El Comercio
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Fecha: mayo, 2018
LA DECISIÓN DEL PNV
Juan Neira 31-05-2018 | 10:20 | 1

El futuro de la moción de censura está en manos del PNV. PP y Ciudadanos votarán en contra de la moción, mientras que PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas, incluido Bildu (su columna vertebral, Batasuna, fue ilegalizada por su implicación en el entramado terrorista etarra), apoyarán la propuesta. Pedro Sánchez cuenta con 175 votos y necesita al PNV para ser presidente. El martes empezaron los contactos entre Sánchez y Andoni Ortuzar, el líder del PNV. En paralelo, los nacionalistas mantienen línea abierta con el palacio de la Moncloa. El resto de partidos se mantiene expectante. A las siete de la tarde está convocada la dirección del PNV, Euzkadi Buru Batzar (EBB), para tomar la decisión una vez oídos los compromisos asumidos por Pedro Sánchez. Es evidente que el líder socialista ya les ha hecho promesas en privado y los dirigentes nacionalistas quieren ver lo que dice en público.

Todo esto sucede ocho días después de que el PNV diera luz verde al proyecto de Presupuestos Generales del Estado en el Congreso de los Diputados. Todos los grupos estaban pendientes de la decisión de los nacionalistas y el EBB decidió que apoyaba las cuentas de Rajoy que contienen 540 millones de inversión para los vascos. Al día siguiente, las crónicas hablaban de que los nacionalistas aseguraban a Rajoy la viabilidad del Gobierno para toda la legislatura. Ocho días más tarde, el mismo órgano de dirección del PNV puede cesar a Rajoy.

Una contradicción tan flagrante no obliga al EBB a dar explicaciones, porque desde su lógica nacionalista se puede y se debe aprobar los presupuestos de un gobierno y, a renglón seguido, derribar a ese gobierno. El PNV juzga a los gobiernos de España por los recursos económicos que destinan a su tierra y por las medidas legales y políticas que tomen para aflojar o extinguir los lazos que unen al resto de España con el País Vasco. Rajoy es un buen socio porque ha firmado un cupo sumamente ventajoso, a través del cual apenas pagan los vascos por los servicios que reciben de España, y por las inversiones que tiene aprobadas para los próximos años. Aun así, quizás sea el momento de dejar tirado al líder del PP, si Pedro Sánchez aumenta su autogobierno y retoca el modelo de Estado. Todo esto lo saben PP y PSOE, y pese a ello permiten que un partido ajeno a los intereses de España decida el futuro de todos los españoles. Desde Bilbao decidieron hace unos días cuánto se iban a subir las pensiones y hoy dictarán quién será nuestro presidente.

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TEORÍA DEL MAL MENOR
Juan Neira 30-05-2018 | 11:09 | 0

Según se acerca el debate de la moción de censura aumenta el recelo hacia el plan de Pedro Sánchez para gobernar con las manos libres de ataduras, sin compromisos explícitos con el resto de grupos parlamentarios. El oprobio caído sobre el presidente y su partido no ha menguado con el paso de los días, pero los partidos de oposición se preguntan si deben hacer presidente a Pedro Sánchez para que prolongue la legislatura a su conveniencia y con un programa reducido a tres o cuatro frases retóricas. El líder socialista es consciente de las dudas que despierta su agenda oculta y trata de disipar los temores poniendo el énfasis sobre la corrupción del PP y el daño que causa al sistema constitucional.

Pedro Sánchez pronunció ayer una frase que no tiene desperdicio, «el sí a la moción de censura no es un sí al PSOE, es un sí a la democracia». Nos da a entender que se puede hacer presidente a Pedro Sánchez discrepando claramente de la política socialista, porque la moción de censura sólo es una reafirmación de los valores democráticos. Tirando de ese hilo argumental también se podría hacer presidente a Iglesias y Rivera, y a Joan Tardá (ERC), Carlos Campuzano (PDeCAT) o a Aitor Esteban (PNV), ya que aunque estuviéramos en desacuerdo con sus partidos y sus políticas, el simple hecho de servir de instrumento para desalojar del Gobierno a Rajoy convertiría en un avance para la democracia su llegada al poder.

