Thai, una historia de superación

Mi nombre es Ana y Camboya ha sido para mí un lugar especial para aprender en positivo de la vida y vivirla en todas sus dimensiones.

He ido aprendiendo a valorar más las cosas con cada momento vivido, con cada persona que he conocido y con cada nueva experiencia.

Quiero compartir un ejemplo, para mí perfecto, que describe el trabajo que se hace aquí.

Thai es un niño que ha pasado la mayor parte de su vida solo. Su padre se volvió a casar y le dejó medio abandonado, o abandonado del todo, en la casita de la aldea donde nació. No tenía ningún tipo de higiene y sobrevivía gracias a los cuidados que los vecinos le proporcionaban y las pocas visitas de su padre. Así vio su vida pasar, tumbado en una hamaca y solo.

Desesperado, su padre le llevó al Hospital Provincial de Battambang y ahí le dejó. Por motivos distintos, Juan, un voluntario de la Prefectura, se encontraba en ese hospital. Una mujer a la que anteriormente habían ayudado le reconoció y le contó la historia de un niño que llevaba 3 días llorando y sin compañía. El estado en el que lo encontraron era muy delicado, desnutrido y sucio, Thai estaba asustado.

Fue entonces el equipo de “Outreach” quien se ocupó de limpiarle y alimentarle durante su estancia en el hospital y le trajo al centro Arrupe para discapacitados, donde le conocí. Era Agosto del año pasado y estaba recién llegada a Camboya. Ví a un niño de 13 años que estaba sin fuerzas. Thai es discapacitado de nacimiento ya que sufre una parálisis cerebral que le impide casi cualquier tipo de movimiento. No se podía ni mantener sentado y no podía sostener la cabeza por sí solo. Casi no hablaba, y en sus ojos se notaba una vida dura a pesar de su corta edad.


Thai con Phally y Kimly, trabajadoras del centro Arrupe


Estuve mucho tiempo hablando con él, mientras iba a la Cruz Roja para que intentaran adaptarle una silla de ruedas especial. Pregunté por su vida, y poco a poco me fui enterando de su historia, de su pasado.

Thai es un milagro. Su transformación ha sido espectacular y los tres meses que pasó en el centro Arrupe cambiaron su vida. La compañía, el cariño y los cuidados de todos los niños y del equipo del centro hicieron que Thai empezara a sonreír y a hablar. Todos aportamos nuestro granito de arena, unos paseándole, otros haciéndole compañía…


Thai y Channeng en Arrupe


Recuerdo el día que, tras muchas pruebas para que le adaptaran una silla de ruedas a sus necesidades, llegó al centro Arrupe sentado en ella, en su silla. Todos le aplaudieron. Thai estaba radiante. Por primera vez veía el mundo desde una perspectiva distinta. Thai tiene en su silla un respaldo para la cabeza. El cambio fue instantáneo. A los pocos días podía, por sí solo, sostener la cabeza. Su visión del mundo había cambiado. Sentado en su silla, con toda la dignidad de un ser humano, allí estaba relacionándose con todos con una gran sonrisa.

Al principio no podía estar sentado más de media hora seguida, pero tras mucha práctica y mucho esfuerzo, en la actualidad puede sentarse 3 horas por la mañana y otras 3 horas por la tarde.

El centro Arrupe aún no tiene capacidad para poder cuidar de niños que, como Thai, necesitan de ayuda constante (este es uno de los retos para el centro), así que se intentó contactar con su familia. Ellos no quisieron saber nada de él.


Thai en el centro Arrupe


Para dar estabilidad a su vida, el equipo de Outreach le buscó un hogar en donde pudiera tener todos esos cuidados. Se trataba por un lado de proporcionar a Thai una familia que se ocupase de él y le diera la oportunidad de estar cerca de sus nuevos amigos del centro Arrupe, y por otro lado también proporcionar un ingreso a una familia sencilla que lo necesitara. Así fue como se trasladó a vivir a Ta Hen, donde ya lleva 7 meses y ha descubierto su mayor placer, el estudio.


Thai con sus padres adoptivos en Tahen


El milagro aquí ha sido doble. Thai tiene por primera vez una familia que le apoya. Y por otro lado, la familia ha encontrado en Thai una persona que les une y motiva a todos en la casa.
Thai se incorporó a unas clases de inglés que impartimos en Ta Hen Phia, una voluntaria de la comunidad, y yo. Viendo su gran capacidad para el aprendizaje, se le han organizado unas clases extra por la mañanas, pensando en una posible futura incorporación a la escuela local. El profesor, otro joven de la comunidad, se encarga de dar clases de camboyano y también de inglés a Thai 5 días a la semana. Esto se suma a las clases que por la tarde recibe con los demás niños del pueblo.

Estar con gente, tener motivaciones y ganas de hacer cosas ha convertido a Thai en una persona positiva y activa dentro del pueblo. Es un charlatán que aprovecha cualquier momento para practicar su inglés, con esa sonrisa suya que llega al alma de cualquiera.


Thai y yo en Tahen


La vida de Thai es una de las historias que más me ha impactado y conmovido tras un año de trabajo en la Prefectura Apostólica de Battambang con Kike Figaredo. Es una historia de superación, de renacimiento, una historia que enseña el valor del esfuerzo y de cómo las relaciones bien enfocadas dan siempre vida. Todos tenemos un potencial por mostrar.

Es un ejemplo perfecto para describir el trabajo que se hace aquí. La dedicación e importancia que tienen todos y todo. Los pequeños detalles, la ayuda que se ofrece de forma constante y desinteresada, la colaboración de todo el mundo, el trabajo en equipo, la actitud y las ganas de ayudar, han cambiado la vida de muchas personas que como Thai, no lo han tenido nada fácil. También transforman la vida de muchos otros que, en su deseo de colaborar, encuentran que su vida da un vuelco, lanzándolos al encuentro con los demás. La existencia personal se redimensiona, adquiere nuevas perspectivas en las que los demás no solo se hacen más presentes sino que nos recuerdan que todos nos necesitamos.

Sólo puedo dar gracias por todo lo que he aprendido. Gracias por conocer a Thai y de alguna manera ser parte de su historia. Gracias por tener la oportunidad única de aprender de los sencillos y de los que supuestamente no se valen por si mismos, pero que nos enseñan a vivir. Y sobre todo, gracias por haberme permitido descubrir algo cada día en aquellos que, como Thai, dan un ejemplo de superación.


Thai, la profesora Phia, y el grupo de niños que acuden a clase



Battambang, 4 de junio de 2010
Ana

Un agradecimiento que invita a actuar


Me llamo Arturo Benito Olalla, tengo 25 años y soy Ingeniero de Telecomunicación. Después de trabajar dos años en Londres decidí dejar el trabajo y hacer un viaje por Asia y Australia antes de volver a trabajar en Madrid.

