El Comercio
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Por preguntar
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María de Álvaro | 24-06-2016 | 21:38| 0

 «En la rula no pregunten, apunten». El dicho es viejo y vale para casi todo, pero llega hoy que ni pintado. Tal vez si Nick Clegg se hubiera traído a Cameron de veraneo a Ribadesella habría escuchado la frase en algún chigre y no estaríamos todos metidos en este lío. El Reino Unido (es un decir) informa que se va de Europa, informan sobre todo los jubilados ingleses, pero en realidad no son ellos los que tienen la culpa. A nosotros los humanos, especie depredadora y chunga donde las haya, convencernos cuando nos convertimos en masa es fácil. Decir que el enemigo está ahí fuera y nos acecha, más. Por eso el populismo triunfa tanto mientras la civilización de Occidente da coletazos. Da igual que venga de arriba que de abajo, de la derecha que de la izquierda, y también viceversa.

Puede que preguntar no sea siempre una buena idea, pero decirlo está mal visto, porque ahora lo que se lleva es la sacrosanta participación, que es buena, claro que sí, pero no un bien en sí mismo y, desde luego, no el bien único. Reflexionar es otro tema, y un coñazo y una pérdida de tiempo. Ante una pregunta tonta, además, solo cabe el silencio o, y aquí está el problema, una respuesta de idénticas características. Así que no sé qué esperábamos: los ingleses ya se piraron de Roma primero y montaron iglesia propia por un quítame allá este divorcio. Lo que es bastante más grave es que nadie sabe qué es lo que esperaba Cameron cuando cambió los intereses de su país, del Estado, así con mayúscula, por un buen puñado de votos. La historia se repite. Lo hace siempre. Con Enrique VIII y con lo que nos queda por ver. En la pérfida Albión y a este lado de la costa.

Y para colmo de males, encima ya no puedo ver a Michael Cane con los mismo ojos después de su furibunda campaña antieuropea. Yo que le había jurado amor eterno. A ver ahora qué hago. My God.

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El son de entenderse
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María de Álvaro | 21-06-2016 | 16:37| 0

Cuenta Luis Sepúlveda que en las pulperías de La Patagonia, donde se vende de todo menos pulpos, las gentes se juntan a escuchar las historias de sus vecinos, de los viejos del lugar y, si se tercia, de quien por allí recale. En las pulperías de La Patogonia no hay wifi, ni tres, ni cuatro, ni medio G, sólo una advertencia a quien llega de nuevas y viene con una historia: «Contala, pero contala como poeta, no la contés como doctor». Y dice Sepúlveda que, en el fondo, «eso y no más es la literatura». Y luego llega Doménico Chiappe, que no es chileno sino medio peruano medio venezolano y un cachito de Madrid, y sentencia que la Real Academia y los diccionarios están muy bien, pero que «en los diccionarios no está la emoción, porque las palabras tienen un significado, pero también un son, una música». Y Mario Jursich, poeta, periodista y colombiano –no necesariamente por este orden aunque seguramente sí– se suma a la fiesta contando cómo Nebrija introdujo en el español la palabra ‘canoa’ antes, mucho antes, de que nada parecido bajase el río Sella ni ningún otro a este lado del océano. Y Nacho del Valle –escritor sobre todo y español y asturiano o viceversa, de paso también– recuerda que todo es elástico, que el arte nos da el superpoder de «anular el tiempo». Y Jaime Abello habla de García Márquez, el escritor, y de García Márquez, el periodista, y de García Márquez, su amigo, y lo hace con su acento dulce de Barranquilla y transforma en Macondo el Paraninfo de la Universidad de Oviedo, que empieza a oler como las comidas que no huelen a ventana. Rico. Y entre todos forman ese «espacio emocional» que es el lenguaje, que son las historias bien contadas. Y sucede eso que ocurre cada día entre 500 millones de personas de acá y de allá: que hablan y se entienden, con todo lo que eso significa. A veces, como ayer en Oviedo en el foro Futuro en Español, con magia incluida.

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La misteriosa desaparición del candidato
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María de Álvaro | 16-06-2016 | 12:50| 0
La imagen es de archivo, naturalmente

La imagen es de archivo, naturalmente

Houdini era un simple aficionado. El mago del escapismo nunca se presentó a unas elecciones, es verdad. Nunca fue del PP, ni mucho menos número uno para el Senado por Asturias, que se sepa. Pero si lo hubiera hecho, habría quedado a la altura de un prestidigitador retirado de crucero por el Mediterráneo, porque aquí maestro del escapismo es uno y se llama Ovidio Sánchez. ¿Alguien le ha visto en esta campaña? ¿Acaso en la anterior? Areces dio anoche una pista clave en el debate de Canal 10: dijo que estaba «en su casa fumándose un puro». Puede. Es posible que el eterno aspirante popular, el político corcho, capaz de flotar en cualquier solución líquida, por viscosa que se ponga, haya hecho cuentas. En los anteriores comicios nadie olió ni el rastro del humo de su cigarro y fue el senador más votado en el Principado. Va a ser verdad eso de que a veces no hay nada como estar calladito, como disfrazarse de maceta. Que le pregunten a David Medina. Paciencia tenemos, oiga.

