El Comercio
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Fecha: mayo, 2017
EL ORIGEN DE LA FORTUNA
Juan Neira 31-05-2017 | 10:24 | 0

   Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil han detenido a José Antonio Postigo, ex presidente del Montepío de la Minería, al constructor del geriátrico de Felechosa, al arquitecto que dirigió la obra y al asesor. Los agentes registraron durante varias horas el domicilio de José Ángel Fernández Villa, del que se llevaron abundante documentación; la mujer y los hijos del ex secretario general del Soma estuvieron en el cuartel de la Guardia Civil. Cualquier suceso en que Villa es protagonista adquiere una gran dimensión en nuestra región, no en vano fue durante décadas el hombre más poderoso de Asturias. En los últimos meses recibió peores noticias que en el resto de su vida. Por un lado la petición de cárcel realizada por la Fiscalía en el famoso asunto de las dietas que correspondían a sindicalistas del Soma y fueron a parar a sus manos. Luego vino la necesidad de desembolsar más de 400.000 euros de fianza que salieron de una cuenta corriente de la que no tenía noticia el propio líder minero. Ahora la visita de la UCO, con medidas expeditivas sobre la gente relacionada con la obra del geriátrico, empezando por su gran amigo José Antonio Postigo, que le acompañó en la operación de aflorar dinero a través de la amnistía fiscal decretada por Cristóbal Montoro en la primavera de 2012: Villa, 1,2 millones; Postigo, 360.000 euros. Todavía hay clases.

La Justicia se mueve con lentitud, con desesperante lentitud, pero se mueve. La Fiscalía Anticorrupción recibió los datos fiscales de Villa y Postigo, enviados por la Agencia Tributaria, y se puso a investigar cuál era el origen de los capitales regularizados. Se detectó el caso de la apropiación de las dietas de los sindicalistas mineros, y aprovechando que el Soma había presentado una querella, el asunto quedó en manos de la Fiscalía asturiana. Luego, vino la demanda por la obra del geriátrico, presentada por los nuevos responsables del Montepío de la Minería (Juan José González Pulgar) que sigue su curso en los tribunales. Por último queda el asunto del enriquecimiento de Villa; la Fiscalía Anticorrupción puso el ojo en la obra del geriátrico. De ahí las detenciones y los registros. No pintan bien las cosas para Villa, Postigo y familiares. Cito a estos últimos porque el Montepío se había convertido en un yacimiento de empleo para ambas familias (hijos, primos, amigas). Da para una meditación contemplar a qué cosas se dedicaban los que mandaban en Asturias.

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REUNIÓN FRATERNAL
Juan Neira 30-05-2017 | 11:56 | 0

Reunión fraternal entre el secretario general del PSOE y el presidente de la comisión gestora. Sin fotos, sin rueda de prensa, sin acuerdos. Ocho días tardaron en verse las caras Pedro Sánchez y Javier Fernández desde la celebración de las primarias. En la nota informativa consta que en el encuentro hablaron de Cataluña, el modelo de oposición parlamentaria y la moción de censura de Podemos. Sobre este último asunto, Javier Fernández renunció a dar su criterio, cediendo todo protagonismo al secretario general. No sé sabe en qué términos se concretó el intercambio de opiniones sobre Cataluña, pero imagino que después de que Pedro Sánchez modificara la ponencia marco del congreso para incluir la plurinacionalidad del Estado, no habrán profundizado mucho en el tema. Sobre la oposición parlamentaria está ya todo muy claro: Sánchez pone a Ábalos de portavoz para volver a la estrategia del “no es no”, mientras Javier Fernández apostaba por combinar rechazos y acuerdos.

Tras las primarias, desde una perspectiva política, la comisión gestora no tiene ya objetivo alguno. Le corresponde llevar a cabo la labor de los preparativos del congreso, una tarea puramente burocrática. El poder del PSOE está en manos de Pedro Sánchez que obtuvo algo más del 50% de los votos de la militancia. Supongo que los órganos de dirección también quedarán bajo su control. Si fuera un político inteligente trataría de integrar, que es una tarea compleja cuando se viene de un duro enfrentamiento. Gobernar un partido con el apoyo del 50,2% de los afiliados es una quimera. Se puede mandar apoyado en la mitad del partido, pero no se puede gobernar, ni mucho menos ganar elecciones, el único objetivo que le interesa a Pedro Sánchez para cambiar de residencia (“Nos vemos en La Moncloa” fue el mensaje que envió su esposa a los amigos en la Navidad de 2015, cuando ya se habían celebrado las elecciones y la cuota parlamentaria del PSOE había quedado reducida a 90 escaños). Integrar no es una cuestión de buenas palabras, sino de hechos. Aplicar el rodillo para aprobar en bloque todas las enmiendas a la ponencia marco del congreso es un ejemplo de sentirse cómodo respaldado exclusivamente por la mitad del partido. Está en su derecho a hacerlo. Lo más preocupante no es el sectarismo, sino la visión de España. Cuando se acerca el momento crítico del choque con la Generalitat, sólo faltaba que el PSOE se opusiera a la aplicación de medidas que contempla la Constitución.

