El Comercio
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Autor: ivandesantiago
CAZA AL HOMBRE. SIERO. ÁNGEL GARCÍA
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Iván de Santiago González | 14-10-2017 | 8:30| 0

CAZA AL HOMBRE. SIERO. ÁNGEL GARCÍA

 

Desde antaño, los ejércitos siempre buscaron minar a los rivales. Cuando alguno sobresalía entre sus filas, se imponía la llamada caza al hombre. Buscaban con ello eliminarle por cualquier medio, considerando que con ello no solamente privaban al enemigo de un hombre, sino que minaban su moral y eso les conduciría a la victoria.

En esa caza al hombre, todo vale. Se le buscaba por todos los medios y se le eliminaba sin respetar ni la Convención de Ginebra ni nada parecido. Para esta labor, generalmente, se contrataba a los mercenarios más sanguinarios, con menos apego por la vida y los valores, porque no se valoraba su capacidad de crear, sino de destruir.

Hace tiempo que la política se ha convertido en una amalgama de lo peor de nuestra sociedad, y entre las cosas peores se encuentra la guerra. Allí, en una diáspora obligada, porque en ningún otro sitio les quieren, han llegado muchos mercenarios encargados de destruir con las palabras – afortunadamente, no se les confían otras armas – a cualquiera que su formación política les encomiende. Da igual los medios, no hay tratados internacionales, no existen derechos humanos, ni presunción de inocencia, ni siquiera un atisbo de estudio o seriedad antes de publicar informaciones insidiosas. Son mercenarios, no lo olviden, y para ellos todo vale.

Esta semana le ha tocado a Ángel García, Alcalde de Siero. Los mercenarios municipales de Podemos han intentado destruirle con una información sobre una empresa que le pertenecía allá por el año 1999 y que lleva disuelta la friolera de catorce años. En el Registro Mercantil consta aún el Alcalde de Siero como administrador de la misma. El Registro Mercantil es público, así que hay que padecer una idiocia avanzada para entender que alguien que tenga algo que ocultar va a permanecer como administrador de una empresa, que es un dato que cuesta 8.80 € y 20 minutos conocer a cualquiera. El Alcalde explica que está disuelta y liquidada, y acaso olvidó inscribir dicha liquidación en el Registro, pero que es obvio que no trabaja con ella hace casi veinte años.

Pero los mercenarios de la caza al hombre no salen al día siguiente a pedir perdón. Para ser honrados, ni los propios compañeros del Alcalde, la Federación Socialista Asturiana, que le tuvieron durante meses en una “investigación interna” que acabaron archivando porque no había nada raro, han salido una sola vez a pedir perdón por dudar de la honorabilidad de alguien.

Los mercenarios municipales ya habían disparados sus armas, en una rueda de prensa, y lo que sea verdad o no lo sea no les importa. Hay que cazar a un tipo, y todo vale.

Los que hemos padecido idéntica situación lo conocemos bien. Los compañeros de partido del Alcalde de Siero lo intentaron conmigo hace unos años en el Ayuntamiento de Oviedo, con datos sesgados, apoderamientos públicos y relaciones nunca ocultadas. Cuando todo pasó, nadie ha pedido perdón nunca. Unos están jubilados, desde que Wenceslao López les echó de la AMSO, y la otra hace poco aún fue detenida por la Guardia Civil por su participación en las presuntas estafas de los cursos de formación de UGT. Será la justicia poética.

Pero yo, con independencia de la ideología de uno y de su partido político, creo en la dignidad y la democracia. Puede que difiera ideológicamente con el Alcalde de Siero, o con un concejal de Pravia, o con la teniente Alcalde de Tineo, pero por encima de todo, me repugnan terriblemente los mercenarios que buscan la caza al hombre, los que creen que en política todo vale, los que pretenden destruir a la persona y no al político, los que intentan matar civilmente a un hombre o mujer que ocupa un cargo. Esos, que nunca piden perdón, me espantan. Y espero que la política les saque de su mundo.

En su día me tocó a mí. Esta semana al Alcalde de Siero. La semana que viene a otro. Mientras los que rebuscan en la basura crean que pueden dar una rueda de prensa y manchar con su cornucopia de palabras huecas, y mientas haya alguno que les crea, seguiremos permitiendo la caza al hombre.

