El Comercio
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Fecha: noviembre 27, 2017
BARBÓN, APOYOS Y PROBLEMAS
Juan Neira 27-11-2017 | 9:13 | 0

Los congresos locales de la Federación Socialista Asturiana (FSA) se decantan mayoritariamente del lado del “sanchismo”. Cualquier otro resultado hubiera sido una sorpresa. El cisma originado el primer día de octubre de 2016, en el Comité Federal del PSOE, dio paso a las elecciones primarias más importantes que haya celebrado el Partido Socialista, imponiéndose con claridad Pedro Sánchez. En nuestra región, la victoria fue aún más abultada a favor del actual líder del socialismo español. Posteriormente, en el congreso de la FSA, Adrián Barbón ganó por un amplio margen de votos a José María Pérez, que representaba al sector de Susana Díaz y Javier Fernández. Con estos precedentes no había dudas sobre el curso que seguirían los congresos locales en Asturias.

La militancia ha decidido acabar con el continuismo. Desde los años ochenta del siglo pasado todos los líderes del PSOE regional llegaban avalados por el aparato. Con el cisma de Pedro Sánchez y el desembarco en la Secretaría General de la FSA de Adrián Barbón se produce la ruptura. La nueva dirección del partido en Asturias no es una herencia maquillada del equipo de Javier Fernández. Empieza un capítulo distinto. No creo que por la vía de las agrupaciones tenga problemas Adrián Barbón. Tendrá que pasar algún tiempo para que lo ahora es una piña se divida en tendencias, broten desengaños y surjan fricciones personales. Esta última consideración es válida para cualquier grupo humano; la dinámica de las colectividades es una sucesión de periodos en los que prima la unidad seguida de otros marcados por el enfrentamiento.

Los problemas para el nuevo aparato de la FSA están residenciados en otros ámbitos. En primer lugar, la relación con el Ejecutivo de Javier Fernández. Más allá del ánimo de unos y otros hay diferencias objetivas. El esbozo de debate habido las pasadas semanas sobre la oficialidad del asturiano ya lo evidencia. Adrián Barbón tendría un margen más amplio de actuación si al presidente del Principado fuera partidario de la oficialidad. Como no es así, tiene que optar por dejar la cuestión para la próxima legislatura pretextando falta de tiempo. En el año y medio que faltan para las elecciones autonómicas surgirán otros asuntos conflictivos, y la dirección de la FSA no tendrá al frente del Principado al presidente complaciente que necesita. El segundo problema es la batalla electoral. El PSOE irá a ella como si fuese un partido de oposición. Otro día lo veremos.

 

 

 

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EL CONTUBERNIO DEL CUPO
Juan Neira 27-11-2017 | 9:08 | 0

En la vida pública hay privilegios lacerantes y situaciones aberrantes, avalados por la complicidad política, que se perpetúan en ausencia de crítica social. De pronto un día, como por ensalmo, las coordenadas cambian, la gente levanta la voz y el privilegio o la aberración empiezan a ser cuestionados mayoritariamente.

Voy a exponer un ejemplo concreto que ocurre estos días antes de entrar en el tema del artículo. De pronto, en Gijón, la contaminación atmosférica dejó de ser una cosa de ecologistas obsesionados y pasó a ser una preocupación cotidiana de toda la sociedad, incluyendo las clases más pudientes que viven al Este de la ciudad, alejadas de las fábricas.

ABERRACIÓN

Las miradas se centran en la factoría que emite partículas nocivas (PM10). Cada noche que hay viento del Sur se alcanzan unos niveles de concentración desorbitados en El Lauredal. Los ejecutivos de la multinacional se agitan, la alcaldesa pone el dedo en la llaga (sínter) y el Principado maldice el día en que al Ayuntamiento le dio por comprar una estación móvil de control de la contaminación.

Pero sobre todo, reniegan de que hayan ubicado la estación en El Lauredal. “¿Por qué tiene que estar ahí?” “¿Por qué se tienen que publicar los datos?”. Al otro lado del teléfono, la responsable municipal les informó que se acabó la ocultación.

