El Comercio
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Autor: juanneira
LAS REDES CLIENTELARES
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Juan Neira | 16-10-2017 | 7:04| 0

Podemos se desmarca de cualquier acuerdo presupuestario con el Gobierno de Javier Fernández. En vez de pretextar diferencias insalvables sobre la política inversora, tributaria o social, el partido morado ha mostrado su incompatibilidad con el Principado por su supuesta complicidad con las redes clientelares. Como prueba de esa malsana relación puso como ejemplos a la Fundación Barredo, y la empresa GTIC. Para Podemos no tiene sentido negociar subvenciones para la investigación y el desarrollo, ya que los fondos habilitados se irán por el desagüe del clientelismo. Lo mismo sucedería con el dinero reservado para invertir y generar empleo, que sólo serviría, a su entender, para aumentar el despilfarro.

La postura de los diputados del partido de Pablo Iglesias cierra las puertas a la negociación de las cuentas de 2018, siempre y cuando sean coherentes con lo expuesto. Ahora bien, si quieren actuar con el doble lenguaje a que nos tiene acostumbrada la clase política, el naipe del clientelismo tendría como única función arrojar pesimismo sobre la naciente negociación, como paso obligado para endurecer, posteriormente, su postura ante las concretas partidas presupuestarias. Como suele decirse en la estereotipada jerga de los políticos, las dos posturas “son legítimas”. Lo único que parece seguro es que, al final, no sumarán sus votos a los de los socialistas para aprobar los presupuestos del próximo año. Llegados a este punto sería aconsejable que se expusieran las cosas tal como son. Desde el inicio del mandato, las reservas de los diputados de Podemos hacia el Gobierno de Javier Fernández han impedido la formalización de acuerdos. La gestión de la ampliación de El Musel fue el elemento principal de la discordia. A ello se han sumado otros muchos asuntos, como las facturas pasadas a los herederos de personas dependientes que estuvieron ingresadas en geriátricos públicos. Podemos desconfía de los gobiernos del PSOE y quiere tener las manos libres de cara al futuro. Ningún partido está obligado a aprobar los presupuestos de un gobierno de signo distinto y la negativa del partido morado hay que verla con la misma normalidad que el PSOE no quiere saber nada de Foro, aunque sí del PP. Por cierto, este último partido propone un acuerdo con Ciudadanos y Foro, para negociar, luego con el Principado. Una propuesta novedosa que tiene la indisimulada intención de hacer una liga de las derechas liderada por Mercedes Fernández.

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BOICOT EMPRESARIAL A LA INDEPENDENCIA
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Juan Neira | 15-10-2017 | 11:54| 0

Para saber lo que va a suceder en la crisis catalana hay que analizar lo que ya pasó. Es necesaria una valoración de cuarenta días de acontecimientos extraordinarios, sin precedente en nuestra democracia, para alumbrar cómo terminará el intento de separar a Cataluña de España.

El bando de los independentistas ha acreditado que es capaz de retorcer las instituciones, contraviniendo leyes y reglamentos, para adaptarlas a sus objetivos. No existe otra legalidad que la que ellos van dictando según conveniencias coyunturales.

Así lo hicieron el seis y siete se septiembre para aprobar las leyes de referéndum y desconexión, y lo volvieron a hacer el diez de octubre, cuando Puigdemont leyó su controvertida declaración de independencia en el “Parlament”, dando por aprobada la suspensión de la independencia por decisión de la Cámara, sin que ningún diputado pudiera votarla.

MOVILIZACIÓN

Otro rasgo del bando independentista es su capacidad para ejecutar en la calle sus planes. El 1-O surtieron de urnas y material electoral a los colegios destinados a las votaciones. Por más que Rajoy afirmara que no iba a haber urnas ni papeletas, los independentistas lograron montar una infraestructura electoral mínima en condiciones muy desfavorables. También movilizaron a miles de seguidores en acciones de intimidación ante sedes de la Generalitat y de la Justicia.

Una habilidad destacada del conglomerado de fuerzas independentistas es la interpretación mediática de los sucesos. El momento cumbre del “procés” estuvo en el día del referéndum. Cuando llevaba poco más de una hora la Policía Nacional y la Guardia Civil interviniendo en los colegios, los líderes independentistas se olvidaron de los votos para hablar exclusivamente de los “heridos”.

Supieron cambiar el sentido de la jornada: la pugna dejó de ser entre constitucionalistas e independentistas para convertirse en un pulso entre violentos y pacíficos. Esta visión causó impacto en la opinión pública internacional.

En algo menos de cuarenta días, los independentistas recorrieron el trecho que va de la aprobación de leyes de ruptura a la proclamación de la república independiente. Tiempo récord.

El bando constitucionalista cuenta, también, con importantes activos que se pusieron en juego tras la aciaga jornada del referéndum, demostrando que la crisis catalana es una suma de órdagos del independentismo y respuestas del constitucionalismo.

