El Comercio
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LAS MODAS EN LOS PRESUPUESTOS
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Juan Neira | 03-12-2017 | 20:38

La vecindad en el calendario entre el debate sobre el estado de la región y el debate presupuestario sirve para captar el tipo de ideas y reflexiones que manejan los diputados sobre la problemática regional.

Lo primero que quisiera reseñar es que en la política asturiana mandan las modas. Las posiciones de los partidos están petrificadas, pero los dirigentes son sensibles al contenido de los catálogos otoño-invierno.

IMPUESTOS

Hace doce meses, en la Junta General del Principado se discutía sobre impuestos. La argamasa del pacto presupuestario, entre PSOE y PP, fue la reforma del Impuesto de Sucesiones, con aquel denostado “error de salto” que obligaba a pagar 18.000 euros si el patrimonio heredado superaba en un céntimo el umbral de los 150.000.

Por el otro costado del Parlamento, Gaspar Llamazares presentaba la moda de la fiscalidad verde. Impuestos a las empresas eléctricas, a los cajeros de los bancos, a los operadores de telefonía, a las bolsas de patatas, a la bebidas azucaradas, a las pizzas hipercalóricas, etc.

El PP quería rebajar los impuestos e IU pretendía subirlos. Entre la provocativa minifalda “pepera” y la protectora maxifalda de IU, el PSOE se quedaba en el medio. Al final optó por recortar la prenda fiscal en vez de alargarla. La novedad de los presupuestos fue la rebaja del Impuesto de Sucesiones.

Este año los tributos quedaron en un segundo plano. Alguna alusión a la presión fiscal o a la necesidad de elevar mínimos exentos, pero sin convicción ni pasión. El debate gira sobre el gasto. O mejor dicho, sobre alguna modalidad de gasto.

INVERSIÓN

Ni antes ni ahora la inversión productiva se logra hacer un hueco en la pasarela. La inversión pública es una antigualla de tiempos pretéritos. Recuerdo la época en que la inversión de las administraciones era la bandera de la izquierda (ese sí que es un rasgo keynesiano), pero ha quedado barrida por el paradigma del gasto social.

Hay otra razón de peso para que la inversión productiva no sea tendencia. Para invertir hay que concebir proyectos, realizar cálculos, sopesar alternativas. Sin embargo, subvencionar no requiere de operaciones intelectuales complejas. Invertir es arriesgar, para gastar basta abrir la caja.

En una sociedad con alto paro estructural parece que el progreso pasa por la creación de empleo. La clase política asturiana lo ve de otra manera. El proverbio chino estaba equivocado: nada de enseñar a pescar, dale una merluza todos los días.

A escala municipal, el gasto social está de rabiosa actualidad desde el minuto uno del actual mandato. El llamado “rescate social” orienta a alcaldes y concejales. Se entiende por rescate mantener a la gente en el paro pero con derecho a subvención. Como medida provisional puede ser un acierto y un acto de justicia, pero la cronificación de las ayudas es insostenible.

Con el gasto social como único argumento de otoño se inició el debate presupuestario. Javier Fernández decidió marginar al PP, pese a que Mercedes Fernández se ofreció como Cirineo para llevar la cruz de las cuentas regionales. El presidente puso como pretexto las divergencias en política educativa y fiscal. Las diferencias no deben ser insalvables cuando hace doce meses se pusieron de acuerdo.

La razón real está en el veto de la FSA de Adrián Barbón al PP. Era lo que le faltaba a Pedro Sánchez, otro pacto de presupuestos entre el ex presidente de la comisión gestora y el PP. Al asumir esa línea roja Javier Fernández ya sabía que la probabilidad de aprobar los presupuestos era marginal.

DE CERO A TRES

Lo que más quisiera destacar no es la clave partidaria del debate presupuestario, sino la vaciedad de ideas. Con el gasto social como telón de  fondo, desde que empezaron los tanteos, las reuniones, el intercambio de borradores, las sesiones negociadoras, etcétera, la única idea política que estuvo sobre la mesa fue la creación de una red escolar pública, universal y gratuita para niños de cero a tres años. El resto es un conjunto de propuestas, acertadas o equivocadas, pero con una marcada orientación administrativa.

Hace unos días, en Canal 10, Florentino Felgueroso recordaba que en EE.UU se sabe que el dólar mejor invertido es el destinado a educación preinfantil. Lo que no se gaste en esa etapa habrá que hacerlo luego en políticas activas de empleo o en subsidios del paro. También señalaba que la educación de cero a tres debe orientarse hacia los niños pobres, porque son los que más retraso sufren cuando quedan con su familia a esa edad. Y que la educación de cero a tres no es un instrumento para que las madres puedan trabajar, sino para que los niños progresen. Me atrevo a añadir que va siendo hora de que adquiramos una perspectiva más amplia, que no nos conformemos con las guarderías del siglo XX y pongamos los cimientos del futuro.

Desconozco el resultado final de la negociación presupuestaria. Las cuentas regionales tienen una plantilla que se repite ejercicio tras ejercicio, alterándose las cifras en función de la creciente o menguante recaudación fiscal. Pura rutina. Hasta ahora el supuesto intercambio de ideas es un desierto. Eso sí, un desierto con derecho a oasis, la educación de cero a tres.

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