El Comercio
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Camino del Cantábrico (*)
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María de Álvaro | 08-04-2016 | 17:09| 0

«Uno perdía el rumbo en aquel río del mismo modo que puede perderlo en el desierto (…) hasta que se sentía hechizado y apartado para siempre de todo lo que había conocido alguna vez, en algún lugar, lejos, quizás en otra existencia»

‘El corazón de las tinieblas’ (Joseph Conrad)

 

 

No hace falta ir al Congo para perderse. Tampoco para encontrarse. Generalmente uno (una en este caso) suele estar a la vuelta de la esquina, en el café de la mañana, en la rutina de la tarde, en el vino de la noche. En las manos de su madre, los ojos de sus hijos o las tripas de quien le quiere. Uno (una en este caso) se acompaña de sí misma desde que nace hasta que muere, y se conoce perfectísimamente, aunque a veces no lo sepa o crea que no lo sabe, desde el día en que el mundo le presenta a su cuerpo y le dice aquello de ‘esta unión es para siempre’. Y no hay más garantías.

Por eso resulta tan extraña esta fiebre que nos ha dado últimamente por conocernos a nosotros mismos. Como si no lo hiciéramos ya más que de sobra. Puede que vivir el fin de la civilización de Occidente tenga algo que ver, puede que las abuelas tuvieran razón y todo esté motivado por el ‘refalfiu‘, esa bendita palabra asturiana sin traducción posible que viene a decir que la abundancia o, más bien el exceso, también cansa. Y harta. Y hastía.

La cosa es que el librito que nos ocupa, esta especie de guía, es el fruto de mi segundo Camino de Santiago. Desde que decidí hacer el primero -aquel sí con destino en el Obradoiro, hace ya unos pocos de años- hasta hoy, cada vez que le he comentado a alguien que me calzaba las botas y me iba, o que ya lo había hecho y estaba de vuelta, invariablemente he recibido la misma respuesta que, en realidad, es una pregunta: ¿Por qué? O, dicho de otro modo: ¿Qué buscas? ¿Qué has encontrado?

Pues bien, siento defraudar a los fans de eso que se llama la autoayuda y a los apóstoles de filosofía en entregas breves para tiempos de internet. No tengo la respuesta. Nada se encuentra en este camino que no se encuentre en cualquier otro, que no llevemos puesto de casa, que no esté en los libros y en las películas, o en las vidas y las mentes de quienes nos precedieron, de quienes caminan diariamente a nuestro lado e incluso de millones y millones de desconocidos. El Camino de Santiago es eso, un camino. Pero también la vida es un camino y no por eso deja de ser todo lo que tenemos. Que se sepa.

Convertirse aunque sea por unos días en peregrino, no tener nada más que lo que llevas colgado a la espalda, saber dónde está tu destino y que tienes dos piernas que te permitirán llegar, o al menos intentarlo. Eso es lo que te da el Camino. Eso y la posibilidad de convivir con tus dolores, de reírte de tus limitaciones, de hablar con los dedos de tus pies sin que te tomen (o te tomes) por psicópata. En definitiva, algo de tiempo, una tregua para escuchar lo que tus rodillas, tus orejas, tu cabeza o tu corazón tienen que decirte. Nada nuevo, nada raro, nada que no pueda suceder sin salir de casa, pero que sucede con más facilidad si pones tierra y silencio de por medio. Si además lo haces con el Cantábrico como compañía puedes considerarte alguien con suerte. Y le pasa lo suerte lo que a la alegría, que no suelen pasarse sin más: hay que salir a buscarlas. Vamos allá.

 

(*) Así comienza ‘Camino del Cantábrico’, un recorrido por Asturias de punta a punta a través de la ruta xacobea del Norte

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'It funcionaria' sin Louboutin
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María de Álvaro | 05-04-2016 | 15:56| 0

Desde que Iñaki Urdagarin compareciese ante el juez con una americana blanca más propia de ‘Vacaciones en el mar’ que de un juzgado de instrucción, las cosas han cambiado mucho. Alguien debió darse cuenta de que aquella pinta era más bien de juzgado de guardia. Y el ejemplo ha cundido. Vestirse es cubrirse, pero también una declaración de intenciones. Por eso vestirse para para declarar es tan importante, porque es como declarar dos veces. Igual que no se va a una boda en chandal -a lo mejor Paquirrín sí, pero no lo tengo confirmado- nadie se sienta en el banquillo con sus mejores galas, especialmente si de lo que está acusado y/o acusada es, precisamente, de desviar dinero público (del vulgar robar) para gastárselo en taconazos de Louboutin. Siempre presuntamente.

