El Comercio
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Autor: juanneira
LA SEMANA MÁS CONVULSA DE LA DEMOCRACIA
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Juan Neira | 08-10-2017 | 8:23| 0

Termina una semana con más acontecimientos en la política española que en años enteros. El prólogo fue el referéndum del primero de octubre. Una jornada desastrosa, donde los que llevan las riendas del Estado incurrieron en la frivolidad de improvisar, dejando a policías y guardias civiles a los pies de los caballos.

El ministro Zoido y el mando único confiaron en la labor de los Mossos de d’Esquadra que fueron a la cita con camisa fina de manga corta, gorra de plato y pantalones y zapatos de paseo. Los cascos, botas, toletes, coderas, rodilleras, protecciones y chalecos los reservan para los desahucios. Todavía resuenan en nuestras cabezas las veces que le oímos decir a Rajoy que «no habrá urnas». Más incompetencia, imposible.

La huelga oficial de Cataluña, sin descuento en las nóminas de los funcionarios, fue la borrachera del independentismo tras el doble éxito dominical, burlando al Gobierno y apareciendo como mártires ante la opinión internacional.

EL DISCURSO DEL REY

La inflexión de los acontecimientos se produjo con la intervención del Rey. Un discurso breve, sin circunloquios, y que entendió todo el mundo: la culpa de todo lo que está pasando corresponde a la Generalitat; los poderes del Estado deben recurrir a los mecanismos legales para restablecer el orden en Cataluña.

El Rey hizo lo que le tocaba hacer al Gobierno y dejó expedita la vía del artículo 155 de la Constitución, un recurso legal que debía haberse utilizado a primeros de septiembre cuando el ‘Parlament’ procedió a la aprobación fraudulenta de las leyes del referéndum y la desconexión con el Estado. Carlos Puigdemont pasó de decir que no aceptaba hablar con Rajoy (esa era su postura el lunes, día de la huelga) a mostrarse abierto al diálogo.

Otra consecuencia importante del discurso estuvo en anular la alternativa de Pedro Sánchez al conflicto. El secretario general del PSOE había apoyado al Gobierno hasta el día del referéndum, pero al comprobar su resultado cambió de guion y demandó una convocatoria por parte del Gobierno a todos los partidos parlamentarios, sin establecer líneas rojas para el diálogo; el líder socialista también exigió a Mariano Rajoy que abriera conversaciones con la Generalitat. Para completar el cambio de táctica, Margarita Robles, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados, anunció la reprobación de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, por lo ocurrido el 1-O.

De haberse entrevistado esta semana Pablo Iglesias con Mariano Rajoy, estoy convencido que hubiera pedido al presidente del Gobierno las mismas cosas que Sánchez.

Si las demandas del líder del PSOE fueran satisfechas, el Estado quedaría definitivamente humillado ante los cabecillas del independentismo. Es evidente que el dirigente socialista preparaba el camino para una pronta campaña electoral, en la que el PP estaría condenado a la derrota y él se alzaría como el interlocutor de los nacionalistas.

En el momento en que más se necesitan hombres de Estado, Pedro Sánchez trabaja en clave partidaria, cuando no en promoción personal. Cualquier cosa con tal de llegar a la Moncloa.

Carlos Puigdemont se vio en la necesidad de replicar al Rey. El ex alcalde de Gerona se probó el traje de presidente de la República catalana para ofrecer la cara edulcorada del independentismo. Un discurso de tú a tú, entre jefes de Estado.

Puigdemont trabajó tres ideas: Cataluña está unida como una piña; una paz monacal recorre la comunidad, sin conflictos lingüísticos ni culturales; estamos abiertos a cualquier mediación, pero no nos desviaremos un milímetro del objetivo final. Y deslizó un mensaje subliminal: España es violencia e imposición.