El plan inicial era visitar 3 meses Battambang, conocer el lugar, las personas, en definitiva, aprender de este mundo. Muy pronto me quedé enamorado de Camboya, del milagro cotidiano que aquí tiene lugar. Así mis planes cambiaron tras la visita a Australia al coincidir las necesidades de Camboya con mi capacidad profesional, mi deseo de servir a los más necesitados desde mi campo profesional se ha hecho realidad. Decidí aceptar la invitación de alargar mi estancia un año atendiendo a las necesidades educativas y sueños de aquí: la creación de salas informáticas centradas en personas con falta de recursos, en ambiente rural y con discapacidades. Así que ahora me encuentro en la colaborando con un equipo de camboyanos en la creación de 3 salas de informática; una en la Paloma para los chicos del centro Arrupe, otras dos en las parroquias de Battambang y de Tahen.


Wandá, Arturo, Mony y Ratannak en el comedor


El proyecto parte del convencimiento de que la informática es una herramienta valiosísima en el desarrollo, no sólo profesional sino también personal, del ser humano. Además de la creación de las salas, nuestro objetivo es facilitar la enseñanza informática de calidad a cualquier institución que busque desarrollarla. Se trata de que encuentren en ella todo el material, el software y los pasos necesarios para llevarla a cabo.

El tiempo que estoy pasando aquí me está permitiendo por un lado conocer desde dentro a los camboyanos conviviendo con ellos y por otro aprender a escuchar y acompañar a gente que entrega la vida a su formación y asistencia. Ambas experiencias están resultando normemente enriquecedoras.

En los camboyanos verifico cada día la profunda alegría por vivir de aquellos a los que la suerte aparentemente ha dado la espalda. Observo sus fuerzas sobrehumanas para salir adelante. Contemplo la atención a lo pequeño. Ver, por ejemplo, a un niño discapacitado ayudando a su amigo ciego en el comedor y luego a éste a su vez empujándole la silla de ruedas es algo que estremece completamente las entrañas. La risa de un niño discapacitado me reafirma las palabras de La Madre Teresa: “La más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado”. Soy testigo de que en el centro Arrupe no solo hay amor, sino mucho, muchísimo amor.

Pheak en el arrozal

En el acompañamiento de los religiosos y también de los camboyanos (cristianos y budistas) que entregan aquí su vida a los demás, descubro un corazón muy especial. Un corazón que renuncia a sí mismo por anteponer su sed de justicia. Un corazón tremendamente sensible a lo pequeño, a lo necesitado. Un corazón consolador, desbordante de amor y de gratuidad. Un corazón que encarna plenamente el mensaje de Jesús en el evangelio.


Sister Ath en una de sus visitas a la cárcel


Ante todo esto, intento tener los ojos, los oídos y el propio corazón muy abierto para intentar así empaparme y saborear cada gesto, cada sonrisa, cada oración.


Los Chicos de Arrupe

De entre todos los muchísimos sentimientos que vibran dentro de mí, hay uno que destaca por encima del resto: hondo agradecimiento. Un agradecimiento que me invita a actuar, a dar gratuitamente todo lo que he recibido de la misma manera, empezando por esta experiencia en Camboya. Esa es nuestra responsabilidad.

Desde Camboya, desde el agradecimiento y la alegría del servicio a los últimos y más pequeños, os amino a todos a seguir trabajando y formándonos para ser de alguna manera, como decía Pedro Arrupe, “hombres y mujeres para los demás”. Recibid un fuerte abrazo.


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Battambang, 5 de Mayo de 2010
Arturo Benito Olalla


Juntos celebramos un nuevo paso por la paz


106 mensajes cargados de esperanza, sueños y deseos de paz, sobrevolaban ayer la ciudad de Battambang, Camboya

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Mensajes escritos en blancas palomas de papel, palomas de la paz. Palomas, que arrastradas por decenas de globos tiñeron el cielo de colores, luz y vida. Este canto a la esperanza, fue escrito entre otros, por los niños, estudiantes y trabajadores del Centro Arrupe para celebrar con alegría la entrada en vigor del tratado internacional que prohíbe la producción y el uso de las bombas de racimo. Mas de la mitad de éstas, son personas con discapacidades, víctimas de las mutilaciones provocadas por las terribles minas antipersona, y se unían en muestra de solidaridad a esos países que sufren un horror que, aunque no el mismo, sí muy parecido al suyo. Las bombas de racimo.

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La velada se abría con una canción compuesta entre otros por Channeng, un joven estudiante del centro que representó a Arrupe en la segunda conferencia para la revisión del tratado “Tratado contra las bombas de racimo” en Cartagena de Indias, Colombia en noviembre del año pasado. Channeng que perdió dos piernas y un brazo a consecuencia de una de éstas minas, en su canción nos animaba a todos “a unirnos en torno a la paz y a destruir las bombas de racimo”.

Channeng de espaldas con uno de sus compañeros del centro Arrupe


Después Dieng, otra estudiante del centro, que sufre polio en una extremidad, leía un emocionante discurso. Escrito desde el corazón de aquellos que viven este tipo de tragedias. Todos víctimas de un mismo sufrimiento: las dramáticas consecuencias de la guerra sobre tantos seres civiles y sobre todo inocentes. Con la inequívoca inocencia de todos los niños del mundo.

En ese escrito, no solo se alegraba de la entrada en vigor de la nueva ley y agradecía a todos aquellos países y personas que hacían esto posible, sino que también pedía enérgicamente a todos aquellos países que aun no han firmado, a aquellos cuyos nombres aun no figuran en las listas, en especial al suyo, Camboya, que lo hicieran cuanto antes. Les invitaba también a unirse a la reunión que tendrá lugar en Noviembre de este año en Laos, el país mas afectado a día de hoy por estas armas de crueldad indescriptible.

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Finalizamos el acto con un baile por la paz.
Celebramos así, entre bailes, sonrisas, sueños y canciones, la felicidad que nos produce el que tan solo quince meses después de que comenzara el proceso de Oslo, 106 paises firmaran y 30 ratificaran, su repulsa a estas terribles armas que cada día matan y mutilan a miles de inocentes, entre ellos muchos niños. Así, en solidaridad y apoyo desde este pequeño rincón del mundo, seguiremos con nuestra lucha hasta lograr que algún día la guerra solo sea pasado y en ese presente, solo haya lugar para la paz. Esa paz que todos tenemos derecho a exigir, pero especialmente tantos miles de inocentes que ya han sufrido su ausencia, dejándoles heridos y mutilados en sus cuerpos y sus almas, muchos a edades tan tempranas que sobrecogen los corazones de todas las gentes de buena fe, y nos emocionan cuando desde su infortunio, son capaces de reivindicarlo cantando, bailando y riendo.

