El Comercio
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LA HUIDA HACIA ADELANTE
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Juan Neira | 11-09-2017 | 17:08

La gente se pregunta qué va a pasar. Como Rajoy no enseña sus cartas, más allá de la presentación de querellas y recursos, se ignora cómo va a impedir la celebración del referéndum. De lo que no hay duda es que el primero de octubre los independentistas sacarán las 6.000 urnas del zulo y las colocarán por colegios, institutos, centros de salud, gimnasios, museos, parroquias, palacios de la música o cualquier sitio donde haya una mesa y el dueño del local dé permiso para colocar una urna.

La plasmación del referéndum se hará de una forma ‘sui géneris’, a semejanza de cómo fue la tramitación parlamentaria de su ley: sin ninguna garantía. El resultado de la votación lo decidirá la Generalitat. Los partidos independentistas han degradado las instituciones y las cosas ya están maduras para actuar como Maduro.

¿Cómo pudo ser Cataluña la única región de Europa donde se produjo semejante engendro?

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Para ver con detalle cómo fue el proceso habría que remontarse hasta la Transición, pero con independencia de que hagamos esa excursión otro día, quiero centrarme en lo ocurrido en los últimos años para verificar que la apuesta por la independencia es una operación de las elites políticas, no del pueblo liso y llano que pasea por las Ramblas.

En el año 1999, Fomento, la patronal catalana, puso en circulación el discurso del desigual trato fiscal. En aquel tiempo, el crecimiento económico de Madrid era mayor que el de Cataluña y la patronal dio una respuesta política: los catalanes pagan más y el resto de los españoles se aprovechan de ello. Para dar un barniz de respetabilidad a lo que no pasaba de ser mera propaganda, exigieron la publicación de las balanzas fiscales.

En 2003, con Maragall presidiendo el gobierno tripartito de izquierdas, la Generalitat habló de «fatiga fiscal». Se lanzó la agresiva campaña del «España nos roba».

Todo muy burdo: los catalanes pagan los mismos impuestos que los demás; si en un territorio la recaudación fiscal es mayor que en otro, se debe únicamente a que la riqueza media es mayor. Ejemplo: en Somió se paga más que en La Calzada, aunque un señor que gane 40.000 euros tributa igual en cualquiera de los dos barrios. La transferencia de rentas de los más ricos a los más pobres es una pauta en todas las sociedades civilizadas.

La falsa sensación de agravio hizo que demandaran y consiguieran la consecución de un nuevo Estatuto de Autonomía. Zapatero los animó diciendo que las Cortes ratificarían el texto que aprobara el ‘Parlament’. El ‘Estatut’ contenía artículos dudosamente constitucionales y el PP lo puso en manos del Tribunal Constitucional, de donde salió trasquilado.

Los nacionalistas consideraron intolerable que el TC anulara artículos del ‘Estatut’, aunque ellos recurrieron todas las veces que quisieron para tumbar normas del Estado. En el relato de los independentistas se argumenta que la actuación del Constitucional fue el elemento clave para optar por la independencia.

Datos

Es muy importante retener algunos datos. En el referéndum para aprobar el ‘Estatut’ participaron solamente el 49,4% de los catalanes. De los que se acercaron a las urnas, el 20,7% emitieron un voto negativo y el 5,3% lo hicieron en blanco. En resumen, solo el 36% de los catalanes con derecho a voto apoyaron el ‘Estatut’. Traducción, el texto rupturista era una creación de la clase política que solo respaldaron uno de cada tres catalanes. El nuevo Estatuto de Autonomía solo importaba a las elites políticas.

Hace ahora cinco años, Artur Mas se entrevistó con Rajoy para pedirle que Cataluña se adhiriera al modelo fiscal vasco, con el sistema del cupo. Un privilegio trasnochado que lograron los vascos en la Transición y que no tiene ninguna región europea. Dicho crudamente: el privilegio nunca lo habría concedido Adolfo Suárez de no estar ETA en activo. Había que apuntalar el posibilismo del PNV, como una operación de Estado.

La negativa de Rajoy propició la respuesta fulminante de Artur Mas, dando por finiquitada la vía estatutaria y abriendo la senda hacia la independencia. El giro del partido en el Gobierno de Cataluña corrió en paralelo a un doble fenómeno: su creciente protagonismo judicial, causado por los escándalos de corrupción, y las dificultades para gestionar la Generalitat debido al fuerte endeudamiento. En las últimas elecciones catalanas, de septiembre de 2015, los partidos constitucionalistas tuvieron más votos que los independentistas, aunque al ir agrupados CiU y ERC, lograron más escaños. A partir de ese momento, el paso de los acontecimientos lo marcó la CUP, que vetó a Artur Mas e impuso al Gobierno catalán las opciones más radicales bajo la amenaza de dejarlo caer.

El pueblo catalán dio un apoyo muy bajo al ‘Estatut’, participó minoritariamente en la consulta del 9N, y dio más votos a los constitucionalistas que a los independentistas en los últimos comicios. Todo el problema catalán reside en sus elites políticas, que han iniciado una fuga hacia adelante ante la realidad de una Generalitat asfixiada con las deudas, la persecución judicial de sus figuras históricas, y la negativa del Estado a darle un trato fiscal de privilegio.

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