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ABANDONAR EL BARCO
Juan Neira 30-05-2017 | 12:38 | 0

La lista de delegados asturianos al Congreso Federal del PSOE respeta el acuerdo alcanzado para que las tres corrientes (“sanchistas”, “susanistas” y “lopezistas”) estén representadas en la misma proporción que los porcentajes de voto alcanzados por sus líderes en las primarias. Hubo 168 votos afirmativos a la lista consensuada, con 49 en blanco y 25 anulados porque incluían tachaduras, siendo el nombre de Adriana Lastra uno de los más afectados por el trazo de bolígrafos y rotuladores. Lo destacable es que el pacto se ha respetado y se va a configurar una mayoría de “sanchistas” en el congreso que elegirá un Comité Federal leal a su líder, así como un programa político que recogerá gran parte -si no todas- de las 84 enmiendas introducidas por Sánchez al documento de la comisión gestora. Entre esas enmiendas está la propuesta de reformar la Constitución para introducir “el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado” (¿naciones culturales o naciones sin más añadidos?).

En las normas que van a regir la vida interna del PSOE se contempla que cualquier pacto de gobierno debe ser ratificado por los militantes en una consulta, y que en el caso de que el Comité Federal censure al secretario general, las bases del partido dictarán veredicto en las urnas en el plazo de 15 días. En resumen, en el PSOE los cuadros del partido y los dirigentes territoriales perderán la mayor parte de sus funciones, mientras que las bases militantes tomarán las decisiones en contacto directo con el secretario general. Para que no haya dudas, en el caso de que se monte una gestora, su periodo de existencia no podrá superar los 90 días. Como se puede apreciar se trata de un conjunto de normas que emanan de la reciente experiencia de Pedro Sánchez, y tienen como único fin evitar que los órganos de dirección colectiva puedan estar por encima del secretario general.

En el terreno práctico comienzan las deserciones de la Administración de Javier Fernández  para sumarse a la promisoria plataforma del “sanchismo”. Pachi Blanco redescubrió la vocación universitaria, y Francisco Delgado, director general de Innovación, y Sandra Velarde, directora general de Industria, siguen sus mismos pasos. Cuando un buque se hunde hasta los roedores saltan a los botes con remos. Un indudable golpe para el Gobierno. Ahora bien, si vamos a los nombres propios, Isaac Pola gana por goleada a Pachi Blanco, por experiencia en la materia y fundamentos políticos.

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UN LÍDER DE PARTIDO
Juan Neira 28-05-2017 | 4:49 | 0

Nadie está libre de contradicciones. Javier Fernández, tampoco. Un hombre estudioso, dominador de diversas materias, como la energía, la industria o la financiación autonómica, y conocedor de otras, como la educación, la problemática agraria, la economía o los servicios sociales, tuvo su mejor registro político en el trabajo orgánico, en la dedicación al partido, integrando a tirios y troyanos.

En la política asturiana, Javier Fernández cobró protagonismo al ser elegido secretario general del PSOE; y en la vida nacional, tras cinco años de perfil bajo como presidente autonómico, concitó la atención de todos los medios a través de la presidencia de la comisión gestora, organismo montado para ocupar el vacío de poder dejado por la dimisión de Pedro Sánchez.

Dos trabajos de partido para los que no sirve de nada los conocimientos en energía, industria, financiación territorial o impuestos, pero que le han dado fama de político serio y riguroso. Un caso excepcional: la forja de un hombre de Estado a través de una tarea de partido.

El paso decisivo en su biografía política lo dio en el año 2000. La tensión entre las dos principales familias del PSOE, oficialistas (villistas) y renovadores (Gijón, Avilés, y poco más) llegó al punto más alto. El presidente Areces cometió un tremendo error estratégico al relevar a Manuel Menéndez de la presidencia de Cajastur a los cuatro días de abandonar Joaquín Almunia la secretaría general del PSOE.

Areces pensaba que los oficialistas estaban en un momento difícil por el batacazo llevado en las elecciones generales del 12 de marzo, sin reparar en que era él quien trabajaba sin red, porque había un vacío de poder que no lo suplía la comisión gestora (otra gestora) presidida por Manuel Chaves.

Fernando Lastra y compañía redactaron una Ley de Cajas contraria a los intereses del Gobierno socialista, que fue aprobada por todos los grupos en la Junta General del Principado. Luego, en una ronda de negociaciones nocturnas en un hotel de la capital, el Soma puso a Areces contra la pared: aceptas la entronización de Menéndez o dimites.

