El Comercio
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A la deriva

-FOTODELDIA- Alta mar, 21/04/2018.- Miembros de la ONG 'SOS Mediterranee' del buque 'Acuario' ayudan a una mujer durante una operación para rescatar a más de 250 inmigrantes en un barco de madera, a unos 50 kilómetros de la costa libia, en el Mar Mediterráneo, el 21 de abril de 2018. El Acuario la tripulación dirigió dos operaciones el 21 de abril y rescató a unas 350 personas, además de las 164 rescatadas la semana pasada y ya a bordo. (Libia) EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON:

EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON

El Sporting está oficialmente en Segunda y Gijón amanece anegado. Agua literal y metafórica que tiene la playa marrón y el barro campando a sus anchas. Hacemos aguas, nos hundimos. Pero la verdadera tormenta no se desata aquí, porque esto es una broma, un chiste malo, si se pone en perspectiva. Ahora mismo, mientras lamentamos el mal tiempo, nos acordamos de la depuradora y maldecimos porque nos faltaron un par de goles, 629 personas están retenidas en un barco y viajan literal y metafóricamente a la deriva por el Mediterráneo. No les dejamos entrar en Europa. Son 506 hombres y mujeres, siete de ellas embarazadas, y 123 niños, once de ellos pequeños, que viajan solos. Y no deberíamos atrevernos a hablar de nada más, a hacer nada más que abrirles la puerta. Cada minuto que la UE calla, cada vez que un país le pasa el no-es-asunto-mío al siguiente, Europa se va muriendo un poco. Y todos y cada uno de nosotros, los habitantes del continente que se inventó la democracia y el derecho, nos vamos convirtiendo en más y más cómplices de la náusea. Porque los refugiados no se mueren, los estamos matando. Y ahora dirán que esto es demagogia, pero es una emergencia.

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Un astronauta y un marciano

-FOTODELDIA- GRAF4104. MADRID, 05/06/2018.- El expresidente del Gobierno José María Aznar, durante la presentación del libro "No hay ala oeste en la Moncloa", del escritor Javier Zarzalejos, donde ha comentado la situación política actual y los últimos acontecimientos ocurridos en los últimos meses. EFE/Kiko Huesca

Casi al mismo tiempo que el flamante presidente nombra ministro a un astronauta, el viejo presidente dice que se jubila y le crece un marciano. Un marciano, sí, porque la marcianada del momento se llama José María Aznar y se apellida ‘me-ofrezco-para-regenerar’. El padrino de la boda más famosa de la historia con permiso de Coppola y la casa Windsor, aquella en la que desfilaban por el Escorial todos los que después desfilaron por la Audiencia Nacional, el dueño de la caja de Pandora (no digo ‘b’ por si me riñe Cospe), el señor que salió corriendo por una puerta giratoria después de dejarlo todo ‘atado y bien atado’, como aquel, en su famosa libreta… Ese, el único de la foto de las Azores que no ha pedido perdón porque no entiende pa qué (literal, o casi), ese dice que se ofrece a participar en la “reconstrucción” del centro derecha porque el PP no le representa. Acabáramos. Jose Mari se marca un giro  de ‘indignado’ y sorprendentemente lo hace con el bigote recortado bien puesto, sin que se le caiga la cara ni nada. Pues vale, pues ok, pues ya le llaman si eso.

