El Comercio
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LA GAMBERRADA CATALANA
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Juan Neira | 29-08-2017 | 22:34

Los tres partidos independentistas que tienen mayoría en el “Parlament” -Esquerra, la CUP y el PDeCAT (el nuevo nombre que recibe el viejo partido de Jordi Pujol, Artur Mas, Lluís Prenafeta, Maciá Alavedra y Félix Millet)- han presentado en la Cámara la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República. Es la principal norma del grupo de leyes que tienen como denominador común realizar la desconexión de Cataluña con el sistema jurídico y político español. Los promotores del invento la denominan “ley suprema” porque la sitúan por encima del “Estatut” y de las normas españoles; la Constitución de 1978 carecerá de valor ante la Ley de Transitoriedad. El núcleo duro del “procés”, formado por ERC y la CUP, han vencido las resistencias del PDeCAT para aprobar la ley suprema antes de que se celebre el referéndum. Tienen un mes para hacerlo, aunque se ignora cómo será la tramitación.

En el articulado de la ley no se dice nada de las fronteras que tendrá la nueva República ni de la cuestión de los pasaportes. Contempla la doble nacionalidad (española y catalana) y da por supuesto que será miembro de la UE desde el momento en que se constituya como Estado. Sobre la deuda de Cataluña no aporta detalles. Deben más de 75.000 millones y atienden el vencimiento de los pagos gracias a las transferencias que realiza Cristóbal Montoro. ¿Todo lo que deben reembolsar después del 1º de octubre, en caso de que les vaya bien en el referéndum y entre en vigor la ley suprema,  también se lo va a cubrir el Ministerio de Hacienda de España? ¿Piensan los dirigentes de la naciente República que todos los vecinos son lerdos? ¿La nueva República va a estar conectada al Reino España para cobrar y desconectada para pagar? Viendo el engendro pergeñado por Puigdemont, Junqueras y la CUP empiezo a entender el culebrón de Neymar.

Los presidentes de gobierno, ministros, consejeros o diputados están en un lugar preeminente en el que los ciudadanos los han colocado a través de los votos. Las instituciones transmiten un halo de respetabilidad a los personajes que las representan por formar parte de ellas. La experiencia nos enseña que ese manto protector es, con frecuencia, inmerecido. Un ejemplo lo tenemos en la falta de sentido común (el famoso “seny”), cordura y raciocinio de la que hacen gala los gerifaltes de Cataluña. La desconexión, ese intento de fundir los plomos de España, es una gamberrada que generará la obligación de pagar los desperfectos.

 

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