El Comercio
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TREGUA FALSA
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Juan Neira | 12-10-2017 | 16:07

Los españoles nos hemos pasado el día discutiendo sobre la intervención de Carlos Puigdemont en el “Parlament” acerca de la independencia ¿Realizó la declaración unilateral de Independencia o sólo hizo un comentario irrelevante? Las asociaciones de fiscales creen que sí la hizo, consumando el golpe del Estado; sin embargo, Joaquim Bosch (Jueces para la Democracia) es de la opinión opuesta. En el Congreso de los Diputados, Podemos y PNV afirman con rotundidad que tal declaración no salió de los labios del “president”. Atribulado por las dudas releo las palabras de Puigdemont: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república” ¿Asumir equivale a declarar? Se extiende la opinión de que la Generalitat mandó “parar las máquinas”. Esto nos lleva a otra reflexión: ¿qué se entiende por “parar las máquinas”? Lo más curioso es que los portavoces de la Generalitat no niegan la versión de que Puigdemont declaró la independencia, simplemente dicen que dejó abierta la puerta a la negociación. Y si Rajoy toma medidas represivas, “reactivarán la declaración”. Sólo se reactiva algo que ya existe.

Para salir del círculo vicioso, Rajoy le da cinco días al “president” para que explique el sentido de sus palabras, y en el caso de que haya declarado la independencia le da tres días adicionales para retractarse. De no avenirse a razones, el Consejo de Ministros aplicará el artículo 155 de la Constitución, que es una pauta muy elástica que puede llevar desde la supresión del autogobierno de Cataluña hasta centrarse en un asunto concreto, como, por ejemplo, poner otros mandos al frente de los Mossos de d’Esquadra.

Puigemont, aconsejado por Artur Mas, tiene una agenda oculta que pasa por un referéndum pactado. Necesita ganar tiempo. La independencia por las bravas provoca vértigo, por la reacción que provocaría en el Estado y las consecuencias económicas. Por cierto, ayer se quedaron en Cataluña sin rebanadas de pan de molde para el desayuno. La empresa se traslada a Madrid. Tras las movilizaciones callejeras, la tensión entre los gobiernos ha derivado en disputas semánticas. Una falsa sensación de tregua. Los independentistas han ido muy lejos; no van a retirarse ni es posible el acuerdo sobre las posiciones en que se han instalado. El paso del independentismo al nacionalismo reformista va a ser muy costoso. Distinto sería si Rajoy hubiera pinchado el globo hace tres o cuatro años.

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