El Comercio
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Autor: ivandesantiago
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Iván de Santiago González | 13-05-2017 | 9:35| 0

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¡Hoy estamos de aniversario! ¿Cómo que se han olvidado? Bueno, no pasa nada. Es lo que ocurre en las relaciones largas. Y esta ya lleva más de seis años. Pero no se preocupen, que goza de buena salud y va para largo, o al menos eso espero. Es un detallito de nada, pero seguir levantándome con ustedes cada martes y cada sábado sigue siendo un lujo. Es la quingentésima ocasión en que me cuelo en sus casas, comparto el apresurado café del martes o el vermouth más relajado del sábado, y eso, se quiera o no, son muchas veces.

En estos años, algunas cosas no han cambiado. Mandaba Gabino y sigue mandando. Areces mandaba y sigue mandando. Están en otros lugares, pero el “statu quo” sigue siendo parecido. Asturias era entonces una región con bajos índices en casi todo y ahora mejora poco, pero seguimos siendo la aldea de Astérix y Obelix que se rebela contra las imposiciones. Acaso pobres pero honrados.

Otras sí han variado. En política, de la que hemos hablado mucho, hasta que un día convinimos que no merecía la pena hacernos mala sangre constantemente, han variado gobiernos municipales, ha mutado el poder en administraciones autonómicas e incluso a nivel del Estado. La corrupción sigue ahí, y por mucho que gritemos, difícilmente vamos a acabar con ella a corto plazo. Pero que no quede por la lucha diaria.

Hemos hablado de muchas cosas. Del Real Oviedo, que tantas ansias y esperanzas concita en aquella columna titulada “La novia que nunca olvidaste” que tan buena acogida y difusión tuvo. Hemos loado sin rubor a la Fundación Princesa de Asturias y criticado a sus críticos (permítanme el pleonasmo a riesgo de la cacofonía) y recibido algunos palos en redes sociales por algunas columnas como la titulada “¿Indignados?”. Sirvan ambas de ejemplo puntual, no exhaustivo, de cosas buenas y malas que han contenido estas crónicas, que siempre gustan a unos y disgustan a otros “por ser propio de la condición humana”, como decía D. Alonso Quijano.

Sobre todo hemos conversado de Oviedo, de esta ciudad que tanto orgullo y tantos disgustos nos causa a diario. Pero sobre todo, han sido esta quinientas columnas la crónica de lo que ha pasado, lo que ocurre y lo que vendrá. Porque se nutre de lo que ustedes me trasladan, desde la calle abandonada, al problema en el colegio, a la colaboración en un evento solidario, a ciertas dosis de humor al modo de Eduardo Mendoza (o de simple aspirante a serlo) que en ocasiones nos damos para quitar el agrio sabor férrico de algunas realidades que nos circundan.

Nos hemos despedido de muchos, que se nos fueron siempre antes de que lo esperásemos. Recuerdo especial hoy para Gerardo Herrero, fiscal del TSJA, que nos dejó un caluroso verano o para mi amigo César Figaredo, presidente de FEMETAL, cuya ausencia aún digerimos con dificultad.

Estos artículos, estas quinientas citas que hemos mantenido, mis queridos lectores, no son más que la demostración de que la prensa en papel tiene un futuro tan enorme como su pasado. Que nos sigue siendo imprescindible conocer qué pasa a nuestro lado, y que nos lo cuenten quienes lo han vivido, lo han padecido o lo han disfrutado. Desde quien nos deja a quien gana un meritorio premio. Desde un viaje a un lugar del que Oviedo tiene mucho que aprender a los mensajes a quienes deben conocer Oviedo, no solamente porque hay que conocer El Salvador antes que Santiago, sino porque la ciudad y la región lo merecen, y ofrecen tantas cosas que nos daría para otras 5.000 columnas como esta.

Quiero agradecerles su fidelidad. El hecho de que, tras tantas ocasiones en las que uno está más o menos acertado, tiene mejor o peor día, se le calienta la tecla con una injusticia o acaso no sepa transmitir aquello que pretende, sin embargo, ustedes estén ahora leyéndome una vez más.

