El Comercio
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CUESTIÓN DE LIBERTAD
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Juan Neira | hace 15 horas| 0

El Tribunal Constitucional le puso el lazo al paquete: anuló la Ley de Referéndum por unanimidad. Se trata del engendro sobre el que se apoya el intento de la Generalitat de constituir una república catalana como estado independiente de España. Una norma que no cumple los requisitos para incorporarse al ordenamiento jurídico difícilmente puede ser la llave maestra para transitar de la España constitucional a una república democrática. Los independentistas se quedan sin coartada, como les ha venido a recordar Theresa May al declarar que el Reino Unido no reconocerá a Cataluña como estado independiente. El descrédito legal camina en paralelo al aislacionismo internacional.

Mientras tanto, los independentistas se dedican a lo único que se les da bien, organizar manifestaciones en la calle. El ingreso en prisión de los dos ‘jorges’, Sánchez y Cuixart, les ha servido de palanca movilizadora adosando la etiqueta de presos políticos; por una vez reaccionó bien el aparato de propaganda del Gobierno de Rajoy, al dar la vuelta a la frase: «No son presos políticos, son políticos presos». Dentro del tradicional victimismo nacionalista, están a un paso de considerar también al hijo mayor de Pujol como preso político. Habrá que estar atentos para ver qué es lo que dice sobre el particular el abad de Montserrat, al que visita con frecuencia Oriol Junqueras. No tengo absolutamente nada en contra de los curas y de la jerarquía de la Iglesia Católica; soy un admirador del Papa Francisco, pero habrá que convenir que solo en los sitios con nacionalismo hegemónico los clérigos se convierten en referencia política. La democracia no es una cuestión de creencias, sino de ideas.

Mientras los independentistas quieren retrotraerse a los días 20 y 21 de septiembre, cuando arengaron a sus bases para ocupar la calle por la detención policial de cargos de la Generalitat, suceden otras cosas en Cataluña. Quiero resaltar dos que muestran cómo el ‘procés’ está enfermo. La Bruja de Oro, la empresa de la suerte, la que más ‘gordos’ de la lotería ha dado, traslada su sede social a Navarra y la sede fiscal a Madrid. Simultáneamente, Pastas Gallo, que localiza sus productos en todas las cocinas de españolas, traslada su sede a Córdoba. Las mejores empresas abandonan Cataluña al modo que lo hacían los berlineses en 1961 para pasar del sector Este al Oeste de la ciudad. Una cuestión de libertad. Por algo el Parlament sigue cerrado por orden de Puigdemont.

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LA CARTA Y LA CÁRCEL
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Juan Neira | 17-10-2017 | 21:04| 1

Durante los últimos cinco días, políticos y observadores se hartaron de especular con la respuesta que iba a dar Carlos Puigdemont al requerimiento de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno dijo que la pregunta era muy simple: ¿declaró o no la independencia en la sesión del día 10 en el Parlament? Muchos parlamentarios se anticiparon a responder por Puigdemont. Para Pablo Iglesias, Aitor Esteban y Miquel Iceta no hubo declaración de independencia. Rajoy llegó a afirmar que le bastaba que el “president” repitiera lo dicho por el portavoz del PNV (Aitor Esteban) en el Congreso de los Diputados para dar por zanjadas las dudas. La Generalitat se mantuvo hermética, y los pronosticadores anticiparon una respuesta ambigua que mantenía el interrogante abierto. Palabras sibilinas, doble lenguaje, con el objeto de dejar la pelota en el alero del Gobierno. Esa era el vaticinio generalizado de lo que iba a ocurrir. Siempre hay gente que disiente, por ejemplo, los diputados de la CUP que optaban por decir que la cuestión se iba a  reducir a un monosílabo: “sí”.