La actitud del Rey, con un discurso contundente, ajeno a las equidistancias formales que reclamaban Podemos y los nacionalistas, ha sido una baza clave para el rearme de los partidarios del orden constitucional. Felipe VI mostró la firmeza que le faltó al Gobierno.

BELIGERANCIA

Un insospechado aliado para el bando constitucionalista estuvo en la beligerancia del empresariado. Tras la celebración del referéndum de autodeterminación, 531 empresas trasladaron su sede social fuera de Cataluña; la gran mayoría (389) en los primeros días de esta semana. Entre las sociedades mercantiles que se fueron está lo más granado del tejido empresarial catalán, tanto en el sector financiero, energético, inmobiliario, infraestructuras, servicios básicos, etcétera. La mitad del PIB catalán ha buscado cobijo en otras regiones españolas.

Este es, sin duda, el hecho más notable desde que el Gobierno de Puigdemont decidió crear una república independiente.

La conversión del sentimiento nacionalista en movimiento político fue una creación de las burguesías locales. Cataluña fue un ejemplo. Pues bien, la propia Cataluña nos muestra el nuevo paradigma: en los tiempos de la globalización, las aspiraciones independentistas de los partidos nacionalistas chocan con las necesidades de la burguesía que los constituyó.

En el pasado, el nacionalismo era útil a las empresas del territorio con la política del arancel. Así se desarrolló el sector textil catalán. Ahora, en un mercado global, no se puede progresar con el arancel por bandera; lo que las grandes empresas necesitan son normas claras y transparentes, estabilidad política e internacionalización económica. Justo lo contrario de lo que ofrecen los antiguos “convergentes”, Esquerra Republicana de Cataluña y la CUP.

MAYORÍA SILENCIADA

El tercer gran activo de los constitucionalistas es el despertar de la mayoría silenciada, que lleva dos grandes manifestaciones por las calles de Barcelona en cuatro días. La fuerza de las instituciones españolas, la apuesta del empresariado y la respuesta de los catalanes unionistas son los tres argumentos que darán la victoria a los constitucionalistas.

Una respuesta airada de los independentistas a la aplicación del artículo 155 de la Constitución sólo serviría para acelerar su derrota, ya que las contradicciones entre los independentistas harían saltar por los aires el “govern” de Puigdemont.

Ignoramos el recorrido de la crisis, que va a tener un alto coste para Cataluña y para España entera, pero el fracaso del independentismo viene anticipado por la falta de aliados internacionales, la división del pueblo catalán y el rotundo boicot del empresariado.

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GRIETAS EN EL INDEPENDENTISMO
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Juan Neira | 15-10-2017 | 12:14| 0

La simple contestación al requerimiento de Mariano Rajoy abre grietas entre el independentismo. La mayor parte de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y la CUP quieren que Carlos Puigdemont diga la verdad, orgulloso de haber protagonizado el acto de proclamación de la república, mientras que los dirigentes del Partido Demócrata Europeo de Cataluña (PDeCAT) apuestan por una contestación sibilina que evite la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Unos quieren rotundidad y los otros ofrecen ambigüedad. Ambas respuestas responden a dos estrategias distintas.

Puigdemont puso en marcha la alambicada ceremonia de la proclamación con un doble objetivo: impedir una fuerte respuesta del Estado y lograr mantener unidos a los tres partidos que hacen viable la acción del Govern en el Parlamento. La primera meta es evidente que la alcanzó y la segunda, también, con la excepción del enfado de la CUP, algo muy difícil de evitar. La idea de dejar la república suspendida fue de Artur Mas para negociar con el Estado en posición de fuerza: el as de la república en la bocamanga. Toda negociación necesita tiempo y por eso había que huir de proclamaciones explícitas. A día de hoy no han cambiado de guion y quieren responder a Rajoy con diplomacia para ganar días, quizás semanas.

Un agente del independentismo tan influyente como la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha cambiado de postura y exige que Puigdemont ponga las cartas boca arriba a Rajoy. Que prescinda de disfraces y le responda como presidente de la república catalana. Aseguran que mejor hacerlo así porque Rajoy ya puso a rodar el procedimiento del artículo 155. La cúpula de ERC piensa algo parecido. Bajo las apariencias se esconde la realidad: los dirigentes de ANC y ERC desconfían de las influencias de Mas sobre Puigdemont, y temen que el ‘president’ abra una vía posibilista de entente con Madrid. Con otras palabras: que les engañe. Tratan de impedir que se negocie un apaño y por eso desean mostrar orgullo republicano.

En ANC hablan ya de organizar paros masivos para impedir la aplicación del 155. ERC y ANC compran con retraso la política de la CUP. En resumen, los independentistas se debaten entre la estrategia de Artur Mas y el belicismo de la CUP. No es preciso que haya enfado entre gente del mismo bando porque sus demandas republicanas, aplazadas o anticipadas, impedirán cualquier compromiso con el Estado. Les tocará recoger los vidrios rotos después de los paros.

