El Comercio
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Autor: María de Álvaro
«Es agotador ser fabuloso»
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María de Álvaro | 18-07-2007 | 10:58| 0

Por María de Alvaro

«Es agotador ser fabuloso». Lo dice Victoria Beckham, esa prueba andante de que hasta Coco Chanel podía equivocarse cuando sentenciaba aquello de que «no hay una mujer lo suficientemente delgada ni lo suficientemente rica». Porque Victoria es más que suficiente y también se equivoca, bastante más que la auténtica ‘Dama de las camelias’, con permiso de Alejandro Dumas, por supuestísimo. El caso es que Posh -¿alguien entiende por qué llaman pija a semejante hortera?- se agota de ser fabulosa cuando lo que agota realmente es ser, sin más. A ella eso no le cansa porque nunca ha sido. Está y le vale. Y aquí habría que hacer un paréntesis para hablar del famoso verbo to be, pero ese es un problema de los angloparlantes y no nuestro, que bastante tenemos con lo que tenemos. Así que cierro paréntesis.

El caso es que me he quedado pensando en el concepto fabulosa, que viene a ser lo mismo que estupenda o sensacionaaaaaal. Y pensando y pensando, con lo malo que es eso cuando se abusa, he llegado a la conclusión de que esta chica tiene razón. La tiene y me fastidia dársela, pero es así. Sobre todo en verano.

Sea cual sea el resultado final,  esté una espectacular o como una fregona con el mocho para arriba, ser mujer en verano es agotador. Yo diría que hasta un trabajo que, como el de parir, tendría que estar remunerado con 2.500 euros por lo menos. Pienso en la pasta que hay que dejar en depilaciones varias, protectores para que el pelo no se aclare y mechas para que no se oscurezca, cremas para antes, después y durante el sol; unas para la cara, otras para el cuerpo y hasta las propias de los pies, por no meterme en dar datos más indiscretos. Pienso en todo eso y no me cabe ninguna duda de que sólo hay dos opciones. O somos bobas o fuerzas de la naturaleza capaces de cualquier cosa. Mientras me decido por una o por otra, marcho a poner una mascarilla. Nos vemos, chicas. Y chicos.

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¿En qué quedamos?
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María de Álvaro | 18-07-2007 | 10:44| 0

Por Leticia Alvarez

Si nos quieren volver locas lo están consiguiendo. Nos pasamos el año tratando de reducir centímetros. La misión comienza algo así como en enero. Justo cuando arranca la cuesta arriba  nosotras inciamos el descenso. Mientras ellos se apretan el cinturón, nosotras también pero sólo confiando en hacerle un nuevo agujero. Arranca así una vida de estrecheces. Entonces mediamos, que no llenamos, la cesta de la compra de litros de agua (hay que beberse dos al día para notar resultados), de productos que en realidad sólo se reducen a sí mismos en porcentajes de azúcares y lípidos y también de múltiples cremas reductoras. Venga a quitar de aquí y de allí. El caso es rebajar centímetros a todo pedazo de piel que ose asomarse por las costuras. Y entonces cuando una cree haber obrado el milagro -que nos se vayan a pensar consiste sencilla y llanamente en lograr cerrar una cremallera que antes no subía-, llega el momento de aumentar. Sí, así es, aumentar todo lo que dé de sí la imaginación. Y aquí es cuando me pregunto ¿en qué quedamos? Porque qué casualidad que el mismo mercado saturado de productos ‘light’ contenga además todo un universo de artículos ‘ox’, es decir, con efecto relleno. O sin ir más lejos con efecto ‘bra’ o ‘up’. Y así aparecen los wonderbra para aumentar pecho y hasta medias capaces de hacer de unas posaderas flácidas el espejismo de asemejarse a las de Jennifer López. Hay rellenadores de pómulo, moldeadores de óvalo facial y hasta siliconas para contornear los gemelos de las piernas. Tal es el abanico que sofoca pensar en elegir. Por eso antes de parecer un acordeón que aspira a guitarra, no sé ustedes, pero yo me quedo como estoy. Así, de verdad.

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