El Comercio
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Autor: María de Álvaro
Comedia lírico yeyé (o un concierto de Los Guajes)
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María de Álvaro | 13-08-2013 | 4:49| 0

Si hubiera habido telón, se habría abierto y aparecido Orfirio Rubirosa (trasunto de Porfirio Rubirosa y Kike Suárez, voz de Los Guajes) con su bata de playboy trasnochado y sus zapatillas roídas sobre un butacón que un día fue de puro lujo. Y lo hubiese hecho rodeado del resto de ‘guajes’: Kiko Rimada (guitarra), Pablo Rivero (bajo) y Pelayo Pastor (libretista de ocasión además de batería), todos de riguroso esmoquin blanco, como dicta la tradición, la suya propia y la de los grupos ‘como-dios-manda’. Pero no había telón. Así que todo empezó más estilo ‘guajes’, más de andar por casa, más, «aquí estamos y os vais a reir». Cumplieron. Sobradamente y con un show que anunciaban en los carteles como una «zarzuela beat cómico-lírica en su solo acto». ¿Y eso qué es? Por resumir: un concierto de Los Guajes, con lo mejor de Los Guajes, que es mucho, y el sello de Los Guajes, ese que da el confesarse deudores de los clásicos y acto seguido citar como tales a «Aristóteles, Horacio, Raphael y Manolo Escobar».

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Yo a Suiza y tú a Barcelona
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María de Álvaro | 31-07-2013 | 10:41| 0

Hay muchas formas de separarse y casi todas resultan dolorosas. Más a corto y medio plazo que a largo, también es cierto. El ‘ahí te quedas’ suele ser bastante eficaz, solo superado por el ‘de aquí te piras’, que es mucho mejor porque no te obliga a hacer mudanza, con lo pesado que resulta. Yo no soy mucho de creer en esas que llaman separaciones amistosas. Creo en las civilizadas, claro que de ahí a la amistad hay un largo trecho no apto para mortales y reservado a Gunilla y Luis Ortiz. Ellos, ya se sabe, son de otro planeta y residentes en Marbella.

De entre todas las formas de separarse hay una distinta a todas las demás. La inventaron la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Se llama ‘cese temporal de la convivencia’. Técnicamente no es una separación, mucho menos un divorcio, pero en cuestiones prácticas y domésticas, que, al fin y al cabo son las que nos ocupan en estos casos, es tan radical como el más tradicional de los portazos, tan determinante como un buen ‘por eso vete’ de Pimpinela.

La infanta Elena y Jaime de Marichalar, que de otra cosa igual no, pero de tendencias saben más que nadie, han marcado moda como la marcan Amancio Ortega y el ‘Sartorialist’. Porque el ‘tú a Bostón y yo a California’ que nos acaba de anunciar la Caixa vía nota de prensa sobre el traslado de su más famosa directiva no es otra cosa. No lo es a efectos prácticos se pongan los opinólogos y las señoras en las peluquerías como se pongan. Un matrimonio que vive a 782 kilómetros (distancia que separa en línea recta Barcelona de Ginebra, que una cuando se pone, se documenta) está cesando su convivencia. Temporalmente. O no.

Y la cosa ya se vuelve más peliaguda si coincide temporalmente (admítanme por favor la redundancia que me viene al pelo)  con el hecho de que el juez acabe de rechazar la petición de Urdangarin para que se prohíba la difusión de correos en los que -siempre presuntamente, no faltaba plus- se revelan relaciones extraconyugales del duque. Y no, no pienso hacer chistes malos con aquel soez juego de palabras. Lo único que digo es que el cese temporal de la convivencia es un hecho. Y la tendencia marcada ya la conocemos. Seguiremos informando.

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Una abuela y un bolso
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María de Álvaro | 29-07-2013 | 4:25| 0

Mido poco más de metro y medio. 1,62 centímetros sin tacones y muy rectamente colocada para ser exacta. ¿Le interesa a alguien mi escasa estatura? No. ¿Era necesario semejante ataque de sinceridad? Probablemente tampoco. Pero viene al caso por la historia que procedo a relatar: mi abuela, para quien, por supuesto, yo era, con permiso de Ava Gardner, la cosa más guapa que había visto sobre la faz de la tierra, solía decirme: “Hija, tú, con lo alta que eres, ¿para qué te pones tacones?”. Mi abuela, además de la presidenta de mi extinto club de fans (desapareció con ella por causas naturales y evidentes), era muy célebre. Cierto día, tomándonos un café en una terraza (ambas sentadas), le dijo al camarero que yo tenía un “tipasssso como el de una modelo” -mi abuela hablaba así porque aparte de todo lo demás era cubana de Cienfuegos-, y me obligó a permanecer sentada hasta que el chaval acabó su turno, más que nada porque no me apetecía dejar a mi abuela por mentirosa. Escuchar las risas del camarero tampoco le hubiera hecho un gran favor a mi autoestima, eso también es verdad.