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MILITARES Y CIVILES
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Juan Neira | 13-10-2017 | 10:29| 0

Día de la Festividad Nacional, ubicada en el calendario como conmemoración de la mayor hazaña realizada por los españoles al descubrir el nuevo mundo. Ningún otro hallazgo tuvo tanta importancia. En esta ocasión la fiesta vino precedida de la crisis catalana, el mayor desafío para la identidad y la integridad de España del que hay memoria. Si Cataluña se separase, la España formada en 1492 daría paso a otra realidad distinta, a la que cuesta hacerse una idea tras cinco siglos sin fronteras. El desfile militar por las calles de Madrid, que había ido perdiendo lustre en los últimos años, adquirió nueva vitalidad, con más público y mayor asistencia de personalidades: todos los presidentes autonómicos, con la excepción de Urkullu y Uxue Barcos. Los principales dirigentes del PP, PSOE y Ciudadanos acudieron a la cita, mientras los líderes de Podemos se ausentaron mandando en representación del partido morado a personajes de segundo nivel. El motivo de la parada militar estaba reflejado en una frase, “orgullosos de ser españoles”.

En Barcelona, escenario del drama, la Sociedad Civil Catalana convocó una gran manifestación, que la Guardia Urbana cifró en 65.000 personas. En la manifestación multitudinaria del pasado día 8, la Guardia Urbana contabilizó 350.000 individuos; una vez medido el largo y ancho de las calles por las que transcurrió la movilización y supuestas cuatro personas por metro cuadrado salen 1.043.800 manifestantes; por mucho que se rebaje la cifra, el resultado siempre quedará muy por encima del medio millón. Seguro que con la manifestación de ayer ocurrió la misma manipulación. La Guardia Urbana minimiza ese tipo de convocatorias porque está a las órdenes de la alcaldesa de Barcelona. En el conflicto, Ada Colau representa una curiosa tercera vía que está mucho más alejada de Rajoy que de Puigdemont. La hegemonía ideología del nacionalismo produce efectos asombrosos: todo el mundo da por bueno que en las urnas del referéndum del 1-0 votaron 2,2 millones de catalanes ¿Si falsearon todo el procedimiento, cómo no iban a amañar el resultado? Si hubiesen votado la mitad ya me parecería una cifra muy elevada.

Mientras Puigdemont medita la contestación a la misiva de Rajoy, hay dos aspectos de la crisis catalana que resultan insoslayables: la masiva fuga de empresas haciendo inviable el proyecto de país de los independentistas y el cambio de actitud de la mayoría silenciada. Empobrecimiento y división social.

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TREGUA FALSA
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Juan Neira | 12-10-2017 | 6:07| 0

Los españoles nos hemos pasado el día discutiendo sobre la intervención de Carlos Puigdemont en el “Parlament” acerca de la independencia ¿Realizó la declaración unilateral de Independencia o sólo hizo un comentario irrelevante? Las asociaciones de fiscales creen que sí la hizo, consumando el golpe del Estado; sin embargo, Joaquim Bosch (Jueces para la Democracia) es de la opinión opuesta. En el Congreso de los Diputados, Podemos y PNV afirman con rotundidad que tal declaración no salió de los labios del “president”. Atribulado por las dudas releo las palabras de Puigdemont: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república” ¿Asumir equivale a declarar? Se extiende la opinión de que la Generalitat mandó “parar las máquinas”. Esto nos lleva a otra reflexión: ¿qué se entiende por “parar las máquinas”? Lo más curioso es que los portavoces de la Generalitat no niegan la versión de que Puigdemont declaró la independencia, simplemente dicen que dejó abierta la puerta a la negociación. Y si Rajoy toma medidas represivas, “reactivarán la declaración”. Sólo se reactiva algo que ya existe.

Para salir del círculo vicioso, Rajoy le da cinco días al “president” para que explique el sentido de sus palabras, y en el caso de que haya declarado la independencia le da tres días adicionales para retractarse. De no avenirse a razones, el Consejo de Ministros aplicará el artículo 155 de la Constitución, que es una pauta muy elástica que puede llevar desde la supresión del autogobierno de Cataluña hasta centrarse en un asunto concreto, como, por ejemplo, poner otros mandos al frente de los Mossos de d’Esquadra.

Puigemont, aconsejado por Artur Mas, tiene una agenda oculta que pasa por un referéndum pactado. Necesita ganar tiempo. La independencia por las bravas provoca vértigo, por la reacción que provocaría en el Estado y las consecuencias económicas. Por cierto, ayer se quedaron en Cataluña sin rebanadas de pan de molde para el desayuno. La empresa se traslada a Madrid. Tras las movilizaciones callejeras, la tensión entre los gobiernos ha derivado en disputas semánticas. Una falsa sensación de tregua. Los independentistas han ido muy lejos; no van a retirarse ni es posible el acuerdo sobre las posiciones en que se han instalado. El paso del independentismo al nacionalismo reformista va a ser muy costoso. Distinto sería si Rajoy hubiera pinchado el globo hace tres o cuatro años.

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