El Comercio
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Fecha: diciembre 10, 2017
ESCENARIO PARA LA BICEFALIA
Juan Neira 10-12-2017 | 7:37 | 0

Del curso parlamentario asturiano, la única fase interesante es la dedicada al debate sobre el estado de la región y la negociación presupuestaria. El resto del tiempo se pierde en comisiones de investigación sin grandes revelaciones y en preguntas al presidente que no clarifican nada.

Este año el chequeo a Asturias y la suerte del proyecto presupuestario apenas han generado expectación. El presidente del Principado participó más relajado que nunca en el debate sobre el estado de la región, y aunque hubo continuas alusiones a los presupuestos, en ningún momento forzó el discurso para atraerse a los potenciales aliados.

Los cinco portavoces de la oposición marcaron distancias con el Gobierno, siendo Mercedes Fernández la única que se ofreció expresamente para aprobar las cuentas, aunque su oferta llegaba envuelta en un conjunto de duras descalificaciones. Así quedó definido el marco de la negociación.

Desde entonces hasta ahora no hubo acercamiento entre las posiciones de unos y otros. Ni siquiera se mantienen las formalidades de una negociación presupuestaria digna de tal nombre, ya que no hay reuniones periódicas ni las partes eligieron delegaciones para realizar la negociación. Todo queda en distintos contactos de la consejera de Hacienda con algunos portavoces, sin profundizar en ninguna materia.

Formalidades

Hace diez años, gobernando Álvarez Areces, la negociación presupuestaria se llevaba con más seriedad. Por parte de los socialistas participaba el secretario general de la FSA, Javier Fernández, acompañado de algún otro miembro de su equipo, y con ellos estaba el presidente Areces y el consejero de Hacienda, Jaime Rabanal. El secretario general de la FSA abría y cerraba las reuniones.

En la actualidad, la FSA no está en las negociaciones y eso que en el manual de estrategia del PSOE consta que la competencia sobre los pactos recae en la dirección del partido. El presidente del Principado tampoco se encuentra en primera línea de fuego. El pasado año ya ocurrió algo parecido, al basarse toda la negociación en el diálogo entre Dolores Carcedo y Mercedes Fernández, con final feliz.

Si al incumplimiento de las mínimas formalidades de una negociación presupuestaria añadimos el veto puesto por el presidente a los grupos de centro-derecha nos encontramos con que los actores de la negociación y la materia de la misma quedan fuertemente constreñidos.

Después de los fructíferos resultados cosechados por el diálogo con el PP, un partido que siempre se ofrece a aprobar los presupuestos socialistas, sin apenas pedir contrapartidas, no se entiende que el Principado lo excluya de la negociación. Quizás en esta ocasión el PP no estaba por la labor, pero dados los antecedentes resulta absurdo excluirlo a priori.

Por decisión del presidente, los presupuestos saldrán adelante si hay un pacto de izquierdas (inédito en lo que va de mandato) o en caso contrario quedarán prorrogadas las cuentas de 2017.

Propuestas

Con tantas restricciones, las propuestas que hay sobre la mesa son escasas. IU solicita que los ayuntamientos no tengan que devolver el dinero de los planes de empleo y la concreción de una propuesta que visualice el compromiso del Ejecutivo con el primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años). También pide la aprobación de leyes sociales y un impulso a la lengua asturiana.

El planteamiento de IU debería ser un revulsivo para que Javier Fernández relanzara la negociación, ya que Gaspar Llamazares ha declarado que le valen las cifras del presupuesto, sólo necesita para aprobarlo la expresión de una voluntad política clara de llevarlo a cabo. Aliados tan generosos no los tienen todos los gobiernos.

Podemos, el partido clave para formar una entente de izquierdas, pone como condición la articulación de una red escolar universal, pública y gratuita para niños entre cero y tres años.

No es una propuesta populista. Es más que probable que el PSOE de Pedro Sánchez lleve en su programa una iniciativa de ese tenor, sin embargo el Gobierno de Javier Fernández no se plantea aprobarla. Sólo acepta gastar algo más de dinero en esa etapa educativa para que le salga más barata a los padres.

Culpables

Javier Fernández ya abrió la espita del juego de las culpabilidades. Se le entendió bien, uno de los cinco partidos de la oposición (Podemos) es el culpable de que el Gobierno socialista prorrogue los presupuestos.

Vamos a ver. No se negocia en tiempo y forma, se rechazan las propuestas de la oposición, y luego se reserva la potestad de atribuir a otros la paternidad de los fracasos. ¿Cómo interpretar todo esto?

Para mí la clave de lo que sucede está en las primarias y el congreso de la FSA. La victoria de los ‘sanchistas’ restó margen de maniobra a Javier Fernández. Ante esta realidad, el presidente optó por mantener el modelo presupuestario con el que se encuentra identificado.

Se diseña un horizonte para los dieciocho meses que quedan de mandato: paz interna; gran protagonismo para asuntos de bajo perfil ideológico, como el plan demográfico y la reordenación del área central, mientras se gobierna la región estirando el presupuesto de 2017 hasta 2020. Escenario para la bicefalia.

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