El Comercio
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Autor: juanneira
PALABRA DE SUSANA
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Juan Neira | 18-05-2017 | 6:41| 0

Susana Díaz presentó su programa como candidata a la Secretaría General del PSOE. Vaya por delante que no entiendo muy bien por qué presentan programas los tres candidatos sobre asuntos de gobierno, ya que en estas primarias sólo se dirime un cargo orgánico, así que los programas deberían limitarse a la organización del partido, donde hay diferencias muy notables. Por ejemplo, Pedro Sánchez vacía de competencias al Comité Federal, entendiéndose el líder directamente con las bases, mientras que sus oponentes buscan acertadamente un equilibrio de poderes, donde el secretario general manda mucho, pero por encima de él está la dirección colegiada del partido elegida en los congresos. La apuesta de Sánchez es nítidamente populista, con el líder haciendo promesas y las bases movilizadas en torno a sus llamamientos. Aunque nunca lo había escrito, cuando pienso en Sánchez siempre me viene a la cabeza la familia Kirchner, con don Néstor y doña Cristina (tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando) relevándose en el liderazgo de una coalición amplia en la que tenían acomodo el Partido Comunista y los socialistas radicales. Pedro Sánchez no quiere oír hablar de dar competencias al Comité Federal para que pueda censurar al líder. Nada de controles orgánicos, para aplaudir nadie lo hace mejor que las bases.

Una vez apuntada la contradicción en que incurren los candidatos a la Secretaría General revistiéndose del papel de candidatos a presidente del Gobierno, digamos que en el programa de Susana Díaz hay algunos elementos que afectan directamente a Asturias. La lideresa andaluza plantea la armonización fiscal en las comunidades autónomas (presión fiscal homogénea en los distintos territorios), algo que ya había dicho en múltiples ocasiones como presidente de su comunidad autónoma. Todos los barones autonómicos del PSOE piensan lo mismo. Hace unos meses, Susana Díaz fue más allá y propuso que el Estado rescatara la competencia sobre algunos impuestos (Patrimonio, Sucesiones y Donaciones) en caso de no imponer la homogeneización. Esta iniciativa choca frontalmente con la autonomía fiscal de las comunidades. Los ciudadanos salen ganando con la competencia fiscal, en caso contrario los gobiernos nunca encontrarán el momento oportuno para bajar los impuestos.

También se acordó de las comarcas mineras, el carbón y la reindustrialización, pero en esta materia las medicinas del Estado ya han fracasado. Para mí, lo más valioso del programa de Susana Díaz es que no incurre en contradicción con lo que decía antes de ser candidata. No como alguno que inventa naciones culturales, cuando hablaba de Cataluña como nación, sin matices, y que propone alianzas con sectores sociales, cuando había prometido trabajar codo con codo con Podemos.

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LA DIGESTIÓN DEL DEBATE
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Juan Neira | 17-05-2017 | 9:44| 0

Día feliz para Pedro Sánchez que le ha permitido digerir mejor el debate de las primarias. Francina Armengol, presidenta de las Baleares, abandona a Patxi López y vuelve a apoyar al dirigente madrileño. ¿El cambio se produjo porque está obnubilada por la firmeza ideológica de Pedro Sánchez? No, Francina tiene razones más sólidas para cambiar de bando. En la disputa de los avales, Sánchez ganó de largo en las Baleares – logró más credenciales que los otros dos candidatos juntos- y tiene miedo a que las bases la censuren. Lógico.

Segunda alegría: mil sindicalistas se adhieren a la candidatura de Pedro Sánchez con un manifiesto programa que incluye derogar la reforma laboral, subir el salario mínimo hasta los 1.000 euros para el año 2020 y una jornada laboral de 35 horas semanales. A 96 horas de abrirse las urnas Pedro Sánchez es capaz de prometer cualquier cosa. La demostración sindical estuvo guiada por Toni Ferrer, número 3 en aquella comisión ejecutiva de UGT liderada por Cándido Méndez. El antiguo dirigente sindical dijo que Pedro Sánchez “no era personalista ni pedrista”. Se ve que la crítica de Susana Díaz diciendo que Sánchez cambiaba de opinión en función de sus intereses personales hizo daño.

