El Comercio
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Fecha: marzo 19, 2017
LA VENTANA DE LA OPORTUNIDAD
Juan Neira 19-03-2017 | 11:25 | 0

El revés parlamentario que le ha infligido la oposición al Gobierno de Rajoy, con la disculpa de la estiba, ha despertado el fantasma de las elecciones generales.

Está claro que la oposición quiso desgastar al Gobierno, porque en caso de guiarse por los intereses generales lo natural hubiera sido dar el respaldo al Ministerio de Fomento en su intento por acabar con el monopolio de la estiba. Desde hace más de dos años se paga una multa de 27.522 euros diarios por mantener el corralito, y una nueva sentencia elevaría la cuantía a 134.107 euros al día. Un disparate.

Al ser tan evidente el sentido del voto opositor, el Gobierno sacó a relucir la bicha de los comicios anticipados que crean preocupación entre la clase política, ya que las elecciones ponen en riesgo sus puestos de trabajo. La sociedad también abomina de otra convocatoria a las urnas porque la devuelve al círculo vicioso de las sesiones de investiduras fracasadas; y nuevamente a votar.

Descarto que el monopolio de la estiba tenga entidad suficiente para provocar el descarrilamiento del Gobierno, otra cosa distinta sería el rechazo de los Presupuestos Generales del Estado. Para esta tarea ya está en marcha la negociación con el PNV. Si se quiere llegar a buen puerto debe ir acompañada de una lluvia de millones de euros sobre tierra vasca.

Plan de vías

Gijón no tiene plan de vías. No se venden las parcelas del ‘solarón’ ni el Gobierno del PP está dispuesto a poner dinero. Ahora bien, si miramos para Bilbao, Vitoria y San Sebastián, el panorama ferroviario experimenta un cambio radical, como de la noche al día.

El mismo Íñigo de la Serna que sólo se comprometió en Gijón a ponernos en contacto con avezados vendedores para comercializar las parcelas del ‘solarón’, dio el visto bueno a tres estaciones intermodales para las capitales vascas, con trenes que llegarán a los andenes tras un largo recorrido soterrado de más de dos kilómetros.

Sin ir más lejos, para Bilbao se piensa en un proyecto de 480 millones de euros, según estimación de Madrid, que afectará a más de 90.000 metros cuadrados.

Estaciones con dos niveles bajo tierra y un parque en la cubierta, junto a instalaciones deportivas, una plaza, etcétera. Se quieren construir 1.500 viviendas (¿les suena algo?), pero el Ministerio de Fomento no condiciona la inversión a las plusvalías urbanísticas. ¿Por qué allí es tan fácil y aquí resulta imposible?

Sólo hay una razón: el PNV está en condiciones de presionar al Gobierno de Rajoy, pidiendo el oro y el moro, para dar el visto bueno a los presupuestos del Ejecutivo del PP. Mientras la estabilidad de los gobiernos de España dependa de grupos nacionalistas el trato desigual estará asegurado.

Asturias logró, en su día, cuantiosas inversiones públicas con el argumento de la conflictividad de la clase obrera. Las legendarias huelgas de antaño dieron fruto en hogaño. Los fondos mineros son el mejor ejemplo. Pero la pérdida masiva de puestos de trabajo nos dejó sin argumento. Asturias carece de infantería para librar esa batalla.

De manera imprevista, la indefensión de Asturias cambió con la revuelta interna del PSOE. El descabalgamiento de Pedro Sánchez dio paso al liderazgo interino de Javier Fernández, como presidente de la comisión gestora. La luz verde dada por la gestora a la investidura de Rajoy convirtió al presidente asturiano en un hombre de Estado.

Nuestra región se encontró con la ventana de la oportunidad. Rajoy está obligado a aceptar las iniciativas de Javier Fernández, sobre todo si versan sobre proyectos de alcance reducido, como son los que necesita Asturias. ¿Es costoso reabrir la autopista del mar? ¿Es difícil poner vías de ancho internacional en los túneles de la variante de Pajares y duplicar la cobertura presupuestaria? ¿Se pueden hacer los accesos de El Musel?

No se conoce que el presidente asturiano haya dado un solo paso en esa dirección. A lo mejor considera que no es procedente. Cosa muy distinta pensaba Fraga Iribarne cuando retornó a Galicia, poniendo fin a más de treinta años de vida pública en Madrid.

Pedro Sánchez

Aprovechó su condición de hombre de Estado para entrevistarse con todos los ministros de Felipe González, de una tacada (con la excepción de Matilde Fernández y creo que Alfonso Guerra), y cerró un plan de inversiones que incluía la comunicación por autovía entre las cuatro capitales gallegas.

Lo más lamentable para nuestros intereses estriba en que el papel estelar de Javier Fernández tiene fecha de caducidad. Dentro de dos meses volverá a ser cabeza de una comunidad autónoma uniprovincial de un millón de habitantes, envejecida y especializada en suministrar mano de obra joven a otras regiones. Se termina el periodo excepcional de la comisión gestora y volverá el PSOE a la normalidad de un secretario general con comisión ejecutiva.

Por el medio está el tráfago de las elecciones primarias que pueden convertirse en el acontecimiento político del año si gana Pedro Sánchez. Todo lo realizado desde septiembre hasta mayo no habrá servido de nada, porque volveremos a la casilla de salida, con la diferencia de que las cosas ya estarán claras: el PSOE formará entente con Podemos y otros grupos contrarios a la Constitución para dar rango de nación a Cataluña. Y todo lo que vendrá después.

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