El planteamiento de Pedro Sánchez sería cierto si la moción de censura en España no llevara aparejada la investidura de un presidente, si sólo estuviera en juego apear a Rajoy del poder ejecutivo. Los padres de la Constitución quisieron diseñar una moción de censura de carácter constructivo, siguiendo el modelo alemán, para evitar el vacío de poder, y de ahí que antes de votar no sólo hay que valorar a quién se le quite el poder sino también a quién se le da. El verano pasado, con la bandera de la denuncia de la corrupción del Gobierno, Pablo Iglesias lideró otra moción de censura a la que le dieron la espalda la inmensa mayoría de los diputados. Si únicamente importara desplazar a Rajoy no se entiende que el PSOE no haya optado, entonces, por encumbrar al poder a Iglesias.

Si quiere salir investido como presidente, Pedro Sánchez haría bien en cambiar de táctica para generar confianza en aquellos a los que les solicita el voto. Debería darse un baño de realismo y esforzarse en convencer al resto de grupos que su alternativa es un mal menor al lado del Gobierno de Rajoy.

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CHEQUE EN BLANCO PARA SÁNCHEZ
Juan Neira 29-05-2018 | 11:45 | 2

Ana Pastor y Pedro Sánchez se han puesto de acuerdo para que la moción de censura se sustancie en el Congreso de los Diputados el jueves y el viernes de esta semana. Una tramitación exprés que se ajusta a las pretensiones del PSOE y no desagrada al Gobierno. El líder socialista puede pretextar la premura de tiempo para negarse a negociar, oficialmente, con los grupos parlamentarios, y Mariano Rajoy prefiere quitarse la amenaza de encima lo antes posible con independencia del resultado que depare la votación tras el debate. Hace un año, cuando Podemos registró la moción de censura que pretendía hacer presidente a Pablo Iglesias, tardó veinticinco días en debatirse. Un plazo tan largo no conviene ahora ni a populares ni a socialistas. En esta ocasión hay probabilidades de que salga adelante y para Rajoy sería muy duro instalarse en la provisionalidad durante un mes. En cuanto a Pedro Sánchez, no sería de recibo estar un periodo de tiempo tan largo sin sentarse a negociar con los grupos parlamentarios a los que va a solicitar su voto.

Una vez acordada la fecha del debate, Pedro Sánchez volvió a repetir que se trata de aprovechar la ocasión para poner punto final al deterioro de las instituciones, mejorar la calidad democrática y abrir un tiempo nuevo. Seguro que esa argumentación se la compran casi todos los portavoces políticos, pero la valoración es diferente cuando el derribo de Rajoy viene acompañado de la investidura de Sánchez. La crítica a Rajoy puede ser mayoritaria, pero la confianza en Sánchez suscita disparidad de opiniones. Ante el Comité Federal, el secretario general del PSOE redujo la cuestión a la conveniencia de mantener o quitar a Mariano Rajoy, como si fuese un asunto intranscendente la figura de su sucesor. No lo ven así otros grupos. Interesa conocer sus planes, empezando por la fecha en que habrá elecciones y siguiendo por su programa de gobierno. No entró en detalles ante el Comité Federal, así que habrá que esperar al debate para extraer consecuencias.

En el caso de que saliera derrotada la moción de censura, Pablo Iglesias tiene claro que Pedro Sánchez debería dimitir como secretario general y abandonar la política. Sorprendente. Hace menos de doce meses, una moción encabezada por Iglesias sólo tuvo el apoyo de diez diputados fuera de sus filas, y no dejó el escaño ni el liderazgo del partido. La diferencia está, según Iglesias, en que aquella era una moción de censura de dignidad. Mejor se da un baño en la piscina.

