Me llamo Arturo Benito Olalla, tengo 25 años y soy Ingeniero de Telecomunicación. Después de trabajar dos años en Londres decidí dejar el trabajo y hacer un viaje por Asia y Australia antes de volver a trabajar en Madrid.
El plan inicial era visitar 3 meses Battambang, conocer el lugar, las personas, en definitiva, aprender de este mundo. Muy pronto me quedé enamorado de Camboya, del milagro cotidiano que aquí tiene lugar. Así mis planes cambiaron tras la visita a Australia al coincidir las necesidades de Camboya con mi capacidad profesional, mi deseo de servir a los más necesitados desde mi campo profesional se ha hecho realidad. Decidí aceptar la invitación de alargar mi estancia un año atendiendo a las necesidades educativas y sueños de aquí: la creación de salas informáticas centradas en personas con falta de recursos, en ambiente rural y con discapacidades. Así que ahora me encuentro en la colaborando con un equipo de camboyanos en la creación de 3 salas de informática; una en la Paloma para los chicos del centro Arrupe, otras dos en las parroquias de Battambang y de Tahen.
El tiempo que estoy pasando aquí me está permitiendo por un lado conocer desde dentro a los camboyanos conviviendo con ellos y por otro aprender a escuchar y acompañar a gente que entrega la vida a su formación y asistencia. Ambas experiencias están resultando normemente enriquecedoras. En los camboyanos verifico cada día la profunda alegría por vivir de aquellos a los que la suerte aparentemente ha dado la espalda. Observo sus fuerzas sobrehumanas para salir adelante. Contemplo la atención a lo pequeño. Ver, por ejemplo, a un niño discapacitado ayudando a su amigo ciego en el comedor y luego a éste a su vez empujándole la silla de ruedas es algo que estremece completamente las entrañas. La risa de un niño discapacitado me reafirma las palabras de La Madre Teresa: “La más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado”. Soy testigo de que en el centro Arrupe no solo hay amor, sino mucho, muchísimo amor. En el acompañamiento de los religiosos y también de los camboyanos (cristianos y budistas) que entregan aquí su vida a los demás, descubro un corazón muy especial. Un corazón que renuncia a sí mismo por anteponer su sed de justicia. Un corazón tremendamente sensible a lo pequeño, a lo necesitado. Un corazón consolador, desbordante de amor y de gratuidad. Un corazón que encarna plenamente el mensaje de Jesús en el evangelio. De entre todos los muchísimos sentimientos que vibran dentro de mí, hay uno que destaca por encima del resto: hondo agradecimiento. Un agradecimiento que me invita a actuar, a dar gratuitamente todo lo que he recibido de la misma manera, empezando por esta experiencia en Camboya. Esa es nuestra responsabilidad. Desde Camboya, desde el agradecimiento y la alegría del servicio a los últimos y más pequeños, os amino a todos a seguir trabajando y formándonos para ser de alguna manera, como decía Pedro Arrupe, “hombres y mujeres para los demás”. Recibid un fuerte abrazo. 
El proyecto parte del convencimiento de que la informática es una herramienta valiosísima en el desarrollo, no sólo profesional sino también personal, del ser humano. Además de la creación de las salas, nuestro objetivo es facilitar la enseñanza informática de calidad a cualquier institución que busque desarrollarla. Se trata de que encuentren en ella todo el material, el software y los pasos necesarios para llevarla a cabo.

Ante todo esto, intento tener los ojos, los oídos y el propio corazón muy abierto para intentar así empaparme y saborear cada gesto, cada sonrisa, cada oración.

Battambang, 5 de Mayo de 2010
Arturo Benito Olalla