Marta Renedo ha aprendido la lección. A lo mejor por que vio a Urdangarin haciendo el ridículo o puede que por consejo de su abogado. En capítulos anteriores, la que fuera ‘it girl’ del choriceo regional nos había sorprendido con zapatos imposibles y bolsos tope gama, de esos que cualquier compañía de vuelos low cost te obligaría a facturar por exceso de equipaje. Siempre, además, perfectamente colocados en modo ‘corte de mangas’, o sea, colgando del brazo a la altura del codo con el antebrazo estratégica y verticalmente elevado. Sí, como Paris Hilton o Chloë Sevigny. Pero ya no.

La exjefa de servicio de Promoción Cultural (seguramente en su definición de ‘Promoción Cultural’ está el quid del caso, pero ese es otro tema) llegó ayer a la Audiencia sin su melena al viento -se la ha cortado, como Curro Romero la coleta-, vestida con un ‘outfit’ (otrora modelo, conjunto o similar) que podríamos definir como ‘pasaba por aquí’ y con un bolso que más parece una bolsa de la compra ahora que hasta Mercadona cobra por las de plástico. Modelo que, para más inri, hoy ha repetido, algo que solo hacemos el vulgo pueblo y doña Letizia cuando se pone en plan fan de Amancio Ortega. Renedo tampoco ha comparecido con gafas amarillas de Alain Mikli sino negras y tirando a discretas, otro truco seguramente aprendido de los errores del ínclito exyernísimo, hoy yerno a su pesar, como Filomeno.

 
No sabemos qué va a pasar, no lo sabe nadie a juzgar (con perdón) por el carajal procesal que se ha montado, con esos 2.000 folios de informe del Principado que no valen más que para reírse a la cara del ‘papel cero’ tan publicitado por el Ministerio de Justicia. Y de paso de todos nosotros. Sus señorías no los han admitido a petición del fiscal por «irregularidades». A estas alturas, lo único que tenemos claro es que Marta Renedo no es ni su sombra. O eso quiere que pensemos. O que piensen los jueces. Dicen que ‘Orange is the new black’. Veremos.

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Una chica eterna
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María de Álvaro | 04-04-2016 | 16:20| 0

Tenía mi abuela la sana costumbre de llamar ‘chicas’ a sus amigas, así tuvieran 80 años. Cuando le afeábamos el término o, directamente, se nos escapaba la risa, nos miraba con esa cara que se les pone a quienes saben más que tú porque ya lo han visto y lo han oído casi todo. Condescendiente, una vez confesó: «Ay, hija, ya lo verás, las chicas cumplen años contigo». Y ahora ya lo sé, pero esa es otra historia.

 

Me he acordado de mi abuela y sus chicas al enterarme de que se nos ha muerto la chica «por antonomasia», la mejor. Y tenía 85 primaveras. 85 años de cómica que empezaron cuando aquí había más bien poco de qué reirse. 85 construidos con personajes extraordinariamente cotidianos, porque puede que esa haya sido la mayor grandeza de Chus Lampreave: saber hacer magia con la normalidad, ser capaz de convertir a una portera ‘testiga’ de Jehová en un icono pop.

 

Jaime de Armiñán, otro gigante, la descubrió -como se descubren las cosas importantes, como se ‘descubrió’ América o la penicilina- en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, porque ella lo que quería era ser pintora. Y lo fue. Pintó a decenas, cientos, miles de mujeres anónimas que le pusieron gracia y talento a vidas y momentos más negros que de color. Y pintó con Armiñan, y con José Luis Cuerda, y con Trueba, y hasta con Berlanga, y, claro, con Almodóvar. Y vale que el destino ha querido que ‘Torrente 5’ sea su última película, pero se lo perdonamos sin problemas, porque la Lampreave siempre ha sido y seguirá siendo nuestra chica favorita. Ahora ya para siempre.

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Poeta al natural
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María de Álvaro | 30-03-2016 | 15:38| 1

La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes

(‘Sublevación inmóvil’, Antonio Gamoneda)

 

La guerra le pilló de vacaciones. En León. En un pueblo en el que su madre, asturiana de Oviedo, curó aquel asma que le quitaba el aire por culpa de tanta humedad. Tenía cinco años y una curiosidad infinita. Padre no. Se había muerto. El niño inquieto quiso aprender a leer. Y en aquella casa donde les sorprendió la guerra sólo había un libro, el único que se habían llevado para pasar un verano que se tornó en una vida porque primero no pudieron volver y después ya no tenía sentido, o no quisieron, o qué más da. La cosa es que en aquella casa de pueblo, a salvo de las balas disparadas entre primos y entre hermanos, el niño aprendió a leer «molestando a unos a y otros, preguntándo qué letra es ésta y cuál la otra». El libro se titulaba ‘Otra vida más alta’ y lo había escrito su padre, era su primer y último poemario. El niño se llamaba Antonio. Y hoy es Antonio Gamoneda y Premio Cervantes y académico de la Lengua no porque no le da la gana. Y escribe versos, y es poeta, porque aprendió a distinguir las letras al tiempo que a vivirlas, que a comerlas. Porque descubrió el ritmo. Y al hombre que era su padre y la magia y la belleza. Todo a la vez. Todo naturalmente. Como crece la hierba. Como son las cosas que tienen que ser.