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Y al final, lanzando globos que se elevan al cielo llenos de esperanza.

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Battambang, 1 de marzo de 2010
María

Educación y salud para todos

Samut es un niño más en Tahen con unos ojos vivos y traviesos con un carácter inestable e independiente. Fue abandonado por su madre hace más de 4 años y dejado con su abuela. La madre se divorció de su padre y se fue a Pailín, a 100 km de Tahen, a comenzar una nueva vida. Se ha vuelto a casar y tiene dos hijos. De su padre no tenemos noticias.
Mut como es conocido por todos, se quedó al cuidado de su abuela que ya anciana y no se sostiene por si misma si no fuera por la ayuda de sus vecinos. La falta de cuidados de higiene y comida hicieron que Mut sufriera de enfermedades de la piel, malnutrición y desarrollara un carácter difícil.

Mut

Que los niños tengan las necesidades básicas de hogar y comida es un reto que se repite diariamente para nosotros. Que todos los días un niño tenga nutrición básica y equilibrada es un sueño para muchos niños y no está garantizado. Tampoco que un niño tenga un hogar estable donde pueda crecer con cariño familiar. Esta es nuestra historia del día a día.

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Comenzamos el año 2010 a gran ritmo de trabajo y con buen ímpetu que traemos del año anterior. Todas nuestras casas de acogida están llenas, todos nuestros hogares, dormitorios, centros rebosan de gente, y también de vida y alegría. A la vez comenzamos el año con la alegría de unos arrozales que nos dan una buena cosecha que nos asegura el arroz del año.

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Al inicio del 2010, vemos que desde el “centro Arrupe” y la casa “Metta-karuna” de Tahen, pasando por las casas de acogida de Kompong Thom con “la casa azul” para chicas, “Nazaret” para peques huérfanos y acabando en casa de Pharum con el “hogar Lidy” todos los centros rebosan de alegría de la buena al tener todos los espacios llenos de sonrisas y de actividades que forjan futuro.

Niños y jóvenes de “la casa azul”, el “hogar Lidy” y el centro Arrupe

En el pasado año 2009 ha sido especialmente bueno en las actividades y servicios sociales para las personas más desfavorecidas en los pueblos en los que tenemos presencia y proyectos. El grupo de “outreach” del centro Arrupe ha sido especialmente activo.
Este año al parecer no sólo se consolidan nuevas actividades con los niños creadas en años anteriores como en los pueblos de Tahen y Kompong Kor, también surgen iniciativas para nuevas para nuevas comunidades y pueblos como los centros de día y kindergatens de Chraviel y Poipet.

Niñas en Kompong Kor

El centro de salud con la coordinación de Sister Ath sigue creciendo en sus servicios de educación sanitaria, servicios de salud en misiones de salud en los pueblos alejados de la Prefectura, y por supuesto los servicios en la cárcel siguen mejorando.
El grupo de jóvenes de “Miakía Chivet” de Tahen continúa visitando y haciendo el seguimiento de niños y mayores, enfermos y personas en necesidad que regularmente visitan.
El comienzo de año ha venido marcado por los trabajos de la cosecha que en general han sido buena. Todo el mundo está involucrado en la cosecha. Trabajo comunitario de mayores y pequeños, durmiendo en los arrozales y trabajando bajo la luz de la luna llena de la estación seca. Producción de arroz que crea solidaridad entre los más sencillos.

Dy y Noid del hogar “Meta-Karuna”

Estos días los silos se están llenando de arroz lo que significa estabilidad para los centros y programas de acogida, los centros de día, la ayuda a las personas indigentes. Los bancos de arroz para familias pobres comienzan a tener capacidad para ayudar a aquellos que no tienen capacidad de producir alimentos por sí mismos. Y el centro de salud se consolida su capacidad de acogida.
Comenzamos el año con las casas llenas de vida y una cosecha que nos llena de esperanza con comida para todos. Ahora cargados de esta fuerza vivamos el reto de que nuestros pequeños tengan educación y salud.

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Fueron muchas visitas de Mut al centro de salud y cuidados de Mech, “la madre lider” de nuestra comunidad de Tahen, para que su piel poco a poco volviera a la a la normalidad y Mut se convirtiera en un niño feliz en el “Hogar Metta-Karuna” en la parroquia de Tahen. Mut ha hecho los 3 cursos en la guardería y hoy ya está en la escuela del pueblo en la Pagoda cursando el primer año de primaria.

Mut en la actualidad

El pequeño Mut a sus 7 años con gran personalidad ya forma parte del grupo de danzas de Tahen y baila con sus amigos con alegría, complicidad y destreza. Su favorita es la “danza de los Cocos” que representa el amor a corazón abierto.

Mut en el baile de los cocos

Quién ha conocido a Mut hace 4 años y le ve ahora es testigo de un milagro. El milagro de la fidelidad y el amor buscando que la vida de los más pequeños sea respetada, valorada e impulsada. Esto es una carrera de fondo, y es en lo que estamos comprometidos de lleno en la Prefectura con el apoyo de todos. Así es como es posible que el mundo cambie para ser más a la manera que Dios lo sueña.

Mut ayudando en la cosecha del arroz

Con el apoyo, la fidelidad y la constancia en los cuidados de los más pequeños hay presente y futuro para todos ¡Muchas gracias por vuestro apoyo y ayuda!


Battambang, Miércoles de Ceniza, 17 de Febrero 2010
Kike Figaredo

Pozos de vida

Cuando una amiga me pidió hace unos días que escribiese algo para el día de la Campaña contra el Hambre, me decía que por el momento, no sabía el tema que Manos Unidas había elegido para la Campaña del 2010, pero que lo importante para ella era, que compartiese con vosotros alguna experiencia de mi misión en Camboya.

Me detuve a pensar en lo ultimo que estaba viviendo en estas semanas y pronto me vino al pensamiento eso que dicen los Derechos Humanos de que “TODO SER HUMANO TIENE DERECHO A UNA VIDA DECENTE”, y es que en realidad, los temas que Manos Unidas elige para esta Campaña, todos giran en torno al Eje Central de los derechos de la persona humana, con slogans diferentes, por supuesto, pero todos con la misma finalidad: concientizar sobre el tema de la miseria en el mundo, la enfermedad, la deficiente nutrición, el subdesarrollo , la ecología, y la falta de instrucción.

Pensar en esto me ha animado a compartir con vosotros mi experiencia de misión en estos últimos meses en Poipet y sus alrededores.

