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Autor: juanneira
ANÁLISIS REALISTA
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Juan Neira | 27-10-2016 | 11:37| 0

Mariano Rajoy inició en la tarde de ayer el debate de investidura con la intervención que pedía la ocasión: unas palabras pacíficas, tono humilde, reivindicación de la obra realizada, continuas alusiones a la necesidad de pacto, hasta el punto de que podrían entenderse como una súplica a la oposición para que asuma las tareas de la cogobernabilidad.

El hasta ahora presidente en funciones del Gobierno entendió perfectamente el marco en que va a moverse el próximo Ejecutivo y la minoría parlamentaria del PP en el presente mandato. Rajoy, como buen leptosomático, es una persona introvertida, fría (no significa que sea insensible), capaz de tomar distancia con los hechos para ver las cosas con perspectiva. Sabe que tiene una papeleta muy difícil, que la legislatura corre el peligro de quedar varada en las arenas del sectarismo partidario, pero asume que esas son las condiciones de su segundo mandato y no otras.

En vez de embellecer artificialmente el escenario donde tiene que trabajar, para generar entusiasmo, optimismo y buen rollo, hizo una descripción realista, aunque vaya en detrimento de la causa que tiene que defender: «tengo muy claro que dada la composición de la Cámara y con los apoyos previsibles, el Gobierno que pretendo formar puede estar muy lejos de cumplir las condiciones de solidez, gobernabilidad y estabilidad que yo reclamaba en el pasado debate de investidura».

No recuerdo a ningún político que antes de haber formado gobierno ya anticipe que será frágil e inestable por las condiciones que le rodean.

El candidato a presidente reconoció que la situación es inédita. Algo fácil de comprobar porque es la primera vez que los dos grandes partidos colaboran para hacer gobernables las instituciones. No se pueden hacer planes a medio o largo plazo, ya que no hay cimientos para ello. Rajoy anunció que va a construir una mayoría que posibilite la gobernabilidad, día a día, adaptando la famosa fórmula de Diego Simeone (partido a partido) a la política española.

Rajoy asumió las condiciones del pacto firmado con Albert Rivera el pasado verano. Está dispuesto a negociar con todos los grupos de oposición, sin distinciones ideológicas, las cuestiones más importantes de la agenda política: pensiones, reforma laboral, educación, financiación autonómica y el desafío del independentismo catalán.

Sin lugar a dudas, lo más fácil para Rajoy hubiera sido dejar pasar esta semana y una vez agotado el plazo para elegir presidente, ir a unas elecciones anticipadas, con el socialismo en estado comatoso, y ampliar su ventaja parlamentaria. Sin embargo, optó por lo más razonable desde la perspectiva de los intereses generales. No podemos saber si algún día se arrepentirá de ello. Ahora nos queda por ver la respuesta de los grupos de oposición, que en este mandato van a tener más influencia que nunca.

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MAYORÍA Y MINORÍAS
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Juan Neira | 26-10-2016 | 10:46| 0

Va a dar comienzo la sesión de investidura de Rajoy. Es la tercera vez en siete meses que se pone en funcionamiento el ceremonial institucional con la ronda de entrevistas del Jefe del Estado con los dirigentes de los partidos. Una secuencia que termina con la votación, a viva voz, de los miembros del Congreso de los Diputados. En las dos ocasiones anteriores –Sánchez en marzo y Rajoy en agosto- la Cámara rechazó el intento de ambos candidatos. Ahora todo está preparado para que termine felizmente. En la primera votación el PSOE se sumará al “no” de la oposición, y en la segunda se abstendrá. Ciudadanos votará a favor. Entre los tres grupos, PP, PSOE, Ciudadanos, tienen más del 70% de los diputados de la Cámara baja, así que el rechazo apenas superará el 27% de los escaños, sin embargo, tal parece que el Parlamento y el país están divididos en dos grupos de parecida dimensión.

Hay razones de peso que colaboran a extender esa sensación. El proceso para investir un presidente fue extraordinariamente largo, dando paso al escepticismo entre la opinión pública. El semáforo no se puso verde hasta última hora, en una sesión del Comité Federal con ribetes dramáticos. Para crear más zozobra, los diputados socialistas que forman parte del bando del rechazo quieren convertir la derrota en victoria, y piden que se les permita mantener el no; sugieren que les imite el grueso del grupo parlamentario con la excepción de 12 diputados que se abstendrían para permitir la investidura de Rajoy. Una tomadura de pelo en toda regla que hace caso omiso del mandato del Comité Federal, rompe la disciplina del partido y deja a la comisión gestora a los pies de los caballos, convertida en hazmerreír de todo el mundo, en el hipotético caso de que diera licencia a tan rocambolesco proceder. Y eso que tan ingeniosos parlamentarios se consideran parte del grupo de socialistas ortodoxos, dispuestos a mantener las esencias del partido. A partir de ahora los temas sometidos a votación se convertirán en cuestión de conciencia, y cada uno hará lo que le da la gana. ¡Viva el socialismo libertario!