EL CAPITAL TOMA MEDIDAS

No imaginaba el ‘president’ que desde la propia Cataluña iban a romper el cuadro idílico que había pintado. El mundo del dinero sintió vértigo y buscó la salida de emergencia: Banco Sabadell, Gas Natural, CaixaBank, Catalana Occidente, Dogi, Banco Mediolanum, Service Point, etc. Se agolpan en la cola Freixenet, Abertis, Codorniú…

Hay demasiadas ganas de escapar de Cataluña para creer que es una tierra pacífica y sin conflictos. Quizás cuando todos los que quieran emigrar se hayan ido, los que se queden dentro estén unidos y en paz.

El discurso del Rey y la respuesta del empresariado han permitido a los constitucionalistas recuperar parte del terreno perdido el domingo pasado. La credibilidad del independentismo para gobernar la nave de un nuevo Estado es nula.

La situación es muy compleja y cambiante. El próximo martes, tanto declare Puigdemont la independencia o la condicione a la celebración de nuevos comicios, es preciso que los partidos constitucionalistas mantengan la unidad en torno al mensaje del Rey.

Lo sucedido es de extrema gravedad. No es de recibo que los mismos dirigentes que han violado la Constitución y las leyes sigan gobernando como si no hubiese pasado nada. Los enemigos del Estado no pueden representar al Estado en Cataluña. La aplicación del artículo 155 de la Constitución es obligada.

Con esa medida excepcional no se abre un camino de rosas, pero tampoco se puede ir a unas elecciones sesgadas por el matonismo de los independentistas y la propaganda de un ‘govern’ que traicionó la lealtad prometida a la Constitución y al Estatuto de Autonomía de Cataluña.

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CATALUÑA, SIN IR MÁS LEJOS
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Juan Neira | 07-10-2017 | 12:23| 0

Continúa Cataluña perdiendo empresas. A las facilidades dadas por el Ministerio de Economía respondieron las compañías con prontitud. El impacto producido con el traslado del Banco Sabadell a Alicante fue el anticipo de las dos grandes fugas de la jornada: CaixaBank a Valencia y Gas Natural Fenosa a Madrid. Dos auténticos pesos pesados que dicen adiós. Las dos entidades estaban muy ligadas al poder autonómico de Cataluña. La Caixa era el símbolo del poder financiero de la región, una entidad de gran tamaño, de las que ahora se denominan de ‘riesgo sistémico’, orgullo del catalanismo. Gas Natural nació a principios de los años noventa del siglo pasado, pero proviene de otras aventuras empresariales que se remontan al primer tercio del siglo XIX. El mercado energético está fuertemente intervenido y el ‘pujolismo’ supo barrer para casa en los tiempos de Felipe González. Gas Natural Fenosa es hoy día el primer operador de gas y el tercero en electricidad, esto último gracias a la compra de Unión Fenosa. Me cuesta imaginar lo que un señor de las clases pudientes del Ensanche barcelonés pueda pensar cuando se entera de que CaixaBank, Sabadell y Gas Natural Fenosa se han ido a Valencia, Alicante y Madrid. En caso de secesión, el Impuesto de Sociedades, que pagan religiosamente, se quedará en España. Y la recaudación del Impuesto de Actividades Económicas, también. Mal asunto. Se acumulan las penas que no podrán regar con cava porque Freixenet y Codorniú han avisado que seguirán el mismo camino si sale Puigdemont al balcón para dar vivas a la naciente República.

Mientras las empresas se van, la contabilidad de los votos no cuadra. Del domingo al viernes se han perdido más de un millar de votos nulos y en blanco. Los catalanes son muy pulcros con las cuentas, pero entiendo que esta vez se lo han puesto muy difícil entre los voluntarios de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, que anotaban en las mesas, los Mossos que ayudaban en los traslados, la gente que votaba cuatro veces, y los distintos formatos de papeleta.

Hasta los observadores extranjeros (equipo Everts) que asistieron a la jornada electoral pusieron en su informe que la consulta «no cumplió los estándares internacionales». Es normal que se pierdan mil votos. Como ya tenían fijado el resultado de antemano no genera problemas. Otra cosa ocurriría si los voluntarios del independentismo repartieran escaños. No hablamos del tercer mundo: Cataluña, sin ir más lejos.