Y quiero hacer una mención especial a EL COMERCIO. Son quinientas ocasiones. Cinco veces cien en las que he escrito con la más absoluta libertad sobre todo lo que he estimado. En ocasiones mejor y otras no tanto. En estos seis años y pico. En estas quinientas columnas, jamás se me ha modificado una línea, un título, una consideración. Jamás. Coincida o no con supuestas líneas editoriales o de negocio que algunos dicen que ahora marcan los medios. Eso no es lo que yo vivo.

Lo que yo vivo es la preclara voluntad de quienes hacen este periódico de que sea un espacio de traslado de todo lo que el humilde cronista que se dirige a ustedes estime, en el modo que sepa hacerlo y el deseo de que a ustedes les plazca. Eso, en un momento en que la prensa atraviesa un pantano cuya salida cuesta cada día un esfuerzo, es un exceso que se agradece cada vez que uno enfrenta su compromiso con ustedes.

Solamente me queda prometerles amor eterno. Es lo que se hace en los aniversarios, y hoy no podía faltar. Mientras EL COMERCIO siga honrándome permitiendo que traslade lo que ustedes mismos me cuentan, lo que me ocurre, lo que pensamos ambos o lo que deseamos que sea nuestra ciudad y nuestra región, aquí me tendrán, fiel a nuestras citas.

¡Por muchos años más!.

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ADIÓS A LA LITERATURA
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Iván de Santiago González | 25-04-2017 | 12:59| 0

ADIÓS A LA LITERATURA

 

            La misma semana que celebramos el día del Libro, en el que anualmente celebramos la lectura como parte esencial de la vida, en el que las estanterías salen a la calle, en el que todos cuentan lo que leen, lo que pretenden leer, las ganas que tienen de poder disponer de más tiempo libre para poder viajar con la literatura, y pagar las muchas deudas que tenemos con miles de páginas que nunca podremos afrontar, la misma semana que se entrega el Cervantes a un Mendoza que nos hace sonreír a la vez que conocemos mundos ignotos, la misma semana en que se venden más libros que el resto del año a excepción del período de Navidad y que da gloria ver a todo el mundo paseando por el centro de Oviedo con su bolsa con un ejemplar en la mano, hemos sabido que los nuevos planes de estudio para nuestros hijos ya no incluirán la literatura universal como asignatura obligatoria.

Primero fue la filosofía, después la música. Al parecer son disciplinas prescindibles. Quien quiera estudiar música, que vaya al Conservatorio a la Corrada del Obispo.  ¿Y la filosofía? ¿Esa cosa rara que no sirve para nada? ¿Si me hablasen de marketing, bussiness o comunity manager sí, que eso es futuro, pero la historia de la filosofía a quién le interesa? Da igual quién fuera Hegel, Montesquieu o Kant. El loco que quiera saberlo, aún tiene un hueco en las facultades, pero seguro que sus padres llorarán cuando les diga que quiere estudiar Filosofía.

El mundo practicón para el que preparamos a nuestros hijos se lleva por delante las disciplinas que forman a las personas, pero no engrosan el curriculum. Hace escasas fechas, un cliente me contaba que uno de sus hijos, apenas de 17 años, le había dicho una noche el saldo que tenía la cuenta bancaria de su empresa. Cuando le preguntó cómo lo sabía, le confesó que le había “hackeado” la página, que tenían que poner más protección. Era el mismo, según me confesó, que apenas un año antes, cuando su padre le había regalado un libro de Borges, le dijo que no lo quería, que eso ya no entraba en los exámenes, porque era de ciencias. Al preguntarle la fecha en que Borges escribía, le dijo que le sonaba igual de lejano que Quevedo.

Estas serán las generaciones venideras si la literatura se va de los planes de estudios. Si el día del libro se convierte solamente en la oportunidad de pasar un rato en una librería, y no recordar el aniversario de los dos más grandes autores de todos los tiempos, Shakespeare y Cervantes, a quienes nuestros hijos situarán en la época de Sófocles si nadie les enseña lo contrario. Los escritores, ya grandes olvidados, pasaremos a ser parte solamente de los libros de Historia, algo también muy lejano que, cualquier día, dejará también de ser materia troncal para cambiarse por otra que premie el día inmediato posterior y no deje poso alguno en el alumno para el futuro. La inmediatez no puede ser el criterio de la enseñanza.

