El Comercio
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Autor: juanneira
LA REPÚBLICA DEL ABSURDO
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Juan Neira | 11-10-2017 | 10:13| 0

La tensión generada en torno al “Parlament”, donde Carlos Puigdemont iba a proponer la proclamación de la república de Cataluña, ha derivado en una obra de teatro del absurdo, ya que el “president” no propuso nada, sino que habló de “asumir el mandato para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”. Y pese a ello pidió, inmediatamente, a los diputados que suspendieran algo que no habían aprobado. Posteriormente, el portavoz de Juntos Por El Sí aclaró desde la tribuna que ya no eran españoles, y que el proceso constituyente de la república había empezado hace unos días, en concreto el día tres de octubre. Finalizadas las intervenciones, la sesión parlamentaria terminó sin que nadie hubiese votado nada. Los diputados abandonaron los escaños y el público se quedó preguntando si había habido boda. Para aumentar la confusión, media hora más tarde los diputados independentistas se reunieron en otra sala del edificio para estampar su firma debajo de un texto que llevaba como título, “Compromiso con la República”.

Todo esto sucedió en un día que tenía reservada la etiqueta de jornada histórica. No hubo épica ni lírica en el discurso leído de Puigdemont, que también estuvo ayuno de frases grandilocuentes. Pero el verdadero problema es que la sesión careció de sentido, hasta el punto de que la dignidad del “Parlament” quedó a la altura del felpudo. ¿Qué Cámara legislativa democrática del mundo mundial asiste de oyente ante un cambio de forma de estado, y del propio estado, realizados en su nombre, sin tener derecho a votar a favor o en contra? Qué degradación tan mayúscula es la que somete el nacionalismo independentista a las instituciones catalanas y qué tomadura de pelo a los ciudadanos.

Vamos con la interpretación política. El bloque independentista está tocado, no por las tensiones con la Cup, sino por los tres golpes sucesivos que sufrió en la última semana: discurso del Rey, fuga masiva de empresas y manifestación multitudinaria de los catalanes que se sienten españoles. Puigdemont, Junqueras, Forcadell y compañía están desconcertados y temerosos. La obra de teatro que representaron en el Parlamento sólo tenía como finalidad evitar que cobraran cuerpo sus temores: la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la dilucidación de responsabilidades penales por parte del juez. Tanto gesto vano no les va a servir para conjurar sus miedos.

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DRAMA Y COMEDIA
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Juan Neira | 10-10-2017 | 9:32| 0

La víspera del día escogido para la proclamación de la República catalana estuvo cargada de señales inquietantes. Las empresas huyen en masa de la región que las vio nacer. Hay miedo a quedarse fuera del paraguas del euro y pavor a los posibles planes del independentismo radical que no oculta su objetivo de crear un fuerte sector público, con tentáculos en las finanzas y en las empresas. Gestores y accionistas temen las modificaciones legislativas, fiscales y laborales, que haría un tripartito nacionalista liberado del corsé del Estado. Grandes empresas, como Abertis, Inmobiliaria Colonial, Cellnex, Adeslas, Cervezas San Miguel o Torraspapel han puesto su domicilio social en distintos puntos de España. Les vale cualquier región, menos Cataluña. Este era el paraíso de paz y unidad que predicaba el otro día Carlos Puigdemont cuando intervino en televisión para replicarle al Rey. Una sarta de disparates que no sé si atribuir a la capacidad que tienen los nacionalistas para mentir o a la inopia en que viven los miembros del “Govern”. O a las dos cosas: mienten y están en la inopia.

Más preocupante si cabe son las informaciones que se desprenden de un informe presentado por la Guardia Civil a la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que investiga por presunta sedición al mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero. Con pruebas de todo tipo –vídeo, grabaciones de conversaciones telefónicas- se muestra que los responsables de la Policía Autonómica optaron deliberadamente por mostrarse inactivos el día del referéndum. No sólo eso, sino que recibían órdenes de un comité estratégico dirigido por Carlos Puigdemont y Oriol Junqueras. La Guardia Civil, cuando registró el departamento de Economía de la Generalitat, encontró entre los papeles de Josep María Jové, número dos de Oriol Junqueras, un plan para para lograr la independencia que pasaba por provocar una crisis política y social que permitiera imponer un referéndum forzado. En el calendario de los sediciosos, estaba formar un gobierno de transición en 2018 y declarar la República en 2022. Se ve que les entraron las prisas y van a declarar hoy la República con casi cinco años de antelación. Estamos viviendo un drama que tiene ribetes de comedia. Si la España democrática y moderna, resultado de cinco siglos de esfuerzo colectivo, no logra desbaratar los planes de los desleales, poniendo a sus cabecillas  en manos de la Justicia, es que hay que cambiar de gobierno.