Y ahora, al lío, porque estarán preguntándose a que viene tanta historia familiar. Pues viene a que mi abuela, como abuela personal e intransferible, como personaje anónimo fuera de las puertas de su santa casa, podía decir lo que le diese la gana de sus nietos. Podía hasta hacer lo que quiese, incluido el ridículo. Porque para eso una abuela es una abuela. Para eso es la madre de tu madre (o de tu padre), o sea, el título máximo, que a nadie se le olvide eso. Pero, y aquí viene el problema, si tu abuela es reina y, por tanto, tiene un papel llamémosle institucional, no puede, repito, no no y no puede, mostrar signos de pérdida de raciocinio evidentes. Al menos no en público.

El bolso que esta mañana lucía doña Sofía en el Náutico de Palma es un caso palmario, valga la redundancia. Claro que a lo mejor se lo puso para que hablásemos del complemento en vez de estar comentando qué hacía allí la infanta Cristina y, ya de paso, preguntarnos por dónde anda su marido el imputado. Con ‘Fortuna’ o sin ella, esto parece que hace agua.

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Modelo calor
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María de Álvaro | 18-07-2013 | 4:44| 0

Puede que sea un poco quisquillosa, vale. Puede que las altas temperaturas me estén reblandeciendo el cerebro y lo que no es cerebro. De acuerdo. Pero necesito lanzar un mensaje al mundo: LA ROPA NO SE INVENTÓ SOLO PARA PROTEGERNOS DEL FRÍO. Además de muchas otras misiones, algunas muy obvias y otras no tanto, también sirve para aislarse (aunque sea parcialmente) del calor. Dicho lo cual, procedo a hacer algunas puntualizaciones por el bien común.

-Sacar (o soltar, que es peor) las carnes al aire no es necesariamente sinónimo de frescor.
-Rafael Nadal está muy guapo enseñando el tobillo con sus pantalones a media asta; el resto de humanos no tiene por qué.
-El tirante favorece sólo en ocasiones y suele ser recomendable ser mujer para lucirlo.
-Sucede lo mismo con el palabra de honor, un escote mucho menos honorable de lo que su propio nombre indica; especialmente en los casos, tan abundantes, de clavículas cubiertas por una mullida capa de humanidad.
-Las chanclas, así en general, son para la playa, no para llevar a la oficina y que el compañero/a sufra la visión de tus callos.
-El pantalón minúsculo modelo cinturón, también conocido como short y/o minishort está divino para tomar unas cañas en una terraza, no para que se te peguen las piernas a la silla del banco o del Inem.
-Depilarse es una cuestión opcional. Meterle al mundo tu vello por los ojos, no.

Y fuera de esto y ya como recomendación solo para altezas: los vestiditos modelo batita fresquita como para bajar a por el pan están muy bien para bajar a por el pan. Nada más.

He dicho.

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De blanco
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María de Álvaro | 16-07-2013 | 4:05| 0

Sólo he visto a cuatro hombres capaces que llevar con dignidad una chaqueta blanca. Uno no fue nunca de carne ni de hueso, aunque sin duda fue y será siempre más real que la mayor parte de pobladores del planeta, puede que también algo más cretino; el otro está muerto; el otro, supongo que en Saint Tropez, y al cuarto olvidé preguntarle su nombre. Hablo, claro, de Jay Gatsby, de Humphrey Bogart, de Lapo Elkann y de un heladero que conocí una vez en Williamsburg (Brooklyn, NYC), pero esta última es una historia demasiado larga como para contar ahora. El caso es que la chaqueta blanca dice y a la vez deja mucho que decir de un caballero. Ponerse una chaqueta blanca, y blanca incluye el blanco nuclear y toda la gama de los beige, es en sí mismo una declaración de intenciones.

Una chaqueta blanca puede ponerse si uno pasa el verano en Long Island y ha nacido en la cabeza del mismísimo Scott Fitzgerald. También si se ha enamorado en París y ha sufrido como un perro en Casablanca. Puede, naturalmente, si es el heredero de la Fiat y no importa lo que se ponga o lo que se quite, porque está arrebatador siempre. Una chaqueta blanca también se admite si uno es heladero, o camarero en el Alfredo’s de Roma. Pero nunca, jamás, puede ponerse una americana blanca para ir a declarar ante el juez como imputado.

No se puede. Y no se puede porque cuando uno va a declarar ante el juez como imputado y se ha llevado tanto y tanto crudo sin más merito que el del parentesco y la cara dura, tiene que guardar un poco, aunque sea un poquito, las formas. Más que nada porque todo lo demás ya está perdido. Y de la misma manera que no se va a una boda en chandal ni a trabajar con pareo, ante el juez se presenta uno con otra pinta. Que queda feo, Iñaki, corazón, que parezca que bajas un momento del yate entre dry martini y dry martini para despachar unas inversiones aprovechando que acaba de abrir Wall Street. Que la discreción (sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar, según la RAE, por si hay dudas) es importante para casi todo, pero en algunos casos más. Mucho más. Por si no te has dado aún por enterado, ya estamos bastante cabreados. Aunque no te lo hayamos dicho por email. Ni por sms. De momento.

PD. A Los Guajes también los he visto tocar con chaqueta blanca. Y ellos sí que pueden. Eso que conste.

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