El inicio del debate sobre el estado de la región tuvo la virtud de rescatar a
La falta de costumbre en programar sesiones parlamentarias ha llevado a que las tres jornadas del debate sobre el estado de la región se hayan ubicado en dos semanas distintas, una para el debate y otra para votar las resoluciones. De esa forma el público conocerá las respuestas cuando ya se haya olvidado de las preguntas. En ese escenario, el presidente Areces ha abierto el debate con una larga y apasionada exposición de todo lo realizado por su Gobierno, digna de una Cámara más viva, que tenga un horario menos respetuoso con el vermouth.
Táctica
Álvarez Areces realizó una intervención acumulativa, en la que se dieron la mano las distintas actuaciones habidas a lo largo de sus tres mandatos. Al tratarse del último debate sobre el estado de la región en el que participa, el presidente Areces tenía licencia para repasar su trayectoria en el Ejecutivo, y no desperdició la ocasión. No se entregó a una exposición detallada por hacer gala de su merecida fama de parlamentario exhaustivo, sino para poner en práctica una táctica sutil: de los once años que lleva de presidente, los nueve primeros fueron de vacas gordas y los dos últimos de vacas flacas. Al hacer un repaso a todo lo acontecido la abundancia pesó más que la escasez.
El presidente sacó a relucir las dos autovías autonómicas construidas -y parte de la tercera-, la formidable infraestructura del Hospital Central o la serie de equipamientos culturales -Laboral Ciudad de
La próxima negociación sobre los presupuestos del año 2011, con IU, hizo que detallara el incremento de la cobertura del salario social, que ya anda por los 27 millones de euros, y los 17.000 beneficiarios. En la misma línea realizó un canto a la senda de acuerdos sociales que jalonaron sus mandatos, una práctica de concertación social que no se ha seguido en otras regiones.
El presidente Areces siempre hizo buena la máxima de Gramsci, ‘optimismo de la voluntad, contra el pesimismo de la inteligencia’, y por eso describió elogiosamente el panorama energético asturiano, como si la apuesta por los ciclos combinados no hubiera quedado claramente cuestionada por la crisis económica.
Valoración
Las infraestructuras realizadas se pueden palpar y el gasto en políticas sociales se puede chequear. La cuestión está en valorar si la ingente cantidad de recursos gastada por el Principado en los años de la abundancia dio el resultado óptimo, o si, por el contrario, no hubo una acertada jerarquización de las actuaciones, y cuando llegó la recesión nos encontramos con proyectos fundamentales a medio hacer. En cualquier caso, no se puede dudar de la diligencia de Álvarez Areces para abordar los más variadas empresas, una cualidad que estuvo amplificada por el ciclo económico que acompañó la mayor parte de sus años de Gobierno. Ahora el panorama económico ha girado ciento ochenta grados y ‘levantar Asturias va a dar mucho trabajo’, como rezaba el lema con que llegó Areces al poder.
El presidente terminó el discurso con aires de despedida, agradeciendo al Partido Socialista que le hubiera confiado la gobernación de Asturias. Desde el pasado mes de julio ya repitió varias veces ese agradecimiento. Hay que introducir algún matiz. Areces llega al poder a través del mecanismo de las elecciones primarias, sin que ningún otro dirigente socialista se hubiera arriesgado a medirse con él en las urnas. Las relaciones con la dirección del partido fueron pésimas hasta que llegó Javier Fernández a
Areces se despidió con una cita de Teresa de Calcuta (que se inspira en palabras de San Agustín: «todo lo que yo hago es una gota en el mar.»). Hace once años obtuvo la primera investidura con una cita de Silvio Rodríguez, «somos la historia del futuro». De la rebeldía a la sabiduría.