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Guerra
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María de Álvaro | 23-03-2016 | 11:59| 0

En nombre  de Dios, en cualquiera de ellos, se han cometido demasiadas atrocidades. La última ayer en Bruselas. La próxima, seguramente no tardando. No tengo la solución. Lo que tengo es muy claro que nosotros somos las víctimas y los refugiados, más. A nosotros quieren matarnos en un aeropuerto, en el metro, con una bomba. A ellos los matan cada día en sus mismas casas y, cuando las abandonan, los siguen matando. Lo hacen los mismos que disparan contra nosotros y también, de paso, nosotros mismos por omisión, por mirar para otro lado. Pero ya no se puede mirar para otro lado, porque el horror lo ocupa todo. Y no tiene lados, si acaso aristas. Y a lo mejor ha llegado el momento de actuar. Puede que ya no valga con que solo una parte esté en guerra. A lo peor ya está. Ya estamos.

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Carles I, el invadido
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María de Álvaro | 10-01-2016 | 17:39| 6

“Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron en Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la República, en la paz y en el trabajo, señora de sus libertades y sus destinos”. Tan templadas palabras fueron pronunciadas por Carles Rahola, periodista fusilado por el Franquismo en una época ciertamente negra de nuestra historia. Y en determinado momento podrían hasta entenderse. Lo que ya se explica más dificilmente es que el hasta ayer alcalde de Girona y desde hoy president de la Generalitat las emplease en un reciente discurso electoral, seguidas de un particular grito de guerra: “ ¡Viva Girona y Viva Cataluña Libre!”.

¿Qué significa exactamente Cataluña libre? ¿Acaso Cataluña no es libre? ¿Está presa de algo o de alguien? Las palabras son peligrosas, sobre todo cuando se utilizan como bombas de racimo. Las hemerotecas, también. Tanto como necesarias a veces para conocer qué personajes son los que mueven o pretenden mover nuestros destinos. Los catalanes están en su legítimo derecho de pretender decidir si quieren o no ser españoles, pero no a costa de mentir, no a costa de acusar al Estado español, a España, de robarles y, muchísimo menos de invadirles. Y desde luego, el tono guerracivilista no ayuda.

Carles Puigdemont no es un ‘twittero’ iluminado ni un loco que grita consignas por la calle. Carles Puigdemont es el presidente de todos los catalanes, los que van ‘junts pel sí’ y los que no, los que todavía quieren pertenecer a este país que se nos va cayendo poco a poco de las manos gracias a las acciones de unos y las inacciones de otros. Unos y otros que solo tienen una cosa en común: nosotros les pagamos el sueldo. Y a lo mejor hay que recordarle al señor Puigdemont que en las últimas elecciones la cosa se quedó en un 48% frente al 52%. Y no fueron los suyos los que ganaron, si insiste seguir hablando de bandos.

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El Chapo, a Gran Hermano
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María de Álvaro | 09-01-2016 | 19:40| 0

Al Chapo Guzman le pillaron porque quería ser Vito Corleone. El narco más buscado del planeta, el que se escapó de una cárcel de máxima seguridad por raíles construidos al efecto, andaba en preparativos con una productora para hacer una película sobre su vida. Ser un criminal no vale de nada sin reconocimiento público. Ser, así a secas, ha dejado de tener utilidad ninguna. Es cosa de raros y de anacoretas. Si uno se enamora no importa, importa que lo cuente en Facebook; si el mundo se desmorona, tampoco, lo fundamental es lo que opinamos del desmoronamiento de turno en Twitter: 144 caracteres y a otra cosa. Eso y desayunar en tazas que nos auguran un día increíble siempre y cuando lo colguemos, claro está, en Instagram.

Al Chapo Guzman lo pillaron porque ni siquiera a él le vale ser sin altavoces, él que se juega su propia vida en ello. La vanidad ancestral mezclada con el exhibicionismo de nuevo cuño es lo que tienen, que resultan implacables, una combinación perfecta. Apostaría a que el Chapo se encontraría mucho más en su salsa en Gran Hermano Vip que en la cárcel en la que ya duerme, y no porque vaya a tener menos comodidades.Y apostaría también a que a los productores se les saldrían los ojos de las órbitas por meterlo en la casa con el ‘Pequeño Nicolás’. Porque apostaría sobre todo a que serían líderes de audiencia. Y ahí está el problema. Y la solución, por cierto.

