El Comercio
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PUIGDEMONT, LÍDER OPOSITOR
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Juan Neira | 05-10-2017 | 20:05

Carlos Puigdemont se puso delante de las cámaras de televisión con la voluntad firme de estrenar el rol de líder de la oposición de Su Majestad. En ningún momento recordó que era el presidente de la Generalitat, ni explicitó qué pasos va a dar el “govern” que encabeza ni el “Parlament” que le respalda. Tampoco nombró a Rajoy, salvo para reprocharle a Felipe VI que se había alineado con el presidente del Gobierno. No habló para los catalanes, ya que tras hacerse con el control de la calle, se mueve por su patria chica con la desenvoltura del terrateniente en su finca: cerró el “Parlament” el siete de septiembre y no lo abrió hasta hoy. Los destinatarios de sus palabras eran la opinión pública española y europea. Teme la reacción del pueblo español (cada vez hay más banderas en las ventanas) y necesita el amparo de los gobiernos extranjeros. Su objetivo era contrarrestar el mensaje de retorno a la legalidad y respeto a la Constitución expresado por el Rey.

Si el Jefe del Estado habló sentado, tras su mesa de despacho, Puigdemt lo hizo de pie, con San Jorge a un lado y la piedra desnuda del palacio de fondo dando pátina histórica a sus palabras. En su alocución repitió hasta la saciedad la idea de unidad: hay un solo pueblo, que no tiene ningún conflicto interno. El domingo votaron pacíficamente, la huelga del lunes fue pacífica; no tienen ningún problema con lenguas y culturas. En todo el mundo admiran al pueblo catalán. Según Puigdemont, “el pueblo catalán está unido como una piña”. Ya es mala suerte que teniendo una convivencia colectiva tan armónica, cuando se aprobaron las leyes de referéndum y desconexión, la mitad de los escaños del “Parlament” quedaron vacíos porque la oposición se había marchado ante tantos atropellos e ilegalidades.

En medio de la perorata advirtió que le iba a dirigir unas palabras al Rey, como si no hubiera estado replicándole desde el inicio del discurso. “Así no. Con su decisión usted decepcionó a mucha gente en Cataluña”. Lo que no contó es cuántos miles o millones de catalanes vieron un rayo de esperanza en el discurso del Rey, tras el fracaso del día del referéndum. Al final se refirió a los intentos de mediación. Ofreció paz, diálogo y acuerdo, para recordarnos que aplicará los resultados del referéndum. Dicho sin rodeos, la declaración de independencia. Es como el caco que te roba la cartera dando recuerdos para la familia. Conclusión: qué daño les hizo a los independentistas el discurso del Rey.

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