El Comercio
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LA ‘OTRA’ DIADA
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Juan Neira | 09-10-2017 | 21:55

La otra Cataluña se hizo visible por las calles del centro de Barcelona. Una manifestación masiva, como la celebrada el 11 de septiembre, con la diferencia de que aquella era una marcha de esteladas y la de ayer fue una cita de banderas constitucionales y ‘senyeras’. Una agitaba símbolos no recogidas en las leyes y la otra utilizaba las enseñas de la Constitución española y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. También hubo otra diferencia: los separatistas utilizaron los niños como reclamo, de una forma jamás visto en ningún tipo de manifestación pública, mientras que los constitucionalistas y estatutistas respetaron a los menores. Las dos marchas estaban trufadas de sentimientos, una amparada en el poder, con el apoyo de la Generalitat y de la influyente TV3, y la otra sustentada exclusivamente por los propios manifestantes que cansados de estar despreciados y oprimidos por los independentistas se tiraron a la calle para hacer buena aquella antiquísima letra de Víctor Manuel, ‘ni humillados ni vencidos, ni cobardes ni canallas, será esta tierra de todos los que quieran mejorarla’.

La última huella de la Cataluña plural databa de las elecciones autonómicas de 2015, ganadas por los constitucionalistas (tuvieron más votos que los independentistas) aunque el sistema electoral dio mayoría a estos últimos (los independentistas lograron más escaños). Ayer volvió a hacerse estruendosamente visible en las calles, al agruparse un número de personas tan elevado como el último 11 de septiembre. Basta con decir que la Guardia Urbana, a las órdenes estrictas de Ada Colau, cifró en 350.000 a los congregados. Imagínense cuánta gente fue la que realmente acudió.

Un golpe muy duro para el falso relato de Puigdemont, Junqueras y Forcadell, de una sociedad uniforme, agrupada en torno al mito de la Guerra de Sucesión. Mal que les pese hay una Cataluña constitucional que se sienta tan española como Andalucía, Aragón o Asturias. Unos catalanes que no pueden dejar fuera de las urnas ni de las calles. El paso de la mayoría silenciosa a la mayoría del clamor era una cuestión de tiempo. El movimiento se empezó a gestar en los balcones de las casas y ayer bajó a la aceras, porque, como decía Celaya, ‘ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo’. Tremendo fin de semana para Puigdemont y su cohorte: huyen las empresas y los constitucionalistas toman las calles. Se acerca su Waterloo, si no lo frustra Rajoy.

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