El Comercio
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Fecha: abril 30, 2017
BALANCE DE LA GESTORA
Juan Neira 30-04-2017 | 5:28 | 0

A cuatro días de cerrarse el plazo para que los precandidatos presenten los avales necesarios para convertirse en candidatos a la Secretaría General del partido, la misión de la comisión gestora del PSOE llega a su fin.

Le queda sólo tutelar una corta carrera electoral y dar fe del resultado que arrojen las urnas el próximo día 21. A partir de ahí habrá un nuevo líder, con toda la legitimidad que tiene haber sido elegido por los afiliados. Es un buen momento para hacer balance.

Fue creada en unas circunstancias muy especiales, con el Comité Federal enfrentado tras una larga reunión que se zanjó con una votación tumultuosa que dio paso a la dimisión de Pedro Sánchez.

En cuarenta años de democracia nunca el PSOE había caído tan bajo. El presidente del nuevo órgano, Javier Fernández, lo resumió de una forma muy expresiva, al decir que a los socialistas les quedaba el solar. El edificio se había derrumbado. El cometido de la comisión gestora consistía en pacificar y preparar el retorno a la normalidad.

Aciertos

El primer paso fue dar una nueva orientación a los grupos parlamentarios, una labor para la que contó con el apoyo de la mayoría de los diputados y senadores, exceptuando a algunos muy ligados al anterior líder y los representantes del PSC. Se trataba de poner fin a la estrategia del ‘no es no’, también conocida como ‘qué parte del ‘no’ no ha entendido usted, señor Rajoy’, que habla por sí sola del simplismo que caracterizaba la línea política del ex secretario general.

Solucionado el colapso institucional que se prolongaba ya por diez meses, la actuación de los socialistas en el Parlamento fue muy ajustada, alternándose el rechazo a iniciativas del Gobierno, con los acuerdos sobre asuntos de interés general, como la elevación del salario mínimo en un 8%, la mayor subida en los últimos treinta años.

El presidente de la comisión gestora, Javier Fernández, trató de dar una imagen de moderación, acompañada de reflexiones sobre los problemas de España y del partido.

Como en Asturias conocemos bien al personaje, no resultó ninguna sorpresa ver lo cómodo que se sintió en su nuevo cometido, analizando problemas de la sociedad y del Estado del Bienestar. Por eso se atrevió a afirmar que votar ‘sí’ o ‘no’ a la investidura de un presidente es una mera cuestión de táctica política, mientras que la identidad ideológica (izquierda o derecha) de un partido se ve en la política sanitaria, educativa o fiscal que propugna.

La buena acogida dispensada a Javier Fernández en los medios estuvo relacionada con el alivio que proporcionaban sus argumentos, en contraste con la política de Pedro Sánchez que ponía en riesgo el interior de un pilar del Estado, que es lo que representó el PSOE durante los 40 años de democracia.

Errores

¿El trabajo de la comisión gestora estuvo libre de equivocaciones? No. A mí juicio, dos fueron los errores cometidos que pueden echar por tierra el trabajo realizado durante los siete meses que lleva al frente del partido.

Desde el inicio hubo presiones para fijar la fecha del próximo congreso. Pedro Sánchez quería que las primarias se celebraran en el mes de noviembre de 2016.

En la práctica, las comisiones gestoras no tienen un plazo de duración. Basta ver lo que tenemos al lado ¿Cuánto tiempo lleva la agrupación de Gijón con una gestora?

La premisa para el retorno a la normalidad es la pacificación del partido, y la campaña electoral se inicia en un clima de crispación interna y ausencia de diálogo entre los principales sectores de la organización.

Ya escribí alguna vez que lo más sensato hubiera sido aplazar las primarias y el congreso hasta la vuelta del verano. ¿Habrían protestado los ‘sanchistas’? Por supuesto que sí, pero ahora no manda Pedro Sánchez. Al ampliarse el plazo sería más fácil comprobar los beneficios que procura una estrategia política sensata en las instituciones.

La gestora habría sido tachada de antidemocrática, pero no pasa de ser una etiqueta que se puede adosar a cualquier órgano provisional de poder que no emana de las bases. Todas las comisiones gestoras tienen un déficit democrático por su origen. Y no por eso dejan de cumplir su misión.

El segundo error fue dejar participar al PSC en las primarias. Los socialistas catalanes toman las decisiones que creen oportunas por su cuenta y riesgo. En la investidura de Rajoy se permitieron romper, en bloque, la disciplina de voto.

Tocaba rediseñar la relación PSOE-PSC sobre nuevas bases, sin injerencias en las decisiones orgánicas de uno u otro partido. En el interior de la comisión gestora había voces que iban en esa dirección, pero habló Rubalcaba en sentido contrario y nadie se atrevió a llevarle la contraria.

La influencia de Felipe González y sus ministros sobre la comisión gestora es evidente. La política catalana de Felipe González daría para hablar largo y tendido, con el disparate de haber llegado casi a nombrar a Narcís Serra como sucesor. Ahora, por lo menos, ya sabemos lo que es capaz de hacer el miope ex ministro de Defensa como banquero.

Un partido ventajista, PSC, que opera en una clave alejada al PSOE y dudosamente constitucional, va a votar en masa a Pedro Sánchez para ver si de esta va en serio lo de que Cataluña es una nación.

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