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Mudanzas Moncloa

Cualquiera que haya hecho una mudanza, o sea cualquiera, sabe la que tiene que haber liada ahora mismo en La Moncloa: cajas, maletas, “eso tíralo de una vez”, “eso me lo tiras y te mato”…  sin tiempo ni para pensar ni para hacerse una idea. Y Viri loca, porque Mariano, fiel a su estilo, es capaz de haberse atrincherado en la salita de estar a ver si escampa y de paso escuchar por la radio el desenlace de la Segunda División. Pero no, no escampa ni en la ría de Arosa, que como todo el mundo sabe y después de lo de ‘Fariña’ más, tiene microclima. Peor lo tiene Begoña, ‘princesa’ por sorpresa, que cambia de casa y no tiene ni dea de por cuánto tiempo. Ahora mismo está dirigiendo la llegada del furgón y apremiando a su Pedro: “¿Chico, pues dime ya si convocas elecciones anticipadas o lo dejas como está para ver si traigo la cómoda de mi madre o la dejo en casa?” Al final a lo mejor decide ella, que ya le dejó claro el tribunal de la Gürtel a Rosalía Bárcenas que nosotras parimos y decidimos y lo de la mujer florero que no se entera se acabo y punto. Y mientras en La Moncloa todo es un trajín, en Galapagar se celebra una pool party, porque ‘podemos’ y encima nos dejan; en Barcelona aplauden con las orejas y los ‘ciudadanos’ de bien o de mal, según se mire, se tientan la ropa. Está animado este día para la historia y además parece que va a quedar buena tarde. Ahora solo falta que gane el Sporting y pierda el Zaragoza. Vamos allá.

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El bebé de Rosalía

 

Rosalia Iglesias, wife of the former treasurer of Spain's ruling People's Party Luis Barcenas, arrives at High Court to appear before a judge in Madrid, Spain, May 28, 2018. REUTERS/Sergio PerezComo todo el mundo sabe, una chaqueta es la prenda de abrigo que se pone un niño cuando su madre tiene frío y una madre, una mujer de naturaleza pesada que estará encima de su retoño hasta el fin de sus días. Y su retoño será su niño así use pelele o traje y corbata, así vaya a la guardería o esté jubilado, con o sin pensión. Viene todo esto al caso del choteo del que está siendo objeto la pobre Rosalía Bárcenas, de soltera Iglesias, con perdón: que tiene pendientes 15 años a la sombra por lista y por sabelotodo, porque cualquier buena esposa de su casa hace como la infanta o exinfanta Cristina y firma lo que le manden y luego fue sin querer y lo demás, cosas de feministas y pista. Pues resulta que la pobre y lista Rosalía le pide a los malvados jueces que ya que van a dejar sin padre a su niño, le dejen al menos a su madre. Natural. El niño, todo el mundo lo sabe también, es el cantante de Taburete, del asturiano tayuela, y tiene edad no solo para sentarse solito sino para montar una fábrica de sillas y sillones. Así que Willy, que se llama además como el amiguito de la abeja Maya, con lo que esas coincidencias curten en un patio de colegio, tendrá que aprender a defenderse motu proprio de la cantidad de gente tendenciosa que hay por el mundo. Yo de Rosalía hablaría con la tita María Dolores para lo cuide en su ausencia, porque la Cospe es mucha Cospe y ella lo mismo le canta las cuarenta a un señor magistrado que a uno de Podemos. Es eso o mandarlo interno a Suiza, que algún conocido les habrá quedado por allí. O dárselo en adopción a Belén Esteban. No sé, de madre a madre: por dar ideas.

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Sálvame y el PP

El PP acaba de fichar a una tertuliana de Sálvame como secretaria de Comunicación. Y no, no es eso que ahora se llama ‘fake’ y toda la vida fue un bulo. Tampoco un chistoso juego de palabras, porque puestos a pedir socorro los populares mejor tiraban del Ejército de Salvación. Ni siquiera es una cacareada posverdad, aunque lo parezca. Es una verdad de las de antes y la simple constatación, de paso, de que nos vamos por el sumidero y estamos ahora mismo dando las últimas y vertiginosas vueltas, como el agua sucia antes de abandonar el fregadero, si se me permite la metafora marujil, que llevo un tiempo metida en casa. La tertuliana, un palabro ya en sí mismo, y/o colaboradora, otro concepto que tiene su miga: colaboradora de qué me pregunto, llega para preparar a los populares para debates y apariciones televisivas varias. Acabáramos. Escuela Jorge Javier para medrar en política, que haber concursado en ‘Supervivientes’ curte lo mismo que Soto del Real. O más. Y no está nada mal pensado, el terrateniente de Galapagar (abro paréntesis: ¿invitarán a las barbacoas a su vecino José Tomás o tendrán que preguntar en referéndum no vaya a ser? Venga, cierro paréntesis que me disperso) ya vio el poder de una buen ‘chow’ hace tiempo y en realidad hace mucho que el congreso es un plató Deluxe y algunos diputados tienen más en común con una folclórica (o folclórico) que con un Winston Churchill. La pena es que el fichaje sea para el PP de Madrid y no le haya dado un par de lecciones a nuestra Cherines. A lo mejor con un poco de salsa, rosa naturalmente, se hubiera tragado mejor el sapo de la Gürtel y no hubiera dicho que los críticos de su partido son “cuatro boquirrotos que pretenden acorralarnos en la esquina”. Llámenme populista, pero yo lo que quiero es ponerme jazmines en el pelo y salir corriendo (Ay, María Dolores, que pocos nos van quedando). O que venga el ‘Spiderman de Mali’ y los saque a todos por la ventana. A ser posible, a gorrazos.

