El Comercio
img
Fecha: marzo 6, 2017
TARJETAS Y FIRMAS
Juan Neira 06-03-2017 | 11:57 | 0

Las respuestas de José Ángel Fernández Villa a las preguntas que le hizo su abogada defensora responden a un guión preparado por ambos con el fin de que quede exculpado de la acusación formulada por el Soma, su antiguo sindicato, que le reclama 420.000 euros. En el propio interrogatorio, la letrada le pregunta por las veces que ha ido a su casa a preparar la declaración y el minero jubilado dice que tenía miedo que se quedara la abogada en ella por la cantidad de días y horas que se pasaba en su casa. Dicho de otra manera: el diálogo de ambos tiene la premeditación de un libreto teatral, pero en lugar de estar destinado a la risa o al llanto, el objetivo es demostrar la absoluta irresponsabilidad de los actos realizados en el pasado y su incapacidad en el presente. El atisbo de espontaneidad que pueda apreciarse en el diálogo es pura apariencia.

Al poco de empezar el interrogatorio la letrada le pregunta por los años en qué fue secretario general del Soma, y Villa responde dubitativo ¿“setenta”? Es decir, desde que nació fue el jefe del sindicato, porque nació en 1943 y dejó el cargo en 2013, justo setenta años. Dice que empezó a trabajar en 1950 (a la edad de siete años) y en otro momento asegura que “a los catorce años fui a trabayar”. Equivocaciones tan palmarias podrían tener como fin corroborar aquel diagnóstico que se le hizo en el Huca, “síndrome confusional”, que le libró de pasar por el juzgado hasta que un neurólogo gallego lo consideró apto para el interrogatorio, con determinadas cautelas (preguntas sencillas, tiempo para responder y descanso ante síntomas fatiga).

En la estrategia estaba como objetivo neutralizar las presuntas pruebas que obraban en su contra, como las firmas o el cobro de dinero. Las firmas que le presentan no duda en rechazarlas como propias. Sin embargo, en el interrogatorio, reconoce que su firma es muy fácil de imitar. Rubricas realizadas hace muchos años detecta que no son suyas y eso que su trazo es sencillo de hacer por cualquiera. Como mínimo, el síndrome confusional es intermitente. La clave de sus tarjetas bancarias era conocida por su secretaria y el contable del Soma; es más, Villa no firmaba las tarjetas que utilizaba y eso que reconoce que las perdía con frecuencia. La función del contable era muy amplia, incluyendo en sus funciones ser depositario del testamento y las libretas bancarias del jefe. Una relación muy original. Yo si fuera el contable empezaría a buscar coartadas.

Ver Post >
Sobre el autor Juan Neira

Etiquetas

Otros Blogs de Autor