Os cuento: No hace mucho pasaron por este lugar, un grupo de médicos coreanos, personas muy preparadas y competentes en materia de medicina, gente sensible y entregada a la ayuda humanitaria. En contacto con la gente de Poipet, pronto percibieron que la falta de agua potable (en Camboya solo el 35% o 40% de la población tienen acceso al agua potable), era una de las causas de las enfermedades mas comunes en esta zona.


Sabiamente reflexionaron que, aunque curar desinteresadamente a gente enferma era un servicio de gran valor humano, lo mejor seria hacer algo para prevenir las enfermedades causadas principalmente por la falta de higiene. Fue entonces cuando se les ocurrió la idea de CONSTRUIR POZOS en los lugares mas alejados y donde la gente mas pobre tuviese mas dificultad para conseguir agua, especialmente en la estación seca que en Camboya dura 6 meses.

Nos pidieron a nosotras, que vivimos aquí y conocemos mejor el medio que nos rodea, que les ayudásemos a realizar esta tarea y en comunidad dijimos SI al proyecto porque percibimos en el, una oportunidad para ayudar a la gente más necesitada a conseguir AGUA, eso tan indispensable para la vida humana y que no siempre sabemos valorar lo suficiente cuando la tenemos dentro de casa y la usamos inconscientemente como la cosa más normal del mundo.

Nos pusimos manos a la obra y fui yo la encargada de llevar a cabo esta actividad, ayudada por un joven khmer. El proyecto lo hemos llamado: “Wells of Life” = Pozos de Vida.


Paqui con beneficiarios del proyecto “Pozos de Vida”


Lo primero fue visitar las zonas mas alejadas de los puntos donde se podía conseguir agua o donde la compra de esta, resultaba realmente cara. Poco a poco fuimos eligiendo los distintos lugares y personas que se beneficiarían de de este proyecto y el resultado ha sido: construcción de siete pozos y reparación de cinco bombas de agua en diferentes pozos abandonados por esta razón.

Facilitarles el agua a unas cien familias, ha sido una experiencia que ha aportado alegría a mi vida y con seguridad a la vida de muchas personas también, pero sobre todo ha sido una experiencia que me ha aportado paz al corazón, esa paz que se siente, cuando se percibe que se ha colaborado en algo que ha servido a mejorar la calidad de vida de muchas familias: hombres, mujeres y niños.


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Operarios trabajando en la construcción de los pozos


En mis idas y venidas en moto por esos caminos empolvados, desplazándome de lugar en lugar, de pozo en pozo, en esos ratos de silencio donde uno entra mas fácilmente en comunicación con su propio interior, me repetía a mi misma una y otra vez: “Todo ser humano tiene derecho a una vida decente”. . . y desde mi fe en JESUS, desde el fondo del corazón, yo añadía. . . “Por que todo ser humano ha sido creado a la imagen de Dios” [Gen 1,27]. Y por esta razón, luchar, trabajar o colaborar en cualquier acción orientada a erradicar lo que opaque, desfigure, destruya o sea contrario a esa imagen de Dios en el hombre, se convierte en tarea prioritaria que da sentido a mi vida, ya que cuidar la vida en todas sus manifestaciones, cuidar de los demás defendiendo su dignidad, es una tarea esencialmente cristiana, es tarea de TODOS sin excepción que nos compromete a hacernos como nuestro Dios, cuidadores del bien de nuestros hermanos y hermanas.


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“Pozos de vida”


Ojala, todos sepamos hacer de esta tarea de cuidar la vida de los hermanos, una de las orientaciones fundamentales de nuestra vida, orientación que va mas allá de una ayuda puntual a una persona concreta, de una colaboración anual en la Campaña contra el Hambre, o de algunos meses de entrega generosa en cualquier tipo de voluntariado.


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Poipet, 15 de febrero de 2010
Hermana Paqui Picón
Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús en Poipet (Prefectura de Battambang)

Ayudar, servir y vivir con la gente

Hace tiempo que decidí dejar Madrid y venir a Camboya a trabajar como voluntario. Llevo algo más de cuatro meses y he tenido la oportunidad de desarrollar mi trabajo en ámbitos de lo más variado. Este blog me da la oportunidad de contar el trabajo que desarrollo aquí y el poder compartir con vosotros las experiencias que he vivido en este país durante los últimos meses.

En primer lugar os voy a hablar del proyecto que ocupa la mayor parte de mi tiempo. Se trata de Anatha, que quiere decir “desvalido” en camboyano y hace referencia a los niños de la calle. Su principal objetivo es la escolarización de niños que han abandonado o están en peligro de abandonar los estudios. Todo el equipo que trabaja en este proyecto, excepto yo, está compuesto por camboyanos.

Gran parte de mi tiempo lo dedico a visitar y conocer a todos estos niños y a sus familias. La verdad es que te encuentras de todo. Muchos de ellos no pueden ir al colegio por que tienen que trabajar para llevar comida a su casa. Algunos trabajan desde los seis años en condiciones inhumanas, otros van a los vertederos o se recorren la ciudad en busca de cualquier cosa, también se dedican a mendigar y los que no, se pasan el día esnifando pegamento. Sus situaciones familiares arrancan las lágrimas a cualquiera. Familias rotas por la guerra, muchos de los padres no trabajan y se pasan el día bebiendo tratando de superar las secuelas de las atrocidades que vivieron. El alcoholismo es uno de los principales problemas, tanto en el padre como en la madre, y ese es el ejemplo que los niños reciben en casa. Otro problema muy importante es el maltrato que existe dentro de las familias. La semana pasada visité a dos de ellas. En uno de los casos, la madre tenía toda la cara quemada, sin pelo y con la oreja deformada. La imagen se me ha quedado grabada y es brutal. Todo indica que fue el marido, pero en la comunidad dicen que fue ella misma, que al ir borracha se cayó encima de una olla con agua hirviendo. Siempre hay versiones diferentes, siempre hay contradicciones. El otro caso, el de un marido que le ha cortado el cuello a su mujer con un machete. Ella ha muerto y el está en la cárcel ¿Qué hacer con sus 5 hijos?

Cada día que paso me encuentro con una historia similar, pero yo solo lo veo cuando voy a visitar estas familias. Los niños son quienes viven en estos ambientes. Niños a los que intentamos escolarizar, a los que procuramos ayudar a tener más alternativas en la vida, quizás un futuro diferente. Y la verdad es que el resultado se ve cuando vas a visitar esas familias y a esos niños. Por poner un ejemplo, los repartos que hicimos en septiembre resultaron ser toda una experiencia. Era principio de curso y les dimos uniformes nuevos, ¡zapatos nuevos! (en este país solo se llevan sandalias), material escolar nuevo y a algunos bicicletas. Este último caso es para aquellos que viven lejos del colegio y no tienen medios para llegar. Bicicletas, que no solo acortan estas distancias, sino que agrandan sus ilusiones.

