El Comercio
img
Autor: juanneira
EL POSO DE LA CENSURA
img
Juan Neira | 20-06-2017 | 12:31| 0

En cuarenta años de democracia solo se presentaron tres mociones de censura. Ninguna de ellas prosperó. Los firmantes cada una de las mociones sabían, a priori, que no saldrían adelante, pero dieron el paso porque consideraban que el mismo hecho de cuestionar a los presidentes de gobierno en un largo debate en la Cámara les era ya suficientemente rentable.

Pablo Iglesias perdió la moción por goleada. Solo logró convencer a once diputados fuera de su grupo, nueve de Esquerra Republicana de Cataluña y dos de Bildu. La votación permite sacar una interesante conclusión: Podemos, pese a su capacidad para hacerse oír en los más diversos foros, apenas tiene aliados en el Parlamento. De mantenerse el PSOE en sus posiciones tradicionales, el partido morado tendría mucha dificultad para progresar.

La moción de censura, tal como está regulada en España (la famosa censura constructiva: no basta con derribar a un presidente, hay que encumbrar, simultáneamente, al sucesor) hace que el voto de los diputados dependa de dos valoraciones: el rechazo al presidente y el apoyo al candidato. Hubo 92 diputados que se abstuvieron (más de una cuarta parte). 92 diputados dispuestos a derribar a Rajoy, pero contrarios a investir a Pablo Iglesias como presidente de Gobierno.

Mariano Rajoy no pasó ningún apuro. El candidato Iglesias no supuso, ni por discurso ni por apoyos, una alternativa de poder. Si se mira el resultado de la votación, con más del doble de noes que de síes, parece que el Gobierno trabaja sobre bases sólidas.

La apreciación cambia para los que siguieron con atención el debate. Con la excepción de Unión del Pueblo Navarro, Foro Asturias y Coalición Canaria –un total de cuatro diputados–, el resto de grupos criticaron con gran dureza al Gobierno de Rajoy. No es ya que se cebaran con la corrupción y la larga lista de políticos del PP procesados, sino que la misma gestión económica, de la que se enorgullece Rajoy, les resulta motivo de escándalo.

Es un fenómeno muy curioso el que experimenta el PP: es capaz de ganar con holgura las tres últimas elecciones generales y, sin embargo, se encuentra aislado en el Parlamento. El PNV apenas lo tolera, y eso que le llenó las alforjas con la espectacular rebaja del cupo vasco, las masivas inversiones en infraestructuras de transporte y las subvenciones a la tarifa eléctrica. Esta última medida es una prueba de discriminación, sin precedentes, con respecto al resto de regiones industriales. Por ejemplo, Asturias.

Ciudadanos puede verse como el teórico aliado, pero es el depredador del PP. Su crecimiento depende del trasvase de votos de un partido al otro. Además, como todo grupo centrista, tiene la flexibilidad suficiente para pactar con la izquierda si la ocasión lo aconseja. Ya lo demostró en el pacto de Rivera y Sánchez de marzo de 2016. Como grupo joven es especialmente intolerante con la corrupción de los viejos partidos.

El PSOE

El aislamiento del PP y los escasos aliados de Podemos contrastan con la capacidad de relación de PSOE y Ciudadanos. El Partido Socialista tiene una posición decisoria en el Congreso de los Diputados. En el debate de investidura, José Luis Ábalos, el provisional portavoz, apenas arriesgó. Se limitó a criticar al PP y a Podemos, para anunciar la abstención ante el voto de investidura.

El mero paso del tiempo produce unos resultados sorprendentes en política. Pensemos que la moción de censura y la cuestión de confianza juegan un papel semejante al voto de investidura: derriban y confirman presidentes. Hace siete meses, se produjo una grave crisis en el PSOE porque la mayoría del Comité Federal impuso la abstención ante la investidura de Rajoy, en vez de impedir que renovara su mandato.

Tras las primarias, cambiaron las tornas dentro del Partido Socialista, con los ‘sanchistas’ encaramados en el poder. Esta semana tuvieron en su mano enviar a Rajoy para casa y, sin embargo, ¡se abstuvieron! A modo de justificación, José Luis Ábalos pronunció la frase del debate, «abstenerse tampoco es tan grave».