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PRONÓSTICO ADVERSO
Juan Neira 28-05-2018 | 10:26 | 0

La moción de censura de Pedro Sánchez tiene dos caminos, llevar de socio a Ciudadanos o aliarse con la variopinta especie de partidos nacionalistas e independentistas. El único elemento que está presente en las dos vías es Podemos. La única condición puesta por Ciudadanos al Partido Socialista consiste en que el nuevo Gobierno tenga como exclusivo cometido convocar elecciones generales. Pedro Sánchez no quiere fijar plazo, limitándose a señalar que los comicios se convocarían dentro de unos meses. Un compromiso demasiado ambiguo como para que Albert Rivera dé el visto bueno. Si la llamada a las urnas se hiciera con carácter inmediato, Pedro Sánchez no podría sacar ninguna ventaja de estar en el Gobierno, objetivo primordial del líder socialista ante el naufragio de su fuerza política en los sondeos de intención de voto. Ante la disparidad de criterios la baza de Ciudadanos, que daría respetabilidad y confianza a la moción de censura de Pedro Sánchez, languidece.

La otra vía pasa por sumar a los partidos independentistas, PDeCAT, ERC y Bildu, así como al PNV. Una entente que despierta la desconfianza en buena parte de la sociedad y que entra en contradicción con la defensa del Estado de Derecho en Cataluña, donde los independentistas piden olvidarse de las imputaciones penales que pesan sobre los políticos encarcelados y huidos, así como aceptar el derecho de autodeterminación. Con Quim Torra y Carlos Puigdemont atados a tesis maximalistas, no veo qué margen de negociación le queda a Pedro Sánchez. Por su parte, Andoni Ortuzar, presidente del PNV, ha deslizado que Pedro Sánchez se había precipitado al presentar la moción, dejándose llevar por intereses cortoplacistas y electorales. Ortuzar advirtió que el PNV no desea el adelanto electoral porque beneficiaría a Ciudadanos. Para los partidos nacionalistas Ciudadanos representa lo mismo que significaba la UPD de Rosa Díez. La defensa de España resulta intolerable para todos ellos. El PNV está cómodo con el Gobierno de Rajoy, ya que ha obtenido suculentas tajadas de los Presupuestos Generales del Estado, así como un acuerdo con Cristóbal Montoro sobre el cupo vasco que les colma de felicidad. El único problema está en el tratamiento que dispensa el Gobierno a Cataluña, pero no tienen ninguna garantía de que el PSOE aplique una política cualitativamente distinta.

Aunque el curso parlamentario de la moción de censura aún no ha comenzado las probabilidades de éxito son escasas.

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ÚNICA SOLUCIÓN
Juan Neira 27-05-2018 | 10:53 | 0

La moción de censura socialista reduce la política española a una clave binaria: Gobierno de Pedro Sánchez o continuismo. Si miramos el conjunto de los problemas que nos rodean descubriremos que la receta de la censura no sirve para hacer frente a la complejidad de los retos que nos aguardan.

De los grandes y graves problemas del presente (desafío independentista, corrupción, pensiones, deuda pública, desempleo), si exceptuamos la corrupción, en la que cabe presumir que las cosas irían mejor con un gobierno de Pedro Sánchez –no porque en esa materia los socialistas carezcan de antecedentes lamentables, sino porque es imposible hacerlo peor que Rajoy–, en el resto de asuntos no hay datos que nos permitan concluir que las perspectivas mejorarían.

La sentencia del ‘caso Gürtel’ fue recibida por Rajoy con su inveterada indolencia: mientras el Tribunal Supremo no case la sentencia, huelga mover un dedo; el presidente mantiene el principio de agotar las legislaturas, así que la estabilidad del Gobierno está garantizada. Una respuesta provocadora e irritante ante la gravedad de los hechos probados.

