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Fecha: mayo 21, 2017
LA OTAN Y LAS PRIMARIAS
Juan Neira 21-05-2017 | 11:40 | 0

Desde la recuperación de la democracia el PSOE pasó por situaciones delicadas que logró superar. La primera de ellas fue de carácter orgánico, cuando en mayo de 1979 los delegados del XXVIII Congreso rechazaron el abandono del marxismo, como seña ideológica.

Felipe González dimitió y quedó al frente del partido una gestora (hubo épocas en que los secretarios generales dimitían, sin alharacas, cuando quedaban en minoría). En un posterior congreso, de carácter extraordinario, se aceptó la renuncia al marxismo y el dirigente sevillano retornó a la Secretaría General.

La reforma de las pensiones, en 1985, (la base de cálculo se ampliaba de los dos años a los ocho) abrió la guerra entre la UGT y el PSOE, con duros ataques de Nicolás Redondo a Felipe González.

Dos años más tarde, Redondo y Saracíbar, los dos máximos dirigentes de la central sindical socialista, dejaron su escaño en el Congreso de los Diputados por desacuerdo con el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. El 14 de diciembre de 1988, UGT convocó con CCOO una huelga general de 24 horas que paralizó toda España, dejando “en negro” las pantallas de televisión.

Entre las situaciones difíciles también cabe citar la debacle electoral del 12 de marzo de 2000, que llevó a Joaquín Almunia, máximo dirigente del PSOE, a presentar su dimisión en la noche electoral (hubo épocas en que los secretarios generales dimitían inmediatamente cuando fracasaban como candidatos electorales).

Se podría ampliar la relación de coyunturas delicadas. No obstante, quiero referirme a dos que sobresalen del resto porque tuvieron la particularidad de poner juego el poder dentro del PSOE y también la identidad del partido.

REFERÉNDUM

El referéndum de la OTAN fue una de ellas. Cuando el presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, planteó la adhesión de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en 1981, la izquierda española saltó como un resorte y acuñó el slogan: “OTAN, no; bases, fuera” (con el paso del tiempo la izquierda iría a peor: “no es no”). Recuerdo un mitin unitario en la ciudad universitaria de Madrid, en que Felipe González fue presentado como “el hombre que nos sacará de la OTAN”.

Cinco años más tarde España entró en la Comunidad Económica Europea; el primer mandato de Felipe González expiraba y convocó un referéndum sobre la OTAN para cumplir su promesa, pero en vez de apoyar la salida, pidió el voto para la permanencia.

Ahora que se habla tanto de militantes de base no recuerdo a ninguno en aquella época que estuviera a favor de seguir en la OTAN. Si hubiera ganado la opción de salir del Tratado hubiera sido un desastre para España, ya que los aliados no hubieran admitido que un país accediera por una puerta al mercado común, y a los tres meses saliera por otra para no participar en la defensa colectiva.

España hubiera pagado un precio muy alto por jugar la extravagante carta de la neutralidad. Y el PSOE habría sufrido una crisis interna con la desaparición de su líder y el auge de los demagogos que tratarían de llevar a España al grupo de los países no alineados. Estaríamos hablando de otro partido.

Hay cosas que tiene que valorar un dirigente, con un mayor nivel de información y reflexión, aunque se le escape a los afiliados del partido. Felipe González tuvo la inmensa suerte de que el referéndum estaba abierto a todos los españoles, no sólo a los miembros del PSOE, y pudo ganar el “sí” a la OTAN con el 52,5% de los sufragios, pese a la falta de sentido de Estado de Fraga Iribarne que pidió a los españoles que se abstuvieran ante las urnas.

A Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias les salvó su tierna edad de participar en aquella consulta. Nadie podrá afirmar que formaron parte del frente del no.

LAS BASES

La otra coyuntura en que se juega el poder en el partido y la identidad del PSOE, son las primarias que se celebran hoy. Una diferencia permanente que hay en los discursos de Susana Díaz y Pedro Sánchez, es que la primera reivindica el patrimonio político de los gobiernos socialistas, mientras Pedro Sánchez habla de romper con un partido de notables. Para guarecerse de las críticas, Pedro Sánchez dice que Felipe González haría lo mismo que él si fuera 35 años más joven. Bueno, hace 31 años, González pidió el voto afirmativo para la OTAN, pese al sentir de la militancia.

No es un problema de edad, es una cuestión de tener sentido de Estado, mirar para los intereses generales y rechazar la tentación de hacer girar la política del partido y del país en función del currículo personal.

38 años después de abandonar la ideología marxista, la arrumbada doctrina se pone de moda en el PSOE siguiendo la escuela de Groucho: “estos son mis principios; si no te gustan tengo otros”.

Quizás el drama para el PSOE es que sus militantes se han cansado. Desde el inicio de la transición siguieron a sus dirigentes que hacían una política para una mayoría del país, no para una parte. La crisis económica y los cantos de sirena de los demagogos les han hecho creer que ya es hora de hacer política para un sector y olvidarse del resto.

Tras 40 años de venerar la figura de Indalecio Prieto, las bases del PSOE están listas para vivir la arrebatada aventura de dejarse conducir por un sucedáneo de Largo Caballero.

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