El Comercio
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YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA
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Iván de Santiago González | 07-09-2017 | 14:41

                                                YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA

 

Este fin de semana tenemos derbi futbolístico. Hace catorce años que el Real Oviedo y el Real Sporting no se ven las caras. Han militado en categorías distintas, ustedes lo saben. El Oviedo ha pasado mil y un penurias y el Sporting en segunda con el Oviedo en segunda B y, después, el Sporting en primera y el Oviedo en segunda. Todos deseamos que, a poder ser el año que viene, el partido sea en la máxima categoría. De momento, en segunda. Para crear afición.

No tengo intención alguna de ocultar mi oviedismo, demostrado contra viento y marea, y contra críticas feroces sobre lo escrito en estas páginas para los que siguen pensando que EL COMERCIO es un periódico de Gijón, y no uno de Asturias, con sede en Gijón, pero con una edición de Oviedo cada vez más importante que, entre todos, intentamos hacer mejor cada día.

Dicho esto, hoy me quiero detener en el debate que ha surgido con respecto a la iniciativa de un grupo de chavales del Oviedo (esos que llevan años en campos de tercera, embarrados, fríos, sin gradas) de realizar una camiseta que se vende junto a la entrada y el viaje, en la que se lee “INVASIÓN ALDEA”. Han saltado las alarmas, se ha calificado de violenta la actuación, e incluso las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado han llamado la atención al Oviedo por apoyar a los ultras violentos.

Aquí me paro. ¿Esto es violencia? ¿Acaso estamos todos locos?. Recuerdo esas series americanas de los años 90 donde el farisaico emporio televisivo ponía a un chaval bebiendo una cerveza y en la siguiente escena era un alcohólico que había destrozado su vida mientras los demás se paseaban por el Campus de Harvard. Es el país donde el crack tiene más consumidores y que se lleva por delante 90 familias diarias.

Acaso queramos entrar en semejante pantomima. ¿Violencia una camiseta que ponga “INVASIÓN ALDEA”?. Me permito recordar a algunos que quizá violencia es el casco roto que tengo aún en casa de mis padres. Es un casco azul que comprábamos para ir al Molinón. Está roto por una piedra que me lanzaron en aquella esquina en la que a modo de “ratonera” nos metían a los hinchas oviedistas tras habernos traído caminando en una burbuja por todo Gijón mientras nos insultaban y nos escupían. Mientras nos tenían escondidos en los alrededores del Estadio para dejarnos entrar un minuto antes, precisamente cuando llovían las piedras.

Quizá alguno se ha olvidado de una pancarta que rezaba “Los Ultra Boys con el fútbol amateur” cuando el Real Oviedo se enfrentaba al Sporting B, víctima de la desidia e ignorancia de unos dirigentes que le llevaron al abismo. Muchos no quieren recordar a Abelardo, santo y seña del sportinguismo, alegrándose de haberle dado la “puntilla” al Oviedo para que no subiese. Aún algunos tenemos en la mente imágenes de Gijón, donde muchos se reunían a ver el partido del Oviedo con camisetas del Cádiz mientras 155 oviedistas eran maltratados tras haber recorrido España en autobús.

Si uno iba a Burgos, a Vigo, a Bilbao, siempre había camisetas del Sporting y algún loco que viajaba solo para buscar pelea. Frente a ello, algunos quisimos ver siempre fútbol. Y animamos, y nos tocó sufrir. Pero estamos muy mayores para aguantar tonterías semejantes.

Una simple camiseta de un grupo de chavales no es violencia, ni incitación, ni nada parecido. Y si la policía lo cree, se equivoca. Si, como esperamos, todo va bien, perfecto, pero si hay – por ambos bandos – alguno que decide que el fútbol conlleva pegarle al rival, será un desequilibrado a quien hay que sancionar y sacar de los campos, pero al que no estimula una camiseta, sino el alcohol, las drogas o su mente enferma.

Cuando un día, regresando de Gijón en la burbuja, mi tía me saludó desde el paseo del muro de San Lorenzo y me insistió para que me quedara a cenar en su casa, intenté salir a hablar con ella. Un tipo me escupió y un policía me dio un toletazo para que volviera a la “formación”. ¿Y es violencia “INVASIÓN ALDEA”?. Esto no es Melrose Place,  es el mundo real, y no es más que un partido de fútbol. Ahí debe quedarse. Si los que supuestamente tienen que tener la cabeza fría dicen sentirse amenazados o preocupados por cosas tan nimias, estamos comparando al que bebe una cerveza con el que consume crack.

Dejémonos de pantomimas. Hemos visto mucha violencia y, afortunadamente, va en retroceso. Estos no son ultras, son simples aficionados. Y si ellos son ultras, yo mismo, que he padecido muchas más cosas, también lo soy.

Que veamos buen partido. Y que gane el Oviedo.

No me he podido resistir.

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.