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Lo que cuesta suspender
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María de Álvaro | 26-05-2016 | 12:30| 0

Lo mismo que ir al médico al centro de salud no es gratis aunque no nos cobren cada vez que vamos, suspender también cuesta dinero. Perdón por la obviedad, pero es que acaban de ponerle a la cosa cifras y no hablamos de calderilla precisamente. Son 31,5 millones de euros al año en Asturias lo que cuesta que 4.500 niños no pasen de curso. Vale. Lo peor es que los expertos alertan de que «familias, educadores y responsables políticos» consideran positivo repetir. O, si no positivo, al menos si la solución menos mala si el chiquillo no estudia. Todo estupendo, pero a lo mejor estaría bien decirle al niño a cómo sale la broma traducida, por ejemplo, en juegos de la Play Station. Para que lo sepa. Y no hablo, naturalmente, de pequeños o adolescentes con problemas, en los que hay que invertir todo lo que sea necesario. Hablo de los otros. De los que a fuerza de no tener nunca ninguna responsabilidad van camino de convertirse en adultos que sólo saber reclamar derechos.

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La vida imaginada
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María de Álvaro | 23-05-2016 | 17:17| 0

Hans tiene 10 años y es razonablemente feliz. Él no lo sabe, porque con 10 años a uno le basta con ser, pero no tiene mucho de qué quejarse. En casa ha oído hablar de bombas y de hambre, pero lo escucha como el que oye un relato nocturno en la radio, de esos que vienen acompañados de sonidos casi reales y que tanto le gustan. Vive en Munich. Y vive bien. Soporta a su hermana mayor, Amélie, que salvo cuando se chiva de sus correrías es bastante aceptable «para ser una niña». Comparten su afición por las calaveras, y eso les une bastante. Nadie más lo hace, sólo el abuelo Otto, que un día sí y otro también les cuenta alguna historia de cuando el pan era negro y duro o simplemente no era. Sylvester es su hermano pequeño, pero podría decirse que tan pequeño que todavía no es más que un apéndice de los brazos de su madre. Ella se llama Alma y, la verdad, hace honor a su nombre, siempre pendiente, siempre dulce. Su padre, Franz, también, sobre todo cuando van de excursión a la montaña. Porque él sólo se rie de verdad, a carcajada limpia, cuando está en lo alto de alguna colina, tanto que Hans suele imaginárselo allí, con su traje, su corbata y su bombín; de hecho a veces piensa que cuando sale de casa y se va a trabajar y le da a su madre un beso en la mejilla para despedirse y le pellizca un papo a Sylvester y a él le encomienda que se porte bien, en realidad se va a escalar una montaña, igual que en aquellas vacaciones en las que todos se fueron a Austria.

 

A Hans se encantan las vacaciones. Tienen un vecino que les presta un coche y, a veces, se van a visitar ciudades. A Amélie no le hace tanta gracia, porque normalmente van apiñados en el asiento de atrás y a él le suele tocar encima, pero, bueno, son «contingencias del turismo». O eso dice siempre su madre. Casi mejor que viajar es después colocar las fotos del viaje en el álbum. Es todo un ritual familiar. Primero hay que lavarse bien las manos, un fastidio asumible, y tener cuidado de no plantar un dedazo encima de ninguna foto. Son cuadradas, perfectamente cuadradas. Como si la vida se viera a través de una ventana que a veces está cerrada y otras, las más, abierta. Para que se cuele el viento. A Hans le encanta abrir el álbum cuando le dejan, mirarlo, tocarlo y hasta olerlo, porque cuando ve, por ejemplo, las fotos de Frankfurt, le huelen a salchichas, y las de aquel parque tan grande de Stuttgart, a eucalipto.

 

Hans, Amelié, Franz, Alma, Sylvester y Otto son una familia alemana razonablemente feliz a la que la guerra, la II Guerra Mundial, les va a estallar pronto en la cara, pero ellos aún no lo saben, aunque el abuelo Otto se lo imagine y lo repita casi diario, así que hacen la vida que haría cualquier familia razonablemente feliz de mediados de los años 30 en la Alemania de entreguerras. Y, poco a poco, su álbum de fotos va engordando, como engordaba la barriga de la madre de Hans antes de que llegara Sylvester. Pero un día las que llegaron fueron las bombas. Lo hicieron casi sin avisar. Sonó una sirena y después todo empezó a caerse. Los edificios y todo lo demás. Una mañana, Franz apareció muy temprano con el coche del vecino, el que les prestaba para irse de excursión. Se montaron en él y se fueron. Pero aquello no eran unas vacaciones. No hubo fotos. Ni siquiera hubo álbum, que se quedó en la casa y ya nadie supo más de él.

