El Comercio
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Fecha: mayo 12, 2018
CATALUÑA, NUEVO CAPÍTULO
Juan Neira 12-05-2018 | 9:21 | 3

Como en los mejores tiempos del ‘procés’, la actualidad catalana monopoliza la vida pública española con varios frentes. El juez instructor, Pablo Llarena, rechazó los recursos de los 23 investigados, manteniéndolos en prisión y confirmando el auto de procesamiento contra todos ellos por rebelión, malversación de caudales públicos y desobediencia. Por su parte, el Tribunal Constitucional (TC) admitió a trámite el recurso del Gobierno contra la reforma de la Ley de Presidencia de la Generalitat, que preveía la investidura telemática del ‘president’. El TC tiene cinco meses para decidir sobre el fondo del asunto, siendo prorrogables si lo considerara necesario. El TC ha advertido al presidente de la Cámara y a los miembros de la Mesa que de no acatar su criterio incurrirán en delito. El Consejo de Garantías de Cataluña ya se había posicionado en contra de la reforma aprobada por la mayoría independentista del ‘Parlament’. Uno tiene la sensación de que esta película la hemos visto muchas veces: los independentistas retuercen la legalidad para adaptarla a sus deseos y los jueces les advierten que no pueden seguir por esa vía sacándoles tarjeta amarilla. Los dirigentes que hicieron caso omiso del aviso están en la cárcel o huidos en el extranjero.

La cuestión catalana ha entrado con estrépito en el Congreso de los Diputados. Tras un agrio intercambio de intervenciones entre Albert Rivera y Mariano Rajoy, el líder de Ciudadanos ha retirado el apoyo al Gobierno en la aplicación del artículo 155. El presidente ha llamado ‘aprovechategui’ a su oponente y ha felicitado al PSOE por respaldar al Ejecutivo en las medidas de control extraordinario sobre Cataluña. En este asunto se mezclan dos cuestiones, la forma concreta en que se aplica el 155 y el juego de fuerzas de los principales partidos españoles. La aplicación del 155 no llega a ser ni siquiera laxa, es puramente virtual. Sólo ha servido para disolver la Cámara y convocar elecciones. En la gestión diaria de las instituciones autonómicas catalanas no existe la intervención del Gobierno. El bloqueo institucional impide ver el escándalo del 155 virtual. Sin embargo, la trifulca entre Rajoy y Rivera está motivada por los sondeos electorales. El PP quiere relegar a Ciudadanos y volver a los tiempos de bipartidismo cuando nadie le disputaba el electorado del centro-derecha. La nostalgia carece de valor en política. Bien haría Rajoy en aceptar la realidad del nuevo bloque de derechas.

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GARZÓN, CRASO ERROR
Juan Neira 12-05-2018 | 12:39 | 0

Gaspar Llamazares no necesita sobreactuar para marcar distancias con el plan de Alberto Garzón para IU, porque las visiones de ambos sobre el partido en que militan no guardan a penas puntos de contacto. Para el diputado asturiano la propuesta de Garzón es un suicidio a plazos; piensa que la conversión de IU en un movimiento popular supondrá la demolición de la fuerza política. Llamazares considera que la pluralidad y la diversidad de la izquierda no están representadas en el modelo de coalición que propone el coordinador general.

La hoja de ruta de Alberto Garzón, recogida en un documento sobre la nueva estructura organizativa que debe tener IU, es tan novedosa como rupturista. Es la primera vez desde la cristalización del Estado de las Autonomías que el jefe de un partido parlamentario propone pasar de una estructura descentralizada, federalista, a un modelo fuertemente centralizado. Tampoco hay precedentes de la desintegración voluntaria de un partido parlamentario para formar con la energía liberada algo tan equívoco como un movimiento popular. Ni siquiera un movimiento político y social, sino directamente un movimiento popular. Puestos a poner la casa patas arriba, Garzón practica un modelo de comunismo primario con los recursos económicos de IU, al proponer que los saldos saneados de algunas organizaciones territoriales, como la asturiana, se pongan a disposición de las federaciones y del aparato central que acumulan deudas millonarias. Un ejemplo emocionante de igualitarismo: los austeros comparten con los derrochadores. Como diría Forges, «y si cuela, cuela».

Alberto Garzón se confundió de partido. En vez de militar en IU debería estar en los círculos de Podemos. Admira a Pablo Iglesias y se siente orgulloso de haber ido en quinto lugar en la candidatura de Unidos Podemos en Madrid para las elecciones del 26 de junio de 2016. Quiere integrar a la militancia de IU en la galaxia de Podemos y para ello necesita desvencijar el andamio de IU para dejar a la militancia desnuda, convertida en movimiento popular, caminando al encuentro de las huestes de Iglesias. Tras los ocho años de Cayo Lara como coordinador general, Garzón fue visto como un revulsivo. Un hombre muy joven, poseedor de una gran fuerza dialéctica, adecuado para competir con Podemos. Craso error. Ninguno de sus conmilitones adivinó que sus formas eran tan podemitas que quería vestir a toda IU de morado. No será en nombre de la IU asturiana.

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CATALUÑA, NUEVO CAPÍTULO
Juan Neira 12-05-2018 | 12:36 | 0

Como en los mejores tiempos del ‘procés’, la actualidad catalana monopoliza la vida pública española con varios frentes. El juez instructor, Pablo Llarena, rechazó los recursos de los 23 investigados, manteniéndolos en prisión y confirmando el auto de procesamiento contra todos ellos por rebelión, malversación de caudales públicos y desobediencia. Por su parte, el Tribunal Constitucional (TC) admitió a trámite el recurso del Gobierno contra la reforma de la Ley de Presidencia de la Generalitat, que preveía la investidura telemática del ‘president’. El TC tiene cinco meses para decidir sobre el fondo del asunto, siendo prorrogables si lo considerara necesario. El TC ha advertido al presidente de la Cámara y a los miembros de la Mesa que de no acatar su criterio incurrirán en delito. El Consejo de Garantías de Cataluña ya se había posicionado en contra de la reforma aprobada por la mayoría independentista del ‘Parlament’. Uno tiene la sensación de que esta película la hemos visto muchas veces: los independentistas retuercen la legalidad para adaptarla a sus deseos y los jueces les advierten que no pueden seguir por esa vía sacándoles tarjeta amarilla. Los dirigentes que hicieron caso omiso del aviso están en la cárcel o huidos en el extranjero.

La cuestión catalana ha entrado con estrépito en el Congreso de los Diputados. Tras un agrio intercambio de intervenciones entre Albert Rivera y Mariano Rajoy, el líder de Ciudadanos ha retirado el apoyo al Gobierno en la aplicación del artículo 155. El presidente ha llamado «aprovechategui» a su oponente y ha felicitado al PSOE por respaldar al Ejecutivo en las medidas de control extraordinario sobre Cataluña. En este asunto se mezclan dos cuestiones, la forma concreta en que se aplica el 155 y el juego de fuerzas de los principales partidos españoles. La aplicación del 155 no llega a ser ni siquiera laxa, es puramente virtual. Sólo ha servido para disolver la Cámara y convocar elecciones. En la gestión diaria de las instituciones autonómicas catalanas no existe la intervención del Gobierno. El bloqueo institucional impide ver el escándalo del 155 virtual. Sin embargo, la trifulca entre Rajoy y Rivera está motivada por los sondeos electorales. El PP quiere relegar a Ciudadanos y volver a los tiempos de bipartidismo cuando nadie le disputaba el electorado del centro-derecha. La nostalgia carece de valor en política. Bien haría Rajoy en aceptar la realidad del nuevo bloque de derechas.

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