El Comercio
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Fecha: marzo 1, 2018
EL GENIO DEL GRUPO
Juan Neira 01-03-2018 | 9:25 | 0

Cuando apenas había transcurrido una hora de haber saltado la noticia, los cuatro principales líderes políticos nacionales habían publicado mensajes de pesar por la muerte de Quini. Los más relevantes clubes de fútbol hicieron lo mismo, y como ellos, un sinfín de personalidades del mundo del deporte. Algo tendría un señor de 68 años, que llevaba 31 jubilado en la periferia del mapa, para que la España oficial y la sentimental le rindieran tan raudo homenaje. De todos los mensajes me quedo con el de Villa, por sentido y oportuno, porque nace de compartir la misma camiseta. Palabras de hijo a padre, de alumno a maestro, de guaje a brujo. Un mensaje de orfandad, de tipos que no necesitaban besar el escudo del club, porque estaba grabado en la piel.

De la valía balompédica de Quini hablan los números, así que mejor ahorrarnos palabras. El octavo futbolista que más goles metió en Primera División. De los siete que le preceden, cuatro son del Real Madrid (Di Stéfano, Hugo Sánchez, Raúl y Ronaldo), dos del Barcelona (César y Messi) y el último, del Athletic de Bilbao (Zarra). Los siete tienen en común haber pasado toda o casi toda su vida deportiva en equipos líderes. Para los jóvenes, conviene recordar que Zarra militaba en un Athletic que ganaba Liga tras Liga. Lo de Quini fue mil veces más meritorio.

De lo individual a lo colectivo: Quini es el hacedor del gran Sporting. Hay una definición de generación que a mí siempre me gustó mucho: el rodeo que da la naturaleza para encontrar un genio. En torno a la impronta de Quini se articuló un equipo de ataque con una personalidad arrolladora que encandiló a los periodistas madrileños que decían, hablando de Ferrero, cosas como esta: «representa la extrema izquierda más solvente de Europa». Eran los tiempos cargados de ideología de la transición. De ahí surgió la simpatía hacia el Sporting en los campos de España. No nos engañemos, la gente admira y quiere a los que triunfan. Y el Sporting ganaba a los gigantes. A la ‘gradona’ empezaron a ir sociólogos, catedráticos y periodistas de postín. En El Molinón, el fútbol dejó de ser el opio del pueblo para ser la metáfora de la modernidad. El Sporting de Quini creó estilo, tiró de la ciudad hasta lograr que fuera escenario del primer Óscar del cine español. Un día Quini volvió a empezar y se vistió otra vez de rojiblanco para meter aquel gol a Urrutikoetxea: a dos palmos de la línea de fondo, amaga que va a centrar, y lanza un tiro curvo como un alfanje a la red del Barça. ‘Sit tibi terra levis’.

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Sobre el autor Juan Neira