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YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA
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Iván de Santiago González | 09-09-2017 | 8:40| 0

                                                YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA

 

Este fin de semana tenemos derbi futbolístico. Hace catorce años que el Real Oviedo y el Real Sporting no se ven las caras. Han militado en categorías distintas, ustedes lo saben. El Oviedo ha pasado mil y un penurias y el Sporting en segunda con el Oviedo en segunda B y, después, el Sporting en primera y el Oviedo en segunda. Todos deseamos que, a poder ser el año que viene, el partido sea en la máxima categoría. De momento, en segunda. Para crear afición.

No tengo intención alguna de ocultar mi oviedismo, demostrado contra viento y marea, y contra críticas feroces sobre lo escrito en estas páginas para los que siguen pensando que EL COMERCIO es un periódico de Gijón, y no uno de Asturias, con sede en Gijón, pero con una edición de Oviedo cada vez más importante que, entre todos, intentamos hacer mejor cada día.

Dicho esto, hoy me quiero detener en el debate que ha surgido con respecto a la iniciativa de un grupo de chavales del Oviedo (esos que llevan años en campos de tercera, embarrados, fríos, sin gradas) de realizar una camiseta que se vende junto a la entrada y el viaje, en la que se lee “INVASIÓN ALDEA”. Han saltado las alarmas, se ha calificado de violenta la actuación, e incluso las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado han llamado la atención al Oviedo por apoyar a los ultras violentos.

Aquí me paro. ¿Esto es violencia? ¿Acaso estamos todos locos?. Recuerdo esas series americanas de los años 90 donde el farisaico emporio televisivo ponía a un chaval bebiendo una cerveza y en la siguiente escena era un alcohólico que había destrozado su vida mientras los demás se paseaban por el Campus de Harvard. Es el país donde el crack tiene más consumidores y que se lleva por delante 90 familias diarias.

Acaso queramos entrar en semejante pantomima. ¿Violencia una camiseta que ponga “INVASIÓN ALDEA”?. Me permito recordar a algunos que quizá violencia es el casco roto que tengo aún en casa de mis padres. Es un casco azul que comprábamos para ir al Molinón. Está roto por una piedra que me lanzaron en aquella esquina en la que a modo de “ratonera” nos metían a los hinchas oviedistas tras habernos traído caminando en una burbuja por todo Gijón mientras nos insultaban y nos escupían. Mientras nos tenían escondidos en los alrededores del Estadio para dejarnos entrar un minuto antes, precisamente cuando llovían las piedras.

Quizá alguno se ha olvidado de una pancarta que rezaba “Los Ultra Boys con el fútbol amateur” cuando el Real Oviedo se enfrentaba al Sporting B, víctima de la desidia e ignorancia de unos dirigentes que le llevaron al abismo. Muchos no quieren recordar a Abelardo, santo y seña del sportinguismo, alegrándose de haberle dado la “puntilla” al Oviedo para que no subiese. Aún algunos tenemos en la mente imágenes de Gijón, donde muchos se reunían a ver el partido del Oviedo con camisetas del Cádiz mientras 155 oviedistas eran maltratados tras haber recorrido España en autobús.

Si uno iba a Burgos, a Vigo, a Bilbao, siempre había camisetas del Sporting y algún loco que viajaba solo para buscar pelea. Frente a ello, algunos quisimos ver siempre fútbol. Y animamos, y nos tocó sufrir. Pero estamos muy mayores para aguantar tonterías semejantes.

Una simple camiseta de un grupo de chavales no es violencia, ni incitación, ni nada parecido. Y si la policía lo cree, se equivoca. Si, como esperamos, todo va bien, perfecto, pero si hay – por ambos bandos – alguno que decide que el fútbol conlleva pegarle al rival, será un desequilibrado a quien hay que sancionar y sacar de los campos, pero al que no estimula una camiseta, sino el alcohol, las drogas o su mente enferma.

Cuando un día, regresando de Gijón en la burbuja, mi tía me saludó desde el paseo del muro de San Lorenzo y me insistió para que me quedara a cenar en su casa, intenté salir a hablar con ella. Un tipo me escupió y un policía me dio un toletazo para que volviera a la “formación”. ¿Y es violencia “INVASIÓN ALDEA”?. Esto no es Melrose Place,  es el mundo real, y no es más que un partido de fútbol. Ahí debe quedarse. Si los que supuestamente tienen que tener la cabeza fría dicen sentirse amenazados o preocupados por cosas tan nimias, estamos comparando al que bebe una cerveza con el que consume crack.