Nadie acertó. Puigdemont pasó olímpicamente del requerimiento de Rajoy y tomó la iniciativa para decirle al presidente del Gobierno de España que en los próximos dos meses su principal objetivo es “emplazarle a dialogar”. Así habla el “president” de la joven república catalana. No sé qué es lo que más sorprende de la carta del honorable, si el cinismo que rezuma o las mentiras que cuenta. Tiene el cuajo de afirmar que las últimas elecciones catalanas las ganó el independentismo con una ventaja de ocho puntos porcentuales cuando fueron los constitucionalistas los que sacaron cuatro puntos a Juntos Por El Sí y la CUP. Habla de sentirse sorprendido por la alusión al artículo 155 de la Constitución y nosotros tenemos que ver como normal el trampantojo de una republicana catalana apoyada en el pucherazo más grande que se dio en Europa occidental después de la segunda Guerra Mundial. El propio Puigdemont decidió que fueron a votar 2,2 millones de ciudadanos y los demás tenemos que creérnoslo, pese a la ausencia de interventores y junta electoral, y con pruebas fehacientes de voto repetido. Pretende que un timo tan grande sea validado.

Lo que no se esperaba el presidente de la Generalitat es que la Audiencia Nacional rompiera su plan de dilatar el contencioso, como ha hecho al decretar prisión incondicional para los dos “jorges” (Sánchez y Cuixart) por sedición. El engaño ha terminado.

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LAS REDES CLIENTELARES
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Juan Neira | 16-10-2017 | 17:04| 0

Podemos se desmarca de cualquier acuerdo presupuestario con el Gobierno de Javier Fernández. En vez de pretextar diferencias insalvables sobre la política inversora, tributaria o social, el partido morado ha mostrado su incompatibilidad con el Principado por su supuesta complicidad con las redes clientelares. Como prueba de esa malsana relación puso como ejemplos a la Fundación Barredo, y la empresa GTIC. Para Podemos no tiene sentido negociar subvenciones para la investigación y el desarrollo, ya que los fondos habilitados se irán por el desagüe del clientelismo. Lo mismo sucedería con el dinero reservado para invertir y generar empleo, que sólo serviría, a su entender, para aumentar el despilfarro.

La postura de los diputados del partido de Pablo Iglesias cierra las puertas a la negociación de las cuentas de 2018, siempre y cuando sean coherentes con lo expuesto. Ahora bien, si quieren actuar con el doble lenguaje a que nos tiene acostumbrada la clase política, el naipe del clientelismo tendría como única función arrojar pesimismo sobre la naciente negociación, como paso obligado para endurecer, posteriormente, su postura ante las concretas partidas presupuestarias. Como suele decirse en la estereotipada jerga de los políticos, las dos posturas “son legítimas”. Lo único que parece seguro es que, al final, no sumarán sus votos a los de los socialistas para aprobar los presupuestos del próximo año. Llegados a este punto sería aconsejable que se expusieran las cosas tal como son. Desde el inicio del mandato, las reservas de los diputados de Podemos hacia el Gobierno de Javier Fernández han impedido la formalización de acuerdos. La gestión de la ampliación de El Musel fue el elemento principal de la discordia. A ello se han sumado otros muchos asuntos, como las facturas pasadas a los herederos de personas dependientes que estuvieron ingresadas en geriátricos públicos. Podemos desconfía de los gobiernos del PSOE y quiere tener las manos libres de cara al futuro. Ningún partido está obligado a aprobar los presupuestos de un gobierno de signo distinto y la negativa del partido morado hay que verla con la misma normalidad que el PSOE no quiere saber nada de Foro, aunque sí del PP. Por cierto, este último partido propone un acuerdo con Ciudadanos y Foro, para negociar, luego con el Principado. Una propuesta novedosa que tiene la indisimulada intención de hacer una liga de las derechas liderada por Mercedes Fernández.