 

Nadie hasta que Federico Granell se lo encontró más de 70 años depués, vacío de fotos y con apenas unos textos, lugares y fechas sueltas, en un mercadillo de París. Con él reconstruyó la vida de Hans, Amelié, Franz, Alma, Sylvester y Otto. Y pintó primero sus fotos perdidas hasta completar (o casi) el álbum. Y después reconstruyó su vida en lienzos precisos y mágicos, y en tablillas viejas llenas de polvo, y en papeles ardientes, y en lozas que, milagrosamente, sobrevivieron a su propia devastación. Y dio vida a Hans en escultura, y le colocó un corazón que es una casa, la misma que tuvo que dejar cuando empezaron a caer las bombas. Ahora todo eso está entre las paredes de una galería de arte. Y puede que Hans, Amelié, Franz, Alma, Sylvester y Otto no hayan existido jamás. De hecho, es lo más probable. Pero son más verdad que muchas realidades de carne y hueso; como es verdad el arte cuando no nace para adornar. Cuando mueve y conmueve. Cuando es tan nesario como el agua y el aire.

 

PD. ‘La vida imaginada’, de Federico Granell, se expone en la galería Gema Llamazares de Gijón hasta el próximo 15 de julio. Yo no me la perdería.

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El circo de Pajares
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María de Álvaro | 12-05-2016 | 11:30| 0

Si la variante de Pajares fuera un circo, que lo es, haría tiempo que el domador se habría fugado con la trapecista y los leones a un resort en África. Desde 1980 (sí, 1980) llevamos dándole vueltas al paso del tren a estas tierras con vocación de aldea gala. A los retrasos por eso que se llama falta de voluntad política y es, en realidad, falta de presupuesto (del vulgar perres), se sumaron mil y un problemas técnicos, con ríos subterráneos incluidos que van camino de perderse como lágrimas de replicante. La última vuelta de tuerca llegó ayer. Es una demanda vecinal que denuncia el proyecto a la Unión Europea por su impacto ambiental. Vale. Es lógico que los habitantes de un entorno quieran, queramos, protegerlo, lo que extraña es que un proyecto de semejante envergadura no tenga a estas alturas del culebrón estudios medioambientales como para empapelar el camino, todavía tortuoso, que separa León de Gijón, ida y vuelta. Veremos qué pasa. De momento tenemos las flamantes sentencias de la regasificadora de El Musel y la depuradora de Somió para ir poniéndonos en lo peor.

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El emperador en pelota
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María de Álvaro | 11-05-2016 | 19:11| 0

Napoleón ganó infinitas batallas y más de una guerra, pero acabó en Santa Elena, fundamentalmente, por abrir más frentes de la cuenta. Su estrategia expansiva, que tantas alegrías le dio en los años en que escribía encendidas cartas a Josefina desde el frente, fue su tumba. A un colega suyo bastante más siniestro e igual de bajito le pasó algo parecido algunos siglos después allá por Stalingrado, pero esa es otra historia.

 

Otro gran proyecto de prócer de la humanidad anda estos días abriendo frentes aquí y allá, pactando o tratando de pactar lo que ni pactó ni trató de pactar antes de que nos llamaran, por segunda vez, a eso que antes se decía la fiesta de la democracia y ahora vamos camino de bautizar como la ‘rave’. Por larga y por cansina. La cosa es que el hombre al que últimamente parecen salirle bien los planes, anda empeñado en ganar las elecciones antes de que votemos. Normal. Él es quien sabe lo que quiere la gente. Porque él es la gente y lo demás, casta conquistada. O acólitos.

 

Lo sorprendente de la historia no es que la moto en venta no llegue a triciclo, sino que haya encontrado compradores. Asusta la cara arrobada del número 5 a la lista del Congreso por Madrid, emocionado como el niño al que en el recreo el ‘chico más popular’ del colegio le deja, por fin, tocar la pelota. Y asusta más aún el poco eco de los desesperados que ven cómo el emperador desfila completamente desnudo y sin rastro de traje nuevo, y lo dicen, y les miran como el que mira a un «abuelo cebolleta». Cosas veredes, Gaspar. No sé si me explico.