El día (2 de agosto) que Menéndez retornaba a la presidencia de Cajastur, Zapatero, recién llegado al cargo de secretario general, llamó a las ocho de la mañana a Areces pidiendo que se aviniera. En un pequeño cónclave celebrado por los renovadores en Presidencia, las opiniones estaban divididas, pero Areces no podía tirar la toalla a los 13 meses de haber ganado las elecciones por mayoría absoluta.

INTEGRADOR

En el congreso de otoño se dirimía el enfrentamiento interno, y entonces Villa se sacó de la chistera al candidato Javier Fernández, consejero de Industria en el Gobierno de Areces. Un dirigente con nula experiencia en la gestión del partido, dispuesto a hablar con entusiasmo del mini horno eléctrico alimentado por chatarra, que era el equipamiento estrella para la siderurgia (menos mal que esa joya quedó reservada para Vizcaya, y así le va a la acería vasca, con toda la plantilla regulada y la producción parada). Javier Fernández también le había echado el ojo a la regasificadora, pero Rodrigo Rato no estaba por la labor. Hubo que esperar a que Zapatero levantara el veto.

Javier Fernández no daba titulares, se mostraba como un señor discreto, sin ninguna concesión a la demagogia (ahora se dice populismo), preocupado por la política de las cosas, no por el poder interno en los partidos. Y, sin embargo, aceptó el encargo de lanzarse a la batalla contra los renovadores, pese a formar parte de un Gobierno presidido por el líder de los renovadores.

En el mejor discurso de su carrera política (este invierno, para el Comité Federal preparó una pieza de mérito, pero cometió la equivocación de recitarla de memoria, y el lenguaje hablado no tiene las mismas reglas que el escrito) puso a los delegados del congreso de pie en medio de una ovación atronadora y ganó el duelo.

Al empezar su discurso dijo, “no llevo publicidad en mi camiseta” El militante socialista más famoso de Oviedo comentó que la camiseta estaba en blanco, porque la publicidad la llevaba grabada en la piel (alusión al pacto de sangre con el Soma). Pero se equivocó.

Unos días más tarde, comiendo Fernández con un grupo de periodistas, al preguntarle cómo se podía mantener el Gobierno de Areces con todos los grupos parlamentarios en contra, incluyendo a la mayoría de los escaños socialistas, dijo que “la garantía para el Gobierno de Tini soy yo”. Y así fue.

Villa presionó al máximo, obligando a Areces a firmar el Plan Complementario para las Comarcas Mineras (156 millones de euros), en una época en que las cuencas recibían una riada de dinero que se iba por el sumidero de la incompetencia. El Gobierno regional salió del atolladero gracias al profundo sentido institucional de Javier Fernández.

JAVIERISMO

De una forma silenciosa y rápida, las principales agrupaciones del Nalón dejaron de estar comandadas por Villa para tomar a Javier Fernández como líder. La agrupación socialista de Gijón, bastión de los renovadores, también pasó a engrosar las filas de Fernández. Las etiquetas se diluyeron. Dejaron de existir los villistas, los renovadores y la tercera vía, para dar paso a una amplia corriente, el “javierismo”, que englobaba a cerca del 90% de la militancia.

Se acabó con el pernicioso juego de Villa, consistente en tener gobiernos débiles que manejaba el Soma a su antojo. Presidentes, como Pedro de Silva o Rodríguez Vigil, carecían de apoyo orgánico y gobernaban a los dictados del líder del Soma. Trevín salió respondón y le hicieron la vida imposible hasta caer derrotado en las urnas. Hasta que Javier Fernández llegó a la secretaría general de la FSA los presidentes gobernaban en libertad vigilada.

La facilidad de Fernández para hacerse con las riendas del PSOE es equiparable a su pragmatismo para llegar a acuerdo con sus rivales políticos. Cuando Álvarez-Cascos irrumpió en la escena política asturiana, tras seis años de alejamiento, Javier Fernández comprendió que la forma de derrotarlo no estaba en la unidad de la izquierda sino en la división de la derecha. Y se puso a ello.

Con el PP pactó la Mesa de la Junta General del Principado, y con el mismo partido maniató a Cascos aprobando en el Parlamento una insólita medida por la que se sustraía al Gobierno asturiano la gestión del sector público. Luego, PSOE y PP rechazaron los presupuestos. Izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas. Con Javier Fernández en el poder, el PP aprobó por primera vez en toda la etapa autonómica las cuentas regionales de un Gobierno socialista.

La eficacia del líder socialista para unir a su partido no se ha traslado a su acción como presidente del Gobierno. Tras cinco años en el poder, el Ejecutivo socialista proyecta una pálida sombra que exige una explicación.