Pasemos de la aberración al privilegio, de la contaminación de Gijón al cupo vasco.

Los derechos forales del País Vasco y Navarra vienen recogidos en la Constitución. El arcaísmo de incorporar normas decimonónicas a una democracia de las últimas décadas del siglo XX es de traca. Por esa vía anormal se da una situación única: El Estado no recauda impuestos en algunos de sus territorios (País Vasco y Navarra). Pero lo peor está en el cálculo concreto del cupo.

PRIVILEGIO

Como han dicho varios profesores de Hacienda especializados en financiación territorial, el cupo no es el resultado de aplicar un método racional. Es el fruto de un truco. El primer paso consiste en negociarlo cuando hay un gobierno de mayoría simple en Madrid que necesita recibir escaños prestados para aprobar los presupuestos. Los nacionalistas se acomodan a partidos de cualquier ideología si les garantizan un resultado beneficioso para su tierra.

Una vez sentados ante el Cristóbal Montoro de turno, negocian ventajosamente (imponen) la cantidad que van a pagar a Madrid en concepto de cupo. Como dicen los profesores que han estudiado esta cuestión, el cupo brota solo, sin que apenas haya cifras que le sirvan de apoyatura.

A partir de ahí, una vez fijado el resultado, se inventan los datos que forman el planteamiento el problema: el coste de los servicios prestados por el Estado en el País Vasco, sabedores de los descuentos que van a poder aplicar y de las falsedades que van a implementar a cuenta del IVA. Los años pasan, la vida se encarece, y cada vez pagan menos por los servicios que reciben. En los cálculos no hay ni un céntimo para la solidaridad interterritorial. Hacen caja a cuenta de las comunidades pobres.

La farsa dura desde el principio de la etapa autonómica, pero ahora llegó el momento en que el agua desbordó el vaso, y la gente abomina del escandaloso trato de favor.

Solicitado por el Gobierno, se formó una comisión de expertos (un profesor universitario por cada comunidad autónoma) para realizar dictamen sobre los criterios en qué debería basarse el nuevo modelo de financiación autonómica.

El asunto que requirió de menos tiempo para ponerse de acuerdo fue el cupo vasco. Reniegan de él, y afirman que por esa vía las dos comunidades forales libran de pagar 2.600 millones de euros en cada ejercicio.

Así llegamos al nudo gordiano del debate sobre el cupo. Veamos. Los expertos de todas las regiones criticaron duramente el cupo, sin excepción, mientras en el Congreso de los Diputados, 292 parlamentarios votaron a favor del mismo. Sólo 36 diputados (32 de Ciudadanos) rechazaron el pacto de Montoro con los parlamentarios del PNV, por el cual, el País Vasco acabará pagando menos de mil millones anuales en concepto de cupo desde 2017 al 2022.

¿Cómo puede ser que todos los expertos lo vean negro y la inmensa mayoría de los diputados digan que es blanco?

A los cinco diputados del PNV se han sumado la totalidad de los diputados del PP, PSOE, PODEMOS e IU para conceder un millonario privilegio a dos territorios concretos, privando al resto de regiones del reparto de ese dinero. No hago mención a todos los diputados nacionalistas, independentistas y regionalistas que votaron a favor, porque entiendo que sean solidarios con el PNV, esperando que un día les devuelva el favor.

En un cálculo realizado sobre el cupo fijado en los últimos años, resulta que a cada vasco le tocaban 4.170 euros, mientras que la media recibida por el resto de españoles estaba en 2.030 euros. Es decir, el cupo posibilita al País Vasco gastar más del doble por habitante que la media española. Más del doble en sanidad, en educación, en salario social, etcétera.

Los presidentes autonómicos de Galicia, Asturias, Castilla y León, Aragón y Andalucía se quejaron, pero los diputados de sus propios partidos votaron a favor en Madrid.

De poco vale reformar la Constitución si no se esclarece antes este contubernio.

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