En uno de los repartos mensuales que se realiza en el programa Anatha


La cara de felicidad cuando te ven, cuando les preguntas por sus clases y por lo que han aprendido y te responden todo orgullosos lo pukaes (lo bueno en camboyano) que son estudiando, no tiene precio. Cuando ves como se dan cuenta de que su vida más allá de su casa y del arrozal en el que trabajan, como se relacionan con otras personas, juegan ¡y tienen amigos!

Una vez escolarizados se realiza un seguimiento de la asistencia a clase, de sus estudios, el equipo de Anatha se reúne con los profesores y con los directores de colegio. Existe un control sobre la situación de cada niño y un contacto permanente con cada familia para solucionar los problemas y atender las necesidades que surgen.

Cada día que vivo en Anatha es diferente, cada familia un mundo y cada niño una nueva ilusión para este país.

Algunos de los estudiantes de Anatha en el colegio de Svay Kong (Battambang)

El otro trabajo que realizo aquí es completamente diferente. Es un trabajo de oficina. Los tres años de mi corta “vida laboral” los dediqué a trabajar en una multinacional que se dedica al asesoramiento financiero. Tres años en los que acumulé grandes experiencias y, por supuesto, conocimientos que procuro aplicar y desarrollar en la oficina de la Prefectura. Mi trabajo se centra en la contabilidad ayudando al equipo de la oficina que está compuesto por seis mujeres camboyanas. Seis mujeres sensibles a las circunstancias que se dan en este país, circunstancias que han sufrido y vivido de cerca. A pesar de estas circunstancias, desprenden tal vitalidad y alegría, que trabajar con ellas resulta todo un privilegio.

Que duda cabe que la contabilidad que desarrollan aquí es muy diferente a la que encontramos en Europa y que los conceptos y principios que aplican son tremendamente básicos. Aquí resulta difícil encontrar la preparación de países como España, y eso lo veo cuando comparto mis conocimientos con los demás miembros de la oficina, que son estudiantes y licenciados en Economía. Preparación que este país no ha podido empezar a proporcionar hasta hace muy poco. Te das cuenta que queda mucho camino por recorrer en esta materia, pero observas también, que son muchas las ganas y el interés que muestran en ampliar sus conocimientos.

Me llama la atención en este país el respeto que existe por el dinero, algo que no resulta fácil encontrar en muchos países que denominamos desarrollados. Este respeto por el dinero, por las cuentas, yo lo siento y lo veo día a día en el equipo con el que trabajo y se traduce en claridad y transparencia.

El equipo de la oficina de la Prefectura Apostólica de Battambang

Esta claridad en las cuentas me facilita mucho mi labor, pero más aún, me ha dado la oportunidad de conocer la generosidad de tanta gente, pudiendo ver todas las cosas buenas que aquí han sucedido, que aquí se han construido y todo ello, a través de los números. Sorprende darse cuenta, a través de los números, de todo lo que se ha recibido, de todo lo que se ha podido hacer aquí en los últimos años y más aún, cuando pides que te enseñen la realización del proyecto. Es entonces cuando los números dejan de ser “solo números” y se convierten en realidades que no son otra cosa que las ayudas a las personas, escolarizando, construyendo guarderías, colegios, centros de salud, casas y todos aquellos proyectos que aquí se están llevando a cabo.

Trabajando en la oficina

No quiero terminar sin mencionar el idioma de este país, el Khmer, y lo que para mí significa. Es un idioma precioso, lleno de significado y con frases hechas que se utilizan diariamente, pero que si analizas detenidamente, llegas a encontrar un sentido mucho más profundo de lo que parece. He de decir que a mi no me ha resultado fácil aprenderlo y tras cinco meses aquí, todavía me cuesta mantener una conversación. Y me alegro por ello, porque da humildad y nos coloca a cada uno en su sitio. En ocasiones llegamos con nuestros conocimientos de contabilidad, ideas o propuestas para desarrollar en los proyectos y llegamos a levantarnos un poco más que los demás. El idioma de este país nos proporciona humildad y nos devuelve a nuestra posición, aquella en la que dejamos de enseñar para aprender, dejamos de ayudar para ser ayudados.

En una de mis clases de khmer

Cuando aterricé aquí mi idea era la colaborar con un proyecto de escolarización y con la contabilidad de la prefectura, no obstante, me he dado cuenta que ser voluntario significa ir más allá de la realización de estas dos tareas. Uno no trabaja como voluntario, uno es voluntario y ser voluntario es ayudar, es servir, pero también es conocer a la gente, aprender de ella, acompañarla y sobretodo, estar con ella, vivir con ella.

Juan M.
Battambang 8 de febrero de 2010

Channy, Phirum y Chivoan

La semana pasada tuve la inmensa suerte de ir de pueblos en la zona de Banon con Phally, Theara y Javichín, tres persona del equipo del centro Arrupe que trabaja en los pueblos remotos ayudando a quienes sufren discapacidades. Este equipo que llamamos en camboyano “krom cho tau phum” (el equipo que se levanta y va a los pueblos) o en inglés “out reach team”, esta formado por 12 personas, de las cuales 3 son mutilados de mina. Este grupo es uno de los motores principales de nuestra acción desde el centro Arrupe. Y no puede ser de otra manera porque son las personas que conocen la realidad de los discapacitados “in situ” en donde viven y en su lugar de origen.
Los equipos de “out reach” visitan regularmente y acompañan a las personas con discapacidad en su lugar, apoyándose de la comunidad local y de sus familias intentan dar respuesta a los retos que nos plantean sus necesidades vitales y básicas muchas veces no cubiertas.
El equipo ofrece apoyo a las personas con discapacidad en varias vertientes integradas en un objetivo: rehabilitación e integración de la persona en la comunidad. Los aspectos de educación, vivienda, higiene, rehabilitación física, mínimo de seguridad alimenticia y salud, participación en la comunidad, son aspectos que nuestro seguimiento realiza de una manera sistemática con visitas regulares.

El otro día las 12 personas que forman el equipo de “out reach” se dividió en 3 grupos para hacer visitas a personas con discapacidad en tres zonas diferentes. Con mi grupo visitamos tres personas: Channy, Phirum y Chivoan. Tres personas muy especiales. Los tres chicos, y en sillas de ruedas. Los tres con discapacidad en ambas piernas y brazos, ninguno de mina antipersonal, pero los tres con diferentes disfunciones de movimiento y parálisis diferentes.

