Escribo estos apuntes en la iglesia flotante de Kompong Luon, una iglesia que va y viene, que se desplaza de un lado para otro acompañando a los cristianos en su mayoría pescadores, que viven en el gran lago Tomple Sap.
Estoy vinculado a la Prefectura de Battambang desde 1997, cuando inicié el proceso de inserción en la cultura y la lengua Camboyana, primero en la Provincia de Kompong Thom y luego, desde el año 2000 en la provincia de Battambang donde he tenido el privilegio de acompañar a Kike, desde el mismo año de su instalación como Prefecto.
Con Kike a la cabeza, la Prefectura de Battambang se ha transformado significativamente. Nuevas comunidades han nacido en la basta geografía de la Prefectura, la fe de los mayores se ha fortalecido, los jóvenes, que en la Prefectura tienen un puesto muy importante, están renovando con su vitalidad las comunidades cristianas, la presencia de la iglesia en todos los campos de desarrollo social y comunitario es significativa y el esfuerzo por promover el arte y la cultura le ha dado a la iglesia un rostro más autóctono, más camboyano.

La imagen de la iglesia que va y viene, que acompaña a las habitantes del lago en su mayoría de origen vietnamita, me ayuda a mirar con mayor claridad, lo que ha pasado en los diez años en la Prefectura de Battambang.
La imagen de la Iglesia de Kompong Luon, podría ser la imagen de Kike, el pastor que va y viene con la gente, que acompaña, que se preocupa de los más pequeños, la del pastor, que como en la parábola del Evangelio va en busca de la oveja perdida, de la más pequeña, de las ovejas, muchas veces ignoradas por la sociedad, y lo que es peor, en algunos casos, olvidadas por sus propias familias.
Hace diez años, todo era distinto, las vías eran apenas unas líneas polvorientas que se perdían en los inmensos arrozales y que en la temporada invernal visitar las comunidades cristianas era casi una odisea. Los viejos cristianos, aún con las cicatrices de la guerra, empezaban a congregarse, a redescubrir su fe, aquella que ni los sistemas más atroces pudieron borrar de su memoria, la iglesia empezaba tímidamente a renacer. 
En estos diez años todo ha cambiado. Las vías han sido reconstruidas, la economía ha crecido, se han construido escuelas, fábricas, universidades, las comunicaciones han transformado la vida de la gente, y la Iglesia ha estado hay caminando, acompañando, guiando, iluminando el camino.
Con la llegada de las primeras lluvias, la iglesia de Kompong Luon reinicia su marcha, un año más acompañando a los habitantes del río en su peregrinación por el Tomple Sap. Gracias Mons. Kike por enseñarnos a remar, a ir más lejos, a soñar nuevos horizontes. En el nombre del Señor, echaremos nuestras redes.
Larga vida y buena pesca,
Kompong Loun, julio de 2010
Padre Hernán Pinilla

