El Comercio
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Fecha: septiembre 3, 2017
VISIÓN INQUIETANTE DEL “CASO RENEDO”
Juan Neira 03-09-2017 | 5:41 | 0

Quiero comentar el “caso Renedo” desde una perspectiva que no es necesariamente política, aunque sí marcadamente incorrecta. Una mezcla de sensaciones y reflexiones que suscitan los personajes implicados, las Administraciones donde trabajaban, las intervenciones de los políticos que quedaron fuera del sumario y los empresarios que pasaron de la púrpura del premio a la oscuridad del calabozo.

Empecemos con un secreto a voces: los medios que tiene la Justicia no permiten hacer justicia. Si la sentencia más esperada de la historia judicial asturiana tiene que llegar por capítulos porque el sistema informático no puede transportar mil folios por los vericuetos de la Audiencia Provincial es que el siglo XXI todavía no llegó al reino de las togas.

GRUPO HUMANO

Vayamos con otras consideraciones más desasosegantes que distinguen al “caso Renedo” de la retahíla de historias de corrupción que pueblan el mapa autonómico español. Llama poderosamente la atención que las abultadas penas de cárcel cayeran sobre un grupo humano tan heterogéneo. ¿Cómo iban a formar juntos una trama si no hay dos tipos semejantes?

La figura principal es José Luis Iglesias Riopedre, un hombre liviano, con sus camisas de manga corta y zapatos sin calcetines. Un funcionario jubilado que cobra la pensión máxima pero tiene que alquilar las habitaciones del único piso de su propiedad, sito en Oviedo, para poder vivir.

Tras investigar sus andanzas, el inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía declaró que “no recibió ni un euro ilícito, pero como preocupado padre de un hijo que no le iban bien las cosas, se aprovechaba para que las empresas dieran trabajo a su hijo”.

La Audiencia Provincial lo declaró autor de cuatro delitos (prevaricación, fraude, cohecho y falsedad en documento mercantil). Seguro que los jueces tienen razón. Pero más allá del Código Penal está la catadura moral. No tiene nada que ver el consejero de un gobierno que roba para comprar un dúplex de 500 metros cuadrados que saltarse las normas para que trabaje un hijo que tiene serios problemas de salud y otro tipo de problemas. No disculpo a Riopedre, en absoluto, pero creo que no encaja en la tipología del político corrupto que nos muestran los telediarios.

La figura de Riopedre es incómoda. No es Matas, ni “El Bigotes” ni Prenafeta ni Undargarin ni Pujol padre ni Pujol hijo ni, siquiera, Villa.

María Jesús Otero, principal colaboradora suya en la Consejería de Educación es la negación del refrán: la cara es espejo del alma. La primera vez que vi a esta señora pensé que era una misionera seglar o algo por el estilo. Quiero decir que me parecía una persona vocacionalmente pobre. Cuando transcendieron los contenidos de las cintas grabadas por la Policía y conocimos aquellos diálogos sobre coches de lujo, su espléndido chalet en Llanes, etcétera, quedé desconcertado.

Como tenemos una amiga común, sé que es extraordinariamente inteligente, goza de una memoria privilegiada, destila realismo y habla del “caso Renedo” sin dramatismo.

Para la clase política, la figura de Otero es difícil de tratar. El ejemplo estuvo en la comisión parlamentaria de investigación, cuando al ir a declarar tuvo la mala suerte de que se deslizara el sillón con ruedas para caer a la larga en el parqué flotante. Todos se pusieron de pie sin saber qué hacer. Otero se levantó por sus propios medios para guardar silencio ante las preguntas.

De la peripecia de Marta Renedo, incluyendo repentino arrepentimiento, sólo veo un problema de conducta que ya habrá quedado superado.

Los dos empresarios son diferentes: uno deportivo, el otro elegante; uno de Gijón, el otro de Oviedo; uno de izquierdas y el otro de derechas. Sólo coinciden en que sus empresas quebraron a la vez. Y ahora llega el turno para las preguntas.

PREGUNTAS

¿Alguien puede creer que estas cinco personas formaban la más peligrosa trama corrupta de la política asturiana que desarticuló la magistrada Ana López Pandiella? ¿No los hay más listos, más malos, con mayor afán de lucro en toda la Administración asturiana? ¿Por qué la corrupción se circunscribe a la Consejería de Educación? ¿No se facturaban sillas, mesas, ordenadores, armarios, etcétera, para otros departamentos del Gobierno? ¿No vendían las empresas susodichas a otras administraciones? ¿Todos los corruptos estaban en la Consejería de Educación y ninguno en los grandes ayuntamientos, en la Universidad de Oviedo, en la Sanidad, etcétera? ¿Todas las compras de material se hacían a través de impolutas mesas de contratación, excepto las que versaban sobre contenido escolar? ¿Si María Jesús Otero se hubiera dedicado a dar clase, toda la Administración autonómica tendría el alma blanca para ir a comulgar por las mañanas? ¿Con lo sumamente fácil que era saltarse los controles de interventores y altos funcionarios, no hubo ningún otro pillo que se lucrara a costa del presupuesto del Principado? ¿No hay en las famosas cintas grabadas por la Policía Judicial algunos diálogos que orientan el olfato investigador hacia otros territorios? ¿No hay algún político que se permitió hacer críticas desde la oposición, tras conocerse la sentencia, que también formaba parte del “equipo”, en sentido amplio? El que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

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