Como en las primarias sólo participan los afiliados al PSOE es posible que el voto esté ya decantado desde antes de empezar la campaña electoral. Aun así, me extraña que Susana Díaz no haya repasado públicamente las maniobras que hizo Pedro Sánchez a lo largo de los nueve meses de bloqueo institucional, aunque sólo sea para contrastar con el relato oficial. Toni Ferrer dijo, como si fuera un mérito, que Sánchez se comprometió a no apoyar a Rajoy y cumplió su palabra. La prolongación de la crisis institucional era un riesgo para el PSOE, pero beneficiaba a Pedro Sánchez, que tras el batacazo electoral en Galicia y el País Vasco (septiembre 2016), podía afrontar un congreso de urgencia liderando el partido. La investidura de Rajoy disipaba el riesgo de unas terceras elecciones, pero conllevaba la vuelta a la normalidad, con la celebración del congreso socialista, sin prisas, y con tiempo para formar distintas alternativas. Al final, en el dramático comité federal, podía haber salido Sánchez con la suya si hubiese ganado la votación. Pero la perdió. Y eso que el bando de los presidentes autonómicos no pudo contar con el voto de los dimisionarios de la comisión ejecutiva. Nunca vi convertir en mártires a los que pierden las votaciones.

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GANA EL PSOE, PIERDE SÁNCHEZ
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Juan Neira | 16-05-2017 | 6:40| 0

El debate de las primarias respondió a la expectación levantada. No fue una sesión de guante blanco ni se convirtió en un guirigay inaudible para el espectador. Cruce de ataques, pero sin perder el respeto y sin convertir los discursos en un monumento a la demagogia. Lo traían todo muy preparado y se notó. Un acto para profesionales, no para diletantes.

El gran ganador del debate fue el PSOE. Con todos los defectos, errores, vicios y –por qué no decirlo– corruptelas, el PSOE es con gran diferencia el partido español con un funcionamiento interno más democrático. El resto, a su lado, son una secta o un grupo de paramilitares. El segundo ganador del debate fue Patxi López, que actuó con mayor naturalidad y desparpajo, estando más convincente en las explicaciones. El golpe de efecto estuvo cuando le preguntó a Pedro Sánchez, «¿tú sabes lo que es una nación?». Tras la respuesta afirmativa, insistió, «¿qué es?» Y ante la definición patatera de Sánchez, cogió la palabra e impartió la lección. El papel que le tocó a Patxi López era el más fácil, la candidatura de la unidad, frente al antagonismo entre Susana Díaz y Pedro Sánchez; lo jugó a la perfección, dando la idea de candidato de izquierdas, pero en las antípodas del ‘no es no’.

Un aspecto de especial interés estaba en el pulso entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. Ninguno de los dos ahorró críticas. Pedro Sánchez cometió el error de apoyarse en el clásico dossier de prensa, trayendo a colación frases textuales dichas en el año 2006, en 2008, en 2014, etcétera. Susana Díaz recalcó que el problema del PSOE estaba en los 85 diputados, consecuencia de tener un candidato doblemente perdedor; explicó que Sánchez cambiaba de opinión (nación o nación cultural) según sus intereses, y le dio donde más le podía doler: el problema de Sánchez no es Susana, sino el propio Sánchez; le abandonó casi toda la Ejecutiva (de 38 sólo le quedan 7), los portavoces parlamentarios y la vieja guardia (González y Zapatero). No hubo réplica. Sánchez estuvo cómodo en la disyuntiva entre abstención ante Rajoy o política de izquierdas, para anunciar que su primera medida como secretario general será pedir la dimisión de Rajoy ¿Otra moción de censura? Al igual que le ocurrió en Langreo cuando dijo que ‘no’ a la «deslocalización de la planta de Hunosa», en esta ocasión, poniendo a Portugal como modelo a seguir, citó como primer ministro a Soares, cuando es Costa. Eso pasa por hablar de oídas. Resumen: oro para Patxi, plata para Susana y bronce para Pedro.