Pero, más allá aún, los estudiantes de esta ciudad no sabrán nunca quién es la Señora tan bien vestida que vigila la plaza de la Catedral, Ana Ozores, que no les sonará de nada. No sabrán quiénes son los Rivero ni qué pasaba en la calle La Luna cuando nos lo narró Dolores Medio. “Tigre Juan” será solamente un premio literario que sobrevive a duras penas a base de subvenciones municipales cambiantes con los aires políticos que gobiernen el Consistorio. “El Sudario” no será una magnífica historia de dos americanos que se enamoraron del enorme potencial del carbono 14 en una sábana de la Catedral, sino una cosa rara que los curas sacan dos veces al año. Y finalmente, no sabrán, ni siquiera se acordarán, que hubo “jugadores de billar” en esta ciudad en los años 90 y que el magnífico Avello nos retrató toda una generación.

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CARICIAS A LA CONCERTADA
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Iván de Santiago González | 04-04-2017 | 9:07| 0

CARICIAS A LA CONCERTADA

 

            He leído en estos días titulares agresivos del tipo de “hachazo a la concertada”, “golpe letal”, un nuevo “ataque furibundo” por parte del gobierno del Principado de Asturias, así que he decidido tomarme las cosas un poco menos a pecho y titular este artículo “caricias” a las concertada, aunque ustedes sabrán y verán que de caricias nada, más bien bofetones.

            Conocíamos en estas fechas que el Principado de Asturias ha planteado a las escuelas concertadas el calendario de financiación que les ofrece para el próximo quinquenio, hasta el curso escolar 2022-2023. Hace tiempo que he decidido que ustedes son mucho más listos que yo y que no les agrada que nadie les pretenda crear opinión, que ustedes leen, se documentan y luego piensan lo que estiman. Esto es lo que yo pretendo facilitar: datos.

            El planteamiento que se hace desde el Principado conllevaría la supresión de 32 aulas en el territorio asturiano. Un colegio de Sotrondio perdería cinco unidades, y un colegio de Ciaño tendría dos menos en primaria y otra menos en secundaria. En Gijón, el Santo Ángel de la Guarda y el San Eutiquio pierden varias aulas. En Oviedo, al Nazaret se le quitan, nada más y nada menos, que cinco aulas de infantil y una de las tres de la ESO. En total, la sangría se lleva 32.

            Comparo esto con los espectáculos que vemos en alguna ocasión en que hay aulas en centros de zonas rurales que tienen dos o tres alumnos. Y que luchan por sobrevivir. Y son antieconómicas. Pero, si me preguntan a mí, tienen todo el derecho del mundo a luchar por la educación de sus hijos, y como mi dinero también financia esas aulas rurales, creo en ellas y creo que debemos mantenerlas siempre que podamos.

            Pero la concertada no merece menos respeto. Los datos nos dicen que un alumno medio cuesta al Estado o a la administración responsable de la educación unos 6.000 € al año. Un alumno de la concertada solamente 2.900.  Pero, a mayor abundamiento, si los alumnos de la concertada tienen algo es porque sus progenitores lo pagan o las Fundaciones que gestionan los centros lo asumen. Si los niños se mojan en los patios es porque ni se plantea que un Ayuntamiento o una comunidad autónoma les construya una pista cubierta.

            Y lo que debiera ser colaboración se ha tornado en una guerra. Si a mí, alguien me ayudase con los gastos de mi casa, y educase a mis hijos, le estaría agradecido, y no pretendería sacar pecho y decir que no le necesito para nada. Y si, además, tengo un concierto firmado del año 1979, menos aún.

            Pero la ideología, esa que no nos da de comer y no educa niños – o no debiera – sigue haciendo mucho daño. Si gobiernan unos intentan ahogar a la concertada, y el ejemplo lo tenemos en lo que precisamente les traslado en esta columna. Luego vendrán otros y los centros públicos dirán que nadie mira para ellos porque se trata mejor a la concertada, que pretenderá cobrarse los años de ostracismo. Y así, la rueda sigue, y nunca habrá un pacto educativo que se respete y las víctimas seguirán siendo las futuras generaciones de escolares (igual debo decir “escolinos”, dado que van a obligar a nuestros hijos a que el asturiano sea lengua vehicular, nos guste o no).

