El Comercio
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LOS ARREPENTIDOS
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Juan Neira | 13-01-2018 | 00:17

Las declaraciones del ex consejero de Interior, Joaquín Forn, el ex presidente de la Asamblea Nacional Catalana, Jorge Sánchez, y el presidente de Ómnium Cultural, Jorge Cuixart, ante el magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, han sido espectaculares. No matizaron anteriores manifestaciones suyas, sino que rectificaron lo que tantas veces habían afirmado. Procedieron ante el juez como sólo lo hacen los arrepentidos. Dos meses de cárcel les han hecho abjurar de su fe en el proceso independentista de las leyes anticonstitucionales y el referéndum ilegal, asegurando que en el futuro serán unos devotos observantes de la legalidad española, hasta el punto de anunciar que dejarán su escaño (Forn y Jorge Sánchez salieron elegidos por la lista que encabezó Carlos Puigdemont) en el supuesto de que su partido, PDeCAT, opte por la república independiente. Estoy convencido de que si siguen unos meses más en prisión, van a solicitar la participación en algún acto de jura de bandera, prometerán solemnemente fidelidad a la Constitución y defenderán con ardor la vigencia del ‘Estatut’ ante los embates de la Cup.

Jorge Cuixart, un independentista que no se enroló en las candidaturas electorales, prefiriendo concentrarse en la presidencia de Ómnium Cultural, no fue menos explícito que sus compañeros de cárcel: «todo ha de ser de acuerdo a la Ley y la Constitución». Cuixart le dijo al juez que el «único referéndum válido es el que convoque el Gobierno de España». O sea, el referéndum en el que votarán todos los españoles.

La endeblez y la falta de coherencia de las principales figuras del retablo independentista muestra que todo su proceder, desde el año 2012, cuando el Gobierno de Artur Mas abandonó el autonomismo para abrazar el independentismo, era una impostura. Nadie que crea firmemente en algo y luche por lograrlo, está dispuesto renegar de sus principios y abrazar los postulados del enemigo en cuanto entra en la cárcel. Durante la dictadura franquista, cientos de dirigentes comunistas sufrieron largas penas de prisión y ninguno salió de la cárcel recitando los postulados de la Falange y dando vivas al Caudillo. Unos creían en lo que hacían y los otros jugaban a ser lo que no eran. Lo más benévolo que se puede decir de los dirigentes del ‘procés’ es que apostaban por la vía indolora a la independencia. Al comprobar que la transgresión de las leyes no sale gratis, reniegan del pasado. Su cuota de épica se limita a cantar ‘Els Segadors’.

Sobre el autor Juan Neira