El Comercio
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EL CEREMONIAL DE BRUSELAS
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Juan Neira | 05-03-2018 | 18:52

Desde las elecciones del 21 de diciembre hemos asistido a dos fenómenos: la incapacidad de las fuerzas independentistas para investir un presidente que no sea anulado por los tribunales y la creación y el florecimiento de un poder institucional fantasmal en la capital belga, con el consejo de la república, la asamblea de electos, el president –por antonomasia–, etcétera. Una creación de cartón piedra que busca mostrarnos que la famosa Declaración Unilateral de Independencia (DUI) fue algo histórico y con proyección de futuro.

Hay un tercer fenómeno, de menor importancia, pero no despreciable, que es el escasísimo protagonismo de las fuerzas constitucionales en este largo periodo postelectoral (ya van 74 días). No aludo a la renuncia de Inés Arrimadas a presentarse como candidata a la investidura presidencial, porque estaba condenada al fracaso. Por cierto, las críticas de los prohombres del PP nacional a Arrimadas se compadecen mal con la postura de Rajoy tras las elecciones generales de diciembre de 2015, que las ganó y renunció a la investidura, siendo disueltas las Cortes Generales y convocadas nuevos comicios, sin que Rajoy hiciera el mínimo intento de aglutinar una mayoría parlamentaria.

Ahora bien, creo que Ciudadanos, PSC y PP deberían ser más beligerantes con el esperpento belga. No es una cuestión banal. Quieran o no, los independentistas están tratando de construir un discurso coherente con sus postulados, cuando sería muy fácil demostrar que son tan cobardes como hipócritas. La DUI se fue abajo por deserción del núcleo duro del independentismo que renunció a defender la república nada más proclamarla. Políticamente, toda esa patulea de personajillos quedó descalificada para representar a los catalanes. Ello lo saben y por eso se dedican a hacer propaganda del «espacio libre de Bruselas» para aparentar que son unos héroes en vez de unos traidores.

Las trifulcas entre Junts per Catalunya, Esquerra Republicana y la Candidatura de Unidad Popular (CUP) amenazan con bloquear las instituciones y provocar una nueva convocatoria electoral. Aunque sería un suicidio para ellos no me extrañaría que ocurriese. Pese a la fama de gente dialogante, la clase política catalana es la fullera, sectaria y egoísta de toda la fronda autonómica. Lo demostraron en los tripartitos de la primera década del siglo y lo repiten ahora. Rajoy no debe temblar: artículo 155 y que las urnas barran a tanto miserable.

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