Una frase así sólo se pronuncia desde el redomado cinismo o la más candorosa de las inocencias. Estoy totalmente convencido de que el caso de Ábalos se inscribe en la segunda hipótesis.

Es evidente que no es tan grave abstenerse, como tampoco lo era ante la investidura de Rajoy, porque las otras opciones causaban mucho más perjuicios para España y para el PSOE. Eso mismo sucedió el pasado miércoles: los ‘sanchistas’ juzgaron un mal menor la presidencia de Rajoy frente a la alternativa de investir a Iglesias. Ábalos piensa y vota lo mismo que Susana Díaz o Javier Fernández. ¿Por qué tanto insistir en el ‘no es no’, si al final se abstienen impidiendo que un candidato de izquierdas desaloje a Rajoy de la Moncloa?

La moción de censura es fruto del análisis de una coyuntura concreta. ¿Qué pasará en el futuro? La respuesta depende, sobre todo, del PSOE, que es tanto como decir de Pedro Sánchez.

Hasta después del primero de octubre no se moverá nadie. La crisis catalana le tocará por entero a Rajoy. La izquierda recurrirá al manido discurso de exigir negociación con los independentistas. Pasado el tráfago, será el momento de hacer recuento de escaños.

Ver Post >
LA PARUSÍA DE PEDRO
img
Juan Neira | 20-06-2017 | 12:27| 0

La principal decisión del congreso socialista se tomó en el mes de mayo, por todos los militantes del partido, devolviendo a la Secretaría General a Pedro Sánchez. A partir de ahí las piezas encajan solas. El ‘sanchismo’ tiene mayoría clara entre los delegados al congreso, de modo que el secretario general podrá marcar la línea política y la composición de los órganos de dirección. Los ‘sanchistas’ tienen la moral crecida, mientras que los barones se baten en retirada, con la excepción de Susana Díaz, que ya tomó las medidas de seguridad pertinentes, reordenando las instituciones andaluzas y arengando a su infantería. El resto se bate en retirada. Ver a Guillermo Fernández Vara formando parte del equipo de Pedro Sánchez muestra hasta qué punto la oposición –antes sector oficial- se ha desmoronado. Era el más lenguaraz de los barones autonómicos y el más débil en sus convicciones. La figura antitética es Javier Fernández que afronta los dos últimos años de su actividad política en una posición muy precaria, predestinado a cohabitar con un nuevo secretario general en Asturias, que procederá de las filas del ‘sanchismo’.

Pedro Sánchez ha acertado en recuperar a alguno de sus antiguos aliados, como Patxi López, para la Comisión Ejecutiva, y en proponer a una ministra de Zapatero, Cristina Narbona, para la Presidencia del partido. En el ‘sanchismo’ hay pocos dirigentes destacados, razón de más para la repesca de gente notable, aunque sea del pasado. Cuando un partido está fuertemente dividido, la misión del líder es integrar a los oponentes. Una cosa es ganar las primarias del partido y otra competir contra Rajoy e Iglesias en las elecciones generales.

En los congresos se fijan las tesis de los partidos. Estoy seguro de que harán un análisis ortodoxo de lo sucedido en el último año, ligando la crisis política e institucional a la abstención ante el candidato Rajoy. No creo que dejen ningún hueco para el análisis de los resultados electorales de las dos últimas citas con las urnas, sin los cuales no se entiende el acierto de abstenerse en la investidura de Rajoy. La historia oficial de los partidos es un monumento a la coherencia por el método de ocultar todas las incoherencias. Para que nada turbe el ambiente triunfante del congreso no se abordará la cuestión de las alianzas que es un asunto escabroso, porque para tener una dudosa mayoría hay que entenderse con los enemigos dela Constitución. Tiempo habrá para entrar en harina.

Ver Post >
LOS ASTURIANOS DE SÁNCHEZ
img
Juan Neira | 16-06-2017 | 5:35| 0

Se van conociendo los nombres de la Comisión Ejecutiva que auxiliará a Pedro Sánchez en la tarea de dirigir el partido. La propuesta de nombres corresponde al secretario general, sin que pueda recibir votos en contra, aunque eso no significa que el líder tenga un margen de actuación ampliamente discrecional, ya que no es de recibo cerrar un congreso con un equipo de dirección que reciba más abstenciones que votos a favor. En este caso, los delegados al congreso proclives a Pedro Sánchez son mayoría, así que tiene mayor libertad para decidir que en ocasiones precedentes.