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Quedamos sin suelto
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María de Álvaro | 05-05-2016 | 16:03| 0

Tengo un disgusto terrible. Y no es por que nos espere otra campaña electoral, que también. Tampoco por las agoreras predicciones meteorológicas y sus anuncios/amenazas de un fin de semana más frío que Siberia en pleno diciembre. No. Mi disgusto se lo debo a la desaparición de los billetes de 500 euros. A ver qué hacemos ahora. Ya imagino la algarabía en las fábricas de carretillas, con direcciones y plantillas encantadas pensando en miles, millones de ciudadanos llevando sus ahorros de un lado a otro a cuestas. Los billetes de 500 dejan de imprimirse en 2018 pero siguen siendo de curso legal. Y eso que según Mario Draghi «es un instrumento para actividades ilegales». Vale. Pero como una cosa es lo que opina el Banco Central Europeo y otra lo que dicta el Bundesbank, aquí no ha pasado nada. Ya se sabe que hablar de dinero es una ordinariez y, además, hay que tenerlo. El resto son brindis al sol (hoy saludos, que todos somos yoguis; algunos incluso compis). Más o menos como el anuncio de que el billete de 500 dejará de imprimirse. Los amigos del ‘black’ tienen que estar temblando. Como usted y yo, o más. Tirando de refranero clásico de los felices tiempos preTwitter: tanto da que da lo mismo.

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Para el desguace
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María de Álvaro | 28-04-2016 | 16:02| 0

La imagen de una nave en Tremañes completamente desguazada para robar su estructura es hoy la foto del día en Asturias. Y la metáfora perfecta. Hasta que les pilló la Policía, los ladrones se llevaban el contenido de la nave y la nave misma a plena luz, tan tranquilamente como se convocan unas elecciones después de otras tras meses de inacción política o como aparecen sociedades ‘offshore’ de ilustres y exilustres próceres de lo público igual que las alergias en primavera.

 

Los ladrones se llevaban la ferralla justo a la vez que otros también exilustres y también de lo público se sentaban en los banquillos de la Audiencia Provincial de Oviedo por hacer, firmar o recibir facturas falsas. Por desmontar, o al menos intentarlo, la Consejería de Educación del Principado a golpe de contratación de obras fantasmas, chapuzas y mangoneos. Igualito que se desmonta una nave en Tremañes. Eso sí, todos unos «mandaos» los pobres, siempre empujados por exjefes o excompañeros que ya están «muertos» (cito literal). Como los ladrones pillados in fraganti, que estaban allí porque se lo dijo «un paisano» (cito literal, 2).

 

Como todo el mundo recuerda, Bogart y Bergman se enamoraron mientras el mundo se desmoronaba. Me pregunto que harían ahora que la cosa ha pasado directamente al desguace, ahora que estamos a punto de colocar el ‘cerrado por derribo’ y la peli sería un reality y se titularía ‘Casablanca Shore’. A lo mejor se dedicaban a anunciar colchones, pero de esos que son solo para dormir. De lo otro mejor ni hablamos. Como el chiste.

 

Oh realidad, siempre al quite para burlarte de la ficción, tan burdamente creíble a veces, coño.

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¿A qué huele la CUP?
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María de Álvaro | 21-04-2016 | 17:09| 0

Sabíamos que la CUP no tiene límites, más allá de sus pretendidas fronteras, pero como la capacidad política de empeorar cualquier expectativa -ya sea del déficit, de los datos del paro o de descuerdos varios- crece últimamente de forma exponencial, los amigos de la Unitat Popular salieron ayer con que el Ayuntamiento de Manresa pretende decir a las mujeres (se entiende que a las manresanas y de paso a todas las demás) que usar compresas y tampones no es ecológico, ni sostenible, ni moderno, ni ná.

La cosa suena de chiste y lo es, pero también es tan cierta como el golazo en el último minuto que marcó anoche mi Sporting. Vaya que hoy van a presentar una moción a favor de -pausa dramática, redoble de tambores- las esponjas marinas, las compresas de ropa y las copas menstruales.Tiemblo. Y no por la chorrada, que también; ni siquiera por que en un ayuntamiento no tengan asuntos más apremiantes, que además. Tiemblo por que lo preocupante, lo que no da tanto la risa, es la capacidad infinita de algunos para meterse en la vida de los demás (en este caso las), su habilidad para confundir gobernar con mangonear.

El ridículo es lo de menos. Lo ‘de más’ es que de querer prohibir el tampax (con perdón por usar como genérico una marca comercial: se ve que el demonio capitalista me ha poseído) a implantar un modelo único de corte de pelo no hay tanto trecho. Ahora falta que les hagamos caso. O que les mandemos de paseo. A Corea, por ejemplo, a ver a qué huelen allí las nubes, como en aquel anuncio de compresas (con perdón de nuevo). Uf.

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