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En casa
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María de Álvaro | 23-12-2015 | 21:30| 0

“Chewie, estamos en casa”. Lo dice Han Solo al poner un pie sobre el ‘Halcón milenario’ y con esa frase no sólo pone pelos de punta, también resume una película entera. Porque ‘El despertar de la fuerza’ es eso: un regreso feliz a los tiempos de la fuerza, aquellos en los que el mundo se dividía entre buenos y malos, jedis o siths, Luke o Darth Vader. ‘El despertar de la fuerza’ es volver a fabricar espadas láser con los rollos acabados de papel Albal, volver a querer ser la princesa Leia, a tener un ewok en vez de un perro. Volver a tener diez años. Esa sopa que te recuerda a la que hacía tu abuela, ese libro que te leíste con 15 y reaparece en una mudanza, esa canción que te acompañará siempre.

Es todo eso, pero no sólo. Porque también hay en la última de ‘La guerra de las galaxias’, ahora ‘Star Wars’, una buenísima historia de aventuras, a la altura del mejor Indiana Jones, y, como si eso no fuera más que suficiente, sus nuevos héroes son otra vez verdaderas declaraciones de intenciones: que el polvo al ‘Halcón Milenario’ se lo quitan una mujer corajuda y solitaria de profesión chatarrera y un soldado del Imperio arrepentido, un tipo que se reivindica individuo dentro de la masa, que se niega a acatar órdenes si éstas suponen llevarse por delante a inocentes, el humano debajo de la máscara, la libertad contra un sistema que programa mentes en serie. Son, en fin, dos personas que si no fuera porque viven en una galaxia muy muy lejana podrían ser nuestros vecinos o nosotros mismos. O sea, una tía y un tío normales capaces de cosas extraordinarias. Dos metáforas con piernas, dos constataciones de que otro mundo es posible, aunque sea más allá de las estrellas. La esperanza, que ya no es nueva, se mantiene intacta. La fuerza ha despertado. Y nos sigue acompañando. Como siempre.

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Decíamos ayer…
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María de Álvaro | 20-12-2015 | 23:11| 8

Hasta hace cuatro días había dos españas. Desde esta noche, hay cuatro. ¿Las hay? El PP ha vuelto a ganar las elecciones y el PSOE es la segunda fuerza más votada. Fray Luis de León y Unamuno resolverían la cosa con un “decíamos ayer”. Lampedusa, con su famoso y trillado “que todo cambie para que todo siga igual”. El abuelo de aquel anuncio, a golpe de ‘Y el Madrid qué, ¿otra vez campeón de Europa?’. Podemos y Ciudadanos le han dado un meneo al Congreso, un meneo que puede tener incluso algún grado en la escala Richter, pero no han hecho saltar el bipartidismo por los aires. O no hemos, que votar votamos usted y yo. O sea, por resumir e ir al grano, lo dicho: el PP ha vuelto a ganar las elecciones y el PSOE es la segunda fuerza más votada. Enhorabuena a los premiados. Paciencia al resto.

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Bárbara tenía una vida
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María de Álvaro | 29-11-2015 | 13:18| 4

Bárbara tenía una vida, dos hijas, un exmarido y algún que otro problema para llegar a fin de mes. O sea, lo normal. Ahora ya no tiene nada más que lo último, porque su exmarido se ocupó de arrebatarle todo lo demás. Sucedió de la manera más cruel que se pueda imaginar, de una forma tan macabra que como guión de una película resultaría poco creíble. Por exceso. Aprovechó la visita semanal estipulada por el juez para matar a las niñas, sus niñas, de 7 y 9 años. Lo hizo a golpes y con una barra de hierro que, antes, se ocupó de envolver en papel de regalo para que las pequeñas no sospechasen. Era el cumpleaños de una de ellas. No habrá más.

Fue el 27 de noviembre de 2014. Ha pasado un año y Bárbara, sin hijas, sin vida, tiene un trabajo de mierda, de esos que ahora se llaman ‘precarios’, y ni una ayuda pública. Sólo una administración se ha acordado de ella en todo este tiempo, fue el Ayuntamiento de Cudillero y fue para pedirle que se hiciera cargo de los gastos de enterrar al asesino, que, claro, muy valientemente, se suicidó tirándose por un viaducto.

Bárbara ya no tiene nada que perder. Con Amets y Sara se fue todo. Nosotros, todos nosotros, dejándola a su suerte, sí. Lo que le pasó a Bárbara es como mínimo una negligencia que nos tenemos que apuntar como sociedad. Que un tipo capaz de coger una barra de hierro, envolverla en papel de regalo y matar con ella a sus hijas, tenga la oportunidad de hacerlo nos debería hacer pensar que algo falla. Y no hablo de justicia preventiva, solo de justicia. Por Amets y por Sara ya no se puede hacer nada. Por Bárbara sí. Y por muchas otras. Demasiadas.

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