El Comercio
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Fecha: agosto 7, 2017
LA CAMPERONA, TODOS CON UNO
Juan Neira 07-08-2017 | 11:04 | 0

La Camperona, fiesta socialista en el corazón de la cuenca minera del Nalón. Tres oradores para amenizar el acto: Enrique Fernández, alcalde de San Martín del Rey Aurelio, María Luisa Carcedo, senadora y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, y Andrés Perelló, secretario de Justicia en la Comisión Ejecutiva Federal socialista. Los tres son fieles seguidores de Pedro Sánchez. No es un acto con voluntad pluralista, pero nadie se puede llamar a engaño porque La Camperona siempre fue un reducto del SOMA.

Cuarenta y ocho horas antes se había conocido el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que daba una subida de cinco puntos al PSOE, acortando drásticamente la distancia que le separaba del PP. La mejor noticia del verano para los ‘sanchistas’, tras haber perdido todas las elecciones primarias en las comunidades autónomas gobernadas por los barones socialistas. Había razones fundadas para la alegría y la satisfacción. Como ocurre, hoy día, en la mayoría de los mítines las intervenciones fueron un conjunto de palabras vacías, más pronunciadas para crear un estado de ánimo que para adentrarse en el análisis político. Se habló de un «proyecto ilusionante y de cambio». Todo muy nuevo. Las primarias que tendrán lugar el próximo mes de septiembre, se presentaron como «un revulsivo para el partido».

A La Camperona se acercaron Adrián Barbón, candidato ‘sanchista’, y José María Pérez, candidato del hasta ahora sector oficial de la FSA. La concurrencia entendió perfectamente que el proyecto ilusionante y de cambio era el que representaba Barbón. No hace falta añadir que las primarias serán un revulsivo si las gana el alcalde de Laviana, porque si triunfa Pérez será una desgracia para los parroquianos de La Camperona. En la actualidad –y no sé por cuanto tiempo– no existe un discurso válido para todo el PSOE asturiano. Hay dos sectores, cada uno con sus dirigentes, de modo que los líderes hablan en nombre de un 40% o 60% de la organización, como mucho. Las posiciones están muy enconadas y la animadversión (prefiero no hablar de odio) es profunda. El electorado socialista puede hacer abstracción de la división y votar a los candidatos que se presenten, con independencia de la etiqueta política (‘sanchistas’ o ‘javieristas’), pero los militantes lo viven de otra manera, ya que hay dos bandos muy enfrentados. El sentido común dice que sobre esa base es imposible levantar un proyecto ilusionante.

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