El Comercio
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Fecha: agosto 13, 2017
LAS DESDICHAS DE LA IZQUIERDA
Juan Neira 13-08-2017 | 5:35 | 0

En el verano, el fútbol y la política transmiten sensaciones, no toca mostrar resultados. El estío sirve de pista para saber por dónde irán las cosas cuando empiece la competición, bien sea la Liga o el curso político. Cuando llegamos a la canícula, el protagonismo corresponde este año a la izquierda. En el PSOE todas las declaraciones y actos constituyen un aperitivo para el ceremonial de las primarias, mientras en IU se ha montado un lío en torno a Gaspar Llamazares que ha servido  para que Alberto Garzón cargue contra el dirigente asturiano.

El protagonismo de la izquierda significa, en este caso, problemas en la izquierda. Las elecciones primarias están planteadas en clave de fuerte antagonismo, no ya entre los candidatos, sino entre sus simpatizantes y seguidores. Parece la pugna entre dos partidos distintos. Las elecciones dentro de una misma formación política tienen un carácter constructivo y positivo cuando propician la integración. No hay atisbo de ella en la organización asturiana. Todos los movimientos previos y las declaraciones de los candidatos tienen el aroma de un ajuste de cuentas. El bando que pierda en las urnas quedará desvinculado. Será muy difícil ganar unas elecciones autonómicas con el 40% del partido en casa.

LIDERAZGO

Una dificultad añadida está en la actitud de los candidatos. Fruto de ese ambiente de radical enfrentamiento no muestran perfil de líderes. El código gestual de José María Pérez, su forma de posar en fotos colectivas, la manera de llegar a algún acto es la propia de un político que no se cree que dentro de un mes será secretario general de la FSA. Puede que el recuento de los avales haya sido para él la confirmación definitiva de que quedará en segundo lugar. Quizás su inteligencia no necesitase de la carga de la prueba para saber lo que va a suceder.

Adrián Barbón ha renunciado a dar la apariencia de líder por la vía de confesarse como un señor que está ahí para hacer un encargo que le mandan. Los militantes le ordenan y él obedece. No da un paso sin rodearse de “sanchistas”. El pasado viernes, en su visita a la Feria de Muestras, no pronunció una frase que no hiciese mención a la militancia. Cuando quiso concretar en qué se encarna el cambio que preconiza, puso como ejemplo que quiere una comisión ejecutiva de la FSA cuyos integrantes tengan claro que nunca deben abstenerse ante la investidura de Rajoy. Esa es la profundidad estratégica del candidato “sanchista”.

Lo peor de todo es que Adrián Barbón acierta. Nadie quiere que él actúe como un líder, porque en caso de ganar, en la Federación Socialista Asturiana mandarán Adriana Lastra, María Luisa Carcedo y el Soma. De ahí le llegarán las órdenes que acatará como si dimanasen de la militancia. Con esos mimbres desplegarán un programa de gobierno calcado de los años ochenta del pasado siglo, la época dorada del Soma. Un día habrá que hablar de ello.

LÍO

IU no necesita celebrar primarias para moverse en contradicciones internas. La doble militancia de Gaspar Llamazares, como dirigente, simultáneamente, de IU y del nuevo partido, “Actúa”, ha movilizado a parte de la organización contra él, incluido el máximo dirigente, Alberto Garzón.

Las cuitas de Llamazares son anecdóticas, lo que importa es el fondo de la cuestión. Garzón quiere convertir a IU en un apéndice de Podemos. De eso trata la famosa confluencia. Los dos partidos tienen una mala relación en Asturias. El invento de Unidos Podemos dejó en las urnas un resultado desastroso. Pablo Iglesias encargó a Carolina Bescansa que hiciera una encuesta para conocer las razones del fracaso. Es la primera vez que ante un mal resultado electoral, un partido evita el análisis político recurriendo a los oficios de un sociólogo. Nunca más se supo del trabajo de Bescansa.

OCURRENCIA

En Podemos nadie alzó la voz para decir que la propuesta de la dirección era una estafa. Ningún dirigente de Podemos habló de hacer autocrítica, esa exigencia queda para otras formaciones. Cuando la dirección de un partido se compone de profesores universitarios y animadores de calle, la política escapa por la ventana.

La izquierda radical vive en el reino de la ocurrencia. La última propuesta de Podemos consiste en urgir a Pedro Sánchez para que presente una moción de censura. Después del varapalo recibido por Pablo Iglesias cuando se quiso promocionar para presidente de gobierno, aún les quedan ganas de realizar un segundo intento.

La izquierda asturiana y la española no atraviesan situaciones diferentes. Los partidos de izquierda, PSOE, Podemos e IU, han iniciado una competición a ver quién es capaz de ponerse más a la izquierda de los tres. Han empezado a correr al grito de, “Rajoy, el último”. El “sanchismo”, los “podemitas” y el “garzonismo” esprintan con todas sus fuerzas. Al compartir el mismo espacio van a darse muchos pisotones. Lo primero cambiar la Constitución y, luego, hacer una intensa política asistencial, para que la sociedad se divida en dos clases: los que trabajan y pagan impuestos, y los que viven establemente a costa del primer grupo.

En Asturias va a quedar desierto el centro, ese espacio imaginario donde habitan el sentido común y las clases medias. Un motivo de reflexión para el PP, Foro y Ciudadanos.

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