            Bueno, el caso es que la concertada se acaba de llevar una nueva “caricia” a costa del dinero que se le da, y el próximo quinquenio podrá hacer menos cosas, sus centros estarán más obsoletos, las pizarras digitales tardarán, y los profesores no podrán ver subidos sus sueldos. Será una cuestión ideológica, creerán algunos, pero yo creo que es para sentirse de todo menos orgulloso.

           

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MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA
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Iván de Santiago González | 25-03-2017 | 8:20| 0

MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA

 

            En alguna ocasión hemos hablado de la memoria histórica. Es un debate diario el cambio de denominaciones de las calles. Es una cuestión ideológica y extrema. Me refiero a que las posiciones son irreconciliables, como ustedes saben, y la cuestión es cruenta. Yo ya he dicho cuanto tenía que decir al respecto ,y les prometo también que creo en el derecho de quien gobierna a hacer lo que estima. Es la legitimidad de la democracia. No gusta cuando no se gana, pero el deporte, la vida y la democracia son así. Ganadores y perdedores. La victoria o la derrota duran una semana, cuatro años o una vida, dependiendo de cada caso.

Bien, quiero hoy compartir con ustedes, del mismo modo que recomendarlo vivamente, el último libro de Javier Cercas, uno de los mejores novelistas actuales, a mi modesto entender. Se llama “El monarca de las sombras”. Cuenta la historia de Manuel Mena, tío abuelo del escritor. Se enroló en las filas rebeldes, alcanzó la condición de Alférez Provisional y murió en la batalla del Ebro, en 1938.

Manuel Mena tiene una calle en su localidad natal, Ibahernando, Cáceres. Es un militar falangista y posteriormente franquista. Su caso entra de lleno en la aplicación de la ley de la Memoria Histórica. No hay interpretación. Su nombre debería ser retirado del callejero.

Mas, si uno lee la novela, comprenderá que Manuel Mena tenía 16 años cuando estalló la guerra. Vivía en un pueblo pequeño de Extremadura, la comunidad con más analfabetismo y menos formación de país, donde llegó información sesgada, información de un solo bando, acaso. Llevado por el fervor juvenil, combatió en varios frentes y fue herido al menos en cinco ocasiones.

En uno de los capítulos más brillantes de la novela, Manuel Mena charla con su familia, y uno de sus hermanos le recuerda lo glorioso de los ideales por los que lucha, el servicio que hace a la liberación de la patria y demás monsergas que se llevaban entonces, inciertas la mayoría, elevadas a categoría de mito otras, parciales casi todas. Entonces, Manuel Mena, que ya había comprendido que no hay nada de heroico en la guerra ni en morir por una patria o por unos ideales, ante la insistencia de su hermano en que podría ya volver a casa, le revela que no lo hará, pero no porque crea en una causa que no es la que le vendieron, sino por el simple hecho de que si él vuelve, su hermano sería llamado a filas.

Entonces uno, tras la lectura de la novela, reflexiona. Coincido con un artículo del autor, publicado hace unos años en el que indica que, siendo malos ambos bandos de la guerra, habiéndose cometido atrocidades por todos, sí hubo un grupo que defendía la legalidad y otro que se alzó violentamente contra ella. Este es otro hecho innegable que debemos somatizar si queremos superar conflictos.

Dicho esto, no sé si hay que retirarle la calle en Ibahernando (Cáceres) a quien, desde el punto de vista legal, entra de lleno en la aplicación de la ley de memoria histórica, pero la literatura nos ha revelado que no era sino una víctima más de un conflicto, con miles de circunstancias culturales, locativas y culturales que no se pueden ni se deben olvidar. La ley no pondera circunstancias. Y ni siquiera sé si es momento de hacerlo. Es probable que sea el único modo de hacer justicia con lo que ocurrió, pero sinceramente es una cuestión tan profunda que se me escapa el criterio correcto para no errar.

La opinión y la conclusión se la dejo a ustedes, sin duda más sabios que uno. Y la recomendación de la novela, también.