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EL DINERO HUYE DEL PARAÍSO CATALÁN
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Juan Neira | 06-10-2017 | 7:44| 0

La crisis catalana alcanza a su economía. Las entidades financieras emigran a territorios más tranquilos donde no haya un comisario de la CUP dispuesto a confiscar sus beneficios. Tras varias jornadas con pérdidas bursátiles, el Banco Sabadell reunió a su consejo de administración y decidió trasladar su sede social a Alicante. Tras conocerse la noticia las acciones subieron más del 6%. Al parecer, CaixaBank hará lo mismo esta mañana. El Gobierno, con buen tino, prepara un decreto exprés para facilitar a las empresas que se trasladen de Cataluña a cualquier otro punto de España, donde impera la ley y se respetan las decisiones de los tribunales. Dos entidades emblemáticas de Cataluña, orgullo de su burguesía, marchan aprisa y corriendo porque les asusta el paraíso de Puigdemont. ¿No nos había dicho el “president”, en la víspera, que en Cataluña reinaba la unidad? ¿No era una tierra pacífica, donde no había ningún conflicto lingüístico ni cultural ni de ninguna naturaleza? Ya se ve que panorama idílico de la Generalitat se vuelve tenebroso a ojos de las principales corporaciones empresariales y financieras del país.

La Asamblea Nacional Catalana, una de las dos entidades que marcan la hoja de ruta del “procés” (la otra es Ómnium Cultural), llama a la gente a realizar una movilización de la máxima envergadura para el próximo lunes. Ese día toca aprobar la declaración unilateral de independencia por el “Parlament”. Nuevamente, el cinismo del nacionalismo. Desde que habló el Rey no paran de pedir mediación y diálogo, implicando a la Iglesia católica, a cualquier entidad internacional que se preste, etcétera. Piden mediación pero ya tienen escrita la sentencia. Con esa forma de proceder asustan a cualquiera. La Cup quiere tomar el control de puertos y aeropuertos en cuanto se constituya la república catalana. Fantasean con ser una réplica de los barbudos de Sierra Maestra. La vida, con sus inercias de siglos y sus sorpresas instantáneas, es maravillosa. Quién nos iba a decir que íbamos a ver cómo en el laboratorio catalán nacía una república populista de pandereta. Estas jornadas merecían quedar envueltas en forma de crónica de Josep Pla.

Hay que aplicar el artículo 155 de la Constitución para evitar el desastre colectivo. Esta vez no se puede fallar. Mejor que Zoido quede al margen. La autoridad del Estado puede quedar burlada en una ocasión, pero no en dos. La responsabilidad recae en Rajoy, Sánchez y Rivera.

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PUIGDEMONT, LÍDER OPOSITOR
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Juan Neira | 05-10-2017 | 10:05| 0

Carlos Puigdemont se puso delante de las cámaras de televisión con la voluntad firme de estrenar el rol de líder de la oposición de Su Majestad. En ningún momento recordó que era el presidente de la Generalitat, ni explicitó qué pasos va a dar el “govern” que encabeza ni el “Parlament” que le respalda. Tampoco nombró a Rajoy, salvo para reprocharle a Felipe VI que se había alineado con el presidente del Gobierno. No habló para los catalanes, ya que tras hacerse con el control de la calle, se mueve por su patria chica con la desenvoltura del terrateniente en su finca: cerró el “Parlament” el siete de septiembre y no lo abrió hasta hoy. Los destinatarios de sus palabras eran la opinión pública española y europea. Teme la reacción del pueblo español (cada vez hay más banderas en las ventanas) y necesita el amparo de los gobiernos extranjeros. Su objetivo era contrarrestar el mensaje de retorno a la legalidad y respeto a la Constitución expresado por el Rey.