Dejémonos de pantomimas. Hemos visto mucha violencia y, afortunadamente, va en retroceso. Estos no son ultras, son simples aficionados. Y si ellos son ultras, yo mismo, que he padecido muchas más cosas, también lo soy.

Que veamos buen partido. Y que gane el Oviedo.

No me he podido resistir.

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JUANA RIVAS: PUNTO Y FINAL
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Iván de Santiago González | 02-09-2017 | 9:30| 0

JUANA RIVAS: PUNTO Y FINAL

 

Como siempre que me voy a meter en un charco, en un tema que, por su especial sensibilidad, soy consciente que va a dar lugar a polémica, hemos de comenzar con una máxima: la violencia de género es una lacra de nuestro siglo. Hay un grupo de varones locos que creen que puede disponer de la vida o la integridad de quienes les han acompañado en un tramo de su vida. Que se consideran con algún derecho de propiedad sobre ellas y por ello las insultan, las maltratan o acaban asesinándolos. Frente a ellos, la máxima firmeza de la ley y el máximo reproche social. Son delincuentes y no merecen otro trato.

Dicho esto, hemos vivido este verano el culebrón de Juana Rivas. Todo comenzó allá por finales de julio cuando una pobre chica de Maracena, Granada, se negaba a entregar a sus hijos a un padre maltratador. Esto dio lugar a una inmediata y enorme campaña de solidaridad a su favor. Ya saben, el “Juana está en mi casa”, todo el mundo solidarizándose con ella y el propio Presidente del Gobierno diciendo que no parecía lógico que esa pobre mujer tuviera que poner a dos menores en manos de un maltratador.

La justicia, que es lenta, pero es efectiva, fue actuando durante un mes ocioso como es el de agosto. La cosa fue creciendo y las redes sociales eran mosaicos compuestos para mostrar que todo el mundo estaba con Juana. Los que no decíamos nada al respecto, o nos permitíamos dudar de una versión – quizá por la experiencia profesional de 20 años en el foro, sabiendo que lo que cuenta una parte nunca es toda la verdad – incluso éramos calificados de cafres y retrógrados. Pero muchos no dijimos nada. Yo mismo decidí esperar, a ver qué decían los tribunales. Mientras tanto, Juana tenía tantas casas como españoles y a mí mismo me costó, como a muchos otros, discusiones con su esposa, su madre, sus amigas, todo lo que no fuera mostrar una fe ciega en lo que Juana contaba.

Avanzó agosto y supimos que lo del maltrato había sido hace años. Que después se rehízo la relación e incluso nació otro niño. Que vivieron juntos durante mucho tiempo hasta que, un día, Juana Rivas le dijo a su pareja que se iba a España con sus hijos de vacaciones, negándose luego a volver. Un secuestro de menores internacional de libro. Empate en delitos por ambas partes.

Requerida Juana para entregar a los menores, decidió huir y esconderse. Comenzó a ganar en delitos a su pareja 2 a 1. Se la puso en busca y captura. La instrucción procesal la conocíamos en las noticias de las 3, donde su “asesora jurídica” – que luego resultó que no era abogada, lo cual me aclara muchos de los pasos de esta mujer – decía que tenía todo el apoyo de la Junta de Andalucía y que no iba a comparecer ni a entregar a los menores. Otro de los letrados que la asistía en uno de los muchos frentes judiciales que Juana se fue abriendo, le recomendaba (a través de programas de televisión, porque no sabía dónde estaba) que se entregase y pusiese los menores a disposición del padre, porque se estaba buscando graves problemas judiciales.

Un día, al fin, Juana comparece ante el juzgado, que le toma declaración y la pone en libertad. Sale del juzgado enarbolando su orden, diciendo que se va a casa con sus niños. Escasa victoria sobre una cuestión que solamente ella había provocado. El cerco se estrecha. Cuando el ultimátum vencía, Juana Rivas entrega a sus hijos. El padre asume la tutela que un juzgado le ha otorgado – y yo soy de los que conozco los juzgados y sé que si le dan la guarda y custodia es porque no es tan malo como nos lo pintan – y dice que seguirá luchando, ahora contra los múltiples frentes que tiene abiertos.

