El Comercio
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Fecha: noviembre 14, 2017
ASTURIAS ESTÁ COMO SIEMPRE
Juan Neira 14-11-2017 | 6:01 | 1

Se celebra el debate sobre el estado de la región empujado por la fuerza de la inercia. Si la rutina no marcara el calendario de la Junta General del Principado no se celebraría la sesión parlamentaria. No recuerdo un consumo tan alto de información política desde los momentos cumbres de la transición, pero todo el interés está volcado en la crisis catalana. La llamamos catalana, aunque la instabilidad nos afecta a todos. Si la política asturiana, particularmente la actividad parlamentaria, es anodina, ahora, con el seísmo catalán a su lado, pasa desapercibida. Las conversaciones sobre el presupuesto carecen de tensión porque en la mente de todos está que no habrá luz verde para el proyecto de cuentas de 2018. En el caso que se registren enmiendas a la totalidad, lo más probable es que el Ejecutivo de Javier Fernández retire el proyecto para evitar la imagen de soledad en la Cámara. Para el Gobierno socialista era necesario aprobar las cuentas de 2017 porque estar todo el mandato con el presupuesto prorrogado era indigerible, pero ahora ya está en condiciones de vivir de prórrogas y créditos extraordinarios los dieciocho meses que restan de legislatura.

Hay otro rasgo de la realidad, derivado del quietismo asturiano, que resta expectativa al debate: la región está como siempre. Si la economía española crece, la asturiana se despereza; si la economía española entra en recesión, la asturiana se encoge. Somos una caja de resonancia de lo que ocurre al otro lado del Pajares. Nuestros problemas estructurales no cambian un ápice: la escasísima población activa, el tamaño del sector público, la despoblación de las alas, el alto endeudamiento del Principado, la agonía del carbón, el cierre de las explotaciones ganaderas, el raquitismo del 95% de las empresas, las interminables colas de la sanidad, el desbordamiento de los servicios sociales, la cronificación del desempleo, la escasez de niños, el conformismo en la educación, el éxodo juvenil, la lentitud de la Administración, la alta presión fiscal, la endogamia universitaria, el localismo, el peso creciente de la tercera edad, la falta de inversión pública y un largo etcétera.

¿Cómo va a ser el debate sobre el estado de la región? Muy parecido al del pasado año, con el presidente vendiendo la mejoría de los principales indicadores socioeconómicos y con la mano tendida a la oposición por si aparecen socios generosos que le faciliten la gobernabilidad en lo que queda de mandato.

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LA COCINA CATALANA
Juan Neira 14-11-2017 | 12:05 | 0

El próximo viernes tienen que estar ya ultimadas las listas electorales en Cataluña. Los aparatos de los partidos no han tenido mucho tiempo para realizar sus retorcidas maniobras. No obstante, como se trata de Cataluña, la capacidad para organizar líos estaba asegurada. Jon Juaristi ha dicho más de una vez que en el primer tercio del siglo XX ninguna región creó más problemas ni fue más caótica que Cataluña. En el segundo tercio del siglo no merece la pena hacer comparaciones, porque la figura omnímoda de Franco impuso el uniformismo en todos los territorios y la política se redujo a la relación entre el dictador y los súbditos.

En el mundo independentista todos decían que había que presentar una lista única. Puigdemont era el más favorecido con esa propuesta porque se daba por descontado que sería el expresidente quien la encabezaría. Una especie de candidatura anti 155, con pretensiones de obtener una mayoría absoluta holgada. Junqueras repasó las encuestas antes de entrar en la cárcel y al comprobar que todos los sondeos daban como ganador a ERC dio la orden de ir con candidatura propia liderada por él mismo. Puigdemont intentó por todos los medios defender su alternativa de «lista de país» (la candidatura única con otro nombre), pero al final no le ha quedado otro remedio que negociar con su partido, el PDeCAT, la composición de una candidatura encabezada por él, con independientes y los restos del PDeCAT.

No habrá unidad electoral en el independentismo, sino listas distintas y enfrentadas. La comedia acaba de empezar y promete. Puigdemont y Junqueras tirándose los trastos a la cabeza, uno acusando al otro de no haber defendido la república y el segundo contestando al primero que está bueno para hablar siendo un desertor. En cualquier caso lo que está asegurado es que no habrá debate electoral en TV3, a no ser que recurran a las unidades móviles desplazadas a Bruselas y la cárcel madrileña. Demasiado sofisticado.

Para hacer más ruido, las bases de Ada Colau rompen el pacto municipal en Barcelona con los socialistas. La alcaldesa, con mayoría simple, estuvo a punto de no poder aprobar los presupuestos de Barcelona. Por fin encontró un socio en el PSC de Iceta, y ahora lo echa del equipo de gobierno por apoyar la aplicación del artículo 155. Colau añora los tiempos en que los socialistas eran de izquierdas y ahora pretende entenderse con el PDeCAT y ERC, que no son ni de izquierdas ni demócratas. Las salsas de la cocina catalana.

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