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BOICOT EMPRESARIAL A LA INDEPENDENCIA
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Juan Neira | 15-10-2017 | 21:55| 0

Para saber lo que va a suceder en la crisis catalana hay que analizar lo que ya pasó. Es necesaria una valoración de cuarenta días de acontecimientos extraordinarios, sin precedente en nuestra democracia, para alumbrar cómo terminará el intento de separar a Cataluña de España.

El bando de los independentistas ha acreditado que es capaz de retorcer las instituciones, contraviniendo leyes y reglamentos, para adaptarlas a sus objetivos. No existe otra legalidad que la que ellos van dictando según conveniencias coyunturales.

Así lo hicieron el seis y siete se septiembre para aprobar las leyes de referéndum y desconexión, y lo volvieron a hacer el diez de octubre, cuando Puigdemont leyó su controvertida declaración de independencia en el “Parlament”, dando por aprobada la suspensión de la independencia por decisión de la Cámara, sin que ningún diputado pudiera votarla.

MOVILIZACIÓN

Otro rasgo del bando independentista es su capacidad para ejecutar en la calle sus planes. El 1-O surtieron de urnas y material electoral a los colegios destinados a las votaciones. Por más que Rajoy afirmara que no iba a haber urnas ni papeletas, los independentistas lograron montar una infraestructura electoral mínima en condiciones muy desfavorables. También movilizaron a miles de seguidores en acciones de intimidación ante sedes de la Generalitat y de la Justicia.

Una habilidad destacada del conglomerado de fuerzas independentistas es la interpretación mediática de los sucesos. El momento cumbre del “procés” estuvo en el día del referéndum. Cuando llevaba poco más de una hora la Policía Nacional y la Guardia Civil interviniendo en los colegios, los líderes independentistas se olvidaron de los votos para hablar exclusivamente de los “heridos”.

Supieron cambiar el sentido de la jornada: la pugna dejó de ser entre constitucionalistas e independentistas para convertirse en un pulso entre violentos y pacíficos. Esta visión causó impacto en la opinión pública internacional.

En algo menos de cuarenta días, los independentistas recorrieron el trecho que va de la aprobación de leyes de ruptura a la proclamación de la república independiente. Tiempo récord.

El bando constitucionalista cuenta, también, con importantes activos que se pusieron en juego tras la aciaga jornada del referéndum, demostrando que la crisis catalana es una suma de órdagos del independentismo y respuestas del constitucionalismo.

La actitud del Rey, con un discurso contundente, ajeno a las equidistancias formales que reclamaban Podemos y los nacionalistas, ha sido una baza clave para el rearme de los partidarios del orden constitucional. Felipe VI mostró la firmeza que le faltó al Gobierno.

BELIGERANCIA

Un insospechado aliado para el bando constitucionalista estuvo en la beligerancia del empresariado. Tras la celebración del referéndum de autodeterminación, 531 empresas trasladaron su sede social fuera de Cataluña; la gran mayoría (389) en los primeros días de esta semana. Entre las sociedades mercantiles que se fueron está lo más granado del tejido empresarial catalán, tanto en el sector financiero, energético, inmobiliario, infraestructuras, servicios básicos, etcétera. La mitad del PIB catalán ha buscado cobijo en otras regiones españolas.

Este es, sin duda, el hecho más notable desde que el Gobierno de Puigdemont decidió crear una república independiente.

La conversión del sentimiento nacionalista en movimiento político fue una creación de las burguesías locales. Cataluña fue un ejemplo. Pues bien, la propia Cataluña nos muestra el nuevo paradigma: en los tiempos de la globalización, las aspiraciones independentistas de los partidos nacionalistas chocan con las necesidades de la burguesía que los constituyó.

En el pasado, el nacionalismo era útil a las empresas del territorio con la política del arancel. Así se desarrolló el sector textil catalán. Ahora, en un mercado global, no se puede progresar con el arancel por bandera; lo que las grandes empresas necesitan son normas claras y transparentes, estabilidad política e internacionalización económica. Justo lo contrario de lo que ofrecen los antiguos “convergentes”, Esquerra Republicana de Cataluña y la CUP.