Entre los nombres destaca Adriana Lastra, como nueva vicesecretaria general; será la número dos del partido, detrás de Pedro Sánchez. En cuarenta años de democracia ninguna asturiana llegó a un puesto tan alto en política. Adriana Lastra se promocionó en el PSOE de la mano de María Luisa Carcedo, que a su vez gozaba de la plena confianza de Javier Fernández. Las valoraciones y argumentos de Luisa (en las filas del PSOE todos la llaman “Luisa”, a secas) iban a misa porque el jefe del partido en Asturias confiaba ilimitadamente en ella. No puede sorprender que Pedro Sánchez elija, ahora, a Adriana Lastra como segunda de abordo, ya que al dimitir como secretario general se produjo la desbandada entre sus colaboradores. Hasta su número dos, César Luena, tomó las de Villadiego. Sólo hubo dos discípulos, bien amados, que quedaron al lado del líder, Adriana Lastra y José Luis Ábalos. Llegó el momento de la recompensa. En todos los colectivos organizados se premia la fidelidad al jefe. Podría decirse que la fidelidad es el principal valor para ascender dentro de las organizaciones. La cuestión está en acertar con el jefe que merece fidelidad. Adriana Lastra confió en Pedro Sánchez y ahora pertenece al grupo de elite de la política española. Va a atesorar mucha información y mucho poder. En la comisión ejecutiva también estarán María Luisa Carcedo y Hugo Alfonso Morán. La primera formó parte del anterior equipo de Sánchez y Morán fue responsable de Medio Ambiente en la Ejecutiva de Zapatero. Tres asturianos en la alta dirección del PSOE.

Con independencia del juicio que nos merezca Pedro Sánchez, siempre es mejor que haya asturianos en puestos de influencia que lo contrario. Creo que los tres conocen perfectamente los problemas de Asturias y no dudo de que si está en su mano sabrán defender los intereses de nuestra tierra. Razón suficiente para desearles suerte.

Ver Post >
PODEMOS GASTA EL CARTUCHO
img
Juan Neira | 15-06-2017 | 11:40| 0

El interés de la segunda jornada del debate sobre la moción de censura estaba en los duelos dialécticos de Pablo Iglesias con Albert Rivera y José Luis Ábalos, el nuevo portavoz socialista.

Rivera e Iglesias protagonizan el cambio generacional en la política española. Cuando eran amateur congeniaban, una vez convertidos en profesionales se repelen. El político catalán habló de «moción de autocensura», señaló que a Iglesias no le interesa que progrese España, dijo que al candidato le gustan las empresas monopolistas (públicas) y le preguntó si expropiaría a Mercadona, entre las risas de la concurrencia. También se burló de la propuesta del candidato de acabar con el secreto bancario, diciendo que en España no hay secreto bancario. La parte más dura de la intervención correspondió a la controversia entre España como nación o como nodriza de futuras naciones, previo sucesivos referéndum en las actuales comunidades autónomas; definió el papel del candidato, como «Demoliciones Iglesias». Terminó con una frase rotunda, «le tengo menos miedo a su ideología que a su incompetencia».

La respuesta de Iglesias fue desconcertante, al explayarse sobre el nivel cultural de Rivera, criticando que cite a Camus, Dickens o Savater, «sin haberlos leído». Le amonestó: «no presuma de lo que carece, no hace falta ser un intelectual para estar en política, lo suyo era vender productos bancarios». En la víspera, Rajoy había citado a Quevedo, e Iglesias dijo que se veía «obligado a improvisar dos citas sobre Quevedo», y se puso a leer, «no he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo». La misma estrofa que en labios del ex consejero de Fomento, José Tielve, rompió al PP asturiano en 1998. Pues bien, el político más sabio del hemiciclo no fue capaz de recitar los tres versos de memoria. Menos mal que los teléfonos inteligentes tapan la ignorancia de los cultos oficiales.