El 27% de los escaños aparentan ser mayoría porque están distribuidos entre muchos grupos pequeños, cada uno con su correspondiente portavoz, y dando ruedas de prensa transmiten la imagen de una mayoría holgada. Ocurre lo mismo que con los extras en las películas de romanos: son cuatro, pero como no paran de dar vueltas, parecen un ejército.

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MISIÓN IMPOSIBLE
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Juan Neira | 25-10-2016 | 11:22| 0

Rajoy ha manifestado su disposición a negociar todo el programa de legislatura con el PSOE. Está dispuesto a reformar la Lomce, la Ley de Seguridad Ciudadana (más conocida como “ley mordaza” que fue aprobada por los votos del PP, Unión del Pueblo Navarro, Foro Asturias y Coalición Canaria) y no descarta reformar la Constitución. Una declaración de intenciones de alcance.

Bien es cierto que en el caso de Rajoy, del dicho al hecho hay un trecho, porque es conocida su capacidad para delegar en otros miembros del Gobierno cualquier compromiso, y su afición a dejar enfriar los temas. El mejor ejemplo de esto último es su “tancredismo” ante el desafío catalán, que hasta ahora lo ha despachado pidiendo al Tribunal Constitucional que se moje. Hecha la salvaguarda, hay que reconocer que la propuesta encaja perfectamente con su oferta de gobierno de gran coalición que lleva puesta encima de la mesa desde las pasadas Navidades. Si dejamos a un lado los intereses de los partidos políticos, una legislatura guiada por el diálogo permanente entre los dos grandes grupos podría ser beneficiosa para los españoles. La alternativa a esta política es un mandato organizado en torno a sucesivas declaraciones de los portavoces parlamentarios, llenas de autojustificaciones y cargadas de ataques a los rivales. Una forma lamentable de perder el tiempo, algo para lo que ya nos hemos entrenado intensamente durante los últimos diez meses.

El acuerdo entre los dos grandes partidos, con las contradicciones ideológicas que conlleve, es posible cuando ambos están fuertes. Lamentablemente, no es el caso. El bipartidismo ha dado paso a un escenario con cuatro fuerzas parlamentarias, de forma que PSOE y PP no sólo compiten entre sí, sino que en sus respectivos espacios ideológicos tienen un competidor directo. De forma más acusada en la izquierda, donde la distancia entre PSOE y Podemos es muy pequeña. Los socialistas van a tratar de distanciarse del Gobierno, con el objetivo añadido de atenuar las tensiones dentro de su propia organización. Establecidas estas premisas, tal parece que Rajoy anuncia una empresa imposible, pero merece la pena intentarlo. Entre los deseos de Rajoy y las necesidades socialistas hay un posible punto de encuentro. El PSOE debe tener un papel muy activo en el Parlamento, con muchas iniciativas, dejando a Rajoy el papel de digerir las propuestas, aún a riesgo de que alguna le resulte indigesta.

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PSOE, NUEVO RUMBO
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Juan Neira | 25-10-2016 | 12:15| 0

El debate y votación del Comité Federal del PSOE marca la agenda política española: descartadas las elecciones en fechas prenavideñas. No batiremos el récord mundial de comicios consecutivos en menos de doce meses. Fin de la astracanada. La dirección socialista renuncia a jugar el triste papel de ser el enterrador de legislaturas, con todas las implicaciones que ello hubiera tenido para el propio partido.

Había dudas sobre el desarrollo de la reunión después de lo ocurrido hace tres semanas cuando se debatió la propuesta de Pedro Sánchez de realizar un congreso extraordinario, por vía de urgencia, para mantenerse en el machito. Esta vez no fue una sesión convulsa, con largos recesos para entablar imposibles negociaciones, no hubo insultos ni forcejos, nadie se atrevió a sacar una urna y ponerla detrás de una cortina para que la gente votara por su cuenta, sin censo ni control. Las actuaciones se ajustaron al guion previsto: intervenciones de cuatro minutos y a votar.

El debate fue intenso, como merecía la ocasión. Intervenciones vehementes, sobre todo por parte de los partidarios del ‘no’. Una polémica sin terceras vías, con dos posiciones enfrentadas que tienen un número elevado de adeptos y argumentos conocidos.

