El Comercio
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LA INDIGNIDAD DEL PARLAMENTO
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Juan Neira | 07-09-2017 | 21:43

El larguísimo pleno del Parlamento catalán que estaba convocado como una sesión de control al Gobierno, y se acabó transformando en el debate y aprobación de la Ley del Referéndum, mostró de manera diáfana el déficit democrático que arrastran las fuerzas independentistas. En medio de la sesión, pidió la palabra una diputada de Juntos Por El Sí para modificar el orden del día y exigir el debate sobre una ley que acababan de registrar en la Cámara. Lo nunca visto. Ese proceder no se le puede llamar tramitación exprés, porque es una alteración de los usos parlamentarios de tal calibre que no tiene precedentes.

La oposición puso el grito en el cielo, pero la presidenta de la Cámara, Carmen Forcadell, demostró hasta qué punto la indignidad se adueñó de las instituciones de autogobierno de Cataluña: no quiso cumplir con el trámite preceptivo de oír la opinión del Consejo de Garantías Estatutarias sobre el proyecto de ley; tiró p’alante cuando comprobó que el secretario general del Parlamento no firmaba la admisión a trámite del proyecto de ley (una firma inexcusablemente obligada para que tenga validez); no dejó presentar enmiendas a la totalidad del proyecto (la primera vez en la historia que se impide a los diputados hacerlo) y dio dos horas (al principio sólo daba una) para presentar enmiendas parciales cuando se acababa de registrar la ley y nadie de la oposición había tenido la posibilidad de leerla. Como la mañana no era suficientemente ajetreada, la señora Forcadell tuvo tiempo para comunicar mediante las redes sociales que recusaba a todos los magistrados del Tribunal Constitucional porque habían perdido la legitimidad al convertirse en correa de transmisión del Gobierno. En la historia parlamentaria española dudo mucho que haya habido un presidente del poder legislativo que hiciera tantas barbaridades en una sola jornada.

La deslegitimación en que han caído los partidos independentistas es total. No es creíble ni seria su forma de proceder. La calidad democrática de las instituciones catalanas se ha depreciado, aunque su valor ya era muy bajo. En el breve debate sobre el proyecto de ley brilló por encima de todos los intervinientes, Inés Arrimadas, una mujer inteligente, valiente y brillante que defendió la opción constitucionalista sin ningún complejo ante los nacionalistas. Al acabar la sesión anunció en rueda de prensa que registrará una moción de censura contra Puigdemont. Con eso no contaba Forcadell.

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