Aquí se acaba la historia. Juana Rivas ya no será portada de nada. Sus 15 minutos de desgracia televisada han concluido. Los menores están con quien la justicia ha dicho que merece su guarda y custodia. A Juana la va a abandonar todo el mundo, porque en estos tiempos, en los que vemos 1100 noticias nuevas por minuto en las redes sociales, Juana Rivas ya es pasado. Sus niños, por los que decía que daría la vida, ahora están peor que al comienzo, porque su madre sin duda será condenada por secuestro, por desobediencia, o por todo al mismo tiempo. Y no podrá acudir a pedir una custodia con unos antecedentes que, por las malas recomendaciones recibidas, la han convertido en delincuente. Santa a ojos de muchos, culpable a los ojos del Código Penal.

Se ha acabado la historia. Y podría haberse escrito de un modo más sencillo, más bonito, y, sobre todo, más eficaz para dos menores que se han visto en el centro de un huracán que no buscaron. En cuanto crezcan, leerán la hemeroteca o meterán en google el nombre de sus padres, y verán cosas que no agradan a nadie.

Es el punto y final. El triste y anunciado punto final.

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EL OVIEDO DE VERANO
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Iván de Santiago González | 25-08-2017 | 1:00| 0

                                                                    EL OVIEDO DE VERANO

 

Si usted coincide con un vecino todos los días de la que sale al trabajo es probable que coincida con él tomando una botella de sidra en el bar del puerto de Luanco en período estival. Si cada tarde, al regresar a casa, se cruza con una chica morena, muy guapa, que le sonríe y le da las buenas tardes en la calle Fruela, es muy plausible que esa misma sonrisa la vea en la Avenida del Gayo. Si se encuentra con algún amigo al acudir a una sesión de Ópera de Oviedo, es casi seguro que se encontrarán ustedes en los conciertos de la torre del reloj que, cada vez menos, lamentablemente, se programan en la capital del concejo de Gozón.

Y es que es sobradamente conocido que Luanco es el Oviedo de verano. El éxodo masivo de carbayones que se dividen en muchas localidades costeras de Asturias, en Luanco es legión. En las mismas calles, en las mismas plazas, los ovetenses nos acercamos al mar a apenas 35 km de casa.

Y hoy les traigo a estas páginas no la estampa bucólica y veraniega que todos vemos en sus calles y sus plazas. No a la gente morena con su bolsa de pipas y su cerveza en la mano. No las tablas de paddle surf ni las bicicletas de los niños, sino las reclamaciones de muchos de los que allí habitan cuando los veraneantes desaparecemos, que ven que existe palmaria diferencia entre el Luanco que muestran las fotos y el que algunos padecen todo el año.

Frente a la zona que habitualmente pasean veraneantes permanentes y ocasionales, circunscrita al espacio que se ubica entre la playa de la Ribera y la playa actual, donde, es cierto, todos los días que el sol nos premia son muchos, todos, los que disfrutan de ella, hay un Luanco muy cercano, acaso olvidado.

Me cuentan sus vecinos que solo es necesario salir 900 metros del centro urbano para encontrarse con la desazón. Con barrios como Aramar donde no se produce el mínimo mantenimiento. Donde los servicios de limpieza municipal o de desbroce de caminos se olvidan de pasar. Donde se colocaron unos bolardos sintéticos en la antigua carretera general que, lejos de desalentar a los que van como locos, les impulsan a saltar como si se tratara de una montaña rusa. Se desoyeron sus peticiones de badenes en condiciones, de asfalto, y elevados de verdad, como uno pude ver en toda España y en toda Europa. El badén artificial es una solución triste y barata. Hace al político pensar que ha cumplido. Obliga al ciudadano a no dormir cada vez que pasa un coche en horario nocturno. Quizá el Alcalde y el equipo de gobierno no viven cerca de esa carretera abandonada por ellos mismos.

En la calle Oviedo (curiosa coincidencia con este éxodo masivo de carbayones que narramos en el presente) los empresarios y vecinos de la zona narraban estas mismas páginas, que en invierno, en esa calle absolutamente céntrica, las ratas campan a sus anchas sustituyendo a los veraneantes, sin que se haga nada desde el Consistorio, a apenas 900 metros a pie de dicha ubicación.