MAYORÍA SILENCIADA

El tercer gran activo de los constitucionalistas es el despertar de la mayoría silenciada, que lleva dos grandes manifestaciones por las calles de Barcelona en cuatro días. La fuerza de las instituciones españolas, la apuesta del empresariado y la respuesta de los catalanes unionistas son los tres argumentos que darán la victoria a los constitucionalistas.

Una respuesta airada de los independentistas a la aplicación del artículo 155 de la Constitución sólo serviría para acelerar su derrota, ya que las contradicciones entre los independentistas harían saltar por los aires el “govern” de Puigdemont.

Ignoramos el recorrido de la crisis, que va a tener un alto coste para Cataluña y para España entera, pero el fracaso del independentismo viene anticipado por la falta de aliados internacionales, la división del pueblo catalán y el rotundo boicot del empresariado.

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GRIETAS EN EL INDEPENDENTISMO
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Juan Neira | 14-10-2017 | 22:14| 0

La simple contestación al requerimiento de Mariano Rajoy abre grietas entre el independentismo. La mayor parte de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y la CUP quieren que Carlos Puigdemont diga la verdad, orgulloso de haber protagonizado el acto de proclamación de la república, mientras que los dirigentes del Partido Demócrata Europeo de Cataluña (PDeCAT) apuestan por una contestación sibilina que evite la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Unos quieren rotundidad y los otros ofrecen ambigüedad. Ambas respuestas responden a dos estrategias distintas.

Puigdemont puso en marcha la alambicada ceremonia de la proclamación con un doble objetivo: impedir una fuerte respuesta del Estado y lograr mantener unidos a los tres partidos que hacen viable la acción del Govern en el Parlamento. La primera meta es evidente que la alcanzó y la segunda, también, con la excepción del enfado de la CUP, algo muy difícil de evitar. La idea de dejar la república suspendida fue de Artur Mas para negociar con el Estado en posición de fuerza: el as de la república en la bocamanga. Toda negociación necesita tiempo y por eso había que huir de proclamaciones explícitas. A día de hoy no han cambiado de guion y quieren responder a Rajoy con diplomacia para ganar días, quizás semanas.

Un agente del independentismo tan influyente como la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha cambiado de postura y exige que Puigdemont ponga las cartas boca arriba a Rajoy. Que prescinda de disfraces y le responda como presidente de la república catalana. Aseguran que mejor hacerlo así porque Rajoy ya puso a rodar el procedimiento del artículo 155. La cúpula de ERC piensa algo parecido. Bajo las apariencias se esconde la realidad: los dirigentes de ANC y ERC desconfían de las influencias de Mas sobre Puigdemont, y temen que el ‘president’ abra una vía posibilista de entente con Madrid. Con otras palabras: que les engañe. Tratan de impedir que se negocie un apaño y por eso desean mostrar orgullo republicano.

En ANC hablan ya de organizar paros masivos para impedir la aplicación del 155. ERC y ANC compran con retraso la política de la CUP. En resumen, los independentistas se debaten entre la estrategia de Artur Mas y el belicismo de la CUP. No es preciso que haya enfado entre gente del mismo bando porque sus demandas republicanas, aplazadas o anticipadas, impedirán cualquier compromiso con el Estado. Les tocará recoger los vidrios rotos después de los paros.

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MILITARES Y CIVILES
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Juan Neira | 13-10-2017 | 20:29| 0

Día de la Festividad Nacional, ubicada en el calendario como conmemoración de la mayor hazaña realizada por los españoles al descubrir el nuevo mundo. Ningún otro hallazgo tuvo tanta importancia. En esta ocasión la fiesta vino precedida de la crisis catalana, el mayor desafío para la identidad y la integridad de España del que hay memoria. Si Cataluña se separase, la España formada en 1492 daría paso a otra realidad distinta, a la que cuesta hacerse una idea tras cinco siglos sin fronteras. El desfile militar por las calles de Madrid, que había ido perdiendo lustre en los últimos años, adquirió nueva vitalidad, con más público y mayor asistencia de personalidades: todos los presidentes autonómicos, con la excepción de Urkullu y Uxue Barcos. Los principales dirigentes del PP, PSOE y Ciudadanos acudieron a la cita, mientras los líderes de Podemos se ausentaron mandando en representación del partido morado a personajes de segundo nivel. El motivo de la parada militar estaba reflejado en una frase, “orgullosos de ser españoles”.

