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PODEMOS GASTA EL CARTUCHO
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Juan Neira | 15-06-2017 | 21:40

El interés de la segunda jornada del debate sobre la moción de censura estaba en los duelos dialécticos de Pablo Iglesias con Albert Rivera y José Luis Ábalos, el nuevo portavoz socialista.

Rivera e Iglesias protagonizan el cambio generacional en la política española. Cuando eran amateur congeniaban, una vez convertidos en profesionales se repelen. El político catalán habló de «moción de autocensura», señaló que a Iglesias no le interesa que progrese España, dijo que al candidato le gustan las empresas monopolistas (públicas) y le preguntó si expropiaría a Mercadona, entre las risas de la concurrencia. También se burló de la propuesta del candidato de acabar con el secreto bancario, diciendo que en España no hay secreto bancario. La parte más dura de la intervención correspondió a la controversia entre España como nación o como nodriza de futuras naciones, previo sucesivos referéndum en las actuales comunidades autónomas; definió el papel del candidato, como «Demoliciones Iglesias». Terminó con una frase rotunda, «le tengo menos miedo a su ideología que a su incompetencia».

La respuesta de Iglesias fue desconcertante, al explayarse sobre el nivel cultural de Rivera, criticando que cite a Camus, Dickens o Savater, «sin haberlos leído». Le amonestó: «no presuma de lo que carece, no hace falta ser un intelectual para estar en política, lo suyo era vender productos bancarios». En la víspera, Rajoy había citado a Quevedo, e Iglesias dijo que se veía «obligado a improvisar dos citas sobre Quevedo», y se puso a leer, «no he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo». La misma estrofa que en labios del ex consejero de Fomento, José Tielve, rompió al PP asturiano en 1998. Pues bien, el político más sabio del hemiciclo no fue capaz de recitar los tres versos de memoria. Menos mal que los teléfonos inteligentes tapan la ignorancia de los cultos oficiales.

Muy distinto fue el debate entre José Luis Ábalos y Pablo Iglesias. El nuevo portavoz socialista no nació para ese cargo. En su debut dijo dos veces que había militado en la Juventud Comunista y en el PCE. Marcó distancias con Podemos y con el PP. Y dejó una frase antológica, «abstenerse no es tan grave». Por abstenerse se dividió en dos bandos el PSOE. Pablo Iglesias lo trató con guante blanco y quedaron, de una manera informal, en hablar después del verano. Al votar, sólo el 24% de los diputados apoyó a Iglesias para ser presidente.

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