La primera visita fue en el campo en una zona apartada de la población. El encuentro con Channy fue en su casita de bambú, madera y paja. Allí vive con su hermana Ho. Fue una meditación para conservar toda la vida. Una inmersión en la soledad de este pobre chico de 21 años que vive en su pequeña choza. Su hermana mayor Ho, que ha estudiado costura, tiene una máquina de coser pero está todo día en las labores del campo trabajando la huerta, y le queda poco tiempo para coser y cuidar en casa de su hermano. Pero ella es la que le baña, cocina para los dos y le da de comer. Por otro lado es Ho el contacto de Channy con el mundo. En nuestra visita además de saludarle y tener una pequeña conversación le llevábamos un saco de arroz de 60kg que Javichín cargó a sus hombros saludablemente hasta su casa.


Javichín llevando el arroz a casa de Channy

El aspecto de Channy no era el más limpio cuando llegamos. Estaba escuchando la radio que sabe accionar con una destreza increíble a pesar de sus limitaciones físicas. Aprovechamos a limpiar manos, brazos y pies, cortar uñas,… con una agua limpia y cristalina, y unos limones que nos trajo Ho de la huerta. Todo me recordó poderosamente el capítulo 13 del evangelio de San Juan. Fue como una pequeña liturgia del jueves santo en el lavatorio. Channy nos agradeció todo con una inmensa sonrisa y con unos ojos luminosos nuestro pequeño baño improvisado de lavatorio de piés, manos y manicura. Y sus pocas palabras, más significativas que cualquier larga conversación que pudiéramos tener, nos dió a entender que nuestra presencia era fuertemente valorada. Channy es incapaz de mantener una conversación y salir del “si”, “no” o alguna expresión corta en la que comunica sus sentimientos, pero según vamos entendiendo es más por lo aislado que ha crecido que por discapacidad.


Diferentes momentos en la visita a Channy

La segunda visita fue a la orilla del río “Steng Songkae”. Phirum es un chico de unos 18 años. En su silla de ruedas nos recibió con una sonrisa amplia y generosa. Phirum sufre de parálisis cerebral y los cuidados de toda su familia especialmente de su madre le interaccionan de tal manera que es una persona que se relaciona saludablemente con todos. Íbamos a visitarle principalmente para recoger su silla de ruedas y llevarla a reparar al centro Arrupe. El mes que viene Phirum y su madre vendrán a la consulta de Cáritas en el centro Arrupe donde un grupo de médicos vienen cada dos meses para la estimulación de Phirum. Es la consulta regular que le ayuda a tener la medicación apropiada y los padres aprenden a seguir haciendo a Phirum más independiente y tener mejor salud.
Esta claro que la buena relación en la familia de Phirum y los cuidados de su madre hacen que nuestro acompañamiento y apoyo se haga mucho más valido y efectivo.


Phirum y su madre

La tercera visita fue al pié de la montaña de “Phnom Sompau”, nos costó llegar a la casa de Chivoan. Otra casita humilde de paja, madera y bambú. Allí estaba sentado en su silla, frente a la huerta de su tío con otros niños. Chivoan tiene 16 años, vive con Chiví, su hermana menor de 14 años. Sus padres se separaron y ellos se quedaron con su madre, que ahora lleva dos años en Tailandia. Actualmente viven con sus tíos que tiene 4 hijos, de manera que son 8 viviendo en esta casita que da cobijo a una familia numerosa que vive de picar piedra. Chivoan no puede coordinar movimientos con lo que es incapaz de accionar su silla de ruedas, tampoco puede escribir aunque sabe las letras en camboyano y también es capaz de saludarte en inglés, que ha aprendido de su hermana Chivi que estudia grado 5 en la escuela primaria de la zona.


Hablando con Chivoan y Theara, una de los miembros del equipo de “Out reach”

Fue fácil mantener la conversación con Chivoan, nos agradeció en todo momento nuestra visita, y con gran confianza en sí mismo mantuvo un diálogo en el que nos recordó lo diferente que es ahora su vida gracias a la silla de ruedas y también al baño que sus tíos le han construido con nuestro apoyo. La escolarización de Chivoan continúa siendo un reto para todos. Chivi comparte con él lo que aprende en la escuela en sus clases de camboyano, en sus clases de inglés, pero consideramos que es insuficiente y Chivoan merece más oportunidades para poder integrarse activamente en la sociedad con dignidad y con su capacidad intelectual equiparable a cualquier otro niño de su entorno.


Con Chivoan, su hermana y todos sus primos

Después de estas visitas fuimos a “la granja de Otañía” donde Rin y Vet nos recibieron con gran alegría. Rin, mutilado de una pierna por una mina y Vet, con discapacidad por la poliomielitis, son el equipo que lleva esta granja que produce arroz para el Centro Arrupe y da trabajo a familias sin tierra vinculadas a las personas con discapacidad que apoyamos.


La granja de Otoñia

Allí tuvimos una gran comida todo el equipo del “krom cho tau phum” y amigos que nos visitaban. Escuchar y acompañar, alentar y establecer relaciones en términos de amistad y compañerismo es principalmente el trabajo del equipo de “outreach” realiza. Intentamos responder a muchas de las necesidades que las personas retadas por limitaciones que llamamos discapacidad tienen junto a la pobreza que padecen de medios en el entorno rural.


El equipo de “Out reach”

El equipo de “krom cho tau phum” tiene innumerables proyectos para los discapacitados y sus familias: de vivienda, proveer tierras, dar becas, ayuda a la construcción de pozos, acceso al agua,… pero lomás importante en nuestro trabajo son las relaciones de amistad, el acompañamiento que realizamos.
La amistad y el acompañamiento a Channy, Phirum y Chivoan nos sitúan cercanos a la vida de verdad, ellos son el rostro de Dios que nos toca y nos enseña a escuchar y conocer la dignidad de las personas. Confiamos que con nuestra amistad, con nuestra escucha, con nuestro acompañamiento, con nuestro apoyo y cariño, su vida también se sienta tocada por la ternura de Dios que hace la vida se transforme y se manifieste lo especial que es cada uno en los ojos de Dios.


Chivoan y su familia despidiéndose

Kike Figaredo sj
El día de todos los Santos,
Battambang 2 de noviembre 2009

10ª reunión de la Prefectura de Battambang

Nuestra vida esta llena de experiencias que se hilan y entretejen confeccionando realidades de vida insospechadas que sobrepasan muchas veces nuestros sueños o expectativas. La fuerza de la vida, la fidelidad de Dios en el Amor con su gente se manifiesta con evidente claridad. Esta es nuestra experiencia en Camboya.

Todos los años en el último trimestre, los diferentes equipos de la prefectura que trabajan en servicios sociales, de ecuación y pastoral en las parroquias nos reunimos unos días para compartir nuestros trabajos, experiencias y retos. Reflexionamos y rezamos juntos sobre ellos a la luz de Dios e intentamos ver nuestras líneas de acción.