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INJUSTA DISCRIMINACIÓN
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Juan Neira | 15-05-2017 | 9:33| 0

Susana López Ares (PP) ha presentado una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado para flexibilizar la capacidad de gestión de los ayuntamientos, al permitirles usar el superávit de un ejercicio en los dos siguientes años con el objeto de no seguir como hasta ahora, en que sólo se podía reinvertir ese dinero en el ejercicio posterior al que se había registrado superávit. Es una mejora, una pequeña ayuda, pero tan pequeña que no va a lograr reconfortar a los alcaldes. En Asturias hay más de 400 millones de euros inmovilizados en las arcas municipales por los superávit alcanzados, cantidad que se eleva hasta los 30.000 millones si el campo de observación se extiende a los más de los 8.000 ayuntamientos que hay en España. Reducir la disponibilidad del superávit a un ejercicio es un obstáculo para su gestión, pero peor es el reducidísimo abanico de fines contemplado para ese dinero. Solo deja Cristóbal Montoro hacer dos cosas con el superávit: amortizar deuda o destinarlo a inversiones sostenibles, un término, este último, de muy difícil conceptualización, ya que tiene más que ver con la interpretación del gobernante que con el destino dado al superávit. Se pueden asociar las inversiones sostenibles a las que no originan gastos de mantenimiento, aunque todo esto es muy relativo.

Los alcaldes no pueden ser tratados como si fuesen niños pequeños, irresponsables, caprichosos y llorones. Las pautas normativas para lograr la estabilidad presupuestaria deben regir por igual para las tres administraciones territoriales (Administración central, comunidad autónoma y municipios). No hay ninguna razón para que un presidente autonómico tenga más disponibilidad que un alcalde para invertir el dinero que le sobra. No es justo ni oportuno.

Los ayuntamientos son la administración que más cumple con el objetivo de reducir el déficit público. No se entiende que al mejor alumno de la clase se le dé un trato propio de un compañero díscolo y rebelde, cuando es el más aplicado. Si España terminó 2016 cumpliendo los deberes marcados por la UE, es debido al comportamiento económico de los ayuntamientos que arrojaron superávit para poder compensar el déficit del Estado y de las regiones. En vez de premiar su conducta reciben el castigo de ver restringida su libertad para invertir, mientras que los gobiernos autonómicos más manirrotos reciben ingentes cantidades de dinero, a interés cero, del Fondo de Liquidez Autonómica.

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SUSANA, LOS LÍMITES DEL DISCURSO
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Juan Neira | 14-05-2017 | 5:41| 0

Mitin de Susana Díaz en Gijón. La oficialidad acudió en pleno: consejeros de Gobierno, con la excepción de Patxi Blanco, que milita en las filas de Patxi López; el grupo parlamentario, con la salvedad de Javier Fernández y Jesús Gutiérrez (lo de éste último no se entiende, ya que no es miembro de la comisión gestora y trabaja todos los días a favor de Susana Díaz, como es lógico); parlamentarios nacionales, como el diputado Antonio Trevín y el senador Areces, los dos dirigentes que dan más la cara por la presidenta andaluza; ex altos cargos, miembros de la Administración, etcétera. En resumen: se pasaba lista.

Aun así, la asistencia de gente al acto fue claramente inferior a la que acudió a escuchar a Pedro Sánchez hace unos días. La explicación dada, sobre la utilización de autobuses por parte de los ‘sanchistas’ para traer a gente de fuera de Asturias, no es suficiente para explicar la diferencia de público que hubo entre ambos mítines.