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UNA VIDA SIN ETA
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Iván de Santiago González | 21-03-2017 | 8:58| 0

UNA VIDA SIN ETA

 

            El pasado sábado, un día después de que la banda terrorista que ha asolado este país durante cuatro decenios anunciase que, vencida, exhausta y arrinconada por los ciudadanos y la justicia, entregaba las armas, llevaba a mi hija pequeña a un cumpleaños. Allí, en una charla informal con los niños y niñas que compartían fiesta con ella, se me ocurrió preguntarles, ante las miradas extrañadas de alguno de su padres, si sabían lo que era ETA.

Tienen entre siete y ocho años, y eran doce niños. Ninguno supo decirme qué era o a qué me refería. Salí del Palacio de los niños feliz, sabiendo que ellos tendrán otros problemas, pero no uno que padecimos muchos de nosotros, y que ahora, por fin, se acaba.

            Es lugar adecuado éste para que reflexionemos juntos sobre el daño que nos han hecho, el miedo que han infundido, lo tantísimo que nos han arrebatado y lo mucho que podrían haber logrado si no fuera porque tuvimos la suerte de mantenernos firmes y tener unos gobiernos que siempre supieron que no podía darse un paso atrás. Hay episodios que nunca se nos quitarán de la piel. Personalmente, recuerdo a mi madre, una extenuante tarde de verano llorando a lágrima viva frente al televisor mientras miles de personas se manifestaban y, al mismo tiempo, sabían que dos malnacidos habían pegado tres tiros a Miguel Ángel Blanco.

            Pero no les demos más espacio. No lo merecen. Son Historia. Pasado y del que debemos olvidar. Si queremos saber algo de lo mucho que se ha pasado, me permito recomendarles vívidamente la última novela de Fernando Aramburu, un vasco de lo que ha sabido contar sin miedo y a riesgo de la propia vida, cuanto se ha vivido en algunos rincones de Euskadi. Su título es “Patria”  y es excepcional. O, ya en un atrevimiento personal y en absoluta primicia, invitarles a que lean mi próxima novela, llamada “Allá donde estés” , que en apenas 3 semanas estará en las librerías y que, si bien tiene como temática fundamental el expolio de arte nazi, trata abundantemente sobre el conocido como “impuesto revolucionario” que se recaudaba para seguir manteniendo a los asesinos. Algo aportamos, humildemente, al conocimiento de este modo de extorsión.

            Ya les digo, el triunfo ha llegado a base de constancia y ahora solamente nos queda agradecer a cuantos se han jugado tanto por nosotros. Y contar alguna cosa que nunca se pudo saber. Y yo les cuento hoy una de esas que eriza la piel.

En la casa de un doctor ovetense eminente comíamos hace unos años, con uno de sus cuñados, vasco de nacimiento, devoción y orgullo, que había sido alto cargo de un partido político de los que se denominan “españoles”. Un verano, regresaba de Mallorca con su familia, y aterrizó en Sondika a media mañana. Cuando encendió su teléfono móvil, tenía varias llamadas perdidas de un número desconocido, que no más tarde de diez minutos, le volvió a llamar.

            Era el Secretario de Estado de Seguridad del Gobierno de España. Le preguntó dónde estaba. Al informarle que en el aeropuerto, le dijo que no se moviera, que dos agentes llegarían en unos minutos y le rogó que cogiera el mismo vuelo que acababa de dejar, en dirección contraria. Según me dijo, en aquella época no se pedían explicaciones, porque casi nunca eran agradables.

            Se volvió a Mallorca y hubo de estar allí otro mes. No era un mal destino, me decía, pero estaba en un hotel que nadie sabía, mis padres y mis suegros nos preguntaban dónde estábamos y porqué no regresábamos, y no podíamos contar nada.

Cuando, meses después, salió a la luz una de las famosas “listas” de ETA, este amigo mío era el número dos en los objetivos de la banda terrorista. El viernes le llamé. Le di las gracias por lo mucho que ha hecho por nosotros, y le invité a comer unes “fabes”, que le encantan. Hace años que vive en Madrid. No le mataron, pero acabaron echándole. Como a tantos.

Ahora, los niños que celebran cumpleaños, leerán estas líneas como un cuento del abuelo cebolleta. Y, sinceramente, me alegro much

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Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.