GOBERNANTE

A mi juicio hay tres razones que lo explican. Javier Fernández tiene fama de pesimista, pero lo cierto es que se siente incapaz de embellecer la coyuntura. Sabe que la solución a la mayoría de nuestros problemas reside en el exterior, en manos de Merkel, Draghi o Bruselas, y todo lo que se puede hacer desde Asturias le parece un placebo. No sabe vender motos.

En segundo lugar renuncia a cultivar la dimensión de mediática del gobernante, que es lo mismo que apostar por una imagen mate. Por último, fruto de una mentalidad analítica, las dudas contornean a las certezas, lo que le lleva a no tomar riesgos.

Un lustro más tarde, la región sigue sin reformar el sector público, las listas de espera crecen en la sanidad, nuestros bachilleres no aprueban el “first”, y la concertación social mantiene el decorado de cartón piedra.

Javier Fernández renuncia al liderazgo en el partido cuando ya hay un grupo, los “sanchistas”, dispuestos a tomar el poder con el apoyo de las bases del PSOE. Se avecinan dos años de convivencia complicada.

Está por ver que los nuevos amos del partido aplaudan los acuerdos presupuestarios de Javier Fernández con el PP, porque esa política puede ser beneficiosa para Asturias pero es contraria a los intereses de Pedro Sánchez. A lo mejor, espoleados por Podemos e IU, apuestan por una alianza tripartita de izquierdas, como la que gobierna en el Ayuntamiento de Oviedo. Una traslación difícil de realizar porque Javier Fernández no es Wenceslao López.

Si el año que viene el Principado prorroga los presupuestos es que funciona el doble veto: Javier Fernández rechaza a Podemos y los “sanchistas” al PP. Ambos podrán decir que no es no.

Por encima de los avatares de la coyuntura, dejar un partido profundamente dividido cuando se dedicaron las mejores energías a unirlo debe dejarle a Javier Fernández un poso de tristeza. Convertir el éxito de 16 años de trabajo en papel mojado por la dichosa abstención ante la investidura de Rajoy es un tanto injusto.

Esta reflexión se la hacía el otro día a un alto dirigente socialista y me interrumpió para decirme que la política imita a la vida y que lo que le ocurre al PSOE, le pasa a las empresas, a los sindicatos, a las organizaciones culturales o deportivas. Cierto: por eso el Sporting milita en Segunda.

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VÍA LIBRE PARA EL “SANCHISMO”
Juan Neira 27-05-2017 | 11:57 | 1

Javier Fernández ha querido acabar con las especulaciones declarando que no va a competir por la Secretaría General de la FSA en el congreso regional. Desde que se cerraron las urnas el pasado domingo alzándose Pedro Sánchez como triunfador de las primarias, el entorno del presidente del Principado le presionaba para que se presentara a la reelección. El cálculo que hacían no era muy alentador: “con Javier no es seguro que ganemos, pero sin él vamos a una derrota cierta”. Por su parte, los “sanchistas” dejaban caer que Fernández no se presentaría, porque había perdido frente a Sánchez. Una suma de opiniones interesadas.

Como era de prever, Javier Fernández declaró que su decisión no tenía nada que ver con el resultado de las primarias, que ya la había tomado previamente, y que deja a la organización a disposición de la nueva dirección que tendrá que afrontar la división interna. Es muy probable que dada su edad y a dos años de dejar la política (en 2015 manifestó que no volvería a votar como candidato en otras elecciones autonómicas), considerara que no tenía sentido iniciar otro mandato al frente de la FSA. Ahora bien, cualquier manifestación realizada a tan solo los cinco días de la consulta a la militancia está influida por el resultado de las urnas. Javier Fernández no se siente con ánimos para repetir los desencuentros con Pedro Sánchez (la última perla de Sánchez es la petición de reforma de la Constitución para reconocer el carácter plurinacional del Estado) ni para enfrentarse al conjunto abigarrado de “sanchistas” que son mayoritarios en el socialismo asturiano a partir de una heterogénea alianza en la que se dan la mano los genuinos “sanchistas”, el Soma, los despechados colaboradores de Javier Fernández en el Principado, los socios institucionales de Podemos, y el sindicalismo del “no”. El fracaso de la comisión gestora, y como tal hay que calificar una gestión que no logró ni apaciguar el partido ni librarlo del discurso populista que lo aleja de la senda socialdemócrata, deja sin fuerzas a Javier Fernández para dar una batalla en la que le tratarían de cobrar cuentas atrasadas. Desde su perspectiva de presidente, también es prudente su desistimiento a repetir mandato.

Los “sanchistas” tienen el campo despejado. En sus manos está hacerse cargo del partido. El problema está en que tras la victoria interna les queda la ardua tarea de convencer al 97% de votantes socialistas que no participó en las primarias.

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