En Barcelona, escenario del drama, la Sociedad Civil Catalana convocó una gran manifestación, que la Guardia Urbana cifró en 65.000 personas. En la manifestación multitudinaria del pasado día 8, la Guardia Urbana contabilizó 350.000 individuos; una vez medido el largo y ancho de las calles por las que transcurrió la movilización y supuestas cuatro personas por metro cuadrado salen 1.043.800 manifestantes; por mucho que se rebaje la cifra, el resultado siempre quedará muy por encima del medio millón. Seguro que con la manifestación de ayer ocurrió la misma manipulación. La Guardia Urbana minimiza ese tipo de convocatorias porque está a las órdenes de la alcaldesa de Barcelona. En el conflicto, Ada Colau representa una curiosa tercera vía que está mucho más alejada de Rajoy que de Puigdemont. La hegemonía ideología del nacionalismo produce efectos asombrosos: todo el mundo da por bueno que en las urnas del referéndum del 1-0 votaron 2,2 millones de catalanes ¿Si falsearon todo el procedimiento, cómo no iban a amañar el resultado? Si hubiesen votado la mitad ya me parecería una cifra muy elevada.

Mientras Puigdemont medita la contestación a la misiva de Rajoy, hay dos aspectos de la crisis catalana que resultan insoslayables: la masiva fuga de empresas haciendo inviable el proyecto de país de los independentistas y el cambio de actitud de la mayoría silenciada. Empobrecimiento y división social.

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TREGUA FALSA
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Juan Neira | 12-10-2017 | 16:07| 0

Los españoles nos hemos pasado el día discutiendo sobre la intervención de Carlos Puigdemont en el “Parlament” acerca de la independencia ¿Realizó la declaración unilateral de Independencia o sólo hizo un comentario irrelevante? Las asociaciones de fiscales creen que sí la hizo, consumando el golpe del Estado; sin embargo, Joaquim Bosch (Jueces para la Democracia) es de la opinión opuesta. En el Congreso de los Diputados, Podemos y PNV afirman con rotundidad que tal declaración no salió de los labios del “president”. Atribulado por las dudas releo las palabras de Puigdemont: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república” ¿Asumir equivale a declarar? Se extiende la opinión de que la Generalitat mandó “parar las máquinas”. Esto nos lleva a otra reflexión: ¿qué se entiende por “parar las máquinas”? Lo más curioso es que los portavoces de la Generalitat no niegan la versión de que Puigdemont declaró la independencia, simplemente dicen que dejó abierta la puerta a la negociación. Y si Rajoy toma medidas represivas, “reactivarán la declaración”. Sólo se reactiva algo que ya existe.

Para salir del círculo vicioso, Rajoy le da cinco días al “president” para que explique el sentido de sus palabras, y en el caso de que haya declarado la independencia le da tres días adicionales para retractarse. De no avenirse a razones, el Consejo de Ministros aplicará el artículo 155 de la Constitución, que es una pauta muy elástica que puede llevar desde la supresión del autogobierno de Cataluña hasta centrarse en un asunto concreto, como, por ejemplo, poner otros mandos al frente de los Mossos de d’Esquadra.

