El Comercio
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Fecha: diciembre 17, 2017
EL OTOÑO CATALÁN
Juan Neira 17-12-2017 | 11:13 | 0

El jueves se inicia el solsticio de invierno poniendo fin al otoño más convulso de la democracia española. La estación de la caída de las hojas se inició mientras la Guardia Civil registraba 41 sedes de la Generalitat, haciendo acopio de material informático y llevándose detenidos a colaboradores directos de Oriol Junqueras.

En aquel registro cayó en manos de los agentes la famosa agenda Moleskine de José María Jové, donde se describía, en forma de diario, la trama independentista contra el orden constitucional. Todo el material está en poder de Juan Antonio Ramírez, titular del Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona, y quizás dé paso a un maxiproceso con la plana mayor del conglomerado (partidos, movimientos sociales, entidades) independentista en el banquillo.

THRILLER

El otoño tuvo argumento de thriller, con una sucesión desenfrenada de imágenes, sin que el espectador pudiera intuir el resultado. No hay adivino en el mundo que pudiera predecir el final de la película, con Rajoy poniéndose al frente de las consejerías catalanas, Junqueras haciendo ejercicios espirituales en la cárcel, Puigdemont instalado en el exilio de Bruselas, jugando a ser el Tarradellas del siglo XXI, y millones de catalanes participando en unas elecciones autonómicas, convocadas al abrigo del artículo 155 de la Constitución.

Por el medio, la celebración de un referéndum ilegal que fue seguido en el mundo entero, dos intentos de proclamar la república independiente de Cataluña, el primero duro ocho segundos y el segundo sólo perdura en el corazón de los “indepes”, sin que haya dejado rastro en las instituciones ni en la sociedad. La república se deseaba y ahora se añora, pero nunca se hizo realidad. Es la primera vez que un parto republicano no es acompañado por gritos de ¡Viva!

El otoño tuvo otros hitos, desde el discurso más importante de la Corona tras el pronunciado por el ahora Rey emérito el 23 de febrero de 1981, hasta multitudinarias manifestaciones populares de distinto signo, mostrando la pluralidad de Cataluña y la división social. Puestos a reseñar lo que fue este trimestre agitado, nada más elocuente que el éxodo empresarial. El traslado masivo de las sedes sociales y del domicilio fiscal no tiene precedentes en periodos de paz en países democráticos. Más de 3.000 empresas, que representan el 40% del PIB de Cataluña, emigraron para ubicarse en distintas regiones españolas.

PESADILLA

¿Se acabará la pesadilla con las elecciones del jueves? La fórmula presentada por Rajoy para recuperar la normalidad en Cataluña estaba formada por dos componentes, artículo 155 y comicios prenavideños. El plan inicial del presidente era mantener vigente durante más tiempo el 155, pero Albert Rivera y Pedro Sánchez se negaron en redondo. Para mantener la unidad del bloque constitucionalista fue preciso anticipar las elecciones.

Es evidente que con sólo cincuenta días de control por el Estado de la Administración autonómica no se pueden hacer milagros. El propio Pedro Sánchez no permitió que se interviniera en TV-3, aceptando que la televisión autonómica siga intoxicando a la opinión pública, renunciando a toda pretensión de neutralidad, como se le exige a un medio público.

Sobre esa base llegamos al escenario que describen las encuestas: una distribución de escaños parecida a la que había en el Parlamento disuelto, aunque habrá que esperar al recuento de las urnas para saber si uno de los bloques cuenta con la mayoría absoluta de la Cámara. De no ser así, el fantasma de una nueva convocatoria electoral se abrirá paso en cuanto pasen las Navidades. Tenemos el precedente de lo sucedido a escala nacional a lo largo del año 2016.

LA NORMALIDAD

En el caso de que los independentistas alcancen los 68 escaños de la mayoría absoluta no va a ser fácil evitar el efecto, “déjà vu”, al retomar el Parlamento sus funciones. La política del “frentismo”, alimentada por los nacionalistas con candidaturas conjuntas, se ha instalado en la política catalana. El Parlamento se divide en dos partes que no hablan el mismo lenguaje. El objetivo en la campaña electoral es alzar un dique para que no pasen los rivales. Ciudadanos, PSC y PP van a votar tratando de evitar otra DUI, y los independentistas votan contra el retorno al orden constitucional. Sólo los Comunes (Podemos y Ada Colau) juegan a estar en el medio, pero no es creíble su discurso porque se pasaron todo el otoño al lado de los independentistas.

Las diferencias más visibles con el anterior escenario están en que los constitucionalistas tienen una opción mayoritaria, Ciudadanos, que atrae votos del PP (36% de sus antiguos votantes) y PSC (17%). Se espera un récord de participación electoral. En el campo independentista, ERC y Juntos por Cataluña pasaron de estar unidos a disputarse la primogenitura.

La vuelta a la normalidad dependerá de otros factores, como el avance inexorable de los procesos judiciales. Creo en los efectos pedagógicos de la coerción del Estado. La frustración por la república fallida hará el resto. Por mucha falsa épica que se le eche a las derrotas siempre producen efectos disgregadores. Es cuestión de perseverar y dejar que se sucedan las estaciones.

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