El Comercio
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Fecha: noviembre 19, 2017
EL PARLAMENTO, COMO LA CALLE
Juan Neira 19-11-2017 | 9:33 | 0

El debate sobre el estado de la región sirvió para constatar la inexorable degradación de las instituciones autonómicas asturianas. El asunto viene de muy atrás cuando al Ejecutivo de Pedro de Silva se le denominaba como el “gobiernín”. Ya entonces las instituciones regionales tenían un déficit de credibilidad y de respeto.

Así como los deportistas y la prensa deportiva han sacado las expresiones malsonantes del ámbito de lo privado para convertirlas en titulares de telediario, en el Parlamento asturiano se ha alcanzado un consenso para empezar a decir tacos. No se puede explicar por qué Asturias va a la cola de crecimiento económico regional pero se puede decir “coño” cada vez que un diputado está en el uso de la palabra.

Mercedes Fernández utilizó el argumento del coño cuando hablaba de la cooperación entre el sector público sanitario y el privado. Javier Fernández también se vio obligado a recurrir al coño ante la peregrina propuesta de Podemos de hacer del pobre carbón asturiano la materia prima de la producción del grafeno.

Fue la intervención de Gaspar Llamazares la que más impulsó al presidente a echar mano del lenguaje alternativo. Fernández recordó que el proyecto de área central asturiana quedó pinchado, “coño”, por el grupo municipal de IU de Gijón. El presidente se extrañó, “coño”, de que Llamazares reivindicara el pacto de investidura que previamente había dado por roto.

Gaspar Llamazares, que es de largo el político asturiano con mayor experiencia parlamentaria, también se despojó de los usos convencionales para tutear al presidente del Principado. “Ni una vez nombraste el acuerdo de legislatura, presidente”.

El líder de IU echo mano del lenguaje informal para que Javier Fernández de “una puñetera vez” exija al Gobierno de Rajoy la apertura de la variante de Pajares.

DOBLE OPOSICIÓN

Más llamativo y preocupante fue el papel jugado por Mercedes Fernández haciendo oposición a Pedro Sanjurjo, presidente de la Cámara autonómica. Nunca vi que un líder parlamentario tuviera empeño semejante. Cherines compatibiliza las críticas al presidente del Gobierno con las que dirige al presidente del Parlamento. Pedro Sanjurjo tiene una gran capacidad para no exteriorizar sus emociones y de momento se reserva el derecho a réplica.

Mercedes Fernández al sentirse compelida a finalizar una intervención dijo que se quedaba sin tiempo por culpa de Pedro Sanjurjo. En otro momento, su crítica hacia el presidente de la Cámara le llevó a hablar de “sanjurjadas”. Y consideró “miserable” que Sanjurjo no permitiera que los ujieres le llevaran un vaso de agua al escaño.

Todos los oradores en el Parlamento disponen de agua cuando están en la tribuna, incluida la portavoz del PP, aunque consideró escasamente práctico ese uso parlamentario porque ella ocupa toda la tribuna con papeles. Ya sabe el remedio: maquinita, botella de plástico y a mitigar la sed desde el escaño. Si pretendía degradar el Parlamento hay que felicitarla porque encontró el atajo.

Cherines entendió que su intervención tenía que tener resonancias electorales y le echó ingenio para decirle Javier Fernández que le llamaba “diputado” porque no se merecía el título “de presidente”. Los votantes y el conjunto de la Cámara no parece que hayan sido de la misma opinión.

Más adelante recurrió a la retórica calderoniana, como cuando le dijo que “si era un hombre de honor”. En otro momento interrumpió su discurso para decirle a Javier Fernández, “deje de suspirar”.

Hizo acompañar sus intervenciones de una muletilla original, “váyase señor Fernández”. No sé de qué me suena. El desenfado de Cherines está en las antípodas de las formas adustas de Aznar, y sobre todo media una distancia sideral entre sus discursos y las piezas parlamentarias que le escribía Arias Salgado al presidente del PP.

Como las formas vulgares encuentran siempre multitud de imitadores, el consejero de Sanidad interrumpió desde el escaño una de las intervenciones de Cherines, y la lideresa, con gran seguridad en sí misma, preguntó al consejero por lo que decía. Informada por el señor Del Busto, le recriminó la falta de atención hacia su discurso.

EXCESOS

Otro ejemplo de degradación de la institución parlamentaria estuvo en el debate entre Cristina Coto y Javier Fernández. Vaya por delante que la portavoz de Foro realizó una intervención durísima y en algún aspecto abiertamente desnortada, como la reflexión sobre el papel jugado por Javier Fernández en la crisis interna del PSOE. Alguien le debía haber dicho que no tocaba.

Pero Cristina Coto aportó datos rigurosos y planteó asuntos claves sobre la situación regional que otros portavoces pasaron por alto. En el sueldo del presidente está responder a ese tipo de críticas.

Sin embargo Javier Fernández se permitió decirle que llevaba mucho tiempo “instalada en la zona suburbial de la política” e hizo gala de haber desconectado. Que yo sepa, Cristina Coto está instalada en un sitio tan noble como el Parlamento y gracias al voto de los ciudadanos.

No me considero con autoridad para dar consejos a nadie, pero vivimos en una época marcada por los dictados de lo políticamente correcto que obligan a extremar los cuidados cuando un hombre discute en público con una mujer.

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