El Comercio
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Fecha: abril 12, 2018
CORPORATIVISMO UNIVERSITARIO
Juan Neira 12-04-2018 | 5:38 | 0

Cristina Cifuentes abre ya la puerta a abandonar el cargo de presidenta de la comunidad autónoma, siempre que sea Mariano Rajoy quien se lo pida. El presidente sigue cumpliendo las etapas de su viaje oficial por Argentina, ajeno al rifirrafe organizado en torno a Cifuentes. La situación ha evolucionado desde que estaba Rajoy en Sevilla, como gran protagonista de la convención del PP. Hay más evidencias probatorias en contra de la dirigente madrileña y Albert Rivera está dispuesto a cobrarse la cabeza de Cifuentes, bien sea por dimisión o apoyando a Ángel Gabilondo para que la reemplace en la poltrona.

Hay un sector del PP que apuesta por la resistencia, y en caso de salir victoriosa la moción de censura, pasar a liderar la oposición desde el Parlamento, zahiriendo a Ciudadanos por aliarse con el PSOE. Esa estrategia beneficia a Cifuentes que seguiría en la batalla política, pero no le conviene ni a Rajoy ni al PP. Lo más lógico es repetir la solución aplicada en Murcia, haciendo dimitir a Cifuentes y sustituyéndola por un diputado que no tenga manchas en el expediente. El PP retendría el poder y Ciudadanos ganaría imagen presentándose como la formación útil que limpia las instituciones de irregularidades y corruptelas.

Mientras aumenta la soledad de Cristina Cifuentes en la escena política, el estamento universitario hace un ejercicio penoso de corporativismo. En una reunión de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), organismo en el que están representadas las 50 universidades públicas y las 26 privadas que hay en el país, su presidente, Roberto Fernández, declaró que «los políticos que dicen tener un máster y no lo tienen, deben dimitir». Duro y radical, como si fuese un líder opositor a Cifuentes. Ahora bien, cuando tocaba barrer la propia casa se atrevió a decir que la «honorabilidad de los trabajadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) no puede verse afectada por la presunta irregularidad de algún miembro de la misma». A eso se llama cerrar filas; trata de reducir al tamaño de anécdota minúscula un escándalo mayúsculo que sigue toda la opinión pública española. Un escándalo que sólo fue posible por el activo papel jugado por miembros de la URJC. Más que de presuntas irregularidades, debería hablar de presuntos delitos, ya que está hablando de falsedad en documento público. Y encima son funcionarios. La URJC no puede dedicarse a fabricar titulaciones amañadas para la clase política.

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CIFUENTES Y LA ORLA
Juan Neira 12-04-2018 | 5:35 | 0

El aire en torno a Cristina Cifuentes se ha vuelto irrespirable. Cada día hay más evidencias sobre la falsedad de las pruebas aportadas para justificar su titulación académica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Las asignaturas convalidadas, las asignaturas aprobadas y el trabajo fin del máster se apoyan en firmas falsas.

Toda España sabe que nunca cursó el máster en Derecho Autonómico, aunque pagó los derechos de matrícula cuando ya habían transcurrido más de tres meses desde el cierre del periodo de matriculación. Un detalle simpático: abonó los derechos de matrícula el día de los Santos Inocentes. También pagó tres años más tarde las tasas por emisión de título. No fue a clase, no se presentó a los exámenes, los supuestos compañeros de curso no la recuerdan por las aulas, los profesores tampoco la vieron por allí y los documentos académicos presentados por la acosada presidenta tienen las firmas trucadas. No tiene otro remedio que dimitir, pero como es habitual en estos casos, se resiste.

Rajoy marchó para Argentina: no le afectará la onda expansiva del escándalo. Ante este panorama, Albert Rivera ha dado un paso decisivo al exigir el relevo de Cifuentes por otro diputado autonómico del PP. Cuestión de días.

La URJC ha quedado a la altura del betún. La burda invención de un expediente académico para salvar políticamente a Cifuentes es una maniobra indigna, impropia de los responsables académicos. Ahora queda por ver en qué quedará el affaire de Pablo Casado, que también realizó un máster dirigido por el mismo profesor que supuestamente tuteló a Cifuentes. Casado no recuerda si asistió a las clases del máster ni tiene memoria de los exámenes teóricamente aprobados. Seguro que surgirán otros casos semejantes, no en vano Allué Biza, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid, que denunció el fraude realizado con su firma, aseguró que también se utilizó el «garabato» para aprobar a otros nueve alumnos. A falta de conocer más datos, la URJC queda reducida a la condición de chiringuito de la clase política. Una creación de Ruiz Gallardón para introducir en la orla a tanto político sin solidez intelectual ni méritos profesionales.

No debe preocuparnos el desgaste de la URJC porque las universidades centenarias, las de verdad (Salamanca, Madrid, Valladolid, Santiago, Sevilla, Oviedo, Barcelona, Granada, Zaragoza), nunca caerán en la abyección de regalar un máster a la lideresa de turno.

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