El Comercio
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Fecha: agosto 20, 2017
RECETAS CONTRA EL TERROR
Juan Neira 20-08-2017 | 7:34 | 0

El pasado domingo escribí en estas líneas sobre las desdichas de la izquierda y hoy me disponía, con gusto, a hablarles sobre los problemas de la derecha, pero el pasado jueves un grupo de jóvenes fanatizados, hasta el punto de prescindir de sus vidas, cometió la mayor matanza de los últimos 13 años en España, y todo palidece a su lado.

Hablar de otra cosa resulta superfluo, puede entenderse como un acto frívolo o como una elección incorrecta ¿Qué son las desdichas de la izquierda y los problemas de la derecha al lado de catorce vidas segadas por unos indocumentados que en nombre del Corán están dispuestos a matar a cualquier persona que esté a su alcance, con independencia de edad, sexo, religión, ideología, oficio, renta, aficiones y modo de vida?

¿Qué se puede decir de los asesinatos de las Ramblas de Barcelona y el paseo marítimo de Cambrils, cuando llevamos tres días oyendo todo tipo de lamentos y reflexiones?

RETORNO

Empecemos por lo más elemental: vuelve el terrorismo a España. Con la importantísima excepción de los atentados de Atocha del 11-M de 2004, pensar en el terrorismo desde cualquier ciudad de España es recordar a ETA.

El 20 de octubre de 2011, unos encapuchados anunciaron el fin de “la actividad armada”. Atrás quedaban 43 años de derramamiento de sangre. Ya pasaron casi seis años desde entonces y con la perspectiva que da el tiempo transcurrido podemos preguntarnos qué objetivos alcanzó ETA con su larga serie de más de ochocientos asesinatos. La respuesta es ninguno.

Si los cientos de vascos que tomaron las armas y se convirtieron en profesionales del tiro en la nuca se hubieran dedicado a otra cosa, ahora el País Vasco sería exactamente igual a como es. El nacionalismo pacífico hubiera logrado un régimen estatutario. Con el cupo adosado, por supuesto. El resto tiene poca importancia, hazañas deportivas incluidas.

Vista la radical inutilidad del terrorismo etarra, encaremos el terror yihadista dándole la consideración de problema nacional –también internacional, claro está- porque lo es. Siempre que se da carta de naturaleza a un problema es obligado preguntar por la solución.

Quiero hacer un breve paréntesis para decir que desde muy joven siempre me pareció que los problemas colectivos se encaran de maneras disparatadas. Verbigracia: la suelta de octavillas subversivas, en los años sesenta y setenta, no creo que haya acortado la duración del franquismo. Sin embargo, la presencia diaria de Xirinacs ante las puertas de la cárcel Modelo de Barcelona si fue eficaz para la aprobación de la amnistía de 1977.

Volvamos a la consideración sobre el problema del yihadismo. Para solucionarlo hay que detectar las especificidades de ese modelo de terrorismo en España. Veamos dos características.

ENCLAVES

En España la violencia, el odio, y la creación de las células yihadistas no tiene que ver con los problemas de identidad de los inmigrantes. Eso ocurre en Francia, Inglaterra, Alemania o Bélgica, porque llevan varias generaciones viviendo en los cinturones industriales de las ciudades de esos países y tienen un choque de identidades, entre la personalidad del país de nacimiento y la vivencia musulmana, en su versión más radical. Aquí no hay los guetos del espacio periurbano parisiense. Llegaron hace muy pocos años a España. No hay que perder el tiempo teorizando sobre el bucle melancólico de los jóvenes inmigrantes.

Segunda característica. La actividad yihadista está concentrada en zonas geográficas muy reducidas: las dos ciudades autónomas del Norte de África, y las áreas de Barcelona y Madrid. El 80% de los terroristas detenidos en los últimos tres años residían en esos lugares.

Al igual que la lucha contra ETA no se desarrollaba de la misma manera en Andújar que en Mondragón, la persecución de los yihadistas debe concentrarse donde producen terror.

FANTASMA   

El fantasma de la política social. Quizás sea por la influencia de los sociólogos -de profesión o de vocación-, el hecho de que se apele continuamente a la política social como lenitivo contra el terrorismo. Hay algunos que la anteponen a la acción de la Policía. Creo que los subsidios no integran a los inmigrantes ni les permiten tener un papel activo en la sociedad.

La única política social activa es el empleo. Si los jóvenes inmigrantes trabajan se sentirán integrados, y si no lo hacen tendrán todo el día para pensar en maldades, como hacen los católicos, protestantes y agnósticos. En todos los casos citados la autoestima estará por los suelos.

Hay que evitar las simplezas: expulsar a los musulmanes de España. El mercado de trabajo los necesita. Dentro de diez o quince años habría que ir a buscarlos pagándoles el viaje.

La trampa del complejo de culpa. No somos los creadores del terrorismo yihadista. No tenemos que avergonzarnos de ser un país próspero ni somos responsables del caos de las dictaduras teocráticas. El medievalismo en la que está sumergida parte de la sociedad africana y asiática no es culpa nuestra. Tenemos el derecho y la obligación de actuar en defensa de nuestro sistema de convivencia.

Por último. Es un problema importado. Para solucionarlo hay que viajar a los sitios donde se fabrica en serie. A veces, sólo le escuchan a uno cuando se enfada.

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