Comisión gestora

Ganó la abstención por un número suficiente de votos como para que nadie pueda hablar de empate virtual, dos mitades, etcétera. Hubo 43 sufragios de diferencia entre los abstencionistas y los negacionistas. En la reunión del 1 de octubre, que supuso la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general, la diferencia entre los dos bandos fue de 25 votos. Se amplía la brecha.

Conclusión: triunfo de la comisión gestora, con Javier Fernández como presidente de la misma. No tenían una tarea fácil. Lograr en tres semanas calmar los ánimos, introducir racionalidad en las discusiones, sin renunciar a las múltiples asambleas de las agrupaciones donde los militantes de base expresaron con tanta libertad como rotundidad su opinión sobre la postura del partido ante el candidato Rajoy, no es un balance menor.

La comisión gestora hizo ver a la dirección federal y a los grupos parlamentarios que la abstención es un mal menor y que el rechazo institucional a Rajoy, sin matices, podría dejar en mal lugar al partido y al país.

Los partidarios del ‘no’, que también podemos identificar como los seguidores de Pedro Sánchez, consideran que el PSOE es incompatible con el PP por razones éticas e ideológicas. Alertaron sobre el peligro que supone permitir gobernar a Rajoy, porque a la abstención de la investidura le seguirán más abstenciones parlamentarias cuando se voten los Presupuestos del Estado u otro tipo de leyes.

Sin embargo, desde el bando del ‘no’ nadie abordó con suficiente seriedad el impacto que tendría en la sociedad española una tercera convocatoria electoral, de la que se responsabilizaría al PSOE. Nadie culparía a Podemos o a los nacionalistas de la disolución de la legislatura. Este es el punto esencial para entender que la abstención socialista es un mal menor.

Un partido de gobierno no puede dar la espalda a los electores amparándose en que tiene el aval de las bases. Una dirección responsable no puede lanzar el barco del partido contra los arrecifes de la opinión pública. Hay cosas que pueden hacer los grupos minoritarios o testimoniales, pero que le están vedadas a los partidos de gobierno, porque unos se mueven siempre en las aguas de la oposición y los otros pretenden ser hegemónicos en la sociedad.

Papeleta difícil

Los partidarios del ‘no’ se pertrecharon de argumentos ideológicos y éticos, pero como bien señaló la comisión gestora en los primeros días de su mandato, la cuestión que se dilucida es puramente política, de orden táctico. El bloqueo institucional es frustrante y una nueva convocatoria electoral anticipada dejaría maltrecho al PSOE. Celebrados unos nuevos comicios que colocarían a los socialistas en la frontera de los 70 escaños, ¿volverían los seguidores de Pedro Sánchez a repetir el discurso del ‘no es no’, como orgullosamente anticipaba César Luena? ¿Cuántas veces necesitan los ‘sanchistas’ fracasar en las urnas para comprender que están equivocados?

El Partido Socialista tiene ahora ante sí una difícil papeleta. Tiene que liderar la oposición y colaborar en la gobernabilidad. Toda la política de Podemos irá dirigida contra el PSOE, haciendo ver que PP y PSOE forman una gran coalición. A Pablo Iglesias el PP le preocupa muy poco. Su objetivo es lograr la transferencia de militantes y votantes del PSOE a Podemos. Tras el éxito con IU, ahora llega la oportunidad de un bocado mayor.

En Asturias, tanto Podemos como IU ya han anunciado que la abstención socialista en la investidura de Rajoy tendría consecuencias inevitables en el Principado. Una advertencia que llega cuando se está en los prolegómenos de la negociación presupuestaria. En este asunto hay que ser muy claro. Hasta ahora las desavenencias en la izquierda regional fueron siempre por asuntos relativos a Asturias. Nada que objetar. Ahora bien, si la viabilidad del presupuesto del Principado depende de las abstenciones en el Congreso de los Diputados habrá que preguntarse para qué queremos la bandera de la autonomía.

