El Comercio
img
CIFUENTES Y LA ORLA
img
Juan Neira | 12-04-2018 | 15:35

El aire en torno a Cristina Cifuentes se ha vuelto irrespirable. Cada día hay más evidencias sobre la falsedad de las pruebas aportadas para justificar su titulación académica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Las asignaturas convalidadas, las asignaturas aprobadas y el trabajo fin del máster se apoyan en firmas falsas.

Toda España sabe que nunca cursó el máster en Derecho Autonómico, aunque pagó los derechos de matrícula cuando ya habían transcurrido más de tres meses desde el cierre del periodo de matriculación. Un detalle simpático: abonó los derechos de matrícula el día de los Santos Inocentes. También pagó tres años más tarde las tasas por emisión de título. No fue a clase, no se presentó a los exámenes, los supuestos compañeros de curso no la recuerdan por las aulas, los profesores tampoco la vieron por allí y los documentos académicos presentados por la acosada presidenta tienen las firmas trucadas. No tiene otro remedio que dimitir, pero como es habitual en estos casos, se resiste.

Rajoy marchó para Argentina: no le afectará la onda expansiva del escándalo. Ante este panorama, Albert Rivera ha dado un paso decisivo al exigir el relevo de Cifuentes por otro diputado autonómico del PP. Cuestión de días.

La URJC ha quedado a la altura del betún. La burda invención de un expediente académico para salvar políticamente a Cifuentes es una maniobra indigna, impropia de los responsables académicos. Ahora queda por ver en qué quedará el affaire de Pablo Casado, que también realizó un máster dirigido por el mismo profesor que supuestamente tuteló a Cifuentes. Casado no recuerda si asistió a las clases del máster ni tiene memoria de los exámenes teóricamente aprobados. Seguro que surgirán otros casos semejantes, no en vano Allué Biza, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid, que denunció el fraude realizado con su firma, aseguró que también se utilizó el «garabato» para aprobar a otros nueve alumnos. A falta de conocer más datos, la URJC queda reducida a la condición de chiringuito de la clase política. Una creación de Ruiz Gallardón para introducir en la orla a tanto político sin solidez intelectual ni méritos profesionales.

No debe preocuparnos el desgaste de la URJC porque las universidades centenarias, las de verdad (Salamanca, Madrid, Valladolid, Santiago, Sevilla, Oviedo, Barcelona, Granada, Zaragoza), nunca caerán en la abyección de regalar un máster a la lideresa de turno.

Sobre el autor Juan Neira