Puigemont, aconsejado por Artur Mas, tiene una agenda oculta que pasa por un referéndum pactado. Necesita ganar tiempo. La independencia por las bravas provoca vértigo, por la reacción que provocaría en el Estado y las consecuencias económicas. Por cierto, ayer se quedaron en Cataluña sin rebanadas de pan de molde para el desayuno. La empresa se traslada a Madrid. Tras las movilizaciones callejeras, la tensión entre los gobiernos ha derivado en disputas semánticas. Una falsa sensación de tregua. Los independentistas han ido muy lejos; no van a retirarse ni es posible el acuerdo sobre las posiciones en que se han instalado. El paso del independentismo al nacionalismo reformista va a ser muy costoso. Distinto sería si Rajoy hubiera pinchado el globo hace tres o cuatro años.

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LA REPÚBLICA DEL ABSURDO
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Juan Neira | 11-10-2017 | 20:13| 0

La tensión generada en torno al “Parlament”, donde Carlos Puigdemont iba a proponer la proclamación de la república de Cataluña, ha derivado en una obra de teatro del absurdo, ya que el “president” no propuso nada, sino que habló de “asumir el mandato para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”. Y pese a ello pidió, inmediatamente, a los diputados que suspendieran algo que no habían aprobado. Posteriormente, el portavoz de Juntos Por El Sí aclaró desde la tribuna que ya no eran españoles, y que el proceso constituyente de la república había empezado hace unos días, en concreto el día tres de octubre. Finalizadas las intervenciones, la sesión parlamentaria terminó sin que nadie hubiese votado nada. Los diputados abandonaron los escaños y el público se quedó preguntando si había habido boda. Para aumentar la confusión, media hora más tarde los diputados independentistas se reunieron en otra sala del edificio para estampar su firma debajo de un texto que llevaba como título, “Compromiso con la República”.

Todo esto sucedió en un día que tenía reservada la etiqueta de jornada histórica. No hubo épica ni lírica en el discurso leído de Puigdemont, que también estuvo ayuno de frases grandilocuentes. Pero el verdadero problema es que la sesión careció de sentido, hasta el punto de que la dignidad del “Parlament” quedó a la altura del felpudo. ¿Qué Cámara legislativa democrática del mundo mundial asiste de oyente ante un cambio de forma de estado, y del propio estado, realizados en su nombre, sin tener derecho a votar a favor o en contra? Qué degradación tan mayúscula es la que somete el nacionalismo independentista a las instituciones catalanas y qué tomadura de pelo a los ciudadanos.

Vamos con la interpretación política. El bloque independentista está tocado, no por las tensiones con la Cup, sino por los tres golpes sucesivos que sufrió en la última semana: discurso del Rey, fuga masiva de empresas y manifestación multitudinaria de los catalanes que se sienten españoles. Puigdemont, Junqueras, Forcadell y compañía están desconcertados y temerosos. La obra de teatro que representaron en el Parlamento sólo tenía como finalidad evitar que cobraran cuerpo sus temores: la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la dilucidación de responsabilidades penales por parte del juez. Tanto gesto vano no les va a servir para conjurar sus miedos.

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DRAMA Y COMEDIA
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Juan Neira | 10-10-2017 | 19:32| 1

La víspera del día escogido para la proclamación de la República catalana estuvo cargada de señales inquietantes. Las empresas huyen en masa de la región que las vio nacer. Hay miedo a quedarse fuera del paraguas del euro y pavor a los posibles planes del independentismo radical que no oculta su objetivo de crear un fuerte sector público, con tentáculos en las finanzas y en las empresas. Gestores y accionistas temen las modificaciones legislativas, fiscales y laborales, que haría un tripartito nacionalista liberado del corsé del Estado. Grandes empresas, como Abertis, Inmobiliaria Colonial, Cellnex, Adeslas, Cervezas San Miguel o Torraspapel han puesto su domicilio social en distintos puntos de España. Les vale cualquier región, menos Cataluña. Este era el paraíso de paz y unidad que predicaba el otro día Carlos Puigdemont cuando intervino en televisión para replicarle al Rey. Una sarta de disparates que no sé si atribuir a la capacidad que tienen los nacionalistas para mentir o a la inopia en que viven los miembros del “Govern”. O a las dos cosas: mienten y están en la inopia.