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CUANDO LO MALO ES BUENO
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Juan Neira | 23-10-2016 | 4:30| 0

Domingo decisivo para la política española. Si el comité federal es fiel a Pedro Sánchez habrá una nueva convocatoria a las urnas para el 18 de diciembre. La tercera en menos de un año. La brújula del exsecretario general está orientada hacia los comicios, como bien expresó César Luena, escudero del líder: “a la primera un no, y en la segunda un no; y si hay una tercera, un no; y si hay una cuarta, un no; y si hay una quinta, un no; así todo el sistema numérico, hasta el infinito”. La doctrina de la cerrazón que pasa por dar la misma respuesta aunque cambien las circunstancias.
PSOE
Javier Fernández ha señalado que la dirección del PSOE debe escoger entre dos salidas, una es mala y la otra es peor. Las dos suponen un coste para el partido. Cerrar la puerta a la investidura de Rajoy es una pésima opción, pero la abstención tampoco es buena.
Se estuvo demasiado tiempo atado a la doctrina del rechazo, como si Rajoy fuera un reputado fascista, y se perdió el tiempo de sacar los mejores frutos de una situación difícil. Me refiero a negociar el programa político de la abstención. La carta jugada por Ciudadanos, pero a gran escala, con 85 diputados, no con los 32 de Albert Rivera.
Es verdaderamente pasmoso que los socialistas se abstengan gratis, sólo en aras de los intereses generales, sin aprovechar la debilidad de Rajoy para imponerle la hoja de ruta del mandato. Comprendo que no es una postura tan heroica como decir no hasta el infinito, pero de ella se derivan beneficios muy superiores.
No se le puede culpar enteramente a la comisión gestora de dejar pasar esa oportunidad, porque con un partido roto, un grupo parlamentario desorientado, el comité federal dividido y las expectativas electorales por el suelo, no estaba en condiciones aceptables para negociar con el PP.
Pudo hacerlo Pedro Sánchez, pero esa negociación implicaba aceptar el papel de partido opositor y eso nunca le convino al breve secretario general del PSOE que quería mantener el bloqueo institucional para aferrarse al puesto. La recuperación de la normalidad creaba las condiciones adecuadas para abordar el debate interno, y Sánchez no quería dar la batalla en esas condiciones. Lo mejor era una cita urgente como la que había organizado para este domingo, con las primarias exprés, sin tiempo para que los adversarios le presentaran una candidatura alternativa, y con la militancia apostando por mantener al líder ante las elecciones de diciembre. Ya lo dice la sabiduría popular: no hay que cambiar de caballo a la mitad del río.
La misma disyuntiva entre dos males –abstención y rechazo- no sólo rige para el PSOE, sino para todos los españoles. La negativa del Comité Federal traería asociada culpa para el PSOE. La opinión pública responsabilizaría al Partido Socialista de la disolución de Las Cortes, y con la organización dividida iría a las urnas de diciembre, de las que saldría un nuevo mínimo histórico: en torno a 70 escaños. A partir de ahí sería difícil detener el ajuste de cuentas entre los dos bandos y la degradación del partido. El solar también quedaría dañado.
ESPAÑOLES
Los españoles también sufrirían un fuerte impacto con el no a Rajoy. La crisis institucional sería patente, el desfase con el calendario de la Comisión Europea nos originaría perjuicios y, por encima de cualquier otra consideración, se extendería entre la opinión pública una inquietante sensación: ir a votar no sirve para nada. No hablo del manido desencanto, sino de la deslegitimación del sistema por culpa del comportamiento de unos líderes políticos que deberían ser los primeros interesados en preservarlo.
La abstención no supone la llegada de la bonanza para el PSOE. La división entre la dirección y las bases del partido queda solidificada. La misma ambigüedad que supone dejar gobernar y, a la vez, oponerse, se trasladará a los distintos asuntos de la agenda política. Hay que desterrar las visiones lineales: de la abstención de la investidura no se pasa al no tajante durante el mandato. Unas veces tocará decir no y otras veces habrá que decir sí. La complejidad de la investidura, a la que hacía mención Javier Fernández, se mantendrá en una legislatura convulsa e incierta. El PSOE, como Ciudadanos, no podrá ofrecer una imagen nítida, a diferencia de Podemos, que podrá seguir haciendo discursos de traza grueso.
A escala nacional, la abstención no supondrá el paso del bloqueo de la investidura a la estabilidad del mandato. Cada día surgirán nuevas dificultades. Como siempre que triunfa el pluripartidismo, el Parlamento se llenará de declaraciones para la galería (lo que sucede en los ayuntamientos de Gijón y Oviedo, pero corregido y aumentado). Lograr mayorías parlamentarias para cada asunto será un trabajo muy fatigoso. Intuyo que Rajoy se conformaría con aprobar los presupuestos generales del Estado para 2017, como le ocurre a Javier Fernández en Asturias. Se perderá tiempo y en el Parlamento saldrán adelante algunas medidas dañinas, impuestas por una oposición que tiene muchas cuentas pendientes con el PP de la mayoría absoluta.
Llegados a este punto, convengamos que el Comité Federal tendrá que hacer el sacrificio de optar por una alternativa mala para evitar el desastre nacional.

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