Si el Jefe del Estado habló sentado, tras su mesa de despacho, Puigdemt lo hizo de pie, con San Jorge a un lado y la piedra desnuda del palacio de fondo dando pátina histórica a sus palabras. En su alocución repitió hasta la saciedad la idea de unidad: hay un solo pueblo, que no tiene ningún conflicto interno. El domingo votaron pacíficamente, la huelga del lunes fue pacífica; no tienen ningún problema con lenguas y culturas. En todo el mundo admiran al pueblo catalán. Según Puigdemont, “el pueblo catalán está unido como una piña”. Ya es mala suerte que teniendo una convivencia colectiva tan armónica, cuando se aprobaron las leyes de referéndum y desconexión, la mitad de los escaños del “Parlament” quedaron vacíos porque la oposición se había marchado ante tantos atropellos e ilegalidades.

En medio de la perorata advirtió que le iba a dirigir unas palabras al Rey, como si no hubiera estado replicándole desde el inicio del discurso. “Así no. Con su decisión usted decepcionó a mucha gente en Cataluña”. Lo que no contó es cuántos miles o millones de catalanes vieron un rayo de esperanza en el discurso del Rey, tras el fracaso del día del referéndum. Al final se refirió a los intentos de mediación. Ofreció paz, diálogo y acuerdo, para recordarnos que aplicará los resultados del referéndum. Dicho sin rodeos, la declaración de independencia. Es como el caco que te roba la cartera dando recuerdos para la familia. Conclusión: qué daño les hizo a los independentistas el discurso del Rey.

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EL REY CRUZA EL RUBICÓN
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Juan Neira | 04-10-2017 | 8:50| 0

El Rey pronunció un discurso corto, claro, valiente, impecable. Sin metáforas, sin rodeos, sin medias tintas, sin equidistancias, sin concesiones, sin querer contentar a todos, sin melindres, movido por la única voluntad de describir la realidad, de señalar a los culpables de la crisis catalana, de proteger a los ciudadanos acosados por los independentistas, de recordar a todos que el Estado tiene la responsabilidad de asegurar el orden constitucional y el autogobierno de Cataluña. A los pocos segundos de alocución ya había señalado con el dedo a la Generalitat. Evitó los nombres propios y recurrió al enunciado genérico de “autoridades” para decir que vulneraron de forma sistemática las normas demostrando una deslealtad inadmisible a los poderes del Estado. Les acusó de pretender quebrar la unidad de España.

Don Felipe de Borbón cruzó el Rubicón. Del mismo modo que su padre, en la noche del 23-F, leyó un discurso donde decía explícitamente que ni quería ni podía volverse atrás, el actual Jefe del Estado dio un paso decisivo, en consonancia con la gravedad del momento, sabedor de que los nacionalistas y los populistas no se lo van a perdonar. Lo más llamativo de la disertación es la renuncia voluntaria a pronunciar la palabra “diálogo” que es el comodín en las intervenciones de buena parte de la clase política española y de los desorientados dirigentes europeos. En efecto, hablar de diálogo, en este momento, conlleva hacer tabla rasa de los comportamientos delictivos de los gobernantes catalanes, poner en almoneda los preceptos constitucionales y rebajar la democracia española a cambio del plato de lentejas nacionalista de la renuncia a la declaración de independencia. Lo primero es la vuelta a la normalidad institucional y, luego, habrá todo el tiempo del mundo para hablar largo y extenso sobre España y Cataluña, y para hacer las reformas pertinentes.

Es necesario desactivar el golpe de los independentistas, pero no es menos importante preservar la dignidad de las instituciones en el intento de pacificación. En caso contrario, estaríamos ante una solución falsa, ya que sólo aplazaríamos el problema para un futuro próximo. Sobre este particular es bueno recordar las consecuencias nefastas que trajo la política de contemporización con la consulta del 9-N. En apenas cinco minutos, el Rey hizo el trabajo que otros poderes del Estado no hicieron en meses. Los enemigos de la Constitución son enemigos de don Felipe.

 

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