En esta ocasión la reunión ha sido más singular que años anteriores tenía un número redondo: era la décima y la participación en número de personas sobrepasó las 100 personas. El modo de compartir “nuestra historia personal” hizo que las jornadas fueran realmente especiales.


Diferentes momentos de la reunión

Hace diez años en esta reunión éramos unas 20 personas, así que el aumento en número nos dice del crecimiento de nuestra presencia, proyectos y servicios es claro. Pero lo que hizo verdaderamente especial el resultado de esta reunión fue el modo de compartir nuestra historia en pequeños grupos de trabajo.

Nuestro objetivo es “tejer nuestra historia” (weaving our Story). El primer día, después de las breves presentaciones de las personas que venían por primera vez a esta reunión tuvimos la primera historia que nos dio pié para tener un modelo para compartir. El artista del modelo fue Jub, el nuevo sacerdote de la diócesis, pero veterano entre nosotros con sus 26 años entre los camboyanos, los discapacitados y los refugiados. Nos hizo entrar en la riqueza de su vida, de la vida entre la gente, sirviendo en sencillez y contemplando a Dios en medio de su vida.

Luego entre todos compartimos primero nuestra historia personal en grupos pequeños de forma narrativa para poquito a poco tejer una historia común con los hilos más importantes de cada una de nuestras historias. Y a partir de esas historias comunes ver cual es aquello que es común y nos hace fuertes, qué es lo más relevante, cuáles son nuestros retos, qué es aquello que tiene seguir marcando nuestra presencia, servicios y vida.

Examinando esas historias de vida que se hacen una historia común vemos donde están las “chispas de la presencia Divina”, cuáles son las constantes que construyen nuestra historia común y cómo podemos seguir avivando ese fuego que alienta nuestra vida en Camboya para hacer nuestro plan pastoral para los próximos años.


Padres, hermanas y laicos asistentes a la reunión

La noche del 21 fue inolvidable porque Bernadette Glisse nos compartió su vida en Camboya. 30 años de vida y servicios desde 1979 entre los Camboyanos. “Bernie” como se la conoció primero en los campos de refugiados donde las ayudas de urgencia, la malnutrición, la emergencia era lo cotidiano hasta la vida de “Bernadette” en el interior de Camboya donde su trabajo ha estado más vinculado al desarrollo integral, Bernadette ha mostrado con su vida consagrada al servicio de los camboyanos que no es solo enfermera y comadrona, fundadora y coordinadora de Caritas Siemreap en últimos 15 años, es una compañera fiel que desde su vida sencilla de entrega como laica es clave en la vida de miles de personas que hoy son parte activa de la sociedad camboyana.


Bernadette con los regalos recibidos

Miles de niños nacieron en los campos de refugiados siendo las manos de esta mujer incansable, testigos de tal fantástico acontecimiento. Y hoy en día Bernadette sigue dando vida y esperanza principalmente a las personas que viven con el HIV con sus proyectos y un equipo fabuloso que lleva cuidados de salud a los rincones más remotos de la provincia de Siemreap. Fue una celebración entrañable que comenzó con la Eucaristía y acabo con flores, regalos y una cena en la cual pudimos agradecerle todos estos años de esfuerzo y de entrega, de cariño y servicio para los más pequeños y vulnerables.


Bernadette durante su homenaje

Con esta reunión hemos comenzado un proceso que terminará en Julio del 2010, dando a luz esa Historia que nos entrelaza nuestras vidas con la vida de Dios en Camboya. Es decir la vida de Iglesia aquí en estas tierras de la prefectura de Battambang entre los pequeños y muchas iniciativas nuestras y de otros para que se muestre la fidelidad de la Compasión Divina a favor de la vida plena para todos.

Un sínodo diocesano mostrará en el mes de Julio nuestra realidad presente para ser dialogada, rezada y asumida por nuestras comunidades, y de ahí aprobar nuestro plan pastoral diocesano.


Todos los asistentes a la reunión delante de la iglesia de Siem Reap

Como en un “Kroma”, tela de uso popular cambayano, tejido en los telares artesanales que tenemos en muchos rincones de Camboya, la riqueza de los colores de esperanza y la vida de compromiso por los demás, nos dará a conocer que en la vida de las gentes de este país hay una historia de Amor entre Dios y sus gentes.

Battambang, 31 de octubre
Kike

Cometas en el cielo

“COMETAS EN EL CIELO”, es el titulo de una novela de Khaled Hosseini que leí a mi paso por España el año pasado. Hoy, aun guardo en mi recuerdo ese tema siempre viejo y siempre nuevo que en ella encontré: La Amistad.

Pero no es de esta “novela” de la que quiero hablar, sino de lo que en mi evoco lo que viví hace unos días cuando yo también levante la vista y vi siete cometas blancas con largas colas azules y violetas que se elevaban hacia el cielo.

Aquella tarde, en aquel cielo azul con algunas nubes blancas que lo hacían todavía mas bello, me emociono ver como volaban y bailaban por encima de los arboles y de las cabañas de paja del extremo norte del parque al que habíamos llevado los niños.


Ellos, los niños que viven con sus madres en la cárcel de Svay, eran los que tenían los hilos casi imperceptibles de esas cometas grandes a las que ellos miraban ilusionados, libres de cualquier temor, confiados y seguros en un abandono sereno en aquellos que, a su lado, les enseñaban y ayudaban a mantener las cometas todo lo mas alto que se podía alcanzar.

En ese rato de juego, solo percibía alegría en sus rostros, no parece que les preocupara nada de lo que sucedía a su alrededor. Su atención estaba centrada en una sola tarea: Hacer volar sus cometas!

Sonam es el nombre de uno de ellos. Su madre llego a la cárcel estando ya embarazada por eso el nació allí. Ahora tiene 5 años y este día de excursión, fue para el su primer día de ir a jugar fuera de esa celda, de ese pasillo con malos olores y lleno de moscas por el que a diario el se mueve. Creo que Sonam es el que mas sorprendido estaba, el que mas disfruto de todo.


El grupo de niños que vive con sus madres en la cárcel de Svay

Mirando la expresión de alegría en su cara, pensé que todos lo esfuerzos que habíamos hecho para que nos concedieran el permiso de sacarlos fuera por un día, habían merecido la pena. Especialmente por ese rato de juego con las cometas que los había arrebatado de la realidad dura e inhumana en la que viven, permitiéndoles tomar distancia de su realidad y soñar un poco y elevar su mirada tan alta como sus propias cometas se lo permitían. Fue un día precioso para todos!