La playa del dique, que debería ser punto de atracción turística, es un basurero perenne para que el que jamás nadie ha mirado, desaprovechando la oportunidad de convertir la villa en un punto de referencia con más objetivo que meter 3.000 coches en un aparcamiento saturado una tarde de verano.

La capital del concejo de Gozón es mucho más que “Luanco al mar”. Una iniciativa estupenda que te pone en el mapa 3 días, pero que necesita más atención, cuidado y promover la desestacionalización y el cuidado de los vecinos.

No puede uno centrarse en limpiar dos calles para los que llegamos de Oviedo y olvidarse de los que pasan allí todo el año, pagan sus IBI, sus licencias de negocio y, sobre todo, votarán en apenas 22 meses. Ahí es donde alguien se acordará de ellos. Esperamos que sea un poquito antes. O ya no les creerán.

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LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA
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Iván de Santiago González | 30-05-2017 | 8:38| 0

LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA

 

Verán que he estado calladito toda la temporada futbolística. Como usted, como tantos, hemos visto lo que ha ido ocurriendo, contento algunas veces, prudente otras, expectante las más de ellas. Muchos domingos apretando los dientes, y muchos lunes intentando que comenzase rápida la semana para olvidar que al Real Oviedo, en Soria, en Almería, en Zaragoza, o fuera donde fuera, le habían vuelto a ganar, y generalmente por goleada.

Luego llegaba el domingo siguiente, se nos engatusó con alguna victoria, se nos mantuvo con el palo y la zanahoria, se nos dibujó alguna promesa. Y, como resulta que la fe es, por encima de todo, creer aquello que no se ve, seguimos teniendo fe.

Y así se nos ha ido el año una vez más, entre promesas y falsas esperanzas. Y todo se acabó el pasado domingo, cuando los farsantes a quienes les entregaron mi camiseta, nuestra camiseta, no pudieron prorrogar más sus mentiras, porque se vieron incapaces de seguir aplazando su falsaria conducta, la perpetua de todo el año. La que nos ha ido embaucando durante nueve meses para poder justificar sus millonarios salarios.

Y es que ha habido unos tipos a quienes les han dado nuestra camiseta, amigos oviedistas, y la han deshonrado de un modo palmario. Iban comandados, la panda de incapaces a quienes se les puso en sus piernas el orgullo de representar a esta ciudad, por un novato en la categoría.  El jefe de esta pandilla era un andaluz que no había jamás logrado nada, y al que pusieron al frente de un grupo que, entre otras cosas, se había cargado a un buen hombre el año pasado solamente porque osó ponerles a trabajar y les dijo que más entrenar y menos hablar. Que hablan los políticos o los periodistas, los futbolistas corren.

Estos individuos, que tienen por trabajo lo que para usted o para mí sería solamente motivo de orgullo, vestir la camiseta del Real Oviedo y poder saltar al Carlos Tartiere, o allá donde sea, a dejarse la piel por el equipo, sin embargo, no han sabido dignificar lo que representan. Quizá ni siquiera lo comprendan. Muchos de ellos tocan para este grupo la batería, pero mañana tocan las maracas en otra banda, y, si la cosa se pone fea, compran una gaita y hacen bolos en las fiestas de prao. Es lo que significa ponerse al servicio de un equipo por unas monedas. Llevamos dos mil años de mercenarios, y ahora los tenemos bien cerca.

Ninguno de ellos merece llevar la camiseta del Real Oviedo. Ninguno de ellos, desde el entrenador hasta el último de los que apenas ha ido convocado, se ha hecho acreedor no de nuestro respeto, sino de nuestro saludo. Lo que necesitan es curarnos de lo que nos han hecho. Y la cura solamente es posible mediante la purga que otorga el alejamiento.

Todos los que les hemos padecido, los que el pasado domingo, a eso de las 22 horas, solamente queríamos encerrarnos en una habitación o en un baño para llorar por todo lo que ustedes no han hecho, por el terrible daño que nos han hecho, les despreciamos profundamente.

A ustedes no les importará, porque les van a pagar la ficha igual. Pero yo me quedo mucho más satisfecho diciéndoselo. Muchos no dormiremos algunas noches, hasta que somaticemos que hasta junio del año que viene no podrá hacerse nada. Con que ustedes no duerman un par de ellas, para mí, suficiente. Y si el resto las duermen lejos de Oviedo, mucho mejor.

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Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.