El mismo Pedro Sánchez, que era un hombre de Estado, se convirtió en un político temerario por mor de la moción de censura, según el presidente. Esa doble vara de medir que utiliza Rajoy con Sánchez y Rivera, según le secunden o le critiquen, lo convierte en un gobernante esencialmente egoísta que utiliza el trampantojo de los intereses generales de España para defender sus intereses políticos y personales. Subrayo lo de personales porque es difícil entender su contumacia en mantenerse en la poltrona si no fuera el lugar más seguro para navegar entre los arrecifes judiciales.

Apoyos temerarios

Vamos con la iniciativa socialista. Lo mínimo que hay que exigir a Pedro Sánchez es que la solución propuesta (moción de censura) no sea más peligrosa que el problema planteado (continuismo de Rajoy).

Sustituir al Gobierno de Rajoy por otro socialista, monocolor, apoyado en 84 diputados, es una alternativa jamás experimentada en el Congreso de los Diputados.

Añádase a ello que de los otros tres grandes grupos parlamentarios, dos están en contra, PP y Ciudadanos, y el tercero, Podemos, le brinda un apoyo táctico. Sobre este particular hay que hablar sin rodeos: año y medio de legislatura constituye un periodo de tiempo suficiente para afirmar que Pablo Iglesias sólo acepta investir a Sánchez para desgastarlo en el Gobierno. Juego de Tronos.

Con esas premisas, para encumbrar de presidente a Pedro Sánchez tendrá que recurrir al apoyo de las fuerzas anticonstitucionalistas, ERC y PDeCAT. No se puede limpiar la basura del ‘caso Gürtel’ con la escoba de Quim Torra y Puigdemont.

Para quitar hierro a los apoyos, Pedro Sánchez manifestó que Ana Pastor presidía la Cámara gracias al voto independentista. La comparación es una broma de mal gusto. Ana Pastor ordena la agenda parlamentaria y los debates, pero al Gobierno de España le toca tomar decisiones extraordinarias sobre Cataluña. Oyendo a Pedro Sánchez daba la sensación de que hablaba para una escuela de verano de cuadros socialistas. En una situación tan crítica como la que se vive en la política catalana, gobernar gracias al respaldo de los independentistas es una ofensa.

Atajo

Metidos de hoz y coz en el juego binario de la moción de censura, la única salida razonable es la que propuso Albert Rivera a Pedro Sánchez: sacar adelante la moción de censura con un programa de un solo punto, la convocatoria inmediata de elecciones generales.

Cuando presentó la moción de censura, el líder socialista habló de atacar la corrupción institucional, regenerar la vida democrática y atender las urgencias sociales. Se convocarían elecciones, pero más adelante, sin dar plazos.

Pedro Sánchez oculta que la moción de censura tiene para él un objetivo particular: preparar con tiempo las elecciones generales desde el palacio de la Moncloa.

Como los sondeos electorales sitúan al PSOE en tercer o cuarto puesto, estando en la oposición, es preciso alcanzar el poder para tratar de invertir la tendencia. Sánchez lleva desde 2014 soñando con un atajo para llegar al poder y la corrupción del PP se lo acaba de brindar.

Si las urnas no te son propicias, siempre cabe echar mano de una maniobra política sin hacer ascos a los aliados.

Las urnas

Cobremos perspectiva. Como la Constitución española establece que las mociones de censura en España son «constructivas» (no se puede quitar a un presidente sin reemplazarlo automáticamente por otro), echar a Rajoy implica investir a Sánchez.

Políticamente es necesario poner fin al Gobierno de Rajoy, pero no hay una mayoría social ni política (a no ser que se recurra a los antisistema del independentismo) para proseguir la legislatura con un Gobierno socialista. Pedro Sánchez debe renunciar a vías espurias y aceptar la solución propuesta por Rivera.

No está España para juegos en el alambre con gobiernos de base multipartidista, heterogénea y contradictoria, que necesita el voto favorable de diputados con lazo amarillo en la solapa. No salgamos de Guatemala para caer en Guatepeor.

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