Los niños jugando en un parque

Cuando los llevábamos de regreso a la cárcel, vestidos con ropa usada que le habíamos buscado (aunque para ellos fuera nueva), y con sus mochilas y gorras que les habíamos comprado, me emociono mucho verlos entrar de nuevo en aquel pabellón deprimente, dando saltos de alegría, como quien acaba de vivir una experiencia maravillosa y esta deseando compartirlo con los suyos. . . me emociono ver que regresaban llenos de alegría!

Fue entonces cuando yo recordé ese viejo adagio que dice: “Dios tiene dos manos, con una nos sostiene y con la otra nos acaricia. Y cuando no sentimos la caricia es que nos sostiene con las dos manos”. Ahí comprendí mejor que la experiencia del Amor de Dios, es la de la conciencia de SER SOSTENIDOS EN SUS MANOS.

Estos niños que corrían alegres hacia sus madres, llegaran un día a experimentar el hecho de que sus vidas siempre estuvieron sostenidas por las manos del Amor de Dios, lo mismo que esas cometas en el cielo han estado hoy sostenidas y guiadas por sus pequeñas manos?

En mi camino de regreso a Poipet, le decía al Señor que deseaba que esos niños, un día pudieran recordar este día, como una experiencia regalada de saberse queridos, amados por unas personas que en su niñez intentaron ser expresión del Amor de Dios en sus vidas, ese Amor que como el hilo de las cometas, nos mantiene siempre sostenidos en sus manos, las de Dios, NUESTRO PADRE.

Poipet, 10 de octubre de 2009
Hermana Paqui Picón
Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús en Poipet (Prefectura de Battambang)

Significado de locura

Siempre se ha dicho que algo es bonito por fuera porque lo es por dentro, es difícil de imaginar que cosas bellas encubran horrores, no es lógico, ¡Qué locura!. Nos dirigíamos a Bengsnau, un pueblo situado a 20 minutos del centro de la cuidad de Battambang. Kilómetros y kilómetros de verdes arrozales inundaban el paisaje. Gente ataviada con kromás de todos los colores, bueyes y vacas pastando, niños bañándose en los charcos… una fotografía digna de los mejores premios.


Arrozales en la provincia de Battambang

Ese paraíso encerraba sin quererlo, un secreto. Un secreto conocido a voces entre los vecinos del pueblo, pero desconocido para el exterior.
Llegamos a la casa de un niño de 12 años que queríamos escolarizar. Era en esa casa, donde se escondía precisamente el horror. Nuestra primera visión fue la de una chica de 24 años atada a un árbol. Llevaba así tres años. Una locura.
Srey Roath, así se llama la chica, tuvo con 15 años unas fiebres que, a falta de un buen tratamiento, le provocaron una afección en la cabeza. Pasó de ser una niña normal, a tener la mirada perdida, a dejar de hablar, de relacionarse. Le gustaba pasear. Paseaba durante horas. Durante días. Al final siempre volvía a casa. En uno de esos paseos, hace cuatro años, un hombre se aprovechó de ella y la violó. Cuando la familia se enteró de lo ocurrido, por su seguridad, decidió atarle a un árbol a escasos metros de su casa. Hoy, tiene una hija de tres años. “¡Está loca!” Dicen los del pueblo.


En Camboya hay un vacío muy grande en cuanto al tratamiento de personas con desórdenes mentales. No hay muchos médicos, pero sí muchos pacientes; no hay centros ni ayudas, pero mucha gente por ayudar. Un vacío médico que llenan cientos de personas enfermas.
El primer fin de semana de cada mes, contamos en la Prefectura con un gran equipo de psiquiátras de Caritas. Vienen desde Pnhom Penh para tratar a todos aquellos niños y jóvenes con problemas mentales. Su labor no trata sólo de mejorar la calidad de vida del enfermo sino algo que sin duda es muy importante: enseñar a la familia a vivir y cuidar a un enfermo mental. Desde aquí les damos las gracias.


Los médicos de Cáritas en su consulta en el centro Arrupe

Nuestro objetivo en el caso de Srey Roath, era que la vieran y la trataran, para poder quitarle así, la cadena que limita su vida a un árbol. No es violenta con los demás, sino con ella misma. Es bastante tranquila. Siente indiferencia hacia su hija o incluso la rechaza, recordando quizá, ese terrible día de hace cuatro años.
La primera vez que intentamos llevarla a la Prefectura, se agarró fuertemente a su cadena. La cogía como si fuese su salvación, algo que le protegía de los demás. La segunda vez, le pedimos a Sister Ath que nos acompañara, para ver si había más suerte. Esta vez habló, pero sólo para decirnos que de ahí no se movía. Fuimos por tercera vez con el convencimiento de no poder hacer algo por esa chica.
Allí estábamos todos, la familia, los vecinos, nosotros, más vecinos… Por un lado, esperábamos el no habitual. Por el otro, estábamos dispuestos a todo con tal de sacarla de ahí. Pero no hubo que hacer gran cosa. Bastó tenderle la mano y decirle “nos vamos”, para que cogiera la mano, la cadena y se dirigiera al coche. Nadie era capaz de imaginar esa reacción. Pero así, con treinta personas escoltándonos al coche fue como conseguimos empezar el tratamiento de Srey Roath.
Lleva más de dos meses con el tratamiento. Habla más, se fija, no pasea tanto. Aunque un extremo de la cadena sigue atado a su tobillo, el otro ya no abraza al árbol. No vive ya su particular cadena perpetua.
Todo tiene su cara y su cruz. No lo logramos todo. A menos de un kilómetro, otro enfermo. Un hombre de 40 años atado a una de las columnas de su casa. Un hombre delgado, medio desnudo. Es muy nervioso, se mueve mucho y muy rápido, grita palabras y frases sin ningún tipo de orden o lógica. Es una persona violenta. No podemos desencadenarlo.
Cada caso es un mundo. Un mundo difícil de entender y fácil de juzgar.


¿Quiénes son de verdad los locos? ¿No está más loco el que se plantea encadenar a alguien por su bien y durante años? ¿Quién vive peor el día a día? ¿Alguien ajeno a la realidad o los que le rodean? ¿No nos volvería a todos locos ver a un hijo, a un hermano o a una madre atada a un árbol? ¿No es una locura que te condenen por haber sido violada? ¿Cuántos más habrá escondidos? ¿Cuántos más habrá atados a árboles, columnas o camas? ¿Cuántos habrá encerrados en cuartos o zulos? ¿Cuántas familias desesperadas, encierran este horror? Cuando vuelves a casa, ¿A cuántos dejas detrás?
Mucha gente sin recursos que no sabe que hacer, no sabe a quien acudir, no tiene a quien acudir. Personas que sin maldad y queriendo proteger a los suyos, les empujan a un peligro mayor, aumentando el desorden, la desesperación, la impotencia, el caos y en definitiva, la locura.


Battambang, 4 de septiembre de 2009
Adela

El Comercio Digital

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