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LA ‘OTRA’ DIADA
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Juan Neira | 09-10-2017 | 11:54| 0

La otra Cataluña se hizo visible por las calles del centro de Barcelona. Una manifestación masiva, como la celebrada el 11 de septiembre, con la diferencia de que aquella era una marcha de esteladas y la de ayer fue una cita de banderas constitucionales y ‘senyeras’. Una agitaba símbolos no recogidas en las leyes y la otra utilizaba las enseñas de la Constitución española y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. También hubo otra diferencia: los separatistas utilizaron los niños como reclamo, de una forma jamás visto en ningún tipo de manifestación pública, mientras que los constitucionalistas y estatutistas respetaron a los menores. Las dos marchas estaban trufadas de sentimientos, una amparada en el poder, con el apoyo de la Generalitat y de la influyente TV3, y la otra sustentada exclusivamente por los propios manifestantes que cansados de estar despreciados y oprimidos por los independentistas se tiraron a la calle para hacer buena aquella antiquísima letra de Víctor Manuel, ‘ni humillados ni vencidos, ni cobardes ni canallas, será esta tierra de todos los que quieran mejorarla’.

La última huella de la Cataluña plural databa de las elecciones autonómicas de 2015, ganadas por los constitucionalistas (tuvieron más votos que los independentistas) aunque el sistema electoral dio mayoría a estos últimos (los independentistas lograron más escaños). Ayer volvió a hacerse estruendosamente visible en las calles, al agruparse un número de personas tan elevado como el último 11 de septiembre. Basta con decir que la Guardia Urbana, a las órdenes estrictas de Ada Colau, cifró en 350.000 a los congregados. Imagínense cuánta gente fue la que realmente acudió.

Un golpe muy duro para el falso relato de Puigdemont, Junqueras y Forcadell, de una sociedad uniforme, agrupada en torno al mito de la Guerra de Sucesión. Mal que les pese hay una Cataluña constitucional que se sienta tan española como Andalucía, Aragón o Asturias. Unos catalanes que no pueden dejar fuera de las urnas ni de las calles. El paso de la mayoría silenciosa a la mayoría del clamor era una cuestión de tiempo. El movimiento se empezó a gestar en los balcones de las casas y ayer bajó a la aceras, porque, como decía Celaya, ‘ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo’. Tremendo fin de semana para Puigdemont y su cohorte: huyen las empresas y los constitucionalistas toman las calles. Se acerca su Waterloo, si no lo frustra Rajoy.

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LA SEMANA MÁS CONVULSA DE LA DEMOCRACIA
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Juan Neira | 08-10-2017 | 8:23| 0

Termina una semana con más acontecimientos en la política española que en años enteros. El prólogo fue el referéndum del primero de octubre. Una jornada desastrosa, donde los que llevan las riendas del Estado incurrieron en la frivolidad de improvisar, dejando a policías y guardias civiles a los pies de los caballos.

El ministro Zoido y el mando único confiaron en la labor de los Mossos de d’Esquadra que fueron a la cita con camisa fina de manga corta, gorra de plato y pantalones y zapatos de paseo. Los cascos, botas, toletes, coderas, rodilleras, protecciones y chalecos los reservan para los desahucios. Todavía resuenan en nuestras cabezas las veces que le oímos decir a Rajoy que «no habrá urnas». Más incompetencia, imposible.

La huelga oficial de Cataluña, sin descuento en las nóminas de los funcionarios, fue la borrachera del independentismo tras el doble éxito dominical, burlando al Gobierno y apareciendo como mártires ante la opinión internacional.

EL DISCURSO DEL REY

La inflexión de los acontecimientos se produjo con la intervención del Rey. Un discurso breve, sin circunloquios, y que entendió todo el mundo: la culpa de todo lo que está pasando corresponde a la Generalitat; los poderes del Estado deben recurrir a los mecanismos legales para restablecer el orden en Cataluña.

El Rey hizo lo que le tocaba hacer al Gobierno y dejó expedita la vía del artículo 155 de la Constitución, un recurso legal que debía haberse utilizado a primeros de septiembre cuando el ‘Parlament’ procedió a la aprobación fraudulenta de las leyes del referéndum y la desconexión con el Estado. Carlos Puigdemont pasó de decir que no aceptaba hablar con Rajoy (esa era su postura el lunes, día de la huelga) a mostrarse abierto al diálogo.

Otra consecuencia importante del discurso estuvo en anular la alternativa de Pedro Sánchez al conflicto. El secretario general del PSOE había apoyado al Gobierno hasta el día del referéndum, pero al comprobar su resultado cambió de guion y demandó una convocatoria por parte del Gobierno a todos los partidos parlamentarios, sin establecer líneas rojas para el diálogo; el líder socialista también exigió a Mariano Rajoy que abriera conversaciones con la Generalitat. Para completar el cambio de táctica, Margarita Robles, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados, anunció la reprobación de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, por lo ocurrido el 1-O.

De haberse entrevistado esta semana Pablo Iglesias con Mariano Rajoy, estoy convencido que hubiera pedido al presidente del Gobierno las mismas cosas que Sánchez.

Si las demandas del líder del PSOE fueran satisfechas, el Estado quedaría definitivamente humillado ante los cabecillas del independentismo. Es evidente que el dirigente socialista preparaba el camino para una pronta campaña electoral, en la que el PP estaría condenado a la derrota y él se alzaría como el interlocutor de los nacionalistas.

