, les impulsan a saltar como si se tratara de una montaña rusa. Se desoyeron sus peticiones de badenes en condiciones, de asfalto, y elevados de verdad, como uno pude ver en toda España y en toda Europa. El badén artificial es una solución triste y barata. Hace al político pensar que ha cumplido. Obliga al ciudadano a no dormir cada vez que pasa un coche en horario nocturno. Quizá el Alcalde y el equipo de gobierno no viven cerca de esa carretera abandonada por ellos mismos.

En la calle Oviedo (curiosa coincidencia con este éxodo masivo de carbayones que narramos en el presente) los empresarios y vecinos de la zona narraban estas mismas páginas, que en invierno, en esa calle absolutamente céntrica, las ratas campan a sus anchas sustituyendo a los veraneantes, sin que se haga nada desde el Consistorio, a apenas 900 metros a pie de dicha ubicación.

La playa del dique, que debería ser punto de atracción turística, es un basurero perenne para que el que jamás nadie ha mirado, desaprovechando la oportunidad de convertir la villa en un punto de referencia con más objetivo que meter 3.000 coches en un aparcamiento saturado una tarde de verano.

La capital del concejo de Gozón es mucho más que “Luanco al mar”. Una iniciativa estupenda que te pone en el mapa 3 días, pero que necesita más atención, cuidado y promover la desestacionalización y el cuidado de los vecinos.

No puede uno centrarse en limpiar dos calles para los que llegamos de Oviedo y olvidarse de los que pasan allí todo el año, pagan sus IBI, sus licencias de negocio y, sobre todo, votarán en apenas 22 meses. Ahí es donde alguien se acordará de ellos. Esperamos que sea un poquito antes. O ya no les creerán.

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.