El Comercio
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EL PSOE SE ASOMA AL ABISMO
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Juan Neira | 07-05-2017 | 15:44

Aunque la aprobación de los Presupuestos del Estado esté todavía pendiente del voto de un diputado canario (Quevedo) y Podemos haya convocado una movilización para el día 20, como pórtico al debate sobre la moción de censura a Rajoy, la actualidad política española está centrada en las elecciones primarias del PSOE.
Salvo que surja una sorpresa mayúscula, las primarias socialistas son el gran acontecimiento político del año, del que depende el futuro de la presente legislatura, la respuesta que se le dé al desafío independentista, la posibilidad de acuerdo entre las fuerzas políticas, el rumbo de la izquierda y la suerte del Partido Socialista, una organización con 138 años de existencia.
Nunca los afiliados de un solo partido tuvieron tanta responsabilidad en sus manos, con el resto de españoles sentados en la grada como espectadores.
LA OPA DE SÁNCHEZ
Como el 74% de los afiliados ha decidido apoyar a uno de los tres candidatos, casi no queda pescado que vender. Pedro Sánchez así lo ha entendido y ha tomado como objetivo de referencia a los militantes que han avalado la candidatura de Patxi López.
Primero hizo la oferta al dirigente vasco para unir sus fuerzas en una sola candidatura –no hace falta señalar que estaría encabezada por Sánchez-, y al sentirse rechazado, dirigió la propuesta a los seguidores de López (“a los que habéis avalado a otra candidatura”).
Pedro Sánchez no ha cambiado una coma de su discurso: la clave que separa a los socialistas buenos de los malos es la abstención o el voto negativo a Rajoy. Esta semana ha explicado con claridad que hay dos opciones estratégicas: “se trata de liderar la izquierda o unirnos a la derecha hasta nuestra desaparición”.
Dejando a un lado que ningún dirigente en el PSOE planteó una alianza estratégica con el PP para el medio y largo plazo, es interesante contemplar cómo analiza Sánchez el futuro del socialismo español. O gira hacia la izquierda o desaparece.
FRANCIA
En Francia había un socialismo de “derechas”, representado por Manuel Valls, y otro de “izquierdas”, identificado con Hamon. Tras ganar las primarias Hamon, con cerca del 60% de los votos, fue con un programa izquierdista a las elecciones presidenciales, defendiendo una renta universal, de 750 euros, para todos los mayores de 18 años, la ruptura con los postulados de Maastricht, etcétera. Obtuvo el 6% de los votos. Un resultado que deja a los socialistas franceses ubicados en la marginalidad.
La diferencia entre el 60% de los votos en las primarias y el 6% en las presidenciales se debe al hecho de que en las primarias votaron dos millones de afiliados y simpatizantes del Partido Socialista, mientras que en las presidenciales votó el 79% de los franceses.
A una escala más reducida, vimos el batacazo que se acaba de dar Jeremy Corbyn, el “Pablo Iglesias” británico, en las elecciones locales parciales de Inglaterra, Gales y Escocia. Para las próximas elecciones generales se espera una derrota laborista de dimensiones históricas. Y eso que no hay ningún líder socialista en Europa que esté más a la izquierda que Corbyn.
La situación del PSOE dista mucho de poder resolverse con el recetario simplista de Pedro Sánchez. Si todo el socialismo europeo ha experimentado un constante retroceso en los procesos electorales desde el año 2005, la actual posición del PSOE es particularmente delicada.
El PP ha ganado las tres últimas elecciones generales y el PSOE ha quedado a una distancia suficientemente considerable que le impide tejer alianzas de gobierno.
Por cierto, ahora dice Sánchez que la negociación de los presupuestos demuestra que la abstención en la investidura fue inútil: se podía haber votado “no” y Rajoy saldría investido. No repara el preclaro Sánchez, que siguiendo su razonamiento, no tenía ningún sentido tratar de negociar una alternativa de izquierdas, como él propugnaba, ya que se estrellaría contra el muro de la mayoría. A ver si aprendemos a echar las cuentas.
Junto a la ventaja que tiene el PP, por la derecha, al socialismo español le ha salido un duro competidor, por la izquierda, nacido de la indignación ante el desempleo y la impotencia ante la crisis económica, que fue amamantado por la derecha política y empresarial, y ahora, ya crecido, camina por su propia cuenta.
Para complicar la situación, el PSOE está profundamente dividido, y el propio discurso de Sánchez tiene más el aire de una vendetta (en términos humanos es entendible) que de otra cosa.
Si el PSOE gira fuertemente hacia la izquierda y al entendimiento con los nacionalistas catalanes (dar a Cataluña el estatus de nación no tiene otro objetivo) quedará atrapado en una dinámica que le resultará ingobernable, como imposible le es ahora a IU distanciarse de Podemos.
No hay recetas seguras para hacer política desde las coordenadas en que está el PSOE, pero sí hay dos puntos fijos que no se deben cambiar. La identidad del partido, que es la sustancia de la “marca PSOE”, es innegociable, y la unidad, como bien señala Patxi López, es condición indispensable.
Los dos fracasos en las urnas de Pedro Sánchez, unido a las dos derrotas con candidatos apadrinados por él (elecciones gallegas y vascas), deberían hacerle recapacitar.

Sobre el autor Juan Neira

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