Más preocupante si cabe son las informaciones que se desprenden de un informe presentado por la Guardia Civil a la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que investiga por presunta sedición al mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero. Con pruebas de todo tipo –vídeo, grabaciones de conversaciones telefónicas- se muestra que los responsables de la Policía Autonómica optaron deliberadamente por mostrarse inactivos el día del referéndum. No sólo eso, sino que recibían órdenes de un comité estratégico dirigido por Carlos Puigdemont y Oriol Junqueras. La Guardia Civil, cuando registró el departamento de Economía de la Generalitat, encontró entre los papeles de Josep María Jové, número dos de Oriol Junqueras, un plan para para lograr la independencia que pasaba por provocar una crisis política y social que permitiera imponer un referéndum forzado. En el calendario de los sediciosos, estaba formar un gobierno de transición en 2018 y declarar la República en 2022. Se ve que les entraron las prisas y van a declarar hoy la República con casi cinco años de antelación. Estamos viviendo un drama que tiene ribetes de comedia. Si la España democrática y moderna, resultado de cinco siglos de esfuerzo colectivo, no logra desbaratar los planes de los desleales, poniendo a sus cabecillas  en manos de la Justicia, es que hay que cambiar de gobierno.

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LA ‘OTRA’ DIADA
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Juan Neira | 09-10-2017 | 21:55| 0

La otra Cataluña se hizo visible por las calles del centro de Barcelona. Una manifestación masiva, como la celebrada el 11 de septiembre, con la diferencia de que aquella era una marcha de esteladas y la de ayer fue una cita de banderas constitucionales y ‘senyeras’. Una agitaba símbolos no recogidas en las leyes y la otra utilizaba las enseñas de la Constitución española y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. También hubo otra diferencia: los separatistas utilizaron los niños como reclamo, de una forma jamás visto en ningún tipo de manifestación pública, mientras que los constitucionalistas y estatutistas respetaron a los menores. Las dos marchas estaban trufadas de sentimientos, una amparada en el poder, con el apoyo de la Generalitat y de la influyente TV3, y la otra sustentada exclusivamente por los propios manifestantes que cansados de estar despreciados y oprimidos por los independentistas se tiraron a la calle para hacer buena aquella antiquísima letra de Víctor Manuel, ‘ni humillados ni vencidos, ni cobardes ni canallas, será esta tierra de todos los que quieran mejorarla’.

La última huella de la Cataluña plural databa de las elecciones autonómicas de 2015, ganadas por los constitucionalistas (tuvieron más votos que los independentistas) aunque el sistema electoral dio mayoría a estos últimos (los independentistas lograron más escaños). Ayer volvió a hacerse estruendosamente visible en las calles, al agruparse un número de personas tan elevado como el último 11 de septiembre. Basta con decir que la Guardia Urbana, a las órdenes estrictas de Ada Colau, cifró en 350.000 a los congregados. Imagínense cuánta gente fue la que realmente acudió.

Un golpe muy duro para el falso relato de Puigdemont, Junqueras y Forcadell, de una sociedad uniforme, agrupada en torno al mito de la Guerra de Sucesión. Mal que les pese hay una Cataluña constitucional que se sienta tan española como Andalucía, Aragón o Asturias. Unos catalanes que no pueden dejar fuera de las urnas ni de las calles. El paso de la mayoría silenciosa a la mayoría del clamor era una cuestión de tiempo. El movimiento se empezó a gestar en los balcones de las casas y ayer bajó a la aceras, porque, como decía Celaya, ‘ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo’. Tremendo fin de semana para Puigdemont y su cohorte: huyen las empresas y los constitucionalistas toman las calles. Se acerca su Waterloo, si no lo frustra Rajoy.

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