El Comercio
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Fecha: enero 11, 2018
EL REBAÑO AMARILLO
Juan Neira 11-01-2018 | 11:38 | 0

Vivimos la crisis catalana como un drama que nos concierne, porque una hipotética separación de España nos afecta a todos. Aunque haya tenido una vigencia muy breve, la declaración unilateral de independencia se convirtió en un acontecimiento histórico, jamás imaginado en la transición, cuando se levantó el edificio jurídicopolítico que regula nuestra convivencia. Siendo cierto lo anterior, también es plausible seguir la larga serie de acontecimientos peripatéticos ocurridos en los últimos meses en Cataluña como la puesta en escena de una obra desconocida de ‘Els Joglars’. El guion empezó con la aprobación de leyes inconstitucionales y, a partir de ese momento, el absurdo ha ido ‘in crescendo’. En este momento nos encontramos presenciando una escena hilarante, con un prófugo tratando de ser investido, desde Bruselas, como presidente de la Generalitat. No hay precedentes en el mundo avanzado de comportamientos semejantes. Es impensable que un político que tiene una importante experiencia institucional se postule para gobernar una región viviendo en otro país. Pero lo más formidable no reside en la pretensión de una persona concreta, sino en la seriedad con que el rebaño independentista (millones de personas) asume una oferta tan descabellada. El partido del prófugo, PDeCAT, cierra filas con su líder, y en Esquerra Republicana de Cataluña supeditan la respuesta al dictamen que hagan los letrados de la Cámara. Alguien dirá, no sin cierta dosis de razón, que retornan a la normalidad, porque ahora supeditan la respuesta política al cumplimiento de la legalidad, pero es increíble que ningún líder independentista levante la voz para decirle a Puigdemont que primero vuelva a Cataluña y, luego, se postule para presidente.

Si les quedaba una corriente de simpatía en algún lugar del mundo, ya la han perdido con el intento de proceder a una investidura presidencial por vía telemática, o con el concurso de una marioneta. Esta última modalidad evita el recurso de las nuevas tecnologías para la investidura, sustituyéndolas por un figurante que prestaría su voz para leer las palabras dictadas por Puigdemont.

Primero no tuvo la gallardía de hacer frente a la fuerza del Estado de Derecho, y ahora enloda la imagen de Cataluña. ¡Qué se puede decir de una región donde un tipo así puede convertirse en presidente! Ahora ya sabemos que detrás de los cánticos y los votos de los independentistas sólo había un rebaño de baberos amarillos.

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