Muy distinto fue el debate entre José Luis Ábalos y Pablo Iglesias. El nuevo portavoz socialista no nació para ese cargo. En su debut dijo dos veces que había militado en la Juventud Comunista y en el PCE. Marcó distancias con Podemos y con el PP. Y dejó una frase antológica, «abstenerse no es tan grave». Por abstenerse se dividió en dos bandos el PSOE. Pablo Iglesias lo trató con guante blanco y quedaron, de una manera informal, en hablar después del verano. Al votar, sólo el 24% de los diputados apoyó a Iglesias para ser presidente.

Ver Post >
ÓPERA DE PODEMOS CON LIBRETO DE RAJOY
img
Juan Neira | 14-06-2017 | 11:58| 0

La moción de censura partía de una certeza, la imposibilidad de que saliera adelante, que venía acompañada de una duda: cuál iba a ser la táctica del Gobierno para dar respuesta al candidato. Como Mariano Rajoy está siempre en modo de ahorro energético, se especulaba con que dejaría a Soraya Sáenz de Santamaría hacer la defensa del Gobierno, o que mandaría a los ministros salir a la tribuna para intervenir por relevos frente a la maratoniana jornada que le esperaba al candidato Pablo Iglesias. Este llegó a decir en la víspera que no sería de recibo que Rajoy se abstuviera en favor de la vicepresidenta. Las dudas venían alimentadas por lo sucedido en la lejana moción de censura liderada por Felipe González contra Adolfo Suárez, en la que salieron muchos miembros del Gobierno de UCD a criticar al socialista. Irene Montero inició la sesión con un ataque en tromba sobre Rajoy que no permitía distinguir la descalificación política (franquista) de la personal (machista). La portavoz de Podemos leyó con seguridad, gesticuló con el dedo índice a modo de vector que señalaba al presidente de Gobierno. Recitó todos los nombres de la corrupción del PP, dando idea de que tiene la tesis ya medio escrita, y se extendió en su disertación por espacio de dos horas y once minutos: tan larga como ‘El Barbero de Sevilla’ (Rossini), aunque no tan melódica. Las intenciones estaban claras, Podemos quería ocupar toda la mañana y abrir los telediarios. Cuando todos esperaban el turno de Sáenz de Santamaría (duelo entre mujeres), salió Rajoy con los papeles en la mano. Golpe de efecto. Las intenciones también estaban claras: quería hacer esgrima con la portavoz de Podemos para dejar a Iglesias relegado a la posición de subalterno.

Rajoy ejerció de Rajoy: seguro, cáustico, apoyando su defensa en el crecimiento del PIB y la creación de empleo. Se sentía muy cómodo y su intervención fue muy superior a la de Montero, pero con dos defectos relevantes: dejó la corrupción en segundo plano y leyó un texto escrito por los fontaneros de La Moncloa. Tres veces tomó la palabra Montero y otras tres repuso Rajoy.

Pasadas las doce del mediodía, salió, por fin, Pablo Iglesias a escena, no sin antes fundirse en un abrazo con Montero, aplaudido por los diputados del partido morado como si se tratara de una pareja de novios. Pablo Iglesias acertó con el tono, pausado, inteligible, mucho más pacífico que en anteriores intervenciones. Cuando expuso las que a su juicio son las principales motivaciones en política –indignación, miedo, esperanza–, nadie podía prever que tardaría más de tres horas en abandonar el micrófono: tan largo como ‘Mazepa’ (Tchaikovsky) y tan intrépido como el cosaco ucraniano.

Una intervención-río, con larguísimos pasajes históricos de copia y pega de Wikipedia, tratando de demostrar que la actual corrupción del PP hunde sus raíces en las trampas de la derecha del siglo XIX. En su alegato llegó a copiar a Aznar: «márchense, señores del PP».

Hizo algún razonamiento paradójico: «si el Parlamento se pareciera a España no estarían ustedes ocupando ese banco» (el banco azul). El Parlamento refleja exactamente las preferencias políticas de los españoles. Al final de su intervención entró en la harina de la cuestión nacional, mencionó el federalismo, el confederalismo.

Rajoy estuvo demoledor en su turno de palabra, con un defecto : todo lo traía escrito de casa. Hubiera dicho lo mismo, si Iglesias llega a hablar de García Lorca. Bueno, en realidad también habló de Lorca: «como si hubiera muerto de gripe».

Ver Post >
Sobre el autor Juan Neira

Etiquetas

Otros Blogs de Autor