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Ahora y siempre

Igual que para creer en la Santina no es necesario creer en Dios, para ser de Quini nunca hizo falta ser del Sporting, ni siquiera de fútbol. Porque Quini era, es, otra cosa.
Recuerdo la primera vez que vi el río Duero desde el asiento de atrás del coche de mi padre: la inmensa emoción infantil de comprobar que algo que habitaba en los libros también era real. Me sucedió lo mismo la primera vez que vi a Quini en carne y hueso. Porque para los niños de mi generación Quini era la equivalencia en rojo y blanco a Superman. Quini era el póster en la habitación, el grito de goooooool en la radio del domingo por la tarde, la alegría de Isidro, playu entre los playos, camino de El Molinón. Era la fe inquebrantable de mi abuela en el Sporting, la certeza de que el pequeño puede con el grande aunque solo sea a veces. Era la emoción, nuestra Esparta particular. Quini era, además, el paisano siempre dispuesto, el colaborador de una y mil causas, el que tiene una foto con todo Gijón, literalmente, no es un decir, porque él posaba y sonreía para quién quisiera, cuándo quisiera y cómo quisiera.

Pero sobre todas las cosas, Quini siempre me pareció la encarnación con piernas, benditas piernas, de las segundas oportunidades, esas que la vida te enseña que suelen acabar siendo las mejores. Dejó el Sporting y volvió, le secuestraron y perdonó, le vinieron mal dadas y levantó cabeza, peleó contra un cáncer cabrón y le dio esquinazo. Ya es casualidad, o no, que su corazón se haya parado precisamente en el día más frío en años en un Gijón helado y paralizado por una noticia que se adelanta veinte o treinta años, joder. Por primera vez no hay segundo tiempo, no queda partido de vuelta para remontar.

La última vez que le vi en la tele daba ánimos al jugador de turno que salía al campo después de un cambio y pensé que Quini era la única persona del mundo capaz de hacer del abrazo una profesión, la segunda de su vida. La última vez que le vi en persona fue, naturalmente, en una sidrería. A pocos pasos un niño con la boca abierta le miraba y tiraba de la chaqueta de su padre, atónito como si fuera el mismísimo Rey Melchor o Batman con el Batmovil aparcado a la puerta el que estuviera acodado en la barra. Quini charlaba tranquilamente con su mujer de sus cosas, pero vio al guaje por el rabillo del ojo y no lo pensó ni medio segundo. Se acercó a él, le chocó la mano, le cogió los mofletes y le soltó no sé qué gracia… En la cara de aquel niño, encendida, volví a ver a mi hermano con diez años, vi otra vez a mi abuela en la Tribunona, vi a una ciudad entera, a un pueblo, unos colores, una forma vieja y auténtica de sentirlos y sobre todo vi a El Brujo en acción, que pidió otro culín sin darse un pijo de importancia, sin darse cuenta, o dándosela pero sin aspavientos, de que hay personas tocadas por la mano de Dios, o de la Santina, capaces de hacer magia: con las piernas en un campo de fútbol, con las manos en la barra de un chigre… con el corazón siempre y en cualquier caso.

Quini se ha ido. Su leyenda jamás. La poesía no siempre se crea por escrito y los poetas, como los viejos rockeros, nunca mueren. Ahora, Quini. Ahora y siempre.

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