En el momento en que más se necesitan hombres de Estado, Pedro Sánchez trabaja en clave partidaria, cuando no en promoción personal. Cualquier cosa con tal de llegar a la Moncloa.

Carlos Puigdemont se vio en la necesidad de replicar al Rey. El ex alcalde de Gerona se probó el traje de presidente de la República catalana para ofrecer la cara edulcorada del independentismo. Un discurso de tú a tú, entre jefes de Estado.

Puigdemont trabajó tres ideas: Cataluña está unida como una piña; una paz monacal recorre la comunidad, sin conflictos lingüísticos ni culturales; estamos abiertos a cualquier mediación, pero no nos desviaremos un milímetro del objetivo final. Y deslizó un mensaje subliminal: España es violencia e imposición.

EL CAPITAL TOMA MEDIDAS

No imaginaba el ‘president’ que desde la propia Cataluña iban a romper el cuadro idílico que había pintado. El mundo del dinero sintió vértigo y buscó la salida de emergencia: Banco Sabadell, Gas Natural, CaixaBank, Catalana Occidente, Dogi, Banco Mediolanum, Service Point, etc. Se agolpan en la cola Freixenet, Abertis, Codorniú…

Hay demasiadas ganas de escapar de Cataluña para creer que es una tierra pacífica y sin conflictos. Quizás cuando todos los que quieran emigrar se hayan ido, los que se queden dentro estén unidos y en paz.

El discurso del Rey y la respuesta del empresariado han permitido a los constitucionalistas recuperar parte del terreno perdido el domingo pasado. La credibilidad del independentismo para gobernar la nave de un nuevo Estado es nula.

La situación es muy compleja y cambiante. El próximo martes, tanto declare Puigdemont la independencia o la condicione a la celebración de nuevos comicios, es preciso que los partidos constitucionalistas mantengan la unidad en torno al mensaje del Rey.

Lo sucedido es de extrema gravedad. No es de recibo que los mismos dirigentes que han violado la Constitución y las leyes sigan gobernando como si no hubiese pasado nada. Los enemigos del Estado no pueden representar al Estado en Cataluña. La aplicación del artículo 155 de la Constitución es obligada.

Con esa medida excepcional no se abre un camino de rosas, pero tampoco se puede ir a unas elecciones sesgadas por el matonismo de los independentistas y la propaganda de un ‘govern’ que traicionó la lealtad prometida a la Constitución y al Estatuto de Autonomía de Cataluña.

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CATALUÑA, SIN IR MÁS LEJOS
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Juan Neira | 07-10-2017 | 12:23| 0

Continúa Cataluña perdiendo empresas. A las facilidades dadas por el Ministerio de Economía respondieron las compañías con prontitud. El impacto producido con el traslado del Banco Sabadell a Alicante fue el anticipo de las dos grandes fugas de la jornada: CaixaBank a Valencia y Gas Natural Fenosa a Madrid. Dos auténticos pesos pesados que dicen adiós. Las dos entidades estaban muy ligadas al poder autonómico de Cataluña. La Caixa era el símbolo del poder financiero de la región, una entidad de gran tamaño, de las que ahora se denominan de ‘riesgo sistémico’, orgullo del catalanismo. Gas Natural nació a principios de los años noventa del siglo pasado, pero proviene de otras aventuras empresariales que se remontan al primer tercio del siglo XIX. El mercado energético está fuertemente intervenido y el ‘pujolismo’ supo barrer para casa en los tiempos de Felipe González. Gas Natural Fenosa es hoy día el primer operador de gas y el tercero en electricidad, esto último gracias a la compra de Unión Fenosa. Me cuesta imaginar lo que un señor de las clases pudientes del Ensanche barcelonés pueda pensar cuando se entera de que CaixaBank, Sabadell y Gas Natural Fenosa se han ido a Valencia, Alicante y Madrid. En caso de secesión, el Impuesto de Sociedades, que pagan religiosamente, se quedará en España. Y la recaudación del Impuesto de Actividades Económicas, también. Mal asunto. Se acumulan las penas que no podrán regar con cava porque Freixenet y Codorniú han avisado que seguirán el mismo camino si sale Puigdemont al balcón para dar vivas a la naciente República.

Mientras las empresas se van, la contabilidad de los votos no cuadra. Del domingo al viernes se han perdido más de un millar de votos nulos y en blanco. Los catalanes son muy pulcros con las cuentas, pero entiendo que esta vez se lo han puesto muy difícil entre los voluntarios de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, que anotaban en las mesas, los Mossos que ayudaban en los traslados, la gente que votaba cuatro veces, y los distintos formatos de papeleta.

Hasta los observadores extranjeros (equipo Everts) que asistieron a la jornada electoral pusieron en su informe que la consulta «no cumplió los estándares internacionales». Es normal que se pierdan mil votos. Como ya tenían fijado el resultado de antemano no genera problemas. Otra cosa ocurriría si los voluntarios del independentismo repartieran escaños. No hablamos del tercer mundo: Cataluña, sin ir más lejos.

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