El Comercio
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LA IZQUIERDA CONTRA EL AVE
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Juan Neira | 09-04-2017 | 15:40

La variante de Pajares con los anuncios, renuncios, vueltas y revueltas políticas, administrativas e ingenieriles, ejemplifica las relaciones entre el poder del Estado -bajo los mandatos de Rajoy-, y el Principado.
Como en el plan de vías de Gijón, sólo las máquinas tuneladoras cumplieron su cometido horadando la montaña sin rechistar y dejando los dos tubos de 25 kilómetros expeditos en cuatro años. Desde el 11 de julio de 2009 la obra está acabada, quedaba impermeabilizar los túneles, montar las vías, la catenaria, adoptar las medidas de seguridad, ventilación y comunicación. Y hacer frente a los imprevistos: corrimiento de la ladera en el tramo Sotiello-Campomanes.
Seis años más tarde, el Ministerio de Fomento habla de poder inaugurar la variante de Pajares en el año 2021. Una formidable desviación sobre el plan inicial producida por dos causas: la crisis económica y la ausencia de voluntad política. Esta última fue la verdaderamente determinante, ya que otras líneas de alta velocidad avanzaron pese a la cruzada del Gobierno contra el déficit público.
REBAJA
Las cosas se torcieron en 2010, con la reprogramación del plan de inversiones realizada por el ministro socialista, José Blanco, y quedaron detenidas con la llegada de Ana Pastor a Fomento. A partir de ahí todo fue un rosario de excusas por parte del Gobierno de Madrid.
Mientras los túneles del Guadarrama (27 km) se abrieron al tráfico a los dos años de haber acabado la obra, en la variante de Pajares será necesario esperar doce años desde el calado de los túneles hasta el viaje inaugural (2009-2021).
El Gobierno del PP evitó compromisos con la variante de Pajares, al tratarse de un asunto que afecta a una región socialista de pequeño tamaño. Llegado el momento dejó la infraestructura al 50% (un túnel), desechó las vías para la alta velocidad y paralizó, anuló o dejó sin efecto, cualquier trámite técnico o administrativo tendente a prolongar la nueva línea hacia Oviedo y Gijón.
Lo más curioso del expediente político de la variante de Pajares no está en el proceder del Ejecutivo del PP, sino en la respuesta asturiana. Veamos.
En el mes de mayo de 2013, la variante de Pajares se redefine a la baja, al prescindir de un túnel; más tarde queda León, por vía de los hechos, como estación término de la alta velocidad. En consonancia con lo anterior, el dibujo de la línea de alta velocidad por Asturias, con dos ramales, uno hacia Gijón y otro hacia Avilés, queda anulado.
Aunque parezca mentira, estos cambios no fueron contestados por el Principado. Más allá de intervenciones retóricas, los partidos de izquierda y un sector de la opinión pública minimizaron su importancia pese a la desnaturalización del proyecto.
En primer lugar se empezó a decir que los actuales trenes Alvia daban el mismo servicio que los AVE, porque la diferencia sería de unos pocos minutos. Luego, se comenzó a relativizar la importancia del segundo túnel, ya que, supuestamente, todas las demandas se pueden atender con un solo tubo y el mantenimiento es muy caro.
A continuación, la prolongación de la línea de Lena a Gijón dejó de tener interés porque exige una alta inversión, con alto coste medioambiental y escasa ganancia de tiempo. De la variante de Pajares, a la izquierda sólo le importa el plazo para abrirla y la garantía de que habrá tráfico mixto para que las mercancías utilicen los túneles.
ARGUMENTOS
Asombra la visión política de la izquierda (y de Ciudadanos). Por toda España se extiende una red de alta velocidad que creará dos categorías de territorios, los que tienen trenes AVE y los que no lo tienen. El momento de incorporarse a ella es ahora. Si nos conformamos con trenes que no pueden superar los 200 kilómetros de velocidad por vías de ancho ibérico nadie nos vendrá a rescatarnos del error cometido.
Lo mismo cabe decir del segundo túnel de la variante de Pajares. O se pone en servicio a corto plazo o siempre habrá motivos para retrasar su apertura, empezando por razonamientos economicistas, diciendo que es muy superior su coste de mantenimiento que el beneficio que produce.
En lo que respecta a la prolongación de la nueva vía hacia Oviedo y Gijón, digamos que resulta de libro, ya que sería la primera vez que un tren de alta velocidad llega a una región, pero evita sus principales ciudades.
El Gobierno de España puede ser cicatero con Asturias, pero resulta irritante que encuentre la complicidad de los poderes de la región.
Para desenmascarar juicios interesados digamos que el ministro de Fomento socialista, José Blanco, dijo en la ceremonia de calado de los túneles de Pajares, ante las autoridades asturianas (presidente Areces) y comunitarias (comisario Tajani), que los túneles serían equipados con triple carril, para que los viajeros fueran en alta velocidad y las mercancías en ancho ibérico.
Seis años más tarde, los túneles siguen sin dar servicio, y la izquierda une fuerzas para impedir que la alta velocidad llegue a Asturias. En Gijón, los portavoces de PSOE e IU manifiestan que las vías de ancho internacional van contra los intereses generales de la villa de Jovellanos.
Yo pensaba que en el siglo XXI sólo se decían cosas así en Corea del Norte.

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