Programa

Susana Díaz tiró de programa. Alivio. La presidenta andaluza es una persona muy empática y vitalista, y sus intervenciones en la precampaña habían girado en torno a consignas emotivas, «vamos a ganar», «me encuentro con fuerza para liderar un Partido Socialista que gane a la derecha», y cosas por el estilo. Una forma de levantar la moral de la tropa que debe venir acompañada de otros razonamientos para evitar caer en puro voluntarismo.

En Gijón, Susana Díaz abogó por una educación pública y gratuita desde los cero años hasta los estudios de posgrado. Una medida muy ambiciosa que debería ir acompañada de una breve memoria económica que explicitara su coste para saber qué impuesto habría que subir.

Tras el compromiso de Pedro Sánchez de no permitir la deslocalización de la «planta de Hunosa» (sic), Susana Díaz se atrevió a pedir para las comarcas mineras que se siga quemando carbón en las centrales térmicas, y la supervivencia de las explotaciones carboneras para más allá de 2018.

En efecto, la minería asturiana está al borde de la desaparición porque las empresas eléctricas se resisten quemar carbón autóctono y el Gobierno central no quiere reabrir negociaciones con la Comisión Europea sobre el mecanismo de cierre del sector (devolución de las ayudas) con fecha límite el año que viene. El SOMA se movilizó recogiendo los avales para Pedro, pero Susana conoce mucho mejor el expediente de las minas en que ellos trabajan.

De la intervención de la lideresa andaluza creo que lo más interesante estuvo en la defensa de la igualdad entre las comunidades autónomas, algo imposible de lograr pactando con ERC y las izquierdas neonacionalistas (las mareas, Compromís, etc), y su apelación a hacer la política en función de las personas. El término ‘ciudadanos’ tendría una semántica más apropiada, pero se le entendió igualmente.

Es una satisfacción ver a un dirigente de izquierdas, en el año 2017, decir alto y claro que «voy a defender a las personas y no estoy dispuesta a que nadie levante muros entre nosotros. Las personas están por encima de todo». Una bofetada para los nacionalistas, con cupo y sin él, con estelada y sin ella, y para todos sus cómplices que pretenden llegar a la Moncloa pactando la mejora de sus privilegios, repartiendo certificados de nación y abriendo la puerta a imaginativas formas de desvertebración territorial. Eso es lo que hay en juego en las primarias.

Susana Díaz afirmó que quería ser la secretaria general de todos, le hayan o no avalado, y que por esa razón no podía tener «una mala palabra ya que son nuestros compañeros».

Trucos

Craso error. Cuando hay un debate planteado, con posiciones antagónicas, no se puede rehusar la crítica por el hecho de compartir el carné del partido. Además, cuando un bando etiqueta al otro de «mafia», al menos debe darse a conocer a los militantes del partido los trucos empleados por Sánchez que unieron a todos los barones contra él.

Por ejemplo, cuando el pasado verano, después de haber afirmado a la dirección del partido y a los presidentes autonómicos –en los escasos contactos que tenía con ellos–, que no había negociado con otras fuerzas para ser investido presidente del Gobierno, llegó la información desde los portavoces de otros partidos que había un acuerdo cerrado. Ese juego de doble baraja no es de recibo en un secretario general del PSOE que fue el candidato, en dos ocasiones, a la Presidencia del Gobierno.

Sobre una suma de falsedades o de dobles verdades no se puede construir una alternativa creíble. Retirar la afirmación de que Cataluña es una nación –como dijo en televisión para todos los españoles–, diluyendo el término en la confusa formulación de «nación cultural» (lo exacto sería entonces decir ‘comunidad cultural’) o retractarse del objetivo de converger con Podemos, por el hecho de que el próximo domingo se abren las urnas, es propio de un político bananero. Todos le oímos retractarse («cometí el error») de llamar populistas a Podemos y proponer caminar «codo con codo» con el partido morado.

Hay actuaciones mucho más graves que abstenerse razonadamente ante la investidura de Rajoy para evitar la debacle del PSOE en unas terceras elecciones.

Susana, tan popular, con tanto gracejo, debería haber explicado en Gijón por qué a Sánchez no se le puede comprar un coche usado.

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